“Ya en Londres junto al ministro de Defensa Rustem Umerov y el de Asuntos Exteriores Andriy Sibiha. Pese a todo, seguimos trabajando por la paz”, escribió ayer por la mañana en las redes sociales Andriy Ermak, que añadió que “como acordamos en París, nos reuniremos con nuestros homólogos americanos y europeos que están actualmente en la capital británica. El camino a la paz no es fácil, pero Ucrania ha estado y sigue estando comprometida con los esfuerzos de paz”. Dejando claro el principal objetivo del discurso ucraniano, el cardenal verde de Volodymyr Zelensky sentenció insistiendo que “ya en Yeda en marzo y posteriormente en otras reuniones, Ucrania ha demostrado claramente que no es un obstáculo para la paz”. A esa hora de la mañana, se conocía que la cumbre de Londres había quedado deslucida primero por el anuncio de Marco Rubio de que no participaría en el encuentro y luego por la posterior reacción de las autoridades europeas.
“Los diplomáticos europeos suspendieron las conversaciones de alto nivel previstas para el miércoles sobre el fin de la guerra de Rusia en Ucrania después de que altos diplomáticos estadounidenses cancelaran abruptamente sus planes de asistir”, se lamentaba The Washington Post. “No es solo que los negociadores clave de Estados Unidos hayan renunciado a reunirse con sus homólogos franceses, británicos y ucranianos en Londres”, añadía Financial Times sobre la ausencia de Marco Rubio y Steve Witkoff, “sino que han dejado condenadamente claro que la acción de verdad está en otra parte”.
Estados Unidos había anunciado que su delegación estaría liderada por el general Kellogg, enviado para Ucrania, y que, pese a su ausencia en Londres, Witkoff sigue adelante con su intención de volver a visitar Rusia a lo largo de la semana para la que sería su cuarta reunión con el presidente ruso. Como afirmaba ayer Axios, uno de los medios que afirman haber tenido acceso al documento que Estados Unidos ha presentado a Ucrania como oferta final antes de retirarse de las negociaciones si estas no prosperan, la propuesta se redactó tras el anterior encuentro Putin-Witkoff, cuando el enviado de Trump para Oriente Medio y principal interlocutor con Rusia anunció haber recibido las líneas generales de la posición rusa y sus objetivos en la guerra y en la negociación.
El contenido del documento, según The Telegraph una escueta página con apenas siete puntos, fue ayer uno de los temas del día, fundamentalmente a causa de la reacción ucraniana y europea. El miércoles por la noche, Volodymyr Zelensky había negado la posibilidad de que Kiev reconozca la soberanía rusa sobre Crimea, e incluso negaba haber recibido propuestas oficiales sobre concesiones territoriales. “Esas propuestas”, afirmó en relación a las filtraciones sobre el documento que Estados Unidos entregó a Ucrania la pasada semana en París y al que debía responder ayer, “son señales, ideas, una visión”. Como ocurrió con el primer borrador del acuerdo de minerales, que Ucrania y Estados Unidos debían firmar en Washington a finales de febrero y que Zelensky intentó renegociar cuando la Casa Blanca ya lo consideraba definitivo, Kiev se resiste a tomar la actual propuesta como final.
A juzgar por lo publicado por The Telegraph, el documento estadounidense es exactamente la representación de las palabras que Marco Rubio, Steve Witkoff y Keith Kellogg han pronunciado a lo largo de los últimos días, por lo que no hay motivo por el que pueda alegarse ninguna sorpresa. El primer punto de la propuesta es el alto el fuego, seguido de una negociación directa entre las partes a las que tanto Kiev como Moscú se han mostrado abiertas. Como se había publicado en días anteriores, Estados Unidos anunciaría su reconocimiento de iure de la soberanía rusa sobre Crimea, , mientras que, de facto, aceptaría el control ruso sobre los territorios de Lugansk, Donetsk, Zaporozhie y Jersón ahora en manos rusas. A lo largo del día, Donald Trump precisó que Crimea se perdió para Ucrania hace más de una década, achacó esa pérdida a “Barack Hussein Obama”, se preguntó por qué Kiev no luchó por ella e insistió en que la península “no es parte de la discusión”, pero aclaró que “nadie pide a Zelensky que reconozca Crimea como territorio ruso”.
El documento menciona también tanto el acuerdo de minerales entre Ucrania y Estados Unidos que Washington intenta que Kiev firme con rapidez, como reparaciones, pese a que no especifica la fórmula en la que Ucrania recibiría compensación por la guerra o ayuda para la reconstrucción. Pese a negar el acceso a la OTAN, Washington se refiere a garantías de seguridad que tampoco concreta. Finalmente, se menciona explícitamente que el territorio de la central nuclear de Zaporozhie sería considerado ucraniano, aunque estaría gestionado por Estados Unidos que, según mecanismos que no se precisan, suministraría energía a Ucrania y Rusia.
Nada de lo que afirman The Telegraph o Axios que especifica la oferta de la Casa Blanca contradice tampoco lo que Pete Hegseth anunció a sus socios europeos de la OTAN el pasado mes de febrero, cuando afirmó que no era realista esperar una invitación de adhesión a la Alianza o la restauración de las fronteras internacionalmente reconocidas de Ucrania como resultado de una negociación. Pese a la indignación provocada por esas palabras, ese discurso refleja el equilibrio de fuerzas de la guerra, en la que, incluso con una multimillonaria movilización de recursos occidentales durante tres años, Kiev no ha sido capaz de recuperar apenas territorio perdido desde 2022. La escasez de resultados durante contraofensiva ucraniana de 2023 y el agotamiento del avance ruso un año antes dejaron claro que las opciones de ruptura del frente eran remotas, lo que condenaba al conflicto a dos posibles escenarios: la negociación en busca de una salida diplomática o un aumento considerable de los recursos y la cifra de tropas sobre el terreno por parte de uno de los bandos en busca de una victoria militar que ya entonces era improbable. El año y medio transcurrido desde que Valery Zaluzhny proclamó que la guerra se encontraba “en punto muerto” ha confirmado esa sensación, pero ha tenido que ser la administración trumpista, posiblemente el actor del que menos se podía esperar esa dosis de realismo, quien traslade esa realidad a un propuesta que aceptar o rechazar.
