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La cuestión de la OTAN en el discurso ucraniano

“En La Haya escuchamos: «Estáis entre amigos», escribió ayer, en referencia a la cumbre de la OTAN, la mano derecha de Volodymyr Zelensky, Andriy Ermak. En línea con la costumbre ucraniana de escuchar solo la parte que le favorece, el cardenal verde ucraniano añadió que “nos estamos acercando al día en el que el mundo diga: «Estáis entre aliados»”. La cumbre de la OTAN fue el escenario en el que Volodymyr Zelensky mantuvo una gran reunión con su homólogo estadounidense, que en la posterior rueda de prensa se mostró incluso emocionado y prometió buscar “misiles para los sistemas Patriot”, un momento de esperanza para una Ucrania en la que se acumulan los problemas. Sin embargo, el encuentro anual de la Alianza fue también el primero desde 2022 en el que Kiev no fue el centro de la fiesta y en el que recibió tan solo una mención en un especialmente breve comunicado final. Para desgracia de Zelensky, la situación en Oriente Medio no solo robó el protagonismo a Ucrania en la cumbre de la OTAN, sino que ha sido también una de las causas por las que el Pentágono suspendió temporalmente la entrega a Ucrania de algunos tipos de armas, entre ellas los interceptores para la defensa aérea.

Entre las palabras y los hechos, Ucrania prefiere siempre aferrarse a las promesas y exigir su cumplimiento al margen de lo vago de los compromisos o del valor propagandístico de las declaraciones. Es el caso de la insistencia ucraniana en la adhesión a la Alianza, una de las causas fundamentales de la actual guerra y una exigencia de futuro que Ucrania repite, consciente de que hace notablemente más difícil un acuerdo con Rusia. Ayer, durante su visita a Brasil para participar en la cumbre de los BRICS, Sergey Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa “desde el nacimiento de Jesucristo” según Mark Rutte, insistió en las exigencias rusas para lograr el final de la guerra, entre las que destacan el reconocimiento de los derechos de la población de habla o cultura rusa, la aceptación de la soberanía rusa sobre los territorios ucranianos bajo control de las tropas de Moscú y la neutralidad de Ucrania. Evidentemente, todo habrá de ser negociado y Rusia tendrá que ceder una parte de sus exigencias ya que, aunque no ha perdido la guerra, tampoco la ha ganado, por lo que, como Occidente, no puede imponer simplemente sus condiciones.

Más importante, sin embargo, es el comentario de Lavrov en el que afirmó que “estas provisiones deben estar incluidas en un acuerdo de paz vinculante”. Sea lo que sea lo que se acuerde para detener la guerra, Moscú espera que sea definitivo bajo la lógica de que un conflicto cerrado en falso es susceptible de causar una nueva guerra o de ser manipulado en el futuro. En el caso de la entrada de Ucrania en la OTAN, que Estados Unidos y otros aliados han abandonado como exigencia a corto plazo ya que no hay unanimidad, Rusia no tiene más que escuchar las declaraciones de ciertos líderes para confirmar su impresión. “La segunda tarea”, afirmó el portavoz de Asuntos Exteriores de Ucrania tras precisar que la principal labor de la delegación ucraniana en Estambul es la cuestión humanitaria de conseguir intercambios de prisioneros y retorno de menores que se encuentran en Rusia, es “no menos importante, política y comunicativa, es evitar que alguien acuse a Ucrania de ser una parte que no quiere la paz”. En ocasiones, las apariencias importan más que los hechos.

La intención europea de conseguir un acuerdo de mínimos que detenga la guerra pero que no implique una resolución definitiva y vinculante es paralela a la intención de manipular los términos del pacto de alto el fuego y maniobrar para conseguir los objetivos de la misma forma que Kiev y sus aliados europeos actuaron durante los años de Minsk. Durante ese periodo, se recomendaba a Ucrania dar pasos como la aprobación unilateral de la ley de estatus especial para Donbass simplemente para alegar ante Rusia que Kiev ya había cumplido con sus compromisos. El hecho de que, según la letra y el espíritu de la hoja de ruta de Minsk, esa legislación tuviera que acordarse con Donetsk y Lugansk o que tuviera que entrar en vigor y no simplemente aprobarse en un Parlamento consciente de que se trataba de una medida vacía solo era un detalle sin importancia. La posibilidad de repetir esa estrategia hace que Ucrania y las capitales europeas busquen solo un alto el fuego, mientras que el mismo motivo obliga a Rusia a conseguir un acuerdo definitivo.

