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Un guion escrito de antemano

“Conclusiones preliminares…Rusia no quiere negociaciones reales y sustantivas -lo que siempre ha sido obvio- y en su lugar las sustituye por acciones descaradamente performativas e imitativas”, escribió Mijailo Podolyak en las redes sociales el viernes, cuando apenas había finalizado la primera reunión directa entre Rusia y Ucrania en tres años y antes de que el líder de la delegación ucraniana, el ministro de Defensa Rustem Umerov diera una visión relativamente constructiva de un encuentro en el que era improbable que fueran a producirse grandes avances. Kiev, con siete años de experiencia en el arte de simular negociaciones y dilatar el tiempo hasta la eternidad, proyecta en Rusia esa capacidad cuando las negociaciones apenas han comenzado. Sin embargo, la hora y cuarenta minutos que la delegación ucraniana pasó reunida con el equipo ruso liderado por Vladimir Medinsky ha sido más que suficiente para poner en marcha el guion que las capitales europeas habían preparado durante la semana para utilizar ocurriera lo que ocurriera en Estambul, una labor en la que cuentan con la inestimable colaboración de los medios de comunicación occidentales, siempre dispuestos a aferrarse a las posturas más beligerantes para justificar la continuación del statu quo. Quienes, por acción u omisión, colaboraron en el sabotaje del proceso de Minsk y despreciaron la negociación de Estambul, incómoda ya que su éxito les habría obligado a recuperar unas relaciones económicas y políticas con Rusia que no deseaban reanudar, insisten ahora en la vía de la presión, o paz por medio de la fuerza sin dar ninguna opción a la diplomacia.

“Rusia -concretamente Putin- no quiere poner fin a la guerra, porque no tiene alternativa a sus criminales de guerra en masa y se niega a devolverlos a territorio ruso. Rusia insulta deliberada y demostrativamente a todos los mediadores mundiales que han intentado facilitar las negociaciones en Turquía, enviando una delegación de estatus extremadamente bajo. Rusia está claramente intentado ganar tiempo, enviando simultáneamente una delegación de bajo nivel y lanzando docenas de drones y misiles a través de Ucrania, apuntando a las principales ciudades”, continuaba el mensaje de Podolyak, que olvidaba mencionar que las docenas de drones que Rusia utiliza a diario son equiparables a unas cantidades similares que Ucrania dispara contra territorio ruso. Horas antes de que se celebrara la reunión, por ejemplo, los drones ucranianos atacaron el territorio que más importa a Kiev, Crimea, el primero que perdió en 2014. Tras más de tres años en los que tanto el establishment político como el mediático ha utilizado la palabra Putin para referirse a Rusia -la invasión de Putin, la guerra de Putin, las sanciones contra Putin-, cualquier delegación que no incluyera al presidente puede ser creíblemente tachada de incompetente e incapaz de tomar decisiones. “Ya sabemos cómo se toman las decisiones allí”, afirmó de forma retadora Zelensky el pasado jueves, cuando aún jugaba al despiste sobre si su delegación se reuniría o no con el equipo ruso.

Las reacciones a la reunión pueden resumirse entre quienes exigen acciones firmes contra el rechazo de Rusia a negociar, aunque eso contradiga incluso las palabras de los miembros de la delegación ucraniana que participó en el encuentro, y quienes se lamentan de que se hubiera producido. “Todo el mundo quiere la paz, excepto Rusia. Las sanciones y el aislamiento político son esenciales para mantener la presión sobre Rusia. Por eso la unidad importa más que nunca”, afirmó en su participación en el encuentro de la Comunidad Política Europea, Kaja Kallas. Su mensaje estaba perfectamente coordinado con el discurso de Úrsula von der Leyen, que declaró que, tras mostrar su apoyo y el de Antonio Costa a Zelensky, escribió que “nuestra prioridad inmediata es un alto el fuego total e incondicional. Es por eso por lo que estamos aumentando aún más la presión para llevar a Putin a la mesa de negociaciones. Estamos imponiendo duras sanciones a Rusia, paquete tras paquete. Queremos una paz justa y duradera para Ucrania y una seguridad duradera para toda Europa”.

