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Alto el fuego, Armas, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Kursk, Putin, Trump, Ucrania

Cauteloso optimismo

No habían pasado ni siquiera unos minutos desde la finalización de la rueda de prensa en la que Vladimir Putin se refirió positivamente a la idea de un alto el fuego en la guerra de Ucrania aunque introdujo ciertas condiciones y, sobre todo, planteó preguntas que teniendo en cuenta los precedentes son legítimas -¿quién va a controlar el cumplimiento de las medidas?- cuando se produjo la respuesta de Volodymyr Zelensky. El presidente ucraniano no pudo condenar el rechazo ruso al alto el fuego, ya que no se había producido pese a que gran parte de los medios lo dieran por hecho tras las críticas palabras de Yuri Ushakov, pero sí criticó preventivamente lo que ve como la preparación para un rechazo.

“La parte estadounidense propuso comenzar con un alto el fuego incondicional. Luego, durante el período de silencio, podríamos preparar un plan de paz fiable, presentarlo, discutir los detalles e implementarlo. Estamos listos”, escribió ayer Volodymyr Zelensky, que desde la reunión de Yeda parece haber recuperado el pacifismo que quienes le votaron en 2019 creyeron que aplicaría. Eso sí, al contrario que en aquel momento, cuando como candidato a presidente prometía diálogo y compromiso aunque implicara duras concesiones, la paz no pasa por la negociación sino por el dictado de unos términos concretos. Repitiendo la actitud ucraniana a lo largo del proceso de Minsk, cuando Kiev trataba de imponer la paz del vencedor sin haber podido derrotar militar, política o económicamente a sus rivales, las Repúblicas Populares, Ucrania exige ahora que sean los términos los que se impongan por la fuerza, en este caso ajena. “Ucrania pierde una baza en el alto el fuego al ceder sus tropas terreno en Rusia”, titulaba ayer Associated Press, sin entender la diferencia entre alto el fuego y armisticio.

“Tras la caída de Suya -con una población de 5.000 habitantes antes de la guerra, la mayor localidad de Kursk que controlaban-, los soldados ucranianos son pesimistas sobre su capacidad para mantener el territorio que les queda en la región rusa. Y reconocen lo que está en juego políticamente con la derrota”, añade el artículo, que da por hecha la pérdida de la ciudad, que Ucrania aún no ha admitido pese a que los periodistas rusos hacen ya reportajes desde allí. En El País, Cristian Segura señala que fuentes ucranianas apuntan a unas pérdidas de 30.000 soldados ucranianos muertos, una cifra importante para una resultado negativo más allá de los alardes para la propaganda. AP añade que Ucrania construye rápidamente fortificaciones defensivas, no para mantener el escaso territorio de Kursk aún en sus manos, sino para impedir el avance ruso más allá de la frontera ucraniana. En un alarde de sinceridad, el artículo admite también que los comandantes reprochan a sus altos mandos no haber ordenado la retirada, que está realizándose en parte a pie, iniciada hace semanas, cuando habría sido más sencilla. Esta afirmación contradice abiertamente la idea de que ha sido la interrupción del suministro estadounidense de armamento e inteligencia lo que ha costado a Kiev sus posiciones privilegiadas en Suya y otras ciudades rusas.

Estados Unidos no es una debilidad para Ucrania, sino su principal fortaleza. Kursk nunca fue una baza para el alto el fuego. Al contrario, era mucho más difícil para Rusia aceptar un parón de la guerra en un momento de ofensiva en su propio territorio, que habría dado tiempo a Ucrania a consolidar sus posiciones y preparar la defensa. Controlar esa pequeña parte de Rusia era una oportunidad importante para Kiev en el caso de una negociación final. Como Zelensky había admitido, ese territorio ahora iba a ser utilizado para tratar de recuperar por medio de un intercambio algunos de sus territorios bajo control ruso. La pérdida de Suya y prácticamente todo lo ganado desde la ofensiva de agosto no elimina ninguna baza ucraniana para el alto el fuego, sino que lo hace más probable. Aceptarlo ahora ya no será un síntoma de debilidad de Rusia que sería hacerlo cuando aún hubiera soldados ucranianos controlando ciudades rusas.

“Y creemos que es responsabilidad de nuestros socios garantizar que Rusia esté lista para poner fin a la guerra; no para buscar razones para que continúe durante más semanas, meses o años, sino para ponerle fin. Putin no acabará la guerra solo. Pero la fuerza de Estados Unidos es suficiente para lograrlo”, sentenció ayer Zelensky. Kursk ya no puede contribuir a la causa ucraniana de señalar la debilidad rusa, por lo que ya no importa. La gran baza de Ucrania no puede ser su fuerza, sino la de su principal aliado. “Se necesitan medidas firmes. Es necesario ejercer una fuerte presión sobre el único que quiere continuar esta guerra. Esto es lo que significa «paz mediante la fuerza»”, añadió el presidente ucraniano, que siempre exige más, incluso ayer, horas después de que se confirmara la reanudación del suministro de armas y cuando se anunciaron nuevas sanciones tanto de la Unión Europea como de Estados Unidos.

