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Diplomacia, Putin, Rusia, Ucrania, Zelensky

Perspectivas diplomáticas de la coyuntura política

Ayer, varios medios se sorprendían ante los datos de una encuesta publicada por un respetado medio ucraniano, Zerkalo Nedeli, referida a la actitud de la población ucraniana ante unas posibles negociaciones con Rusia. La falta de seguimiento de las opiniones que ya se habían reflejado en encuestas anteriores ha hecho que los medios se hayan ceñido hasta ahora a la narrativa de unidad del pueblo ucraniano propagada por la Oficina del Presidente y por los socios occidentales de Ucrania, centrados en mantener la solución militar como única vía posible de resolución del conflicto. “Un 44 % de los ucranianos cree que ha llegado el momento de empezar a negociar el final de la guerra con Rusia, frente a un 35 % que se muestra en contra y un 21 % que no tiene una opinión clara al respecto”, escribía ayer la Agencia EFE. Pese a la sorpresa de los medios, el progresivo aumento del sector de población que defiende la necesidad de una negociación con la Federación Rusa aumenta progresivamente desde el fracaso de la contraofensiva de 2023 y lo hace a pesar de que el contexto nacional e internacional no se presta a dar ese tipo de respuestas. Aunque sigue sin ser mayoría, la opción de la negociación supera ya a la de continuar la guerra y persiste un porcentaje significativo de personas que no son capaces de decidirse por una u otra opción.

La publicación de la encuesta coincide con un momento en el que la posibilidad de negociar y la necesidad de buscar una vía alternativa para resolver el conflicto vuelve a adquirir titulares, fundamentalmente a raíz de los resultados de la cumbre por la paz celebrada a iniciativa de Ucrania en Suiza, la misión de paz con la que Viktor Orbán tantea las disposición a reabrir la vía diplomática y, sobre todo, debido a la postura del aspirante Republicano a la Casa Blanca Donald Trump. En Suiza, el liderazgo ucraniano, que había preparado el encuentro para presentar a Rusia una imagen de consenso global a favor de Ucrania, tuvo que escuchar críticas por excluir al otro bando participante en la guerra. La percepción de unidad a la que aspiraba la Oficina del Presidente quedó rota ante la división entre un Occidente que sigue apoyando incondicionalmente una paz basada en la recuperación de las fronteras de 1991 y el rechazo de una parte importante del Sur Global a sumarse a un comunicado final que ni siquiera entraba en las cuestiones políticas más relevantes. “Al final, el único resultado de este desconcertante acontecimiento”, afirmó el periodista opositor ruso Leonid Ragozin en referencia a la cumbre, “es que intentó resolver un conflicto armado sin la participación de la parte que lo inició, fue la muerte de la misma «fórmula de paz» que se esforzaba por promover”.

El resultado de la cumbre no habría sido suficiente para que Ucrania modificara su discurso sin el contexto en el que se produce. La iniciativa de Viktor Orbán, en gran parte propagandística y sin ninguna posibilidad de lograr el alto el fuego y el paso a la negociación a la que dice aspirar el primer ministro húngaro, es también producto de los actuales acontecimientos, marcados por el tercer factor: la cada vez más probable llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Pese a que la política del actual candidato Republicano con respecto a Ucrania no varió en exceso de la heredada de Obama y Biden, el temor a que su retorno al poder vaya a suponer un cambio de rumbo está marcando la actuación y la retórica de líderes internacionales. Mientras la OTAN se moviliza para garantizar que Ucrania vaya a disponer siempre de una cantidad similar a la que los países miembros han invertido anualmente en la guerra desde 2022, el Gobierno de Kiev se ve obligado a moldear sus exigencias y su discurso para no perder el favor de quien puede llegar al poder en unos meses en el principal país proveedor de asistencia militar. “Creo que si Donald Trump se convierte en presidente, trabajaremos juntos. Esto no me preocupa”, afirmó ayer Volodymyr Zelensky que, pese a insistir en las buenas relaciones que su Gobierno mantiene con el Partido Republicano, ha modificado notablemente su discurso. En las últimas apariciones del presiente ucraniano, ha sido perceptible el hecho de que Ucrania no haya mencionado el retorno a las fronteras de 1991 como prerrequisito para iniciar una negociación con la Federación Rusa. La eliminación de esa exigencia haría notablemente más viable una posibilidad de negociación entre Kiev y Moscú, punto al que Donald Trump ha manifestado abiertamente querer llegar.

