Ayer, Volodymyr Zelensky recibió, por enésima ocasión, la visita de Kaja Kallas. Horas antes, la Unión Europea había pasado completamente desapercibida en el espectáculo diseñado por y para Trump en Egipto, donde el presidente de Estados Unidos realizó una única mención a la población palestina -para precisar que hay que reconstruir Gaza, pero siempre sin poner dinero en manos del extremismo- y con la sonrisa de la guerra en la cara proclamó una paz cuyo alto el fuego ya ha sido infringido y que perpetúa la ocupación de Gaza y de Cisjordania. Sobre las ruinas de unos escombros de los que actualmente se recuperan docenas de cadáveres de la población civil masacrada, el autoproclamado presidente de paz (siempre por medio de la fuerza, en este caso proporcionando una parte de las bombas con las que realizar los ataques), insistió en que lo más difícil ya está hecho, “la reconstrucción será fácil”. Con dirigentes del resto de países, el caduco presidente de la Autoridad Palestina -mero espectador- y el presidente de la FIFA como decoración de fondo, Estados Unidos, Egipto, Turquía y Qatar ratificaron un acuerdo sobre Gaza en cuya negociación ha participado solo una de las partes, Israel, y en el que la opinión de la población palestina no ha sido más que una nota a pie de página. Menos de un día después del evento, con el claro objetivo de mantener protagonismo mediático, la Unión Europea ha recuperado su discurso beligerante en el que la paz tiene un sentido similar al que Trump le da cuando se refiere a Palestina.
Estos días, en preparación de su visita de este viernes a Washington, donde ya se encuentran Andriy Ermak y Yulia Svyrydenko con una agenda de negociar armas para Kiev y sanciones contra Rusia, Zelensky ha decidido apropiarse del tema de la semana, la paz en Oriente Medio, y escudarse en él para elogiar a Donald Trump y conseguir lo que se ha propuesto lograr en este viaje. La semana pasada, Donald Trump mencionó los misiles Tomahawk como una forma de amenaza a Rusia, la posibilidad de unos bombardeos masivos que Rusia debería querer evitar. La falta de ideas del presidente que se jacta de ser un maestro en el arte de hacer tratos ha llevado a que el único incentivo que Estados Unidos puede actualmente proponer a la Federación Rusa es evitar ataques con unas armas cuyo envío parece decidido de antemano. Según publicaba ayer Financial Times, Estados Unidos entregará a Ucrania entre 20 y 50 Tomahawks. Se espera para hoy un gran anuncio de Estados Unidos sobre el envío de armas a Ucrania.
La diplomacia de Trump ha fracasado y solo queda la vía militar. Esa es, al menos, la postura de Ucrania y las capitales europeas, que como puede observarse en la sonrisa de Kaja Kallas y Volodymyr Zelensky al referirse a la intensificación de la guerra, han olvidado ya el temor que se extendió por el continente ante la posibilidad de un acuerdo diplomático. Sin embargo, halagar a Trump no puede limitarse a enaltecer su acuerdo para Oriente Medio, sino posicionarse como deseoso de paz también en Ucrania, un conflicto que el presidente de Estados Unidos se ha propuesto que sea la novena guerra que resuelve tras las ocho que falsamente dice haber finalizado.
