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Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Putin, Rusia, Trump, Ucrania, Zelensky

Ataques mortales

“Las labores de extinción de incendios y retirada de escombros continúan tras otro ataque ruso. Este fue uno de los ataques aéreos de mayor envergadura, deliberadamente masivo y cínico. En total, se lanzaron 550 objetivos, incluyendo al menos 330 proyectiles ruso-iraníes, además de misiles, incluidos balísticos”, escribió ayer por la mañana Volodymyr Zelensky. El ataque recibió rápidamente las condenas en masa de las diplomacias europeas. “El nuevo ataque mortal de Rusia contra Ucrania, perpetrado en plena noche, con el único propósito de masacrar a civiles. Toda la comunidad internacional debe alzarse contra esta barbarie y crueldad desmedidas”, afirmó, por ejemplo, Jean-Noël Barrot, ministro de Asuntos Exteriores de Francia. La muerte fue también la línea elegida por el jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania, único gobierno efectivo en el país en estos momentos. “Olvídense de la llamada «gran cultura rusa». Lo único que siempre ofrece es muerte. No es de extrañar que el «invento» más emblemático de Rusia sea la ruleta rusa”, escribió Andriy Ermak.

Pese a la retórica, por la mañana se reportaban daños materiales, pero una cifra limitada de víctimas civiles. “Rusia lanzó el mayor ataque en Ucrania, con 539 drones y 11 misiles, principalmente en Kiev. El ataque tuvo como objetivo la planta de aviación Antonov y la zona del aeropuerto de Zhuliany en Kiev. Dos edificios de apartamentos resultaron dañados. No hubo civiles muertos durante el ataque. Los objetivos militares y de infraestructura crítica alcanzados no se reportan debido a la censura de guerra”, comentó en las redes sociales el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski. Los datos  de víctimas, que a lo largo del día ascendieron a unos 25 civiles heridos en el lado ucraniano, están lejos de los “probablemente muchos muertos” que presagiaba Tymofey Mylovanov, primer ministro de Economía de Zelensky, cuando denunciaba el bombardeo y el momento en el que se producía. “Estados Unidos suspendió la ayuda ayer. Trump habló con Putin ayer. Trump habla con Zelensky hoy”, comentaba simplificando la suspensión de la entrega de algunas armas a Ucrania, pero de ninguna manera todas.

Evidentemente, ninguna de las estridentes condenas emitidas desde Kiev o las capitales europeas omitía los ataques ucranianos al otro lado del frente, algunos con el uso de drones contra todo tipo de regiones rusas desde Izhevsk a 1200 kilómetros de la frontera a Sergeyev Posad, una localidad cercana a Moscú en la que las únicas infraestructuras relevantes son un monasterio muy visitado por turistas nacionales e internacionales. A esos ataques hay que añadir la batalla diaria y el uso de artillería de largo alcance, capaz de causar víctimas de la misma forma que los misiles. “Mueren cuatro personas en un bombardeo de las fuerzas ucranianas sobre Donetsk”, titulaba ayer Europa Press, que precisaba que los civiles murieron a causa de un proyectil ucraniano, que alcanzó el vehículo en el que transitaban en el barrio de Petrovsky de la capital de Donbass. Según el medio español, otras cuatro personas resultaron heridas, víctimas que no son tenidas en cuenta por los reportes occidentales a la hora de valorar la situación.

La dinámica del conflicto no ha cambiado en las últimas semanas pese a los editoriales de medios estadounidenses que, como The Washington Post, afirman que la guerra se encuentra “en un punto de inflexión”. En ese contexto, la narrativa no gira en torno a los hechos, sino a las necesidades de Kiev y sus aliados europeos. El ataque ruso de ayer por la mañana, del que como ya se ha convertido en habitual se destaca la cifra total de proyectiles sin tener en cuenta la reducida cantidad de misiles que Rusia necesita actualmente para provocar daños en Ucrania, coincide con el nerviosismo ucraniano y europeo por la actitud de Estados Unidos en la guerra, en el proceso de negociación y en el suministro de armas.

