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Armas, Diplomacia, Ejército Ucraniano, OTAN, Rusia, Ucrania

Cumbre por la guerra

Ayer, Ucrania valoró positivamente la primera jornada de la visita de su líder, Volodymyr Zelensky, a Estados Unidos, donde hoy jueves se reunirá con el presidente Joe Biden y participará en la cumbre en la que la OTAN celebra su 75º aniversario. A pesar de la desaparición del país y el bloque contra el que nació, la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, desde el final de la Guerra Fría, la Alianza no ha carecido de enemigos. Es notable que las operaciones militares que ha realizado la OTAN se hayan producido realmente en la etapa posterior a la existencia del enemigo socialista y el bloque militar con el que la URSS respondió a la creación de la alianza occidental. Aun así, el retorno de Rusia como potencia geopolítica ha supuesto para la Alianza recuperar, al menos en cierta forma, a su enemigo original, algo evidente desde 2014 cuando, por primera vez desde 1991, Moscú recuperó territorio. La anexión de Crimea a la Federación Rusa no se produjo a costa de un país miembro de la Alianza, pero sí de uno al que la OTAN había prometido ya, aunque de forma vaga y quizá más propagandística que real, una futura adhesión. El aumento de tensiones políticas se convirtió en escalada militar cuando, en febrero de 2022, tras la negativa de Estados Unidos a negociar la paralización de la expansión de la Alianza hacia las fronteras rusas, Vladimir Putin dio la orden de invasión de Ucrania. Desde entonces, la guerra de Ucrania y la búsqueda del objetivo común de la derrota de Rusia en el campo de batalla se han convertido en la razón de ser la organización aún liderada por Jens Stoltenberg, que preside la que será su última cumbre antes de producirse el traspaso de poderes al exprimer ministro neerlandés Mark Rütte.

Cuatro son los temas cuyo espectro se cierne sobre la cumbre que se celebra esta semana en Estados Unidos: la situación de la guerra, la cuestión del suministro del armamento que Kiev precisa en estos momentos, la preparación de la Alianza ante la posibilidad del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y la cuestión de la diplomacia. “Los líderes de la OTAN intentan reforzar a Ucrania mientras crece el pesimismo”, titulaba ayer AFP en su crónica de las primeras horas de la cumbre. Como era de esperar, los líderes europeos y norteamericanos han querido comenzar con uno de los platos fuertes: el anuncio del aumento del suministro de armamento a Ucrania, cuyas Fuerzas Armadas actúan, de forma cada vez más clara, como ejército proxy de la Alianza en la guerra en Europa.

“Hoy anunciamos que, colectivamente, vamos a proporcionar a Ucrania sistemas estratégicos de defensa antiaérea adicionales, incluyendo más baterías Patriot donadas por Estados Unidos, Alemania y Rumanía; componentes Patriot donados por los Países Bajos y otros socios para permitir el funcionamiento de una batería Patriot adicional; y un sistema SAMP-T adicional donado por Italia”, afirma el comunicado publicado por la Casa Blanca coincidiendo con el inicio de la cumbre. Como había exigido desde que comenzara la ofensiva rusa en la región de Járkov -hace tiempo completamente estancada y sin amenazar en ningún momento la capital regional-, Ucrania obtiene cinco sistemas más de defensa aérea.. “Estos cinco sistemas estratégicos de defensa antiaérea ayudarán a proteger las ciudades, la población civil y los soldados ucranianos, y estamos coordinándonos estrechamente con el gobierno ucraniano para que estos sistemas puedan utilizarse rápidamente. Estamos trabajando en un nuevo anuncio este año de otros sistemas estratégicos de defensa antiaérea para Ucrania”, añade el comunicado, que tras dar un lugar especial a esos cinco países -Estados Unidos, Alemania, Rumanía, Países Bajos e Italia-, anuncia también que otros miembros de la Alianza entregarán también otros tipos de sistemas de defensa aérea.

La dinámica de la guerra y el aumento de la capacidad rusa de dominar los cielos marcan las necesidades de Ucrania y también las dificultades de sus proveedores para encontrar en el mercado o producir las grandes cantidades de equipamiento que demanda el exigente liderazgo de Kiev. Aunque la naturaleza de la guerra no ha cambiado, una guerra convencional terrestre de alta intensidad, el peso de la aviación sí ha aumentado, especialmente desde el comienzo del uso masivo de bombas guiadas, que han causado importantes bajas de personal y pérdidas de material a las Fuerzas Armadas de Ucrania y han facilitado avances rusos en zonas en las que no se habían producido progresos desde el inicio de la ofensiva en 2022, especialmente en el frente de Donbass. Equilibrar las fuerzas implica para Ucrania, que dispone de una aviación inferior en número y calidad y que recientemente ha sufrido pérdidas incluso en tierra, lograr dificultar la capacidad rusa de dominar los cielos. Para ello, Kiev lleva meses exigiendo más defensas y el suministro de aviación occidental. Los stocks rusos y soviéticos se acaban y pese a las dificultades que implica la necesidad de formación de pilotos, Ucrania, que espera utilizar la guerra para abandonar el armamento ruso en favor del occidental para utilizarlo posteriormente como argumento de adhesión a la OTAN, exige aviación estadounidense.