La cuestión de la OTAN, principal punto de choque en las negociaciones, ilustra perfectamente esa intención. “Valoramos la clara señal de Alemania: el futuro de Ucrania está en la OTAN. Es importante que todos los socios compartan esta visión. Agradecemos al Canciller, a su equipo y al pueblo alemán su inquebrantable apoyo y liderazgo en la asistencia europea a la defensa”, afirmó Zelensky tras la cumbre de hace dos semanas. Pese a que es consciente de que la insistencia en la cuestión de la OTAN hace inviable un acuerdo, o quizá precisamente por ello, Zelensky y su equipo continúan actuando como si su entrada en la Alianza dependiera únicamente del paso del tiempo. “Es realista reconocer que si uno de los miembros clave de la OTAN —Estados Unidos de América— se opone a la adhesión de Ucrania en este momento, simplemente no sucederá en el corto o incluso mediano plazo, como sea que se defina eso”, afirmó recientemente el presidente de Finlandia que, sin embargo, añadió que “debe seguir siendo una posibilidad” y mostró su esperanza de que “finalmente se llevará a cabo”.

Esa es también la línea que ha elegido seguir Kiev, cuya táctica se centra en convencer a su principal audiencia, el Congreso y el Senado de Estados Unidos y el complejo de lobbies y think-tanks que lo rodea, de que Ucrania es el país clave en la seguridad de Europa. Y como Mark Rutte afirmó el pasado fin de semana, la seguridad de Europa es la protección de Estados Unidos. “Si quieres defender a Estados Unidos, tienes que asegurarte de que tres cosas son seguras. Necesitas un Ártico seguro, porque se está abriendo y los chinos y los rusos están navegando por allí. Necesitas un Atlántico seguro, porque es tu mar; es crucial. Y necesitas una Europa segura, porque Rusia está aquí, y Rusia se está reconstituyendo a un ritmo increíble, no para atacar a Noruega, sino para atacar en última instancia a Estados Unidos. Si el Ártico, si el Océano Atlántico, si Europa no son seguros, Estados Unidos tiene un gran problema”, afirmó en una entrevista publicada por The New York Times que ha de leerse como un publirreportaje de la OTAN.

“Cada cumbre de la OTAN constituye para Ucrania un indicador vital de la capacidad de la alianza para adaptarse a los nuevos retos y seguir sirviendo como la garantía de seguridad más eficaz para los países europeos”, escribe en su último artículo publicado por The Hill Andriy Ermak, cada vez con más presencia mediática, no siempre para bien. En menos de un mes, tanto Politico como The Economist le han acusado de la deriva autoritaria que observan en Ucrania y han cuestionado su capacidad de comprender la realidad, destacando su voluntad de ignorarla y retorcerla. “También”, insiste Ermak en una muestra de esa actitud, “es un indicador de hasta qué punto los países miembros de la OTAN perciben a Ucrania como «uno de los suyos» y comprenden que, al igual que la alianza invierte en la seguridad y defensa de Ucrania, nosotros invertimos en la seguridad y defensa euroatlántica. En esencia, se trata de una inversión mutua en la seguridad euroatlántica”.

Jactándose de la mención a Ucrania en el comunicado final, en el que se anuncia que las donaciones militares a Ucrania computarán como gasto militar en la tarea de alcanzar el 5% del PIB, Ermak ve el cumplimiento de lo que prácticamente entiende como el compromiso ético de Occidente en la guerra común contra Rusia y afirma que “este paso marca el inicio de una nueva mentalidad en materia de seguridad en el seno de la Alianza: una comprensión lenta pero creciente de que apoyar a Ucrania no es sólo un deber moral hacia la víctima de la agresión más brutal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, sino también un interés vital para la seguridad de los Estados miembros de la Alianza, especialmente en Europa”.

En el artículo no pueden faltar las menciones obligatorias al favorable papel de Donald Trump ni exigencias a los países europeos a cumplir con la orden estadounidense de aumentar el gasto militar, ni tampoco las peticiones de más armas. “La inclusión del apoyo a largo plazo a Ucrania en los nuevos planes de gasto en defensa de los países de la OTAN no elimina del orden del día nuestras necesidades urgentes en materia de defensa, especialmente en lo que se refiere a sistemas de defensa aérea adicionales”, insiste Ermak apelando a la última conversación entre Trump y Zelensky, en la que los dos presidentes hablaron de cooperar en materia de seguridad, el inicio de la labor de grupo de presión para lograr la declaración emitida ayer por la noche por la Casa Blanca, en la que se habla de que Estados Unidos debe enviar más armas defensivas a Ucrania, aunque aún no se anuncie específicamente el levantamiento de la medida de Hegseth y Colby de suspender la entrega de ciertas armas.

