“Si se toman decisiones que lleven a la paz, a una paz a largo plazo, entonces no tienen ningún sentido su presencia en territorio ucraniano, punto final”, afirmó ayer Vladimir Putin en referencia a la insistencia europea y ucraniana de enviar una misión armada –nadie sabe aún si de paz, disuasión, tranquilidad, consolidación u otros eufemismos- de la OTAN camuflada en sus banderas nacionales. “Rusia está librando una guerra inmoral. El diálogo es solo es posible si logramos garantías de paz sólidas para el pueblo ucraniano”, había dicho horas antes Emmanuel Macron como portavoz extraoficial de la Coalición de Voluntarios, reafirmándose en la voluntad de continuar por una vía que hace imposible un acuerdo con Rusia y dejando claro que la única negociación en la que los países europeos y Ucrania están interesados es en aquella consigo mismos.
Según esta visión, solo podrá haber diálogo cuando ya no sea necesario, es decir, cuando Ucrania haya conseguido sus objetivos y se hayan impuesto las condiciones de la paz, obviamente según los términos ucranianos, algo que no se corresponde con la realidad del frente ni se ajusta a las posibilidades de una guerra que se dirige a un final no concluyente, sin un ganador claro, que hace imprescindible una negociación para llegar a algún tipo de resolución. Instaladas en términos absolutos y en conversaciones que no llevan a ningún avance, la parte occidental exige participación a Estados Unidos para imponer una presencia militar que hace inviable cualquier entendimiento actual o futuro con Moscú, aparente objetivo de las capitales europeas. Rusia, por su parte, advierte de que las tropas occidentales que dirigentes como Macron quieren enviar a la tercera línea de Ucrania, siempre lejos del peligro del frente, serían un objetivo legítimo, especialmente si su llegada se produjera “ahora, durante el combate”, un comentario rápidamente criticado por los medios.
“Más de dos docenas de aliados de Ucrania en la denominada coalición de voluntarios han presentado opciones para el despliegue de una fuerza multinacional terrestre, marítima y aérea respaldada por Estados Unidos. Las discusiones solo se refieren a la Ucrania de posguerra, sin planes de enviar fuerzas sobre el terreno hasta que se resuelva el conflicto”, escribía Financial Times, simulando incredulidad pese a los recientes comentarios de Volodymyr Zelensky que, convencido de haber logrado consolidar su idea de recibir en Ucrania un contingente armado de países de la OTAN, parece haber pasado a la siguiente pantalla. En la misma línea que con las peticiones de armas, que se ampliaban en el momento en el que los países occidentales anunciaban la inclusión de nuevo material en la lista de envíos (Ucrania comenzó a exigir aviación en el momento en el que se anunciaron los tanques Leopard, por ejemplo), Kiev sabe que siempre ha de exigir más para lograr al menos una parte de lo que pide.
Es importante que “comiencen hoy y no solo cuando el conflicto haya terminado”, afirmó ayer Zelensky, demandando que esas garantías de seguridad en forma de una implicación más directa de Occidente en Ucrania comiencen de inmediato, sin esperar a un hipotético acuerdo con Rusia. El razonamiento de Zelensky parte de la base de que las garantías de seguridad que se están planteando en esa negociación interna del bloque occidental –y de las que forma parte el contingente armado– solo podrán aplicarse al margen de un acuerdo con Rusia, por lo que su activación cuanto antes solo sería forzar algo más una situación ya de por sí inviable. El peligro de una guerra más amplia siempre ha sido un riesgo que el Gobierno ucraniano ha estado dispuesto a hacer correr al continente.
“La Coalición de Voluntarios concretó este jueves en una reunión en París los compromisos de sus 35 países miembros con las garantías de seguridad a Ucrania en caso de alto el fuego, lo que incluye el despliegue de tropas por tierra, mar o aire de 26 de ellos, mientras que en breve se concretará el respaldo de Estados Unidos”, escribía ayer la agencia EFE para describir los resultados de la última reunión de la Coalición de Voluntarios, de la que tanto Ucrania como sus principales aliados –en este momento de la guerra, Francia y Alemania-, salieron exultantes. Sin embargo, la fase posterior de la cumbre, la llamada a Donald Trump, contó, según informan medios como Bild y Axios, con momentos de cierta tensión.
