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Alto el fuego, Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Putin, Rusia, Trump, Ucrania, Zelensky

Después de la tregua

El 20 de abril, primera fecha señalada por la filtración del supuesto plan de Donald Trump para conseguir la paz en Ucrania terminó como lo hicieron todos y cada uno de los procesos de alto el fuego que, a lo largo de los últimos once años, se han producido en este conflicto. Aquel plan, cuyos parámetros coinciden exactamente con la actuación de la administración Trump estos meses, por lo que ha de ser tenido en cuenta, veía ese día, Domingo de Pascua para todas las denominaciones cristianas, un simbolismo ideal para anunciar el alto el fuego definitivo. El optimismo trumpista, fruto de la falta de experiencia y comprensión de la complejidad del conflicto, no se ha visto recompensado de momento y, pese a las constantes declaraciones sobre la inminente resolución, el alto el fuego no fue sino una breve tregua que pudo dar un respiro a gran parte de la población de la retaguardia. Rompió esa tendencia el ataque ucraniano contra Donetsk, que se ha limitado a alegar haber actuado con simetría, deteniendo el fuego en los lugares en los que también Rusia lo hacía y atacando donde continuaban los ataques rusos, no ha tenido necesidad de explicar.

Aprovechando el fin de semana y la atención especial que el anuncio de tregua dio a Ucrania, que estas semanas ha perdido claramente espacio privilegiado en las cabeceras mundiales, Volodymyr Zelensky utilizó el domingo para realizar un seguimiento de la guerra en tiempo real imposible en momentos de batalla de alta intensidad. Periódicamente, el presidente ucraniano actualizaba los informes recibidos de Oleksandr Syrsky, en los que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania denunciaba las supuestas infracciones rusas, condenaba la actuación de su oponente y exigía que el alto el fuego, que alegaba que no estaba cumpliéndose, fuera prorrogado. El discurso ucraniano fue tan previsible como familiar, ya que los argumentos e incluso los términos no eran sino la repetición de las acusaciones ucranianas durante las treguas de navidad, Pascua, cosecha o inicio del curso escolar que se encadenaron durante siete años en el contexto del alto el fuego que ordenaban los acuerdos de Minsk.

“En la práctica, o Putin no controla a su Ejército o la situación demuestra que en Rusia no tienen intención de realizar un avance genuino para poner fin a la guerra y solo están interesados en recibir buena publicidad”, escribió Zelensky para calificar la tregua de falsa y propagandística. Como muestra de sus acusaciones, Ucrania alegó uso de drones en el frente -aunque fueran de reconocimiento- y el hecho de que una hora después de iniciarse la tregua sonaron en Kiev las alarmas antiaéreas, como si esa alarma no dependiera de Kiev y su activación no hubiera sido utilizada en el pasado como herramienta de comunicación, por ejemplo, cuando quería utilizarse para la propaganda la visita de un personaje famoso. Durante los primeros minutos de la tregua, las cuentas que realizan el seguimiento del frente en directo informaban de que la aviación rusa que se encontraba alejándose del frente y, por lo tanto, no existía peligro de lanzamiento de misiles.

“Aunque DeepState, como todos los grupos de propaganda militar ucranianos, niega que se esté respetando la tregua, hoy ha publicado dos publicaciones acusando a los rusos de utilizar la tregua para fortalecer sus posiciones, lo que sugiere, como mínimo, una intensidad de hostilidades notablemente inferior”, escribió en las redes sociales el periodista opositor ruso Leonid Ragozin. Fuentes menos parciales que DeepState indicaron, a lo largo de todo el día, una notable reducción de las hostilidades. “Otras fuentes ucranianas informan que los rusos están aprovechando la calma para retirar a sus muertos o desminar la zona. Seguramente los ucranianos están haciendo exactamente lo mismo”, continuaba Ragozin. Al final del día, incluso la citada fuente ucraniana publicaba imágenes de soldados ucranianos y rusos portando improvisadas banderas blancas con cruces rojas pintadas en señal de tregua, recuperando de la zona gris del campo de batalla cuerpos de soldados que, de otra manera, habrían sido contabilizados como desaparecidos, dando a sus familias una agonía innecesaria o falsas esperanzas de que pudieran haber caído prisioneros del bando contrario. Ayer llegaron a difundirse incluso imágenes que mostraban a soldados rusos y ucranianos desarmados en labores de recogida de cuerpos, acuerdos que, según varias fuentes, se habían producido a nivel local, gracias a la comunicación entre comandantes sobre el terreno, fórmula habitual de negociación de pequeños intercambios de prisioneros de guerra o devolución de soldados fallecidos durante la guerra de Donbass.

