La visita de Zelensky a España, tercera desde la invasión rusa, transcurrió exactamente según los parámetros previstos. Desde que el presidente ucraniano abandonó el traje de tecnócrata outsider con el que había llegado al poder en 2019, cada una de sus vistas ha sido cuidadosamente coordinada para enviar un mensaje claro y único: el apoyo occidental a lo que se ha presentado como guerra de liberación nacional o lucha entre la democracia y el autoritarismo. Salvo las contadas excepciones en las que Zelensky se ha desviado del guion previamente pactado y se ha creado a sí mismo encerronas en las que Donald Trump le ha negado -la primera vez en público y la segunda en privado- la razón absoluta que le otorga quien le recibe, el presidente ucraniano ha disfrutado en sus tours de propaganda de recibir exactamente lo que pedía. Ayer, en Madrid, se confirmó lo que indicaba el mensaje de Zelensky el domingo, una vista que se presumía “productiva”. Zelensky ha obtenido tratos históricos en las tres paradas de su gira europea.
En Francia, el presidente ucraniano realizó junto a su homólogo francés la solemne firma de la venta -si puede considerarse venta una promesa de entregar en los próximos años 100 cazas cuyo coste Ucrania no espera pagar- de 100 cazas Rafale. Antes, Kiev había anunciado también 150 cazas Gripen. “Flamingos, Tomahawks, Gripen y ahora Rafales El gobierno ucraniano tiene un déficit anual de 35.000 millones de dólares. ¿Cómo pueden permitírselo? Solo si alguien se lo paga. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Cuántos? No hay ningún plan. Es una catástrofe cuyos efectos en la guerra solo no son devastadores gracias al valor de algunos hombres”, escribió la analista militar brasileña Patricia Marins en un post que reaccionaba a los habituales comentarios que anuncian que el enésimo trato de venta de armas va a suponer un punto de inflexión en el frente o un cambio cualitativo en la actual relación de fuerzas de la guerra. “Esto es puro marketing. No tiene ningún fundamento. Es tan vacío, sin ninguna propuesta de compra firmada, absolutamente nada excepto una carta de intención, que no deja de ser marketing. El problema no reside en los ucranianos, sino en un sistema que cree que todo se puede solucionar mediante artículos en los medios de comunicación y marketing. Y no están hablando de 10 o 20 aviones, sino de 250. Un desafío para la capacidad cognitiva de quienes leen las noticias”, añadió para explicar que todo se trata de promesas a largo plazo sin efecto real en la situación en el frente.
En España, más allá de la satisfacción personal que supone para Zelensky ser recibido por una monarquía o el espectáculo mediático de la visita al Gernika de Picasso, que denunciaba los crímenes del bando que defienden algunos de los aliados de Zelensky -el Praviy Sektor, del que proceden héroes de Ucrania como Da Vinci contenía en su web una visión histórica de clara exaltación franquista-, la visita consumó la postura del Gobierno español en relación a la adquisición de armas para Ucrania. Aunque Pedro Sánchez se había presentado como el líder díscolo que se resistía a aceptar el aumento del gasto militar al 5% del PIB que exigía Donald Trump, la realidad de las relaciones internacionales pasa por la sumisión europea a Estados Unidos. Pese a haber firmado el compromiso del aumento de gasto militar hasta el porcentaje ordenado por Estados Unidos, el Gobierno español negó públicamente que la firma significara lo que describía el documento y España insistió en que sus compromisos de seguridad estarían cumplidos con un aumento hasta el 2,1%, de por sí un fuerte aumento del gasto militar que, hasta hace unos meses, habría resultado tremendamente polémico.