“Trump responsabiliza a Europa de presionar a Putin en una conferencia telefónica sobre Ucrania”, escribe Axios, hoy en día el medio al que Estados Unidos filtra aquello que quiere que se comente. Para sorpresa y disgusto de Ucrania, el centro de la reunión no habría sido el envío de tropas a Ucrania ni el papel que Washington va a desempeñar en esa misión, sino el papel de la Unión Europea en la guerra. Hombre de costumbres, especialmente la de ser el centro de atención y dirigir la conversación hacia el tema que más le interesa en cada momento, y de obsesiones, Donald Trump prefirió centrar el encuentro en su última misión, alienar completamente a India y China y obligar a los países europeos a hacer lo propio.
En la conversación, Donald Trump acusó a la Unión Europea de estar financiando indirectamente el esfuerzo bélico ruso a base de la adquisición de crudo, a lo que la presidenta de la Comisión Europea contraatacó recordando que solo Hungría y Eslovaquia siguen siendo clientes del petróleo ruso. El argumento fue escaso para Trump, que desea que el sector energético ruso, con el que compite el estadounidense, quede completamente excluido del lucrativo mercado energético europeo. Dispuestos a aceptar cualquier condición que su aliado de Washington exija, los países europeos propusieron, según Bild, enviar inmediatamente a una delegación europea para coordinar las sanciones del bloque atlantista, algo que, según el diario alemán, no está claro si Estados Unidos aceptó.
La realidad del orden internacional basado en las normas que impone Estados Unidos es la que se observó en el Caribe esta semana: despliegue militar, amenazas y ejecuciones extrajudiciales que se justifican alegando, como hizo ayer Marco Rubio, que afirmó que “Naciones Unidas no sabe de lo que habla”. Estados Unidos se cree con la legitimidad de dar órdenes a cualquier país del mundo –lo hizo también a Rusia, con el mensaje de “Vladimir, para”- y, como respuesta, no espera una negociación, sino la aceptación inmediata. Con el mismo autoritarismo que Volodymyr Zelensky exige participación directa de Occidente en la guerra o sanciones contra Rusia y Vladimir Putin espera que Ucrania acepte la reducción de su ejército, Trump no desea dialogar sino confirmar que sus aliados europeos han cumplido con sus deseos. En la reunión, Trump no solo ordenó a Hungría y Eslovaquia que cesen en sus adquisiciones energéticas a Rusia, sino que exigió a la UE que detenga sus compras indirectas de crudo ruso a través de terceros países e imponga sanciones a los clientes del sector energético ruso.
Curiosamente, Trump espera que los países europeos vayan mucho más allá de lo que ha ido la Casa Blanca, que aún no se ha atrevido a atacar a China con sanciones secundarias como sí ha hecho con India. Washington exige que las sanciones de la UE no se limiten a India, sino que se extiendan también al principal cliente del sector energético ruso, China, cuyo presidente anunció esta semana, junto a Vladimir Putin, la construcción de un nuevo gasoducto que una a los dos países. Sin ninguna sutileza, Donald Trump trata de utilizar la guerra de Ucrania para todo tipo de objetivos económicos: excluir definitivamente a Rusia del mercado energético europeo, que trata de capturar para sus productos, y castigar a aquellos países que esta semana han mostrado interés por un orden internacional menos centrado en Occidente. No extraña así el mensaje publicado por Donald Trump ayer en su red social personal. “Parece que hemos perdido a India y Rusia frente a la más profunda y oscura China. Que tengan un próspero y largo futuro juntos”, escribió acompañando el texto con una imagen de Xi Jinping, Narendra Modi y Vladimir Putin. Los oponentes están claros y las amenazas implícitas también.
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