“El hecho de que el presidente Zelensky haya viajado a Turquía a pesar de todo es un gesto enorme”, había escrito antes el canciller Merz, dando valor político a un viaje que solo buscaba el espectáculo. “Putin no apareció, y eso lo puso solo a él en el error. Un nuevo paquete de sanciones está listo. Lo decidiremos el martes en Bruselas”, sentenció. Frente a una negociación que no deseaban y en la que Ucrania no ha conseguido de partida lo que exigía, los países europeos responden en una tónica que ya se ha convertido en habitual. Esta misma semana se ha confirmado el decimoséptimo paquete de sanciones contra Rusia desde 2022 -medidas que se suman a las ya impuestas a lo largo de los siete años anteriores- y se espera que el decimoctavo, del que se promete que será aún más severo, se apruebe de forma inminente a causa del abandono de Putin. Así lo confirmó von der Leyen, que añadió que “ahora”, momento en el que por primera vez en tres años se recupera la diplomacia, “es el momento de presionar a Putin hasta que también esté preparado para la paz”. “Los jefes de Estado y de Gobierno acordamos que debemos agotar todas las posibilidades. Estamos debatiendo nuevas sanciones en los sectores energético y bancario, nuevas medidas con respecto a los activos y sanciones contra personas. Estamos trabajando en ello con nuestros socios europeos», declaró el canciller Merz a un medio alemán, al que insistió en abrir la puerta a la posibilidad de la incautación de los activos rusos congelados por la Unión Europea, una opción controvertida y problemática que su predecesor era consciente de que causaría serios problemas al sistema financiero europeo. Merz mantiene la esperanza de esa apropiación siempre que “haya una base legal sólida” que simplemente no existe y que supondría un aliciente para que Rusia fuera algo más reticente a la diplomacia con los países europeos.

Frente al retorcido uso de los países europeos de la ausencia del único resultado que exigían, el alto el fuego, una parte de la prensa ha optado por mostrarse escéptica y lamentar lo que perciben como un éxito para Rusia. “Desde el principio, no se esperaba que las negociaciones de Estambul produjeran grandes avances”, escribía The New York Times, “pero la reunión fue una victoria táctica para Putin, que consiguió iniciar las conversaciones sin acordar primero un alto el fuego en el campo de batalla que Ucrania y casi todos sus partidarios occidentales habían exigido como condición previa para las negociaciones”,

En una poco característica disidencia, el medio británico The Times se desmarcaba de la opinión generalizada para destacar que la reunión había resultado “mejor de lo esperado”. En la misma línea se mostraba Samuel Charap, de la Corporación Rand y uno de los expertos que ha tenido acceso a los documentos de la negociación de 2022, que sigue planteando como posible base para un futuro acuerdo entre Rusia y Ucrania. “El intercambio de prisioneros más grande y acuerdo de seguir hablando de modalidades de alto el fuego, consideraría que “mejor de lo esperado” es el resultado de la primera reunión directa en tres años. Las partes también demostraron que pueden dialogar sin mediación indirecta”, escribió Charap en las redes sociales, ciñéndose a la opción optimista, actualmente minoritaria en el discurso mediático occidental. “Por dejarlo claro”, añadió, “habría sido una sorpresa que emergieran resultados de esta primera reunión. Va a llevar tiempo”. La lógica de Charap es la contraria a la que mantienen actualmente los países europeos y también, aunque por motivos diferentes, Donald Trump.

“Putin está sentado en la mesa”, afirmó Donald Trump interrumpiendo la afirmación del periodista de Fox News que le entrevistaba -Bret Baier, el mismo que dio a Zelensky la oportunidad de enviar su mensaje de redención a la Casa Blanca apenas unas horas después de la catastrófica reunión del Despacho Oval- de que “Putin no ha dejado de bombardear y no se ha sentado en la mesa [de negociación]”. Las palabras de Trump contradicen lo que los países europeos y Ucrania esperaban escuchar del presidente de Estados Unidos, que debía unirse al coro de voces que pregona que la ausencia de Vladimir Putin en Turquía es la prueba necesaria para afirmar que Rusia ha rechazado la negociación y carece de voluntad de lograr la paz.