“Todos esperamos que Estados Unidos continúe apoyando a Ucrania y, gracias a Ucrania, a Europa. Pero si existen deficiencias, personalmente creo que deberíamos estar dispuestos a subsanarlas. Estoy muy orgullosa de la cooperación que mantenemos para apoyar la producción directamente en Ucrania. Está funcionando gracias a ustedes y a sus empresas. Pero también quiero transmitir este mensaje al resto de los líderes europeos: ustedes tienen más capacidad que nosotros en financiación”, afirmó la primera ministra de Dinamarca, que actualmente ocupa la presidencia de turno de la Unión Europa y que esta misma semana ha recibido a Volodymyr Zelensky. Frente a una situación que se complica por momentos para Ucrania en el frente y en la retaguardia, con cada vez más dificultades para su defensa y una evidente escasez de personal para cubrir las bajas de su ejército, los países europeos siguen apostando por el aumento del suministro militar ante la esperanza de que con un poco más tiempo, dinero y armamento para Ucrania, unido a una mayor presión en forma de sanciones contra Rusia vaya a conseguir lo que tres años de esfuerzo militar conjunto no han conseguido. Todo ello ha de producirse, por supuesto, rechazando toda diplomacia que no implique imponer medidas unilaterales a Moscú.

“Cualquier llamada telefónica con el sujeto «Putin» resulta inevitablemente en un bombardeo masivo y demostrativo de Kiev, con enorme destrucción, incendios generalizados, fuertes ataques a barrios residenciales y numerosas víctimas civiles”, sentenció ayer Mijailo Podolyak buscando una relación de causa-efecto entre la conversación del presidente ruso con el líder estadounidense. “El ataque ruso se produjo apenas unas horas después de la sexta conversación mantenida ente los presidentes de Estados Unidos y Rusia». El asesor de Andriy Ermak utilizaba el mismo argumento usado horas antes por Volodymyr Zelensky, que había escrito que “cabe destacar que las primeras alertas antiaéreas en nuestras ciudades y regiones comenzaron a sonar ayer casi simultáneamente a las informaciones de prensa que hablaban de una llamada telefónica entre el presidente Trump y Putin. Una vez más, Rusia demuestra que no tiene intención de poner fin a la guerra ni al terrorismo. La alerta antiaérea en Kiev terminó apenas alrededor de las 9 de la mañana de hoy. Fue una noche brutal, sin dormir”. La retórica de Zelensky no es nueva, pero en estos momentos es más cercana a la postura de Donald Trump, que el jueves por la noche se mostraba decepcionado por su conversación con Vladimir Putin.

Tras una llamada telefónica que se prolongó durante alrededor de una hora, los dos presidentes trataron, aparentemente sin llegar a más acuerdo que mantener el contacto, Donald Trump admitió ante la prensa no haber conseguido ningún progreso y, contrariamente a sus habituales afirmaciones de que Vladimir Putin quiere acabar la guerra, comentó que “no creo que esté buscando parar”. Rusia, por su parte, destacó la franqueza de la comunicación e insistió en que Vladimir Putin había reafirmado los objetivos e insiste en tratar las causas de la guerra frente a la exigencia de alto el fuego sin ninguna garantía de una negociación que vaya a resultar en una resolución definitiva. El periodista opositor ruso Leonid Ragozin resumía a la perfección la situación al escribir que “Putin desairó a Trump en su llamada telefónica y no está contento. Esto refleja la persistente creencia/ilusión en Occidente de que se puede presionar al Kremlin para que ceda en lo que lo impulsó a lanzar la guerra de agresión en primer lugar. Putin está librando una ofensiva exitosa que se acelera rápidamente. No tiene ningún incentivo para detenerla ni para ceder en sus demandas clave: neutralidad, desmilitarización, derechos lingüísticos y eclesiásticos. No tolerará ninguna OTAN a través de acuerdos secretos (por ejemplo, el formato Israel o Corea del Sur), que es a lo que se reduce actualmente la postura negociadora occidental. El único incentivo que está dispuesto a ofrecer a Ucrania es que deje de perder territorio si acepta sus términos, que implican un acuerdo al estilo georgiano o al estilo finlandés posterior a la Segunda Guerra Mundial”.