Desde entonces, Washington ha amenazado repetidamente a España con la imposición de aranceles u otras represalias en caso de no cumplir con lo firmado. El último ejemplo de escarnio público se produjo durante el triunfal discurso de Donald Trump en Egipto tras la firma de la “Paz en Oriente Medio”, como califica Estados Unidos el acuerdo de alto el fuego para Gaza. En aquel discurso, desde su atril con el escudo de la presidencia de Estados Unidos, jefes de Estado y de Gobierno que ejercían, conscientemente o no, de coro de Donald Trump, el autoproclamado líder del mundo libre miró a Pedro Sánchez y preguntó “¿qué pasa con el PIB?”. Con esa nada sutil referencia al aumento del gasto militar, Trump recordó a España que las órdenes de Estados Unidos han de ser cumplidas
“Sánchez se resistió inicialmente a sumarse al programa PURL ―que la Alianza Atlántica puso en marcha después de que Donald Trump advirtiera de que no suministraría más armas a Kiev si los países europeos no lo pagaban―, ya que prefería donar equipos militares de producción nacional. El cambio de opinión se produjo después de que Zelensky advirtiera de la perentoria necesidad de reponer sus menguados arsenales de armamento estadounidense y de que este es el único con capacidad de neutralizar a corto plazo los ataques rusos”, escribía El País horas antes de la llegada de Zelensky a Madrid. El valor propagandístico de la vista de Zelensky es de doble dirección. Todo estaba preparado de antemano para la escenificación del cambio de opinión de España, que no puede permitirse soportar la ira de Donald Trump y finalmente ha pasado por el aro y se une al mecanismo con el que, por una parte, se garantiza el suministro de armas al ejército ucraniano y, por otra, se consolida la subordinación europea a Estados Unidos, se subvenciona al complejo militar industrial norteamericano y se compra la voluntad de Donald Trump. El cambio de postura del Gobierno español no se debe tanto a la realidad de la debilidad de la industria militar europea con respecto a la estadounidense, sino a la necesidad de pasar por caja como gesto de buena voluntad hacia el Gobierno de Donald Trump.
El valor de propaganda de la gira tampoco es un detalle menor para Zelensky, especialmente teniendo en cuenta el momento en el que se produce, con su Gobierno transitando por la peor crisis política desde que asumió el cargo. En su viaje, el presidente ucraniano ha conseguido de los líderes políticos todo aquello que precisaba. Ante la llegada del invierno, Ucrania precisaba de una nueva fuente de tránsito de gas, Grecia, que hasta ahora se ha nutrido, en parte, no solo del gas natural licuado de Estados Unidos, sino del ideológicamente incorrecto gas ruso. En Francia, además del compromiso a futuro de venta de un centenar de cazas franceses de alto valor, Zelensky consiguió de Macron la reafirmación de la continuación de la guerra como única vía posible de resolución del conflicto. “Solo Rusia opta hoy por continuar esta guerra e incluso intensificarla. Desde marzo pasado, habéis reiterado claramente vuestra voluntad de buscar la paz. Solo Rusia se niega a hacerlo”, afirmó el presidente francés, sin recordar que nadie ofrece a Moscú una negociación y que la voluntad incondicional de Zelensky de reunirse con Vladimir Putin está supeditada a condiciones que hacen inviable cualquier acuerdo, modus operandi de la UE para alegar que defiende la paz, mientras obstaculiza cualquier intento de diplomacia real en busca de distensión. Absolutamente centrada en aumentar el flujo de asistencia militar y luchando contra viento y marea para hacerse con los fondos rusos retenidos en Bélgica para financiar tres años más de guerra, el discurso europeo busca únicamente justificar esa beligerancia cubriéndola de acusaciones contra el oponente por rechazar una diplomacia que nadie le ha ofrecido.