Las nueve ocasiones en las que Zelensky ha mencionado Oriente Medio la última semana -después de no haber utilizado ese argumento desde junio, cuando Trump dijo haber hecho la paz entre Israel e Irán después de apoyar, incluso instigar, un ataque no provocado contra el país persa- dejan claro que se trata de una estrategia cuidadosamente planificada. “Es importante que la perspectiva de establecer una paz duradera en Oriente Medio esté cada vez más cerca de hacerse realidad. Esto importa no solo para esa región, sino para todo el mundo. Se está avanzando hacia un acuerdo que podría beneficiar a todos. Si se pone fin a la violencia y la guerra en una parte del mundo, aumenta la seguridad global para todos.”, afirmó Zelensky tras el anuncio de alto el fuego, antes de que se produjera el intercambio de rehenes y de que Israel decidiera, fuera del plazo previsto, cumplir con la orden de Trump de cesar los bombardeos y replegarse a las líneas pactadas. Tras agradecer a Trump los esfuerzos de paz, el presiente ucraniano añadía su deseo de que “los rehenes israelíes, retenidos durante más de dos años, sean liberados y que no haya más víctimas en Gaza. Y esperamos que los esfuerzos globales también sean suficientes para lograr una paz verdadera en nuestro país y en nuestra región”.
Desde 2022, cuando Rusia utilizó por primera vez los drones iraníes Shahed que había adquirido para compensar sus evidentes carencias en este aspecto, Ucrania ha insistido en vincular la guerra en Europa con un mitológico eje del mal que incluye a Rusia, Irán y, por supuesto, la República Popular de Corea, principal argumento para exigir más armamento a sus socios durante la última fase de la derrota ucraniana en Kursk, donde luchaba el contingente norcoreano. Si todo es una misma guerra, Kiev reclama el tratamiento que Estados Unidos da a los aliados que se enfrentan a él, es decir, a la República de Corea e Israel. Desde el 7 de octubre de 2023, Zelensky ha querido equiparar la importancia que para Washington han de tener Ucrania e Israel, siempre con la intención de obtener aquello que Tel Aviv logra año tras año de Estados Unidos, una generosa asistencia militar haya o no un conflicto bélico activo. Las represalias de Irán contra los ataques israelíes -primero en Siria, posteriormente el asesinato del líder político de Hamás Ismail Haniye en Teherán y finalmente la guerra de junio- provocaron un vigor aún mayor por parte de Zelensky de exigencia de una intervención más directa de sus aliados en la guerra. Si las dos guerras son la misma y Estados Unidos, Francia, Reino Unido y otras potencias regionales intervinieron para detener los misiles iraníes que volaban contra Israel, Ucrania merece la misma actuación.
El mensaje de Zelensky terminaba con la que va a ser la línea de actuación de Ucrania mientras Oriente Medio pueda ser explotado como idea para llamar la atención de Donald Trump. “Rusia sigue siendo hoy la mayor fuente de guerra y terrorismo en el mundo, y esperamos que una presión internacional justa y firme sobre este agresor genere una paz duradera y una seguridad garantizada”, concluyó. Pocas horas después, su mano derecha, Andriy Ermak añadía que “los rusos atacaron infraestructura crítica y continuaron atacando objetivos civiles y personas con misiles y drones. Incluso Hamás es capaz de un alto el fuego, pero Putin no, al menos no todavía. Necesitamos más acciones colectivas contra Rusia”.
“El líder ruso claramente está aprovechando el momento, mientras el mundo está casi completamente concentrado en la perspectiva de establecer la paz en Oriente Medio. La mayoría de los países, y todos los líderes clave, tienen la atención puesta en lo que sucede allí. Y esta es realmente una buena oportunidad para lograr una paz real en esa región después de tantas víctimas”, afirmaba al día siguiente el presidente ucraniano. Cualquier argumento es útil para utilizar la situación de Oriente Medio contra Rusia, no importa si es la guerra o la paz. Rusia es equivalente a Hamás, Ucrania merece ser tratada como si fuera Israel y, sobre todo, ha de tener la atención mundial. “Felicité al presidente de Estados Unidos por su éxito y por el acuerdo en Oriente Medio que logró cerrar, lo cual es un logro excepcional. Si se puede detener una guerra en una región, seguramente también se pueden detener otras, incluida la guerra con Rusia”, añadía al día siguiente. Si la guerra es la misma, su final ha de llegar de la misma manera, por iniciativa de Estados Unidos. “El mundo observa lo que Rusia hace y cómo intenta sacar ventaja, mientras los líderes mundiales se centran en poner fin a la guerra en Oriente Medio. Hay buenas probabilidades de que el acuerdo sea efectivo allí. Y cuanto mayor sea la paz y la seguridad en una región, más oportunidades traerá para todos en el mundo. Ucrania siempre, desde esta misma posición, insta al mundo a apoyar nuestra defensa y nuestro trabajo aquí, en Europa, en aras de la seguridad. Lamentablemente, Rusia es un terrorista que busca cualquier oportunidad para golpear con más fuerza, especialmente cuando la atención mundial está centrada en otra parte, incluso cuando ya está claro que ellos en Rusia siguen siendo la única, literalmente la última, fuente de esta guerra a gran escala”, continuaba horas después. “Ahora que la guerra en Oriente Medio llega a su fin, es fundamental no perder el impulso para avanzar hacia la paz. La guerra en Europa también puede terminar, y para ello, el liderazgo tanto de Estados Unidos como de otros socios es fundamental”, repetía ayer.
