La aprobación de la ley sobre la movilización para ampliar el reclutamiento y reponer las filas de las exhaustas Fuerzas Armadas de Ucrania y la insistencia en obtener fondos de Estados Unidos para mantener la defensa a lo largo de 2024 con el sueño de planificar una ofensiva para 2025 son argumentos suficientes para ver que la dinámica de la guerra ha cambiado. Solo los más fanáticos representantes o medios proucranianos repiten ahora el mantra de la certeza de la victoria ucraniana y aunque persisten los intentos de afirmar que “Rusia se queda sin tanques”, como hacía la semana pasada la versión española del Huffington Post, es hora de exagerar el riesgo de derrota para justificar la necesidad de aumentar el flujo de asistencia militar de Estados Unidos y la Unión Europea. De ello depende, según los representantes ucranianos, la libertad de todo el continente, cuya obligación moral es derrotar militarmente a Rusia y romper relaciones con una de sus principales potencias. La libertad de Kiev para imponer sobre todo el país su agenda nacionalista y la opción euroatlántica de ruptura con el país vecino merecen esos cambios, que deben comenzar por la entrega masiva de sistemas antiaéreos Patriot, la nueva arma milagrosa con la que el equipo de Zelensky promete aguantar este año para ofrecer a sus socios el año que viene la ofensiva que fracasó en 2023.
La insistencia en la munición antiaérea es otro signo irrefutable de que Ucrania se encuentra en su momento más vulnerable desde el verano de 2022, cuando fue capaz de detener la ofensiva rusa en el sur y el este y no habían comenzado aún los ataques con misiles contra las infraestructuras del país. Como muestra la fortaleza de Ucrania en el mar Negro, donde sin necesidad de disponer de una armada ha logrado dejar prácticamente fuera del juego de la guerra a la flota rusa, esta debilidad no indica la posibilidad de derrota inminente de la que algunos representantes europeos han querido advertir en su intento de justificar la militarización del continente y el envío de misiles de largo alcance para destruir, por ejemplo, el puente que une Crimea y la Rusia continental. Sin embargo, la situación actual muestra algo igualmente preocupante para Ucrania: su incapacidad de derrotar militarmente a Rusia, lo que descarta toda posibilidad de la paz sin concesiones, única opción aceptable para Kiev, que consideró inasumibles los mínimos derechos políticos que Minsk preveía para Donbass. La opinión de Ucrania no solo no ha cambiado, sino que se ha consolidado. La invasión rusa dio a Zelensky la posibilidad de recuperar su “Declaración Crimea”, que prometía utilizar todos los medios disponibles para recuperar el control de la península. Hasta el 24 de febrero de 2022, esos medios eran únicamente políticos, diplomáticos y comunicativos, mientras que actualmente exige para la liberación de la región misiles Taurus con los que destruir las bases rusas y el acceso a la península.
El sueño de Kirilo Budanov de llegar a Crimea antes del verano de 2023 quedó atrás y la incapacidad de Ucrania de romper el frente de Zaporozhie hacia Melitopol ha limitado las posibilidades de Kiev en la península a ataques con misiles, posibles únicamente si continúa el flujo de asistencia de sus socios. Interesados en continuar minando las capacidades rusas en el mar Negro, es previsible que aliados como el Reino Unido, tradicional potencia naval que considera la zona estratégica, continúen suministrando a Ucrania el material y la inteligencia necesaria para proseguir con la táctica de ataques en la retaguardia, cuyo valor es tanto táctico como propagandístico. Sin embargo, el destino de la guerra se juega en el frente terrestre y es ahí donde están concentrándose todas las partes en conflicto. La situación en el este “se ha deteriorado significativamente”, admitía el pasado sábado Oleksandr Sirsky en referencia al frente de Donbass, centro de las operaciones militares ofensivas rusas desde que el pasado octubre comenzara la aproximación a Avdeevka una vez consolidada la derrota de la contraofensiva ucraniana.
