“Finlandia apoya plenamente a Dinamarca en sus esfuerzos por proteger el espacio aéreo y contrarrestar actividades híbridas como las que hemos visto en los últimos días y semanas. Para concretar este apoyo, Finlandia ha decidido hoy desplegar un contingente antidrones en Dinamarca. La Guardia Fronteriza finlandesa también apoyará con sus propias capacidades”, escribió ayer el presidente de Finlandia Alexander Stubb, uno de los muchos dirigentes europeos que mostraron su apoyo a Dinamarca y se pusieron a su servicio para derrotar la amenaza del avistamiento de drones sobre infraestructuras clave como el aeropuerto internacional de su capital. Pese a que en ningún momento se ha producido peligro y no existe, quizá ni se haya buscado, evidencias tangibles de la culpabilidad rusa, los hechos son presentados ya como parte de la guerra híbrida de Rusia contra los países europeos. Teniendo en cuenta que se trata de uno de los países más beligerantes en sus declaraciones -su primera ministra llegó a afirmar que la paz podría ser más peligrosa que la guerra-, que mayor porcentaje de su PIB han entregado a Ucrania como asistencia militar y que será sede de una de las fábricas de producción militar que Kiev va a externalizar para proteger de los bombardeos rusos, Dinamarca es una víctima propiciatoria de una campaña de tensión. La actual coyuntura en la que Rusia siempre es culpable no requiere siquiera de una mínima investigación, sino que es más importante utilizar los incidentes para justificar más política de defensa común, cierre de filas belicista e inclusión de Ucrania en este proceso. Sin necesidad de que se haya producido ningún peligro, se han unido ya a la iniciativa de despliegue de personal y sistemas para contrarrestar los drones en Dinamarca países como Francia, Alemania, Suecia, Países Bajos y la mencionada Finlandia.
“Ningún ejército occidental es capaz actualmente de luchar en un escenario de guerra moderna como el de Ucrania”, comentaba ayer la analista militar Patricia Marins. En su deriva de rearme, aumento del gasto militar y la militarización del continente, los países europeos se han centrado en la construcción del material pesado que ha quedado prácticamente obsoleto, como demostraron los tanques Leopard atrapados en los campos de minas y drones rusos en Zaporozhie, pero comienza también a hablarse de la necesidad de construir un “muro de drones” con el que luchar contra las supuestas incursiones rusas. Esas iniciativas requieren de gasto, investigación y desarrollo en un ámbito en el que los países europeos han quedado seriamente atrás. Incidentes como el de Dinamarca son útiles precisamente para resaltar ese ímpetu de rearme.
En esa lucha en la que, según el canciller Merz, Europa “ya no está en paz” y Donald Tusk llama a aceptar que “esta guerra es nuestra” para justificar más gasto y mayor participación en la lucha común contra Rusia a través de Ucrania, los países europeos tienen la suerte de poder contar con el Gobierno de Volodymyr Zelensky, generosamente dispuesto a ofrecer su preciada asistencia. “Nuestro grupo de especialistas ha comenzado una misión en Dinamarca para compartir la experiencia de Ucrania en la lucha contra drones. Nuestros hombres llegaron para participar en ejercicios conjuntos con nuestros socios, que podrían sentar las bases de un nuevo sistema para contrarrestar drones rusos y de cualquier otro país”, escribió el presidente de Ucrania, exagerando notablemente su papel, para anunciar la ayuda que Kiev dice poder ofrecer a los países europeos gracias a su experiencia luchando contra Rusia. Indudablemente, Ucrania cuenta con una experiencia de la que no disponen otros países europeos, aunque su capacidad en el derribo de drones rusos sería impoluta solo si resultaran creíbles las afirmaciones de la aviación de Kiev sobre el índice de derribos. La realidad muestra que los drones rusos, notablemente mejorados de los primeros enjambres utilizados en el otoño de 2022 tras su adquisición a Irán, son ahora capaces de causar mayores daños en Ucrania que hace tres años. El éxito de Ucrania en la guerra aérea es mucho más marcado en el ataque, donde cuenta con innumerables blancos en un país tan extenso y difícil de cubrir por la defensa aérea como la Federación Rusa. Esta guerra, al igual que el enfrentamiento de Israel contra Irán, muestra la mayor facilidad de los ejércitos en las fases ofensivas y la dificultad de la defensa.
Aun así, Volodymyr Zelensky se jacta de la experiencia, que hace imprescindible que Ucrania sea el centro del nuevo proyecto de protección de los cielos europeos. ““La experiencia de Ucrania es hoy la más relevante en Europa, y son precisamente nuestros conocimientos, nuestros especialistas y nuestras tecnologías las que pueden convertirse en un elemento clave del futuro Muro de Drones de Europa: un proyecto a gran escala que garantizará la seguridad en los cielos”, insistía ayer.