En su parada final en la Unión Europea, Zelensky no obtuvo un importante rédito militar más allá del éxito que, de por sí, supone la entrada de un país más en el mecanismo de adquisición de armamento para la guerra. Frente a los 150-300 millones de euros de compromiso que habían anunciado varios medios, España anunció solo cien. Sin embargo, los medios ucranianos han querido entender que España va a comprometer mil millones al mecanismo, algo que se explica por la habitual ambigüedad del Gobierno de Pedro Sánchez. “«España mantiene un compromiso a largo plazo con la soberanía y la defensa de Ucrania y lo mantendrá mientras dure la guerra», ha comentado Albares en una entrevista en RNE. Preguntado por la magnitud de ese compromiso, el ministro ha afirmado que el año pasado España aportó mil millones para que Ucrania adquiriese equipamiento militar y que este año se espera «algo similar»”, escribía El País. A juzgar por lo publicado por los medios españoles, esa cantidad no se destinará íntegramente a armas como ha entendido la prensa ucraniana, sino también a aspectos como generadores. La descripción de la reunión dada por Andriy Ermak apunta también en ese sentido de ratificación del apoyo, pero de unos compromisos más vagos de lo que los medios están dando a entender. “El presidente de Ucrania también se reunió con los directivos de las principales empresas de defensa de España, con la participación de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Los fabricantes de armas españoles expusieron sus capacidades de producción y mostraron equipos como sistemas antidrones, torretas, drones aéreos y terrestres, radares de detección de largo alcance y munición. Discutieron sobre la posible cooperación en materia de defensa y proyectos conjuntos”, escribió el cuestionado jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania. En ninguno de esos aspectos, la colaboración española puede ser decisiva.
En cualquier caso, la cifra está siendo presentada como uno de los muchos éxitos de Zelensky en esta gira, logros que no dejan de ser espejismos. Porque Ucrania pagará más por el gas que recibía de Rusia a precios generosamente reducidos, se compromete a asumir más deudas que no podrá pagar y se reafirma en la guerra, con la muerte y destrucción que implica, como política de Estado a largo plazo. Sin embargo, durante estos días, Zelensky ha acallado, a base de imágenes con líderes extranjeros, las críticas que arrecian en Ucrania, donde el escándalo de corrupción no deja de crecer y se centra actualmente en la figura de su imprescindible mano derecha, Andriy Ermak, alias Ali Baba. En Kiev, el sector de Petro Poroshenko exige a Zelensky la dimisión de todo el Gobierno, una nueva coalición parlamentaria y un nuevo gabinete -donde, sin duda, exigiría tener presencia importante- y el cese de Andriy Ermak. Según las noticias publicadas por varios medios ucranianos, en las próximas horas se producirán ceses importantes en el Gobierno e incluso estaría sobre la mesa la caída del todopoderoso Andriy Ermak, lo que debilitaría notablemente la capacidad de maniobra, al menos a nivel interno, de Volodymyr Zelensky.
Críticas internas conviven con recepciones con honores de jefes de Estado y de Gobierno de los países que hacen posible que el ejército siga luchando y que Ucrania se mantenga a flote. Y en este juego político-militar, es el apoyo extranjero, no el de los grupos opositores o la población nacional, el que Zelensky sabe que es prioritario. El presidente ucraniano ha conseguido en los tres países de la UE que ha visitado todo lo que exigía. Ahora, reforzado a nivel internacional, parece admitir que ha de enfrentarse a la situación interna en el país. Ayer, antes del inicio de su maratoniana jornada en España, el presidente ucraniano se mostraba exigente. “Ucrania debe obtener resultados cada día en sus relaciones con sus socios”, sentenció. Y a eso añadía una sorpresa, la “revitalización” del proceso de negociación.
Hoy, Volodymyr Zelensky estará en Turquía para reunirse, entre otros, con el presidente Erdogan. A lo largo del día de ayer se habló también de un encuentro con Steve Witkoff, que finalmente parece haber quedado pospuesto, pero cuyo anuncio es, en sí, relevante. El hecho de que se plantee un encuentro de Zelensky con el enviado de Trump para Rusia, no con Keith Kellogg, enviado para Ucrania, es un dato relevante que puede apuntar a un nuevo intento de relanzar la diplomacia por parte de Estados Unidos. Sin embargo, por el momento, Zelensky parece centrarse en la negociación interna dentro de su propio bloque y no en un diálogo político con el enemigo, del que únicamente desea otro intercambio de prisioneros. “Nos estamos preparando para reactivar las negociaciones y hemos elaborado soluciones que propondremos a nuestros socios”, escribió Zelensky. De momento, Ucrania solo quiere marcar las líneas rojas y detallar los objetivos que espera que Estados Unidos imponga a Rusia en una negociación en la que Moscú tenga que acatar las condiciones que se le ofrezcan.
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