En un discurso absolutamente incoherente, en el que el periodista en ningún momento consigue que Trump responda a sus preguntas o que se mantenga el hilo del tema sobre el que está hablando, Donald Trump insistió en cuatro ideas: todo es culpa de Joe Biden, fueron los Javelin entregados por su administración los que salvaron Kiev, que habría caído “en cinco horas”, la guerra no habría comenzado si él hubiera sido presidente y Vladimir Putin quiere la paz porque “está quedando mal y quiere quedar bien”. En la entrevista, Trump insistió también en otras de sus habituales ideas, como que Zelensky, “el mejor vendedor del mundo, incluso mejor que yo”, no dispone de ninguna carta que jugar y volvió a dar cifras falsas sobre la asistencia que Estados Unidos y los países europeos han entregado a Ucrania. Aunque es de sobra conocido que no es así, Donald Trump sigue repitiendo que Washington ha contribuido en 350.000 millones de dólares frente a los 100.000 de los países europeos. Ambos datos son simplemente falsos y la contribución de la UE y otros países europeos es notablemente superior a la de Estados Unidos. Quizá el punto más importante del discurso de Trump es su insistencia en que “no pasará nada hasta que me reúna con Vladimir Putin”. La idea de que una única reunión entre dos presidentes -o tres si se incluye a Zelensky- va a resolver una guerra de más de tres años y dos conflictos que preceden en muchos años a la invasión rusa, el conflicto rusoucraniano iniciado en 2014 y el Rusia-OTAN que se remonta a la expansión de la Alianza hacia las fronteras rusas, es ingenua, pero útil para los países europeos, que también exigen una reunión Putin-Zelensky tras la que afirmar que el presidente ruso no desea la paz.

El indispensable papel de Estados Unidos es también una de las bazas de los líderes europeos a la vanguardia del intento de continuar utilizando la vía de la coacción para conseguir lo que buscan. “En Estambul, Putin ha roto de facto las negociaciones”, afirmó el primer ministro polaco Donald Tusk. Esa es la postura por la que han optado los líderes de esos países que se hacen llamar coalición de voluntarios. Entre ellos destaca, como en semanas anteriores, Emmanuel Macron, cabeza visible de la imagen de unidad y cierta desesperación mostrada el viernes en Albania. Aunque algo menos explícito en sus declaraciones que el primer ministro polaco, que afirmó que “en Estambul, Putin ha roto de facto las negociaciones”, el presidente francés se ha puesto al frente del impulso en busca de las “sanciones más duras” hasta ahora, algo prácticamente imposible teniendo en cuenta que la desconexión de Rusia del sistema internacional de pago SWIFT era la opción nuclear de los países europeos.

“Está claro que la negativa de Rusia a aceptar un alto el fuego y una reunión de alto nivel es inaceptable para todos nosotros e inaceptable a la luz de la propuesta estadounidense… En algún momento, esto debe provocar una respuesta”, afirmó Macron el viernes. Sin embargo, pese a la dureza de las declaraciones del establishment político europeo en su promesa de sanciones, la imagen del día en la cumbre de la Comunidad Política Europea fue la de Macron, Starmer, Zelensky y Tusk conversando por teléfono con Donald Trump para ejercer de grupo de presión en busca de sanciones. Esa es la imagen de la autonomía estratégica de los países europeos, que necesitan a Estados Unidos para conseguir que las sanciones tengan el efecto que no han tenido hasta ahora. Para ello, el objetivo es convencer a Donald Trump de que la primera reunión de Rusia y Ucrania en tres años es la prueba definitiva de que Moscú rechaza la diplomacia, por lo que los siguientes pasos han de ser reforzar militarmente a Kiev y dirigirse al Kremlin utilizando únicamente el lenguaje del ultimátum.

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