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La pinza de Trump y Zelensky

“El presidente Donald Trump indicó el martes que consideraría la posibilidad de imponer sanciones adicionales a Rusia cuando su guerra en Ucrania está a punto de cumplir su tercer aniversario. Preguntado sobre si pondría sanciones adicionales a Rusia si Vladimir Putin no acude a la mesa de negociaciones, Trump dijo: «Suena probable». «Estamos hablando con Zelensky. Vamos a hablar con el presidente Putin muy pronto, y veremos qué… cómo sucede todo», dijo Trump, fustigando a la Unión Europea por no gastar lo suficiente para ayudar a defender a Ucrania. Trump dijo que «estudiaría» si Estados Unidos enviaría armas adicionales a Ucrania”, escribe, para resumir las palabras pronunciadas por Donald Trump en referencia a Ucrania el martes por la noche, un artículo publicado por CNN, que añade también que el presidente estadounidense había exigido a Xi Jinping que presionara a Rusia para concluir la guerra. “Tiene mucho poder como nosotros tenemos mucho poder. Dije que debería arreglarlo”, afirmó Trump sobre su conversación con el presidente chino. “A Zelensky le gustaría que hubiera paz, dijo Trump, «pero hacen falta dos para bailar un tango. Veremos qué pasa»”, concluye el canal de televisión estadounidense.

En ese pequeño fragmento, pueden observarse varios aspectos importantes de la línea de pensamiento de Donald Trump sobre la guerra de Ucrania, la situación de Rusia y la relación con los aliados europeos y el oponente chino. Las dos primeras referencias, la mención a la posibilidad de introducir más sanciones contra Rusia y la cuestión del envío de armas a Ucrania, apuntan al plan Kellogg-Fleitz y a los comentarios realizados por Mike Waltz estas últimas semanas. El plan, publicado el pasado año por el America First Policy Institute, planteaba precisamente el uso del flujo de armamento como herramienta de presión contra Rusia y aliciente para Ucrania. La asistencia militar que hace posible que las Fuerzas Armadas de Ucrania sigan luchando continuaría a condición de que Kiev aceptara negociar, mientras que el flujo aumentaría como castigo a Rusia si Moscú rechazara acudir a la llamada de Trump a la diplomacia.

Al final, todos los caminos conducían a un mayor suministro de armas teniendo en cuenta que el plan no trataba las causas subyacentes de la guerra, ni analizaba con realismo el porqué de la ausencia de conversaciones desde 2022 o el fracaso de cada uno de los procesos de negociación que se han producido desde 2014. A juzgar por las intervenciones de Mike Waltz, el énfasis de Trump en aumentar el peso de las exportaciones energéticas estadounidenses a los países europeos y la ausencia de protestas por las sanciones impuestas por Joe Biden contra el sector del petróleo ruso, era evidente que el aumento de presión contra Rusia no iba a darse en forma de más armamento para Kiev sino de endurecimiento de la guerra económica.

“Voy a hacerle a Rusia, cuya Economía está fracasando, y al presidente Putin un gran FAVOR. ¡Llega a un acuerdo y DETÉN esta ridícula Guerra”, escribió Trump en la red social que creó para sí mismo. “NO VA A HACER MÁS QUE EMPEORAR. SI no llegamos a un “acuerdo”, y pronto, no voy a tener más remedio que imponer elevados niveles de impuestos, aranceles y sanciones a cualquier cosa que venda Rusia a Estados Unidos y a varios otros países”, advirtió. Parece obvio que en el capítulo de sanciones Trump ha de referirse específicamente al sector energético ruso, que compite directamente con el de Estados Unidos, mientras que esos “otros países” a los que Estados Unidos quiere imponer aranceles son los miembros del único bloque en el que participa Rusia, los BRICS. Trump planteó explícitamente esas intenciones la noche de su investidura cuando, en el despacho oval, confundió a España con la “S” (Spain) de BRICS y anunció aranceles contra esos países. Esta última idea apunta a otro de los aspectos destacados por CNN, la insistencia en que China presione a Rusia para que sea Moscú quien detenga -aparentemente de forma unilateral- la guerra, un argumento que no difiere en absoluto de la postura de la administración Biden o de los países europeos, que han enviado a Beijing a representantes como Annalena Baerbock precisamente con el ingenuo objetivo de forzar a China a conseguir para Estados Unidos y la Unión Europea lo que la presión militar y las sanciones occidentales no han conseguido.

El cuarto aspecto importante que transmiten las palabras de Trump en sus primeras horas en el poder es la insistencia en que es Rusia quien rechaza negociar y que las autoridades ucranianas buscan activamente la paz, algo en lo que la nueva administración Republicana, que parece haber escrito el guion de su postura sin tener en cuenta la realidad, coincide también con autoridades como las alemanas.

Más allá de exigir para lograr la paz justa unas condiciones que es consciente que son inviables, tanto el presidente ucraniano como su equipo más cercano insisten repetidamente en que “Rusia solo entiende el lenguaje de la fuerza”, exigen el aumento de la asistencia militar para continuar la guerra y, según han publicado los medios británicos, han trasladado recientemente a Donald Trump que unas “negociaciones de paz demasiado pronto serían catastróficas”. Por si quedaba alguna duda, Zelensky afirmó ayer que es más importante la “calidad que la velocidad”. No hay prisa por lograr la paz justa.

