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Armas, Donbass, Donetsk, Ejército Ucraniano, Járkov, Kursk, Rusia, Ucrania

El frente de 2024

El año 2024 comenzó marcado por el lento final de la contraofensiva terrestre con la que los aliados de Ucrania esperaban lograr unos objetivos escasamente realistas teniendo en cuenta el equilibrio de fuerzas y el aprendizaje que habían supuesto los casi dos años de guerra rusoucraniana. Por órdenes políticas, Zaluzhny había preparado una ofensiva con grandes convoyes de vehículos blindados que se lanzarían sobre el campo abierto de Zaporozhie en dirección a Melitopol y posteriormente Crimea. Las derrotas rusas de 2022 y el incierto resultado de la movilización de ese año, momento en el que incluso Dmitry Peskov tuvo que admitir carencias y dificultades para equipar a los soldados reclutados, eran los principales argumentos para dudar de la capacidad de las tropas de Moscú para mantener el frente que durante tantos meses habían fortificado en vistas a una operación exactamente como la que se produjo. Defenestrado tras el motín del ejército privado de Evgeny Prigozhin de 2023, el general Surovikin no comandaba ya las tropas de la operación militar especial, como Rusia se empeña en seguir llamando a la guerra, pero su planificación fue clave en el resultado final.

La conocida como línea Surovikin, las fortificaciones de las que Ucrania y sus defensores se habían burlado durante meses, fue suficiente para hacer imposible el progreso terrestre de las tropas de Zaluzhny, cuyos comandantes llegaron a afirmar en la prensa occidental que sus aliados extranjeros habían preparado una operación a la que jamás enviarían a sus soldados. La falta de cobertura aérea ante la destrucción de la aviación ucraniana, escasez de flota de origen soviético en los países del antiguo Pacto de Varsovia y las reticencias de Estados Unidos a enviar cazas F-16 a un ambiente terriblemente hostil hacía improbable que Ucrania pudiera cumplir con unos expectativas que había exagerado más allá de lo razonable. De ahí que el fracaso, aunque debiera haber sido previsto, supuso un punto de inflexión para Zelensky, que a finales de año se vio obligado a admitir que sus tropas debían pasar a una fase defensiva y de reconstrucción.

A finales de diciembre, tras meses de dura lucha y la absoluta destrucción de la localidad, las tropas rusas se hicieron con las ruinas de Marinka, una ciudad al suroeste de Donetsk, con lo que se dio inicio a un avance sostenido que ha continuado durante todo 2024 y que ha sido la noticia más positiva del frente para Rusia estos doce meses. Yuzhnodonetsk, el sur de la región de Donetsk, era ya uno de los centros neurálgicos del frente y principal objetivo para las tropas de Moscú que, desde que en mayo de 2022 comenzaran los bombardeos diarios e indiscriminados de los diferentes barrios de la capital de la RPD se había propuesto sin éxito alejar el frente de la ciudad más importante de Donbass y, en general, de todos los territorios del sur de Ucrania bajo su control. Para ello, era preciso derribar la línea del frente heredada del final de las batallas de la guerra de 2014, fortificada desde la firma de los acuerdos de Minsk en lo que puede considerarse el equivalente ucraniano a la línea Surovikin. Tremendamente poblada y con una densidad de población muy superior a la de otras regiones de Ucrania, Kiev había construido su defensa con guarniciones que protegían los flancos de la siguiente ciudad en la línea del frente, una forma de garantizar que cualquier intento de irrupción a través del frente supondría un enorme coste para las Repúblicas Populares o Rusia. Derribar ese muro instalado en 2015 con la consolidación del frente tras la firma de los acuerdos de Minsk implicaba la captura de los puntos fuertes de Marinka, Avdeevka, Niu York y Toretsk. Con la invasión rusa y el avance hacia Mariupol y en dirección a Zaporozhie, a esa línea se unieron, como ciudades principales de la defensa, Ugledar y Velika Novosyolka. En los últimos doce meses, y partiendo desde la captura de las ruinas de lo que un día fuera Marinka, Rusia ha logrado capturar Avdeevka, Niu York y Ugledar.

Avdeevka fue el primer éxito del año en una batalla que finalizó en febrero de 2024, después de que un ataque por la retaguardia utilizando túneles subterráneos rompiera las defensas de la guarnición ucraniana que, pese a disponer de una de las brigadas preparadas para la contraofensiva de 2023, no tuvo más remedio que ceder la ciudad. En sus primeros días en el cargo, el general Syrsky, educado en Rusia para convertirse en un general ruso, se vio obligado a dar la orden que mucho antes ya había sugerido Zaluzhny, la retirada. Las tropas de confianza de Syrsky, la Tercera Brigada de Asalto de Andriy Biletsky, solo pudieron cubrir la retirada para garantizar que la ciudad no quedara sitiada y se produjeran imágenes similares a las de Mariupol, con una rendición masiva de soldados. Desde Avdeevka, aunque a diferentes velocidades dependiendo de la resistencia que Ucrania ha podido presentar en cada momento, Rusia avanzó hasta extender su área de control amenazando la localidad más importante, Pokrosvsk-Krasnoarmeisk, nudo logístico imprescindible para Kiev y lugar en el que se produce gran parte del carbón de coque del que depende la metalurgia del país. El punto de inflexión fue la rápida y sorprendente captura de Ocheretino, una pequeña localidad cuya importancia radica en su ubicación, en altura y a priori fácilmente defendible. Un buen trabajo de inteligencia hizo posible que Rusia se aprovechara de una rotación y la ciudad quedó bajo su control y se convirtió en trampolín de avance en varias dirección en el mes de abril. De forma lenta pero segura, Rusia ha extendido en semicírculo su control sobre la zona para capturar Niu York, adentrarse en Toretsk-Dzerzhinsk, donde se lucha ahora en una batalla que apunta a su final, Selidovo, Ukrainsk y la aproximación a Kurajovo, donde los enfrentamientos se encaminan también hacia la victoria rusa, pese a la resistencia ucraniana. En el sur, la captura de Ugledar una vez que Rusia consiguió ser capaz de utilizar su aviación con eficiencia hizo posible el avance sobre las localidades al sur de Kurajovo y hacia el este, donde Rusia complica actualmente la defensa de Velika Novosyolka, a punto de quedar bajo un cerco operativo que rompa el suministro de toda la parte sur del frente del este.

