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El momento de Starmer

“Macron, Starmer proponen una tregua de un mes”, afirmaba ayer France Presse citando las declaraciones del presidente francés a Le Figaro. Esa propuesta, de la que rápidamente se hacían eco todos los medios, trascendía apenas unas horas después del final de la cumbre “Securing Europe”, una cumbre improvisada con la rapidez provocada por la necesidad de realizar un control de daños tras la catastrófica reunión de Zelensky en la Casa Blanca y en la que participó un grupo selecto de países europeos y otro tan europeo como Canadá. Tras la reunión se produjo el habitual desfile mediático con declaraciones de las diferentes personas que habían participado, que coincidieron en los principales lemas: aumentar el gasto militar, rearmar a Europa y a Ucrania y utilizar la paz por medio de la fuerza para conseguir una paz duradera.

La escenificación, además del encuentro con el rey de Inglaterra, sirvió para mostrar el apoyo incondicional a Zelensky y borrar de la memoria el mal sabor de boca y el temor a que Ucrania pueda ser abandonada que dejó el episodio del viernes. La cumbre y las declaraciones posteriores dejaron una triple conclusión. En primer lugar, Starmer, que ha sido proclamado por Politico el «inesperado líder del mundo libre», trata de adelantarse a los movimientos de la Unión Europea, que había convocado una cumbre urgente para el 6 de marzo, para postularse como el líder europeo de referencia, posición que únicamente parece dispuesto a compartir con Emmanuel Macron, y sustituir a Estados Unidos como el país que dirija el esfuerzo bélico ucraniano.

En segundo lugar, a juzgar por las palabras de los diferentes líderes, existe la conciencia de que es preciso que Zelensky trabaje por reparar la relación con Donald Trump y recuperar el diálogo con Estados Unidos. Esta certeza no se basa en el sentido común o en un análisis profundo de la situación, sino en la realidad más básica: diversos miembros destacados del equipo de política exterior de la administración estadounidense, entre ellos el Asesor de Seguridad Nacional, habían exigido públicamente una disculpa que, por el momento, Zelensky se ha negado a ofrecer. En su extraña e incoherente entrevista con Fox News, el presidente ucraniano insistió en no estar seguro de haber hecho algo mal. Desde entonces, todo han sido palabras de agradecimientos hacia Estados Unidos y disponibilidad para firmar el acuerdo de extracción de minerales que se quedó sin firmar ante el desastre de la reunión, un intento de solicitar el perdón sin pronunciar las palabras “lo siento” que no ha tenido efecto. Ayer, Fox News informaba de que la Casa Blanca exige una disculpa oficial de Volodymyr Zelensky por lo que entienden que fue una ofensa al presidente, al vicepresidente y al país en general.

Finalmente, la cumbre dejó claro que los países europeos, que estos días han prometido miles de millones de dólares en armamento para Kiev y que pueden seguir prometiendo imposibles ante la prensa, son conscientes de que su autonomía estratégica no es limitada, sino inexistente. A ello se debe la necesidad de Zelensky de pedir perdón a quien le vejó públicamente para humillarle -es posible que la emboscada no fuera planificada por parte de Donald Trump, pero es evidente que JD Vance tenía ganas de enfrentarse a Zelensky- y lo hizo ante los medios. Ante la sugerencia de Vance de continuar en privado, Trump consideró importante que el pueblo estadounidense escuchara la conversación. “Por eso he dejado que siga tanto tiempo”, explicó para justificar el escarnio público al que había sometido a su aliado.

Como matizaron a lo largo del día los medios británicos, Francia y el Reino Unido no han propuesto ni proponen a Rusia un alto el fuego. En realidad, el titular de AFP malinterpreta las palabras que pronunció a la prensa francesa Emmanuel Macron, que aunque sí mencionó un alto el fuego, no lo hizo como proposición para el momento actual. Según el presidente francés, la idea sería decretar una tregua que debería durar cuatro semanas, tras las cuales se introduciría esa misión de paz, o de disuasión, que prevé el plan anglo-francés que tanto él mismo como Keir Starmer presentaron a Donald Trump la semana pasada en sus sendas visitas a Washington. Starmer anunció que Ucrania dispondrá -a crédito- de la financiación para adquirir miles de proyectiles para su defensa aérea, material que, además, será producido en Belfast. El primer ministro británico dio a conocer también que la propuesta anglo-francesa, que ya ha suplantado a la Unión Europea como eje de la iniciativa para mantener la guerra hasta que Ucrania considere que ha obtenido una posición de fuerza, se abre a otros países. “No todos podrán contribuir”, admitió Starmer, pero algunos ya han mostrado interés. Para su disgusto, países como Polonia, Italia o España, han mostrado su rechazo a enviar soldados a Ucrania y se espera aún la postura del futuro canciller Merz. La misión, esta coalición de voluntarios –coallition of the willing– difícilmente va a ser muy disuasoria si se basa en esos dos ejércitos sin experiencia militar en guerra de alta intensidad en las últimas décadas y soldados de los países bálticos.