La Casa Blanca, centrada en culpar a Rusia de la ausencia de un proceso diplomático, no parece consciente de que Kiev espera una negociación con Estados Unidos en busca de sus objetivos y no con Rusia, a quien únicamente desea ofrecer los términos que deberá aceptar. En ese planteamiento, la postura de Zelensky no es excesivamente alejada del mensaje de Donald Trump a Rusia, a quien no le ofrece un acuerdo, sino que le exige que resuelva la situación. Lo hace después de repetidos comentarios que afirman que ha sido Rusia quien se ha negado a negociar. Sin ningún temor a mostrar su rechazo a la negociación, Volodymyr Zelensky insistió en su aparición en el Foro de Davos en demonizar los procesos de negociación en los que ha participado Ucrania. En referencia a las conversaciones de Estambul, de las que se conocen numerosos detalles y se sabe también -por David Arajamia o Foreign Policy, que tuvo acceso a los documentos de trabajo de la delegación ucraniana- que fue Kiev quien rechazó continuar negociando. Todas las fuentes coinciden en que fue la cuestión de la seguridad, concretamente la ausencia de garantías reales de seguridad, la que provocó la ruptura.

Zelensky añadió ayer un nuevo motivo que, a juzgar por todo lo que se conoce de aquel proceso, no se corresponde con la realidad. El presidente ucraniano alegó que la oferta rusa, “básicamente lo de Estambul con algún cambio” -es decir, garantías de seguridad rusas y de varios aliados de Ucrania (que ya habían filtrado a la prensa no estar dispuestos a ofrecerlas) a cambio de renuncia a la OTAN y retirada rusa de prácticamente todo el territorio capturado desde febrero de 2022-, pero, repentinamente, Rusia incluía también sustituir a Zelensky por Viktor Medvedchuk. La nula credibilidad de la acusación ha hecho que no haya sido recogida por ningún medio occidental importante. Pese al desprecio con el que Zelensky se refiere habitualmente a las conversaciones de Estambul, el presidente ucraniano exige ahora como prerrequisito para iniciar una negociación lo que rechazó en aquel momento: que Rusia se retire a las fronteras de febrero de 2022.

“Europa no puede permitirse el lujo de ser la segunda o la tercera en la lista de sus aliados. Si eso sucede, el mundo empezará a avanzar sin Europa, y ese será un mundo que no será cómodo ni beneficioso para todos los europeos”, afirmó también el presidente ucraniano en un discurso en el que exigió a los países de la UE un fuerte aumento del gasto militar. En su ejercicio de presión a sus aliados -la negociación que realiza desde hace meses de forma estratégicamente pública-, Zelensky achacó a dos países, Estados Unidos y Alemania, haber mentido a Ucrania en sus aspiraciones atlantistas. Horas después, quien fuera uno de los asesores del presidente ucraniano, Oleksiy Arestovich, le acusaba de haber obrado de la misma manera con la población ucraniana, ofreciendo falsas esperanzas de adhesión a la Alianza pese a que el Gobierno era consciente del rechazo de Washington y Berlín.

Aun así, esas dos capitales son las principales aliadas de Ucrania en estos momentos. Zelensky fue todo sonrisas en su reunión con Olaf Scholz y se deshace en halagos hacia Donald Trump, con quien parece estar realizando la pinza a los países europeos en busca de más implicación e inversión en la guerra. A falta de acceso a la OTAN, el presidente ucraniano ha afirmado que Ucrania precisará de 200.000 soldados europeos en una misión para garantizar la paz después de la guerra, un argumento que, lejos de incentivar a Rusia a negociar, ratifica la sensación de Moscú de que lo que se prepara para el día después es una guerra fría fuertemente militarizada y con perspectivas de estallar nuevamente. Una misión de ese nivel implicaría la participación directa de los países europeos y un notable aumento del coste económico para la Unión Europea, algo en lo que también ha insistido Donald Trump.

“Una cosa que sí creo es que la Unión Europea debería pagar mucho más de lo que está pagando, porque con Biden, es decir, estamos ahí por 200.000 millones de dólares más. Ahora les afecta a ellos… Tenemos un océano en medio, ¿no? La Unión Europea debería igualarnos. Estamos ahí por 200.000 millones de dólares más que la Unión Europea. ¿Qué somos, estúpidos? Supongo que la respuesta es sí»”, afirmó el presidente de Estados Unidos destacando unas cifras que tampoco se corresponden con la realidad. Según el Kiev Institute, que realiza el seguimiento de la asistencia militar, financiera y humanitaria de los diferentes países y organizaciones internacionales, frente a los 119.000 millones de dólares comprometidos por Estados Unidos, la Unión Europea y sus países miembros han ofrecido 201.000. Ni los hechos son relevantes ni ninguna cantidad es suficiente para quien habla de la paz justa pero reclama 200.000 tropas o para quien se presenta como salvador de la paz pero exige que sus aliados europeos dupliquen su gasto militar.

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