Al contrario que al sur y oeste de Donetsk, la estabilidad y dificultad a la hora de avanzar ha sido la norma en el resto del frente de Donbass, donde Rusia no ha sido aún capaz de alejar a las tropas ucranianas de Gorlovka, capturar Chasov Yar después de un año de batalla (aunque con los últimos avances, Rusia se encontraría a 650 metros de las afueras occidentales, algo que tendrá que consolidar frente a los constantes contraataques ucranianos) o aproximarse lo suficiente a Seversk o Krasny Liman, perdida en la ofensiva ucraniana de otoño de 2022. Pese a que Rusia ha mantenido la iniciativa en el frente a lo largo de todo el año y ha logrado progresos relevantes, Ucrania ha sido capaz de evitar el colapso de su primera línea de defensa a base de luchar hasta que las batallas estaban perdidas y con retiradas rápidas para evitar quedar sitiada. De esa forma, ha obligado a Rusia a emplear recursos e incurrir en bajas de personal y pérdidas de material para capturar localidades que, en la gran mayoría de los casos, se encuentran prácticamente destruidas y requerirán cantidades millonarias para su reconstrucción. Ese ha sido desde la invasión rusa el modus operandi de Ucrania.

Lejos del frente principal, en verano se produjeron los dos ataques sorpresa con los que las partes trataron de obligar a su enemigo a desviar recursos para intentar así aprovecharse de la coyuntura para mejorar su posición en zonas más comprometidas de la línea de contacto. Rusia atacó primero con un avance al norte de la región de Járkov. El efecto sorpresa y la falta de fortificaciones en la frontera facilitó el progreso rápido en las primeras horas, que el Gobierno ucraniano utilizó hábilmente para alegar que Moscú trataba de capturar la segunda ciudad de Ucrania y exigir a sus aliados más aviación, armamento y rapidez en las entregas. El discurso cambió rápidamente del riesgo de derrota si los proveedores extranjeros no suministraban el material necesario a la narrativa triunfalista en la que Rusia era débil y podía ser derrotada, nuevamente solo si Occidente aumentaba su aportación. El ataque ucraniano contra la región de Kursk dio a Ucrania confianza, mostró las debilidades rusas lejos del frente principal y ha dado a Kiev una buena carta que utilizar en una posible negociación, de ahí que esté luchando a capa y espada para mantener al menos una parte de lo conseguido en agosto. Según la inteligencia británica, Rusia, con apoyo norcoreano, ha recuperado más de la mitad del territorio de Kursk perdido en agosto. Ambos ataques -más exitoso el ucraniano al ser capaz de conquistar una ciudad relevante, Suya, y capturar más territorio- tienen en común varios aspectos: el efecto sorpresa y la muestra de fortaleza que suponían, pero también que no consiguieron su objetivo de minar significativamente el esfuerzo del oponente en las zonas más calientes del frente. Gerasimov no consiguió que Ucrania tuviera que desviar a Járkov una cantidad tan elevada de soldados como para hacer posible un colapso del frente ucraniano en Donbass y Syrsky tampoco logró que Rusia tuviera que enviar tantas unidades a Kursk como para paralizar el avance en Donetsk.

El final de año ha dejado un último gran intercambio de prisioneros que, con la ayuda de los Emiratos Árabes Unidos, actualmente el mediador más importante, ha liberado a 150 soldados de cada bando. 300 personas podrán recibir el año nuevo con sus familias en lugar de en cautiverio. Para las unidades en el frente, el momento es de máxima incertidumbre tras un año de consolidación de la iniciativa rusa aunque sin posibilidad de un avance profundo que haya puesto en cuestión la integridad de la línea de contacto, estable a excepción del oeste de Lugansk y los dos intentos de avance en Kursk y Járkov. Todo ello a la espera de las consecuencias que puede suponer el cambio de Gobierno en Estados Unidos, con la llegada de un Donald Trump que hizo de conseguir la paz en Ucrania uno de sus principales lemas de política exterior en campaña, pero que parece haber olvidado ya sus promesas. De su afirmación de que resolvería la guerra en 24 horas, el presidente electo de Estados Unidos ha pasado ya a admitir que se trata de un conflicto difícil de solucionar. Y pese a que Trump se ha comprometido ya a no abandonar a Ucrania, la administración Biden ha acelerado el ritmo de las entregas de armamento y en las últimas horas del año anunció nuevos paquetes millonarios para lo que fuentes rusas empiezan a especular que podría ser algún tipo de ofensiva.

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