Aunque los detalles son escasos, los planes del candidato Republicano para la guerra en Ucrania pasan por utilizar las cartas a disposición de Washington para obligar a las partes a sentarse a la mesa de negociación. Según ha trascendido, el entorno de Donald Trump utilizaría la promesa de un mayor envío de armas supeditado a una negociación con Rusia para animar a Kiev, mientras que amenazaría con un mayor suministro de armas a Ucrania en caso de negativa de Moscú a la diplomacia. Es en ese contexto en el que hay que entender las palabras de ayer del presidente ucraniano, que abrió la puerta a la presencia rusa en una futura cumbre por la paz. “Creo que debería haber representantes rusos en la segunda cumbre”, afirmó el presidente ucraniano. En un momento en el que el principal candidato a liderar Estados Unidos insiste en reconducir la guerra al plano diplomático, Zelensky no quiere ser visto como un radical contrario a la paz.

En paralelo, Zerkalo Nedeli publica una encuesta del Centro Razumkov en la que, además de preguntar por la postura hacia la posibilidad de una negociación, se pregunta también cuál debe ser la base sobre la que deberían realizarse esos contactos diplomáticos. Más de la mitad de la población encuestada(51%) exige el retorno a las fronteras de 1991, una propuesta inviable, para empezar, por ser contraria a la opinión de la población de Crimea o Donbass, mientras que el 83% rechaza una solución negociada según los términos planteados antes de la cumbre de Suiza por Vladimir Putin, es decir, renunciado a Crimea y las cuatro regiones del sur de Ucrania ahora bajo control ruso. La postura que muestra la sociología ucraniana de la población ucraniana -en los territorios controlados por Ucrania, ya que en ningún caso se tiene en cuenta la opinión de la población ucraniana al otro lado del frente- es similar a la de su Gobierno, técnicamente abierto a negociar pero, en la práctica, cerrando repetidamente todas las puertas a la diplomacia.

Las palabras de Zelensky sobre la posible invitación a la presencia de representantes rusos -ni siquiera se habla realmente de participación en las negociaciones- se refieren a los postulados tratados en la cumbre de Suiza: seguridad alimenticia y nuclear, libertad de navegación y retorno de civiles y prisioneros de guerra. Para tratar cada uno de los temas, importantes aunque no determinantes para la resolución del conflicto, Ucrania prevé tres cumbres que se celebrarán en los próximos meses. El objetivo es llegar a la definición de un plan de paz que Zelensky promete tener preparado para noviembre, casualmente el momento en el que se celebran las elecciones en Estados Unidos. Zelensky prevé así la prolongación del formato de Suiza de una forma similar al uso que en el pasado realizó de los acuerdos de Minsk, como simulación de negociación en la que podían tratarse únicamente aspectos colaterales a la guerra y, en ningún caso, sus aspectos fundamentales.

Por si quedaba alguna duda, Dmitro Kuleba, ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, ha mostrado repetidamente cuál es la postura del Gobierno de Kiev sobre las formas de negociación. Frente a una diplomacia directa entre los dos países, como se produjo en los primeros meses tras la invasión rusa, Kuleba propone el modelo del acuerdo de exportación de grano. En aquel momento, Turquía y Naciones Unidas negociaron por separado con uno y otro país para finalmente llegar a la firma de dos acuerdos en lugar de uno directamente entre Rusia y Ucrania. Es difícil imaginar que pueda ser viable una negociación a tres bandas en la que, según explica Kuleba, los mediadores negociaran con Ucrania para posteriormente prestar las condiciones a Moscú. Frente a la negociación a tres bandas y para imponer hechos consumados que parece proponer Ucrania, Rusia rechaza participar en una segunda cumbre de Suiza, consciente de que su posición sería simplemente la de recibir órdenes sin poder siquiera argumentar su postura.

Horas antes del inicio de la cumbre de Suiza, el Vladimir Putin contraprogramó la exigencia de retirada rusa de todos los territorios ucranianos según las fronteras de 1991 con la exigencia de retirada ucraniana de los cuatro territorios anexionados por Rusia. Pero más allá de esa maximalista propuesta, la postura rusa pasa por la recuperación del formato de Estambul. Rusia coincide así con lo planteado por los académicos estadounidense Samuel Charap y Sergey Radchenko, que en un artículo publicado por Foreign Affairs que analizaba los documentos de las negociaciones de 2022, llegaban a la conclusión de que aquel trabajo realizado, en el que se logró avanzar mucho más de lo que trascendió públicamente, podría convertirse en una base importante para recuperar la vía diplomática en el momento en el que las partes comprendieran la necesidad de compromiso. Pese a las declaraciones y la aparente moderación en el discurso, ese momento aún no ha llegado.

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