Pese a las presiones, Rusia es consciente de que estar sola en esta guerra implica un peligro de aislamiento que ha superado a base de centrarse en sus relaciones con el Sur Global. Esa autonomía supone también que, mientras su economía, sociedad y fuerzas armadas sigan manteniendo la estabilidad, no tendrá que ceder ante las órdenes que llegan de fuera como le ocurre a Ucrania, cuya dependencia implica la necesidad de suplicar ayuda y exigir sanciones que siguen sin conseguir que Moscú acepte negociar en una posición de inferioridad que no se corresponde con la fortaleza en el frente. Sus capacidades son todo lo que Rusia tiene en este conflicto, mientras que Ucrania ha de confiar en las ajenas. De ahí que lo más importante del día de ayer no fueran las consecuencias del bombardeo ruso, sino la conversación con Donald Trump.

“Hoy discutimos la situación actual, incluyendo los ataques aéreos rusos y los acontecimientos más amplios en el frente. El presidente Trump está muy bien informado y le agradezco su atención a Ucrania. Hablamos sobre las oportunidades en defensa aérea y acordamos que trabajaremos juntos para fortalecer la protección de nuestros cielos. También hemos acordado una reunión entre nuestros equipos”, escribió Zelensky sin mencionar la noticia de la semana, la suspensión de la entrega de armas como los interceptores aéreos para priorizar la seguridad de Estados Unidos y la de sus aliados prioritarios. “Tuvimos una conversación detallada sobre las capacidades de la industria de defensa y la producción conjunta. Estamos listos para proyectos directos con Estados Unidos y creemos que esto es crucial para la seguridad, especialmente en lo que respecta a drones y tecnologías relacionadas”, insistió el presidente ucraniano, cuyo equipo consideró el resultado de la conversación como una victoria importante. Las palabras de Trump son coherentes con sus declaraciones durante la cumbre de la OTAN, en la que insistió en que Estados Unidos está buscando misiles Patriot para enviar a Ucrania. Los términos de Trump, al menos a juzgar por la descripción de Zelensky, son vagos y no implican el levantamiento de las medidas dictadas esta semana, pero vuelven a elevar las esperanzas de Kiev de que vaya a ser así.

Ante la incertidumbre, Kiev tiene claro que debe usar argumentos persuasivos que vuelvan a hacer a Ucrania importante para Estados Unidos. “Qué ironía. Tras el masivo ataque aéreo ruso de esta noche contra Ucrania, descubrimos en Kiev un componente de un dron de combate ruso-iraní «Shahed-136″/»Geran-2», fabricado en China y suministrado recientemente. Y justo en la víspera, el edificio del Consulado General de China en Odesa sufrió daños menores como consecuencia de los ataques rusos en la ciudad. No hay mejor metáfora de cómo Putin sigue intensificando su guerra y su terrorismo mientras involucra a otros, incluidas tropas norcoreanas, armas iraníes y algunos fabricantes chinos”, escribió Andriy Sibiha, ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, que quiso centrar el conflicto ucraniano en el contexto de una lucha global que Kiev presenta como libertad frente a autoritarismo y en la que “la seguridad en Europa, Oriente Medio y el Indopacífico está inextricablemente ligada. No se trata de una competencia por la atención. La lucha contra la agresión y el terrorismo rusos en Europa contribuye directamente a mejorar la seguridad en Oriente Medio y el Indopacífico”. El mensaje es claro y tiene en cuenta el motivo por el que el número 3 del Pentágono, Elbridge Colby, ha impulsado esta semana la suspensión de entrega de ciertas armas a Ucrania para priorizar otras regiones más estratégicas que Europa, concretamente Asia-Pacífico y el enfrentamiento con China. En el imaginario ucraniano, esa guerra del futuro contra China que Colby prepara ideológicamente desde hace varios años ya existe y se libra en Ucrania, que ha de volver a ser el centro de atención y el principal país receptor de armamento estadounidense.

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