Dispuesta a ofrecer su inestimable y valiosa ayuda a los países europeos, Ucrania no ceja en su empeño de lograr que el empeoramiento de la guerra que presagia la nueva actitud de Estados Unidos contra Rusia implique, no solo más armas de una mayor potencia y más financiación, sino más participación directa de sus aliados en el conflicto, precisamente en la defensa de sus cielos. Kiev no es capaz de defender con sus propios medios -y los donados por la OTAN e incluso Israel- su espacio aéreo, pero es imprescindible para proteger el de la Unión Europea. El país que dice defender a la civilización europea, esa por la que Donald Tusk afirma que hay que luchar en esta guerra existencial, no puede sostenerse por sí mismo y precisa de cada vez más asistencia. Tiempo de halcones, este momento de exaltación bélica por parte de los países europeos que coincide con una fase de agitación estadounidense a favor del envío de armas como los misiles Tomahawk que, como comentó ayer Sergey Lavrov, Estados Unidos “no envía a cualquiera”, está siendo utilizado para tratar de conseguir lo que no se había logrado hasta ahora.
El pasado abril, pasó prácticamente desapercibida la iniciativa Sky Shield, patrocinada por algunas de las figuras más belicistas del continente, promocionada por medios progresistas como The Guardian y que abogaba por imponer una zona de exclusión aérea en el oeste de Ucrania. La propuesta, que implicaba una participación directa en la guerra rusoucraniana en el derribo de drones, misiles y aeronaves rusas, era también una demostración de las expectativas, ya que solo aspiraba a cubrir los territorios ucranianos al oeste del río Dniéper. Ni siquiera los halcones más beligerantes confiaban entonces en lo que ahora afirma Trump -aunque sin especificar cómo conseguirlo-, que Ucrania recupere su “formación original”, es decir, la integridad territorial.
Aprovechando la situación internacional favorable a presentar propuestas que garantizan una guerra más larga y dura, The Telegraph publicaba ayer una iniciativa sospechosamente similar a Sky Shield. “Cómo Europa puede golpear a Putin sin empezar la tercera guerra mundial”, escribía el analista político jefe del medio y veterano de la guerra informativa en Donbass Roland Oliphant. Recordando los incidentes de drones sobre el cielo danés y la incursión de 19 drones señuelo rusos en Polonia en dirección a Ucrania, el periodista insistía en que “la alianza no pasó precisamente con nota. El número de drones rusos que los aliados derribaron sobre Polonia fue una fracción de la tasa de aciertos lograda por la fuerza aérea ucraniana”. Oliphant no precisa si la tasa de acierto que menciona es la real o la ficción que a diario publica Ucrania como parte de la propaganda de guerra (que ejercen todos los actores que participan directa o indirectamente en el conflicto). El analista se mete en la cabeza de los dirigentes rusos para deducir que Rusia está probando las defensas occidentales al considerar que Estados Unidos está distraído, centrado en contener a China y una parte del trumpismo peca de un aislacionismo alérgico a mantener compromisos en el extranjero.
“El objetivo estratégico de Rusia en Europa no es ningún secreto. Desea construir lo que denomina una «nueva arquitectura de seguridad europea», básicamente reescribiendo el acuerdo posterior a la Guerra Fría para restaurar el dominio de Moscú al menos en parte del continente”, alega aunque el discurso ruso siempre ha pretendido crear una estructura de seguridad común, que no estuviera construida contra nadie. En la teoría de Oliphant, la intención rusa “supone destruir Ucrania como Estado soberano. Pero también significa desmantelar la OTAN, y puede que nunca haya una oportunidad mejor que la actual presidencia de Trump”.
A la hora de responder a esa guerra imaginaria de Rusia contra Occidente, Oliphant insiste en dos aspectos: la necesidad de contar con Estados Unidos y que “nuestra influencia sobre el futuro del continente es directamente proporcional a nuestra voluntad de usar la fuerza -y tomar riesgos- para defenderlo”. “Una opción propuesta por un grupo de políticos y militares occidentales de alto rango es instalar un escudo antiaéreo sobre el oeste de Ucrania para derribar misiles y drones rusos, con la posibilidad de ampliarlo finalmente —convirtiéndolo en una zona de exclusión aérea efectiva— sobre la propia Kiev”, propone. Para restar importancia al hecho de que una actuación similar supondría la participación directa en una guerra contra Rusia, Oliphant añade que “dado que la campaña aérea de Rusia se lleva a cabo mediante drones y misiles de largo alcance lanzados desde el interior del espacio aéreo ruso, una operación de este tipo no supondría ningún riesgo de muerte para los militares rusos” y, por lo tanto, no supondría un peligro de choque directo entre la OTAN y Rusia.
“Los líderes europeos que se reúnen esta semana en Copenhague sin duda debatirán este tema, junto con otras ideas. Pero lo importante es que, sea cual sea la postura que adopten, envíen una señal clara a Moscú”, sentencia el analista. El mensaje es que ha de aguantar sin rechistar y sin responder a una guerra en la que Ucrania es cada vez más una herramienta en un conflicto que se dirige desde Occidente.
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