En las horas finales de la tregua de Pascua, ante la evidencia de la notable reducción de la intensidad de la batalla a pesar de las acusaciones cruzadas de infracciones, el presidente Zelensky optó por modificar ligeramente el discurso, siempre en busca de algo muy concreto. “En la práctica, Rusia ha incumplido su propio compromiso de alto el fuego en todos los frentes principales”, alegó contradiciendo la evidencia de tranquilidad en partes importantes de la línea de separación y ausencia de ataques en la retaguardia ucraniana (no así en la rusa, como muestra el ataque ucraniano contra Donetsk). Sin embargo, el presidente ucraniano tuvo que reconocer que no se habían producido ataques aéreos. “Hoy no ha habido alertas de ataque aéreo”, escribió. Para argumentar lo que Zelensky se disponía a proponer, era útil reconocer la ausencia del uso de misiles, drones y aviación. “Este es el alto el fuego que se ha logrado y el que es más fácil de ampliar”, afirmó Zelensky en referencia a una tregua parcial que prohíba el uso de aviación, misiles y drones de largo alcance. Teniendo en cuenta que la tregua en el Mar Negro sí está siendo respetada -como era de esperar, ya que la presencia de batalla en el mar ha descendido notablemente desde hace meses-, añadir a ese silencio el compromiso mutuo de detener la guerra en el aire supondría comprometerse a la tregua parcial que Ucrania propuso horas antes de su reunión con Estados Unidos en Arabia Saudí. Ucrania busca nuevamente equilibrar el campo de batalla a base de equiparar su uso de drones de larga distancia, capaces de hacer daño a Rusia, pero cuyo efecto es más propagandístico y económico que militar, con el de la aviación. Kiev pretende también lograr el compromiso de no atacar infraestructuras civiles, un aspecto al que Rusia se ha mostrado abierta, aunque Vladimir Putin ha precisado que cualquier infraestructura que esté siendo utilizada para cuestiones militares pierde el calificativo de civil. Es así como Rusia defiende su ataque de Sumi, en el que, como reconocen incluso fuentes ucranianas y estadounidenses, se estaba produciendo una ceremonia de entrega de premios a soldados que, según el Kremlin, habían participado en la aventura ucraniana en Kursk.

La tregua finalizó ayer y la normalidad ha regresado al frente con la reanudación de los duelos artilleros, el intento ruso de avance lento pero sostenido en varias direcciones en Donbass y ataques con drones en lugares como Odessa. Por el momento, no se ha producido una prórroga ni ningún aparente avance hacia un alto el fuego más firme en el que, como afirman varios medios, Estados Unidos proponga un mecanismo de control de las infracciones. Por la mañana, en su red social personal, Donald Trump, el más optimista de los participantes en las negociaciones, escribió que “ojalá Rusia y Ucrania lleguen a un acuerdo esta semana”. De esa forma “ambos podrán empezar a hacer grandes negocios con los Estados Unidos de América, que están prosperando, y ganar una fortuna”.

Washington tiene prisa, su presidente quiere jactarse de un éxito para centrarse en otras cuestiones consideradas prioritarias y exige a Ucrania una respuesta. “Ucrania está bajo presión para responder esta semana a una serie de ideas de gran alcance de la administración Trump sobre cómo poner fin a la guerra en Ucrania otorgando concesiones a Rusia, incluido el posible reconocimiento estadounidense de la anexión rusa de Crimea en 2014 y excluyendo a Kiev de unirse a la OTAN”, escribe The Wall Street Journal. De aceptarse este plan, algo improbable teniendo en cuenta que Crimea es una línea roja para ambos bandos, Rusia obtendría el reconocimiento -estadounidense, que no europeo- de su soberanía sobre la península, algo que le hubiera satisfecho en 2014 o incluso en 2022, pero ya no ahora. A cambio, según el medio estadounidense, la Casa Blanca plantea otras “ideas novedosas” como “designar el territorio alrededor del reactor nuclear de Zaporozhie como zona neutral que podría quedar bajo control americano”, algo difícil de aceptar para Moscú. Estados Unidos presiona a Rusia y a Ucrania en busca de una respuesta rápida que dé lugar a un alto el fuego que pueda pactarse incluso la próxima semana, un objetivo tan ambicioso como poco realista teniendo en cuenta que no puede haber acuerdo con Rusia sin compromiso de comenzar a rebajar las sanciones, clara línea roja para quien en esta cuestión tiene capacidad de bloqueo, los países europeos.

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