Ni los actos ni la retórica es nunca suficientemente favorable a Ucrania y siempre puede exigirse más. Esa postura no se limita al Gobierno ucraniano, sino que se extiende a las autoridades europeas y a gran parte de los medios occidentales. En un claro ejemplo de ello, la web de la BBC en su seguimiento en directo de la guerra rusoucraniana y sus implicaciones políticas escribía ayer que “es el momento de la verdad para el presidente Trump. No quiso poner condiciones al presidente ucraniano Zelensky para un alto el fuego. Eso llevó a la ruptura en el Despacho Oval y a Trump a detener la asistencia militar y el intercambio de inteligencia. Ucrania acabó cediendo tras reunirse en Arabia Saudí. Estados Unidos dice que ahora depende del presidente Putin. Aunque el líder ruso ha sugerido algunos aspectos positivos sobre el plan, está tratando de imponer condiciones. ¿Lo permitirá el presidente Trump después de negarse a hacerlo con Zelensky?”. Quienes durante siete años optaron por no ver la táctica de dilación y sabotaje de Ucrania de los acuerdos firmados se preguntan ahora por qué Moscú no quiere aceptar una tregua impuesta tras una negociación sin su participación y buscan motivos ulteriores de Donald Trump para aceptar que una de las partes de la guerra, concretamente la que menos incentivos tiene para aceptar un alto el fuego ahora, pueda tener voz.

Curiosamente, los medios no han visto en las declaraciones y alabanzas estadounidenses después de la reunión de Yeda un discurso en términos ucranianos que sí se denuncia en cada momento en que Donald Trump pronuncia palabras que no son de halago hacia Kiev. “Estos son temas de conversación rusos”, afirmaba en su habitual tono histérico el conocido propagandista proucraniano Julian Röepke, que se ha labrado un halo de respetabilidad pese al medio para el que trabaja, Bild, y que ayer denunciaba las palabras del presidente estadounidense, en las que escuchaba la voz de Vladimir Putin. “Ayer mantuvimos conversaciones muy fructíferas con el presidente ruso, Vladimir Putin, y hay muchas posibilidades de que esta horrible y sangrienta guerra finalmente llegue a su fin. PERO, EN ESTE MOMENTO, MILES DE TROPAS UCRANIANAS ESTÁN COMPLETAMENTE RODEADAS POR EL EJÉRCITO RUSO Y EN UNA SITUACIÓN MALÍSIMA Y VULNERABLE. He solicitado encarecidamente al presidente Putin que se les perdone la vida. Que dios les bendiga”, escribió Donald Trump en otro extraño y desinformado mensaje publicado en su red social personal.

La situación de una parte de los soldados ucranianos en Kursk es efectivamente vulnerable, aunque no por encontrarse sitiados -no lo están- sino porque las vías de suministro están bajo control del fuego ruso. Consciente de que se vio sorprendida en agosto y rápidamente perdió el control de parte de su territorio, Rusia ha evitado todo triunfalismo en esta contraofensiva y no ha alegado en ningún momento que miles de soldados hayan quedado sitiados, como sí ocurrió, por ejemplo, en Mariupol, donde Ucrania rechazó la oferta de un corredor verde por el que los soldados pudieran retirarse. Fue por propia iniciativa y no hizo falta la intervención de ningún presidente extranjero. Es improbable que sea necesario ahora si se repitiera una situación similar, que no es el caso. Ucrania está siendo expulsada progresivamente hacia la frontera desde tres direcciones, sin que haya riesgo de un gran cerco sino de una huida ordenada o desordenada que, a juzgar por los precedentes de esta guerra, será permitida si se realiza en pequeños grupos o incluso a pie y no en convoyes militares, que sí sufren el ataque de la artillería y drones rusos. En cualquier caso, en su reunión de ayer con el Consejo de Seguridad Nacional, Vladimir Putin prometió garantizar la vida y un trato digno a los soldados ucranianos que depongan las armas en la región de Kursk. Para ello, Rusia exige que Zelensky, que ayer afirmó que la operación de Kursk “ha cumplido su cometido”, dé la orden de retirada.

Pese a las palabras de optimismo y halagos por las buenas conversaciones -no entre presidentes, sino entre Witkoff y Putin, que entregó al enviado de Estados Unidos las condiciones rusas para aceptar el alto el fuego-, la postura de Estados Unidos se mantiene. Por una parte, Washington ha adoptado definitivamente la idea de que Ucrania desea la paz, por lo que no es de esperar una nueva interrupción del suministro de armamento e inteligencia, mientas que aplica una política de incentivos y amenazas para conseguir que Rusia se pliegue a las exigencias. A la primera visita cara a cara de un representante de Estados Unidos desde la invasión de Ucrania se suman las buenas palabras de Donald Trump sobre el presidente Putin y las promesas de cooperación económica del futuro. Sin embargo, no hay que olvidar la otra cara de la moneda. A las sanciones impuestas al comercio de petróleo ruso con la clara intención de reducir los ingresos de la Federación Rusa y debilitar así su capacidad de continuar la guerra hay que añadir el aumento del flujo militar a Kiev. “Estados Unidos está a punto de reanudar los envíos a Ucrania de bombas de largo alcance conocidas como bombas de pequeño diámetro lanzadas desde tierra (GLSDB, por sus siglas en inglés), después de que fueran mejoradas para contrarrestar mejor las interferencias rusas”, afirmaba ayer Reuters que, eso sí, explicaba que la entrega de esas armas se produce ahora que se ha conocido que se han agotado los ATACMS de los que Ucrania disponía para atacar territorio ruso en profundidad. Estados Unidos combina sanciones contra Rusia y entrega de armamento a Kiev como herramientas de presión contra Moscú, mientras que obliga a Kiev a aceptar un alto el fuego que no deseaba a cambio de enviarle una parte de las armas que exigía. Incentivos y amenazas se entrelazan en la estrategia de negociación de Estados Unidos, que pronto dejará claro si ha tenido éxito y se produce un alto el fuego real, si las negociaciones descarrillan y no se llega a un alto el fuego o si pese a producirse una tregua, el proceso sigue la tendencia de las pactadas a lo largo del proceso de Minsk.

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