El objetivo de Starmer y Macron es un contingente limitado, 30.000 tropas que se sitúen en la retaguardia, protegidas por los centenares de miles de tropas ucranianas que tendrían que permanecer en la primera línea del frente. Pero incluso así, con un estratosférico aumento del gasto militar europeo y asumiendo que serán esos países quienes paguen la factura de la misión y del suministro a ese Israel europeo, Starmer es consciente de “para tener éxito, este esfuerzo tiene que tener un fuerte apoyo de Estados Unidos”. El plan anglo-francés que los medios han entendido que propone ahora una tregua depende directamente de Washington que, por el momento, parece estar revisando su política ucraniana. Ayer, Volodymyr Zelensky cometió, a ojos del presidente de Estados Unidos, un nuevo pecado al afirmar que “la paz aún está muy, muy lejos”, algo que ha sido entendido como falta de voluntad de avanzar por el camino de la diplomacia. Frente a la recomendación de reparar la relación, Zelensky ha conseguido, con ese aparentemente inocuo comentario que solo observa la realidad, molestar aún más a Donald Trump. El líder estadounidense escribió en su red social personal que esas palabras son “la peor declaración que podría haber hecho Zelensky y América no va a soportar eso mucho más tiempo. Es lo que yo había dicho, este tipo no quiere que haya Paz mientras tenga el apoyo de América y Europa, en la reunión que han tenido con Zelensky, ha dicho abiertamente que no pueden hacer el trabajo sin Estados Unidos. Probablemente no sea una gran declaración que hacer en términos de demostración de fuerza ante Rusia. ¿En qué estarán pensado?”. El mensaje de Trump se produce el mismo día que medios como The New York Times apuntan que la Casa Blanca se replantea toda su política ucraniana y baraja opciones entre las que la más extrema sería interrumpir todo el suministro de asistencia militar a Kiev comprometida por la administración Biden. Por el momento, el suministro ha sido interrumpido temporalmente, aunque se precisa que no se trata de una «interrupción definitiva». Posiblemente sea solo una herramienta de presión para obligar a Zelensky a dar los pasos deseados.

Al margen de sus acusaciones o el hecho de que cualquier palabra de Zelensky que no sea una disculpa aún más humillante que el trato que recibió en la Casa Blanca va a ser presentado como una ofensa, Trump ha comprendido lo principal: ningún plan de paz europeo puede funcionar sin la participación de Estados Unidos. Es la admisión de que Washington es quien tiene la capacidad de decisión. Es así también con la idea de tregua de Macron, de la que a lo largo del día de ayer se desmarcó incluso el Reino Unido. El objetivo del presidente francés sería presentar a Rusia unos hechos consumados, una orden de alto el fuego sin negociación previa, el tipo de diplomacia a la que Ucrania ha aspirado desde 2014. Con ello, Macron pretende probar la voluntad de Vladimir Putin -no de Rusia, sino de su presidente- de mantener el alto el fuego, que sería aéreo, marítimo y energético, pero no terrestre. Es decir, Ucrania podría seguir contraatacando en los alrededores de Pokrovsk, pero Rusia no podría disparar misiles como el que el pasado sábado causó bajas aparentemente elevadas en una concentración de tropas en el oblast de Dnipropetrovsk. Tras constatarse cuatro semanas de alto el fuego, se desplegarían las tropas europeas, un contingente que aún no existe y que habría que dotar del armamento y el backstop estadounidense, un mecanismo de seguridad que Trump aún no ha aceptado suministrar. Teniendo en cuenta el tiempo que requiere ese proceso, es evidente que ni Francia ni el Reino Unido están proponiendo actualmente un alto el fuego, ya que no estarían preparados para desplegar esa misión con la que dicen que protegerán a Ucrania de Rusia. Posiblemente, la valoración de Zelensky de que la paz aún está lejos sea más cercana a la realidad. Todo ello dependiendo de si tiene relación con Ucrania eso «muy grande» que Donald Trump anunció ayer que ocurrirá hoy por la noche.

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