Entrada actual
Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Negociaciones en Moscú, decisiones en Bruselas

El martes por la noche, durante seis horas de las que apenas se conocen detalles, Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Donald Trump, negociaron con Vladimir Putin, Kiril Dmitriev y Yuri Ushakov el planteamiento para la resolución de la guerra en Ucrania. “Solo se ha discutido una cuestión y ha sido la resolución de la crisis en Ucrania”, afirmó Ushakov, que añadió que “la atmósfera es constructiva y los americanos están dispuestos a hacer esfuerzos para conseguir una resolución de larga duración, lo que es acorde con nuestros objetivos”. Ushakov, que precisó que las partes habían pactado no dar detalles de las negociaciones, sí precisó que la cuestión de la adhesión de Ucrania a la OTAN fue “uno de los temas clave” discutidos en la reunión.

Según publicó a lo largo del día la NBC estadounidense, Washington es consciente de las verdaderas líneas rojas de Moscú. “«Hay tres pilares en los que no cederemos», afirmó un funcionario ruso informado sobre el asunto bajo condición de anonimato. «Uno es el territorio de Donbass. El segundo es el límite de las fuerzas armadas de Ucrania. El tercero es el reconocimiento del territorio por parte de Estados Unidos y Europa»”, escribía el medio, que añadía que “Moscú está dispuesta a ser flexible en ciertas cuestiones secundarias, según declaró esta semana el oficial, como los cientos de miles de millones en activos rusos congelados en Europa al comienzo de la guerra”. Esta última idea es coherente con lo publicado por Reuters en primavera en una exclusiva que afirmaba que Rusia aceptaría el uso de sus activos congelados, dados por perdidos en 2022, para la reconstrucción de todo el territorio, también de las zonas que quedarían bajo su control. Territorio y seguridad son las únicas cuestiones verdaderamente clave en esta negociación en la que Rusia quiere dejar claro que cuenta con cierta flexibilidad.

De las declaraciones de Ushakov a la prensa se desprende también que la reunión trató cuestiones territoriales, “marcadas por los éxitos del ejército ruso en el frente” y que la conversación se centró en la esencia general del plan de Trump y no en los detalles, lo que indica que las negociaciones se encuentran en una fase inicial, no en el momento decisivo del acuerdo. “Algunas de las propuestas no nos convencen”, afirmó Ushakov sobre partes no determinadas del plan de Trump, un comentario que apunta en la misma dirección. Pese a las prisas que Estados Unidos tenía hace unos días, tanto Ucrania como Rusia quieren negociar la naturaleza del plan y sus detalles, por lo que esperar un acuerdo tras una única reunión es una postura utópica o un intento de elevar las expectativas para posteriormente alegar que la otra parte no desea negociar.

Esa es la táctica de quienes exigen que Rusia simplemente acepte lo que se le ofrece y utilizan cada reunión rusa de la que no sale un acuerdo como evidencia de que Vladimir Putin simula negociar para alargar la guerra. “Como era de esperar, Putin rechaza el plan estadounidense de paz. Es hora de dejar de negociar con nosotros mismos y aumentar la presión sobre el Kremlin”, escribió Daniel Fried, exsubsecretario de Estado y exembajador de Estados Unidos en Polonia y ahora senior fellow del Atlantic Council. Sus palabras reflejan la opinión de los halcones que temen la paz y muestran su sonrisa cuando las perspectivas diplomáticas vuelven a la normalidad de la doble negociación, ausencia de acuerdo y silencio diplomático de consolidación de la vía militar como única aceptable.

Esta postura comparte con el trumpismo el disgusto por lo prolongado de las negociaciones, pero contradice el motivo. Si Donald Trump busca acelerar los tiempos para desvincularse definitivamente de la negociación con Rusia y regresar a una política europea puramente transaccional y centrada en los negocios, el establishment europeo, el bando neocon y otros halcones estadounidenses buscan imponer su idea de que la diplomacia es una pérdida de tiempo, ya que Vladimir Putin no desea negociar y rechaza todas las aperturas hacia la paz. Para ello, en las últimas horas, oficiales ucranianos han utilizado las palabras de Marco Rubio en una entrevista concedida a Fox News en la que el secretario de Estado afirmaba que “en última instancia, las decisiones las debe tomar, en el caso de Rusia, solo Putin, no sus asesores. Putin, solo Putin, puede poner fin a esta guerra del lado ruso”.