“Nosotros, los colíderes de la Coalición para la Capacidad de las Fuerzas Aéreas de Ucrania, hemos estado trabajando para proporcionar cazas F-16 operativos a Ucrania. Los gobiernos danés y holandés están en proceso de donar F-16 de fabricación estadounidense a Ucrania, con el apoyo de Estados Unidos”, afirman en un comunicado conjunto Joe Biden y los primeros ministros neerlandés y danés Dick Schoof y Mette Frederiksen. “Mientras hablamos, está en marcha el proceso de entrega de aeronaves F16 procedentes de Dinamarca y los Países Bajos”, anunció Antony Blinken en un acto público preparado precisamente para este anuncio. Durante meses, Volodymyr Zelensky y su equipo han enaltecido las capacidades de la aviación occidental y se han lamentado del retraso en su entrega, en ocasiones olvidando que una parte del problema era la formación de los pilotos, que han tenido que pasar primero por la academia de inglés. Ahora que el proceso está ya en marcha, el problema ha cambiado. Las aeronaves aún no han llegado al frente y el presidente ucraniano se lamenta ya de su escasez. Los F16 son la más reciente wunderwaffe con la que Ucrania espera darle la vuelta a la tendencia de la guerra, escasamente favorable para sus intereses en estos momentos.

Precisamente por ello, la cuestión de la diplomacia continúa realizando incómodas apariciones. Esa línea roja que ni Kiev ni sus socios quieren cruzar mientras la realidad del frente no implique una posición de debilidad de la Federación Rusa sería aún más amenazante en caso de la llegada al poder de Donald Trump. Sus planes siguen siendo desconocidos y la forma en que el candidato Republicano pretende resolver la guerra incluso antes de tomar posesión del cargo es aún una incógnita, pero Trump sí ha dejado claro que es partidario de negociar. Las últimas especulaciones apuntan a que Estados Unidos utilizaría el suministro de armas como herramienta para forzar a Ucrania a negociar y para castigar a Rusia en caso de rechazar la vía diplomática. El riesgo de una posible interrupción de la financiación estadounidense, interesadamente exagerado para aumentar el suministro militar actual, marca también la actual cumbre, en la que Jens Stoltenberg desea blindar un compromiso de la alianza de una cantidad mínima, equivalente a lo entregado anualmente a Ucrania hasta ahora, que garantice la continuación del suministro de la OTAN a Kiev al margen de “cambios políticos” en los países miembros. En otras palabras, la Alianza plantea la obligación de los países miembros de seguir surtiendo a las Fuerzas Armadas de Ucrania independientemente de los resultados electorales.

La preocupación no se limita a la postura de Donald Trump ante la posibilidad de su retorno al poder, sino también a la creciente fatiga de la guerra que se observa en las encuestas realizadas en Europa. Ese cansancio no afecta a las clases dirigentes de los países más potentes de Europa, pero sí a sus poblaciones que, sin ser contrarias al envío de armamento a Kiev, ven en él únicamente la necesidad de ayudar a Ucrania a conseguir una posición más cómoda para una negociación. Hasta ahora, todas las iniciativas y propuestas de diplomacia han fracasado ante la imposibilidad de negociar desde posturas antagónicas. Los países occidentales no mostraron ningún entusiasmo por el proceso de paz de Minsk o por las negociaciones de Estambul y, desde entonces, se han ceñido al mantra de Kiev de exigir la capitulación rusa y el abandono de todos los territorios ucranianos según las fronteras de 1991.

El escaso realismo de esa premisa ha hecho surgir otras iniciativas, la última de las cuales parte del país que ocupa la presidencia rotatoria de la Unión Europea, Hungría. Viktor Orbán visitó Kiev y Moscú, donde pudo comprobar que las posturas siguen siendo opuestas. Pese a la aparente moderación de la retórica de Zelensky, que en su aparición de ayer no utilizó el argumento de las fronteras de 1991 como exigencia a la hora de definir la victoria, las posturas no han cambiado. Al margen de la cuestión de las fronteras, Rusia exige una renuncia a la OTAN como punto de partida para negociar, una línea roja tanto para Kiev como para sus socios. Ayer, Blinken insistió nuevamente en que el camino de Ucrania a la Alianza es “irreversible”. Aunque el Secretario de Estado de Estados Unidos recordó nuevamente que la adhesión no se producirá mientras dure la guerra, la proceso de acceso de Ucrania a la OTAN hace imposible cualquier proceso de negociación ahora mismo.

Aun así, toda iniciativa que aspire a llegar a una negociación en un futuro a corto plazo es incómoda para los países europeos. “La UE fuerza a Orbán a rendir cuentas sobre sus reuniones con Putin y Xi”, titulaba ayer El País en un artículo que analiza los informes enviados por el primer ministro húngaro a las autoridades de la Unión Europea tras su “misión de paz” personal que le llevó a Kiev, Moscú y Beijing. “Basándome en mis conversaciones, creo que ahora hay mayores posibilidades de que se reciban positivamente todas las posibles propuestas de alto el fuego y de una hoja de ruta para las conversaciones de paz”, afirma Orbán que, según el artículo, anima a los países europeos a “lanzar” un proceso de paz al margen de Estados Unidos. Según el líder húngaro, al que el medio español tilda de “nacionalpopulista”, “el liderazgo político proporcionado por Estados Unidos es limitado debido a la campaña electoral en curso. Por lo tanto, no podemos esperar que presente ninguna propuesta de este tipo en los próximos meses”. El intento de Orbán busca trasladar el conflicto militar a la vía diplomática de forma inmediata, una posibilidad que, a día de hoy, es remota. Pese a la ira que causó la iniciativa, personal y aparentemente secreta, de Viktor Orbán, el riesgo de una negociación política real entre Rusia y Ucrania en las condiciones actuales es improbable y difícilmente viable.

Comentarios

Un comentario en “Cumbre por la guerra

  1. Avatar de Pepe Grilo

    La UE es incoherente. Si manifiesta con grandes titulares que la visita de Orban a Rusia es a título personal o nacional y que en ningún caso representa mandato de la UE, no tiene ningún derecho a exigirle que rinda cuentas de la misma a las «autoridades» burocráticas europeas.

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    Publicado por Pepe Grilo | 11/07/2024, 12:34

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