El cambio de tendencia en la guerra se debe a diversos factores, entre los que destaca el uso de la aviación que, al contrario que la flota, ha sido menos vulnerable a la guerra asimétrica que ha tratado de realizar Ucrania y en la que, en ocasiones, ha tenido que recurrir a la propaganda para reclamar victorias imaginarias. Es el caso del reciente ataque al aeropuerto de Rostov, una infraestructura civil ahora reconvertida a base importante para esfuerzo aéreo ruso. “Seis aeronaves rusas destruidas por drones, afirma Ucrania”, titulaba el pasado 5 de abril la BBC británica. No había pruebas para acompañar la alegación y las imágenes de satélite del antes y después del ataque eran tan claras que incluso el neocon Institute for the Study of War admitía que no había evidencia de daños en ninguna de las aeronaves rusas allí presentes. A pesar de las constantes afirmaciones ucranianas sobre derribos de cazas rusos, los relativamente altos ejemplos de fallos mecánicos o fuego amigo y la mala reputación de la aviación rusa, incluso representantes de Estados Unidos han confirmado su capacidad para actuar y reponerse de las bajas.
“El mensaje general que yo les daría es que [los militares rusos] han vuelto a ser lo que eran antes”, afirmó el general estadounidense Christopher Cavoli, que encabeza el Comando Europeo, en su declaración ante la Comisión de Servicios Armados del Senado. Según escribe Político, “en una declaración escrita, Cavoli también alertó de que el ejército ruso tiene incluso más efectivos que cuando lanzó su invasión total en febrero de 2022. Moscú también ha aumentado sus efectivos de primera línea de 360.000 a 470.000 soldados”. “La aviación ha perdido algunas aeronaves, pero solo alrededor del 10% de la flota”, añadió en referencia a las VKS, contradiciendo el discurso ucraniano e insistiendo en la idea que ya había planteado hace casi un año en Tallin, cuando afirmó que “la fuerza aérea ha perdido menos de 100 cazas y bombarderos. Les quedan unos mil” e insistió en que “cuando hablamos del ejército ruso, tenemos que estudiarlo en todos los ámbitos. Y tenemos que estar preparados para enfrentarnos al ejército ruso en el futuro en todos los ámbitos”. Para sorpresa de Ucrania, que creyendo su propia propaganda pensó que la llegada de Patriots eliminaría la ventaja operativa de Rusia en la lucha por el control de los cielos, la aviación es uno de los dos aspectos para los que ahora suplica más sistemas y munición antiaérea a riesgo de “perder la guerra”.
La evidente carencia de munición para sus sistemas de defensa aérea tras la interrupción de la asistencia militar estadounidense, aún embarrada en las luchas internas propias de un año electoral, ha abierto la puerta a que los ataques rusos supongan unos daños muy superiores a los de la campaña de ataques en la retaguardia del invierno de 2022-2023. “Rusia reanuda los grandes ataques contra las infraestructuras energéticas ucranianas utilizando mejor inteligencia y nuevas tácticas”, titulaba el 5 de abril AP antes de que, seis días después, un nuevo ataque destruyera la planta eléctrica más importante de Kiev utilizando misiles subsónicos X-69. “El volumen y la precisión de los recientes ataques han alarmado a los defensores del país, que afirman que las fuerzas del Kremlin disponen ahora de mejor información y nuevas tácticas en su campaña para aniquilar la red eléctrica de Ucrania y paralizar su economía. Al parecer, Moscú también ha aprendido a aprovechar las lagunas de las defensas aéreas ucranianas”, añadía AP, que insistía en que la compañía energética privada más importante del país, DTEK, propiedad del grupo del oligarca Rinat Ajmetov, perdió el 80% de su capacidad de generar energía durante los ataques entre el 22 y el 29 de marzo a causa de unos daños cuya reparación llevará meses. Al contrario que en campañas anteriores, en las que los ataques se centraban en la distribución de la energía eléctrica, Rusia se centra ahora también en la capacidad de producir energía. Con ello, la Federación Rusa busca, por ejemplo, ralentizar el uso de los ferrocarriles, transporte clave para el suministro de las tropas, y, sobre todo, obligar a Ucrania a utilizar su escasa munición antiaérea lejos del frente, causando lagunas que espera utilizar para avanzar sobre las posiciones ucranianas.