Con la intención clara de vincular la causa ucraniana a una mucho más importante para Estados Unidos, la de Israel, Ermak vuelve a insistir en la idea de un conflicto global en el que los oponentes son aliados y contra los que hay que actuar de manera similar. “Es importante llamar a las cosas por su nombre. El prolongado terror de los drones contra los ucranianos es ante todo el resultado de la estrecha cooperación entre Teherán y Moscú, establecida al principio de la guerra a gran escala. Como señaló acertadamente la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, la determinación mostrada hacia Irán debe aplicarse también a Rusia”, insiste sin llegar a animar a Occidente a bombardear la Federación Rusa, pero tratando de sugerirlo.

Pese a que Estados Unidos ha afirmado abiertamente que la cuestión de la OTAN es una de las causas fundamentales de la guerra y Donald Trump ha llegado a dar la razón a Rusia en materia de expansión de una alianza hostil hacia sus fronteras, Ermak insiste en que “los descarados y persistentes esfuerzos de Rusia por convencer al mundo de que las aspiraciones de Ucrania ante la OTAN le «obligaron» a invadir -y que una vez que Ucrania abandone este objetivo, Rusia se volverá constructiva y razonable por arte de magia- han fracasado una vez más”. “En las capitales de la OTAN cada vez se comprende mejor que el objetivo último de Rusia en su guerra contra Ucrania no es eliminar las ambiciones ucranianas en la OTAN, sino destruir a Ucrania como Estado y nación y restaurar el imperio ruso bajo una nueva forma. En otras palabras, impedir que Ucrania entre en la OTAN no es el objetivo final de Putin, sino simplemente una herramienta para conseguirlo”, sentencia Ermak sin ningún argumento al que atenerse ya que incluso el negociador ucraniano en el proceso de Estambul en 2022 confirmó de forma explícita que Rusia estaba dispuesta a firmar un acuerdo en el que la cuestión territorial no importaba y la neutralidad de Ucrania era su único objetivo. La seguridad sigue siendo, tres años después, el punto más importante de las negociaciones. Sin embargo, plantear la guerra en términos de intento de destrucción del Estado y la nación ucraniana permite a Ermak persistir en su trabajo de lobby en busca de acceso a la OTAN.

El jefe de la Oficina del Presidente recuerda a las capitales europeas todo el trabajo que “queda por hacer”, aunque les reconoce el camino realizado. “Prueba de ello es que la OTAN no ha revisado ninguna de sus posiciones anteriores sobre la futura adhesión de Ucrania”, insiste en referencia a que no se ha revocado la promesa de la cumbre de 2008 en la que a instancias de George W. Bush y contra el deseo de otras potencias de la Alianza, se mencionó, aunque sin dar una fecha ni iniciar ningún proceso, que tanto Ucrania como Georgia serían, en el futuro, miembros del club. Esa vaga promesa de futuro ha sido la base para la presión ucraniana, estadounidense hasta la llegada de Trump y ahora europea para continuar la presión en busca de una adhesión que ha causado la actual guerra y que ha hecho perder a Ucrania territorios, población y una parte de su economía, pero no las ganas de su establishment político de unirse a la Alianza de la Guerra Fría aunque eso haga imposible cualquier acuerdo de paz que no venga precedido de la victoria que Ucrania busca sin encontrar desde hace once años. “Aunque estas formulaciones”, insiste Ermak sobre las promesas de 2008, repetidas anualmente en forma de afirmaciones sobre el camino irreversible de Ucrania a la OTAN, “no se repitieron en el comunicado, tal vez deberíamos empezar a interpretar esta omisión como el reconocimiento por parte de la OTAN de la irreversibilidad de la trayectoria euroatlántica de Ucrania, como una verdad evidente que ya no requiere una reiteración constante en cada declaración de la alianza”. La omisión -basada realmente en la falta de unanimidad y en la decisión europea de dejar pasar el tiempo hasta la llegada de un presidente post-Trump- se confunde con la reafirmación de la misma manera que los deseos con las realidades.

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