Entendiendo el comentario como una acusación de autoritarismo ruso, Sergiy Kyslytsya, viceministro de Asuntos Exteriores y miembro de la delegación negociadora de Ucrania, mostraba sus respetos a Rubio “no solo porque es el jefe de la diplomacia estadounidense, sino también porque es un estadista experimentado y habla como tal. Aprecio su opinión sobre la responsabilidad exclusiva de una sola persona en Rusia, y no de sus asesores, a la hora de tomar decisiones para poner fin a esta guerra de agresión”. Teniendo en cuenta que Zelensky envió a Estambul -donde, según afirmó el lunes Ushakov, Ucrania rechaza volver a negociar directamente con Moscú- a una delegación con la orden explícita de dialogar únicamente de cuestiones humanitarias y no políticas y que el presidente fue capaz de que la Rada aprobara en apenas unos días dos leyes absolutamente contradictorias entre sí, quizá las diferencias entre Rusia y Ucrania en este sentido no sean el argumento más razonable al que pueda apelar Kiev, cuya autonomía a la hora de tomar decisiones está también minada por las decisiones de sus aliados.

En esas decisiones destaca, ante todo, la financiación. “Ucrania no tiene dinero propio; su presupuesto depende casi por completo de la ayuda exterior. Los pagos sociales y humanitarios apenas están cubiertos, y desde principios de 2025 no ha habido fondos para pensiones ni salarios”, escribió Kirilo Shevchenko, exjefe del Banco de Ucrania, que alertaba de las malas perspectivas en caso de que Kiev no obtuviera los activos rusos retenidos en Occidente, principal obsesión también de la Unión Europea.

“Bruselas ha propuesto una solución jurídicamente controvertida para recaudar hasta 210.000 millones de euros para Ucrania con el respaldo de los activos estatales rusos inmovilizados, que incluye poderes de emergencia que, en la práctica, despojan a Hungría y a otros países disidentes de su derecho de veto. La propuesta, que supondría un punto de inflexión para la UE al permitir la imposición de sanciones sin unanimidad, es un último intento por garantizar la supervivencia económica de Kiev, eludiendo la posible oposición de países amigos de Rusia, como Hungría o Eslovaquia”, escribía ayer Financial Times sobre los últimos planes de la Comisión Europea. El plan propuesto ayer por Úrsula von der Leyen aspira a “cubrir dos tercios de la financiación que Ucrania necesita los dos próximos años”. Según la presidenta de la Comisión Europea, eso permitiría a Kiev “negociar en posición de fuerza”. En realidad, esa financiación solo conseguiría seguir manteniendo a Ucrania a flote artificialmente, a la espera de nuevos créditos.

“Un enfoque estable, predecible y basado en la justicia da confianza a nuestro pueblo, protege los servicios públicos esenciales y refuerza el camino de Ucrania hacia la plena integración europea”, se congratuló la primera ministra Svyrydenko. Justicia, predictibilidad y servicios públicos son las palabras utilizadas para responder a un préstamo garantizado por los activos rusos retenidos en países como Bélgica que Ucrania ni puede ni quiere devolver y que la Unión Europea empleará para financiar la continuación de la guerra. Cualquier riesgo es preferible a que esos fondos rusos sean utilizados como parte del paquete de reconstrucción de Ucrania que preveía el plan de 28 puntos de Donald Trump y del que la UE ha rechazado precisamente ese inaceptable aspecto. Ni el evidente argumento del riesgo que supone, especialmente para el país más expuesto, Bélgica, ni la opinión del Banco Central Europeo ni el mensaje que se envía a terceros países como China sobre la fiabilidad del sistema financiero comunitario han evitado que la Comisión Europea proponga ese préstamo que en realidad no lo es, ya que la UE tendrá que hacerse cargo de su coste cuando Rusia rechace pagar reparaciones de guerra a Ucrania -para exigir reparaciones hay que ganar la guerra- y Kiev no pueda devolverlo. Tampoco el segundo argumento belga, la posibilidad de que hacerse con esos fondos dificulte el proceso de paz, ha sido tenido en cuenta. Quizá haya sido incluso un incentivo para acelerar el paso, proponer oficialmente el préstamo y tratar de avanzar en él. Es preciso pensar en el presente inmediato y Kiev corre el riesgo de quedarse sin financiación, por lo que las evidentes complicaciones que implica el préstamo son ahora mismo preocupaciones del futuro que no tienen importancia.

“Esperamos con interés seguir cooperando estrechamente con todos los Estados miembros de la UE y contar con el respaldo definitivo del Consejo Europeo”, añadió Svyrydenko para describir una cooperación que se traduce en que Ucrania siga luchando en la guerra común contra Rusia mientras recibe financiación, aparentemente ilimitada, de la Unión Europea. Es evidente que con la mención al apoyo definitivo del Consejo Europeo Svyrydenko está exigiendo inmediatez. Nada indica que pueda haber un acuerdo rápido entre Rusia y Estados Unidos que comprometiera los fondos rusos para la reconstrucción, pero es preciso garantizar que esos activos no estén disponibles y que ni quiera exista esa posibilidad.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.260 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.514.450 hits