“Es hora de que acepten o de que Estados Unidos abandone este proceso”, afirmó ayer en referencia a una propuesta que calificó de “muy explícita” desde la India el vicepresidente JD Vance, el hombre que provocó el estallido de Zelensky en la catastrófica reunión del Despacho Oval, tras la que el presidente ucraniano no ha conseguido aún reparar su relación con Donald Trump. Pese a la evidentemente tensa relación entre ambos presidentes, Zelensky se ha ofrecido a reunirse con el líder estadounidense en el Vaticano para continuar negociando. Aunque a lo largo del día los medios europeos prácticamente anunciaban la ruptura del proceso de diálogo, tanto Kiev como Moscú insisten en que los contactos prosiguen y en que nada está escrito, todo es aún negociable. Ayer, según indicaba Axios, la intención de Ucrania era negociar un alto el fuego de 30 días y no el plan de paz propuesto por la administración Trump. En el momento en el que se anunció de forma clara y pública por parte de Washington que el documento entregado a Kiev era la oferta definitiva de Estados Unidos, en Ucrania aumentaron sustancialmente los deseos de negociar, no con su enemigo ruso, sino con su aliado norteamericano.
“No habrá acuerdo que proporcione a Rusia las bases más sólidas que necesita para reagruparse y regresar con mayor violencia. Un alto el fuego total —en tierra, aire y mar— es el primer paso necesario. Si Rusia opta por una pausa limitada, Ucrania responderá de la misma manera. Nuestro pueblo no aceptará un conflicto congelado disfrazado de paz. Nunca reconoceremos la ocupación de Crimea. Y si no se le concede la adhesión a la OTAN, Ucrania exigirá garantías de seguridad vinculantes, lo suficientemente sólidas como para disuadir futuras agresiones y lo suficientemente claras como para asegurar una paz duradera”, escribió la viceprimera ministra y ministra de Economía de Ucrania Yulia Svyrydenko, que insistió en que “Ucrania está dispuesta a negociar, pero no a rendirse”. La dureza de la posición ucraniana puede considerarse una estrategia de negociación en busca de su principal objetivo, las garantías de seguridad, aunque el margen de maniobra de Kiev en esta negociación es escaso y corre el riesgo de tensar excesivamente la cuerda.
En referencia al análisis sobre la propuesta estadounidense publicada por The Telegraph, el exministro de Economía de Ucrania Timofiy Mylovanov escribía ayer que “no lo llama un plan de paz, sino una capitulación”. “No estoy de acuerdo”, añadió para precisar que, en caso de continuar luchando, la alternativa será “aceptar las demandas rusas de desarme de Ucrania y la transferencia de territorios no ocupados; eso sería una auténtica rendición. La administración Trump simplemente está articulando lo que ya está haciendo”. En lugar de negociar sobre los términos que actualmente están sobre la mesa, Kiev aspira a una enmienda a la totalidad, algo que ya ha molestado a Donald Trump, que en su red social personal se refirió a los comentarios sobre Crimea y acusó directamente a Zelensky, “el hombre que no tiene ninguna carta con la que jugar”, de realizar una declaración “muy dañina para las Negociaciones de Paz con Rusia”. Trump, que sigue insistiendo en que se encuentra “muy cerca de un Acuerdo”, exigió al presidente ucraniano que dé los pasos necesarios. «Puede lograr la paz o puede luchar durante otros tres años antes de perder todo el país», sentenció.
“Las autoridades intentan retomar las negociaciones de paz en Ucrania tras la ausencia de Rubio”, titulaba a media tarde de ayer la agencia Reuters, que insistía en que los “oficiales estadounidenses, ucranianos y europeos habían mantenido reuniones sustanciales”. “Agradecemos a nuestros socios su fuerte apoyo y su deseo compartido de detener la guerra lo antes posible. Rusia sigue negándose a un alto el fuego incondicional, retrasando el proceso y tratando de manipular las negociaciones. Pero la unidad internacional de nuestros socios no le deja ninguna posibilidad”, insistía Andriy Ermak pese a la evidencia de que no hay unidad entre sus aliados, divididos entre la postura europea de continuar exigiendo un resultado escasamente realista, que sea además impuesto sobre Rusia de forma incondicional, y Estados Unidos, que quiere conseguir el final del conflicto para centrarse en regiones que para Washington son más estratégicas que Europa. “Seguimos absolutamente comprometidos con asegurar una paz justa y duradera para Ucrania y las conversaciones de hoy son una parte importante de ello”, afirmó el portavoz británico. De forma aún más explícita, la oficina de Emmanuel Macron publicaba un comunicado que afirmaba que “la integridad territorial de Ucrania y las aspiraciones europeas son una fuerte exigencia para los europeos”. La posibilidad de que rechazar el actual acuerdo llevara a la continuación de la guerra ya sin el apoyo de Estados Unidos y que la siguiente negociación con Rusia implicara una propuesta aún más desfavorable para Ucrania aún no ha calado en Londres, París, Bruselas o Berlín y tampoco parece un factor a tener en cuenta en Kiev. Pero es Washington quien lidera el esfuerzo diplomático y no las capitales europeas, a las que les queda decidir si comprometerse a continuar la guerra por su cuenta o aceptar los términos que llegan de la Casa Blanca.
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