Con mayor capacidad de actuación en los cielos del frente del este, el arma clave en estos momentos es el de la bomba guiada, que está causando grandes daños en las filas ucranianas y que amenaza la de por sí débil red de fortificaciones improvisada tras la caída de Avdeevka. “La aviación rusa ha jugado un papel limitado desde la invasión de febrero de 2022. De hecho, la guerra ha estado definida por las batallas terrestres que un oficial ucraniano describió como algo parecido a la Primera Guerra Mundial más la última tecnología: trincheras, pero con drones”, escribió la semana pasada Financial Times en un artículo que añade que “en los últimos meses, a medida que la lucha de ida y vuelta se ha ralentizado y los ejércitos enfrentados se han atrincherado, la guerra aérea se ha recalentado”. El medio se refiere a los ataques ucranianos contra las refinerías rusas, los rusos contra las infraestructuras energéticas y el uso en la línea del frente. “La experiencia de los últimos meses y semanas demuestra que el enemigo ha aumentado significativamente la actividad de la aviación, utilizando bombas aéreas guiadas que destruyen nuestras posiciones”, afirmó el pasado marzo Sirsky. Desde entonces, la situación ha empeorado para Ucrania, creando aún más preocupación ucraniana y occidental sobre el destino del frente del este.
“Las armas guiadas se denominan comúnmente bombas de planeo y consisten en proyectiles de décadas de antigüedad que normalmente se lanzan desde aviones de guerra Su-34 y Su-35 directamente sobre los objetivos. Mediante la adición de alas desplegables baratas y un sistema de navegación por satélite, estas antiguas bombas tontas pueden ser lanzadas ahora por bombarderos rusos muy por detrás de la línea del frente y fuera del alcance de los sistemas de defensa antiaérea de Ucrania”, explica Financial Times para describir el arma contra la que Ucrania trata de responder ahora. El sábado, la aviación ucraniana anunciaba el uso de bombas guiadas donadas por Francia en el frente. Sin embargo, la debilidad de la aviación ucraniana en relación con la rusa hace que sus posibles efectos vayan a ser notablemente inferiores a las rusas. La importancia de las bombas guiadas es su letalidad y eficiencia. “Para ellos, es mucho más barato que usar cientos de miles de proyectiles de artillería cuando una de esas bombas va a destruir varios edificios”, afirma un soldado citado por el medio. Sencillas y asequibles de producir y efectivas en el frente, donde según Dmitro Kuleba sus soldados “están siendo masiva y diría que rutinariamente atacados por bombas guiadas que borran del mapa nuestras posiciones”, cuentan también con la ventaja de que, en palabras del ministro ucraniano, “son muy simples en su naturaleza, así que no las puedes interferir y no te puedes esconder de ellas”. “La única vía de protegerte es derribar el bombardero que lleva las bombas”, insistió Kuleba para volver a exigir a sus socios más sistemas antiaéreos y munición para poder defender las ciudades e infraestructuras críticas y atacar a la aviación rusa en el frente y en la retaguardia. Es ahí donde cobran especial importancia los sistemas Patriot, no necesariamente más potentes que los S-300 de los que disponía Ucrania, pero cuya munición es mucho más difícil de encontrar en el mercado, ya que es Rusia quien los produce y los comercia. Las plegarias de Ucrania ya han tenido respuesta. El sábado, Alemania, segundo proveedor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, anunció el envío de un nuevo sistema Patriot.
El creciente uso de la aviación en el frente en un momento de incremento ataques aéreos -con misiles o drones- en la retaguardia de ambos países es un anticipo de lo que puede ser un verano más complejo que el de hace un año, cuando el esperado avance terrestre se convirtió rápidamente en una guerra de desgaste. Se produzca o no la ofensiva rusa que presagian Ucrania y sus socios occidentales, los movimientos actuales muestran la voluntad de resolver con mayor rapidez lo que hasta ahora se había realizado con la lentitud que implican los duelos de artillería. El primer intento, que posiblemente marque las posibilidades de una ofensiva a mayor escala en el frente de Donetsk, es la batalla por Chasov Yar, donde el uso de la aviación, especialmente de las bombas guiadas parece ya muy superior al que se produjo, por ejemplo, en la batalla por la cercana Artyomovsk.
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