La teoría es simple, Ucrania merece el apoyo del que ha gozado Israel para conseguir sus objetivos, y la práctica lo es aún más, Kiev debe obtener todas las armas que pide, Rusia debe sufrir sanciones severas -como si los 19 paquetes, incluida la desconexión del sistema internacional de pago SWIFT no fueran en realidad sanciones- y sus aliados merecen sanciones secundarias. Todos estos argumentos son claros en el discurso ucraniano, que se ahorra las sutilezas y no busca esconder la analogía Hamás-Rusia e Israel-Ucrania para conseguir sus objetivos. Sin embargo, no hay que pasar por alto que el principal interés de Ucrania es la forma en la que Donald Trump ha conseguido el acuerdo. Los 20 puntos que pretende imponer sobre la población palestina, para quien ha preparado incluso un Gobierno dirigido por él mismo y figuras del prestigio de Tony Blair, fueron negociados exactamente como Zelensky busca que se negocie la paz entre Rusia y Ucrania, sin dar voz a la otra parte de la guerra. El presidente de Estados Unidos ha dejado claro que la negociación se ha producido de forma interna, con la participación de Israel, la parte que ha masacrado a la población y destruido el territorio, junto a una serie de aliados regionales de Trump como Turquía, miembro de la OTAN, Egipto, uno de los países más subvencionados por Washington, y Qatar, emirato que regaló al presidente un avión para su uso personal y donde las tropas norteamericanas cuentan con una de sus bases estratégicas. Logrado el acuerdo con los países árabes y musulmanes designados como mediadores, Trump validó y modificó el acuerdo en su reunión con Netanyahu para anunciar posteriormente un documento que no era el pactado con sus aliados regionales en Oriente Medio. Ese es el tipo de negociación que siempre han buscado Kiev y las capitales europeas, una negociación interna que determine las garantías de seguridad, las fronteras y los beneficios que va a otorgarles la paz y llegar a un pacto de documento que posteriormente imponer al enemigo sin darle margen de maniobra para reescribir los términos.
Pero Rusia no es Hamás, no solo se defiende sino que mantiene la capacidad de continuar atacando y el desequilibrio evidente entre una potencia nuclear y una milicia aislada en un territorio sitiado no existe en esta guerra. De ahí que ese tipo de diplomacia no pueda funcionar en este conflicto y sea preciso continuar insistiendo en una intervención más activa por parte de Occidente, a quien se le exigen más armas. Esa es la línea de actuación de Zelensky y ese será el mensaje que el presidente ucraniano llevará a la Casa Blanca en una reunión que se espera mucho más amistosa que el último cara a cara de los dos líderes en el Despacho Oval el pasado febrero. Quienes entienden la diplomacia como la imposición de su punto de vista sobre el oponente no pueden no estar de acuerdo en continuar con la vía de la escalada militar.
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