En dos artículos, slavyangrad.es presenta las fases de acceso al poder político-militar, a través de la herencia político-civil del movimiento Azov en Kiev y de Los Lobos de Da Vinci, de Serhii Filimonov. Teniente de las fuerzas armadas de Ucrania, se trata de una de las figuras emergentes entre el nuevo nacionalismo ucraniano.
Parte 1: La herencia de Azov
Filimonov, Azov y el grupo civil Gonor
Serhii Filimonov, Filya, nació el 20 de septiembre de 1994 en una familia de raíces etnolingüísticas rusas. En una entrevista concedida a lb.ua hablaba de estas raíces y en particular de su padre: “Mi padre es de Rusia. Y era un moscovita bien convencido, un katsap”, señalaba antes de mencionar su voluntad de rebeldía frente a las tesis paternas.
Como muchos otros jóvenes nacionalistas ucranianos, su llegada a la política se produce a través del deporte. Además de su afición por la lucha libre, a partir de 2010 Filya se convierte en miembro activo de los ultras del Dinamo de Kiev y en uno de los líderes de una de sus ramas, Родичі, un aspecto que contribuye a su participación directa en las acciones de Maidán.
Según unas declaraciones a babel.ua, Filimonov participó en los acontecimientos del 1 de diciembre de 2013 en el que un grupo de exaltados, entre ellos ultras del Dnipro y del Dinamo de Kiev, intentaron asaltar la sede presidencial en Bankova. También formó parte del grupo que, después de los enfrentamientos con la policía, trató -entonces sin éxito- de destruir el monumento a Lenin en el céntrico bulevar Taras Shevchenko de Kiev.
Filya tendría más éxito el 8 de diciembre, tarde en la que lograron derribar la estatua del líder comunista. Filimonov había formado parte del grupo que, horas antes, capturaba la Casa de los Sindicatos en la plaza de Maidán. Los militantes se instalaron allí y convirtieron la sede sindical en su cuartel general improvisado antes de actuar contra el monumento a Lenin. Filimonov, sin embargo, no participó directamente en los sucesos más graves, los del 18 al 22 de febrero, en los alrededores de la embajada de Canadá. Pero, junto a su amigo Igor Malyar, sí contribuyó directamente a la represión de las acciones Antimaidán. Preguntados por el periodista sobre si hicieron lo que sabían, golpear a la gente, Filya responde: “Sí, no dejamos que los titushki [término peyorativo para los militantes ucranianos considerados prorrusos] llegaran al Antimaidán. Golpeamos a los titushki. Mucho y a menudo”.
Una de las principales motivaciones de Filimonov en estos sucesos era impedir la aprobación de una serie de leyes contra los ultras de los equipos de fútbol, entre ellas la de acceso a los estadios con identificación, aunque su credo radical-nacionalista estaba ya conformado. Filya menciona a babel.ua, por ejemplo, uno de los eslóganes de los ultras del Dinamo en Maidán: “Gracias a la gente de Donbass por el presidente-subnormal”. Según el futuro líder político-militar, pronto creyeron entender que o triunfaba Maidán o terminarían encarcelados o “en una situación peor”.
Tras su participación en los sucesos de Maidán, se enrola en el movimiento de voluntarios que el nuevo Estado de Ucrania impulsa para aplicar su política contrainsurgente en el este. A partir del 20 de mayo de 2014 participa en las acciones policiales y militares de Ucrania en el Donbass, incorporado al Batallón Azov. Según las fuentes, durante el medio año de relación con Azov, participa en la toma de Mariupol y Marinka, así como en las batallas cerca de Granitnoe y en Ilovaisk donde resultaría herido. El Totenkopf neonazi tatuado en su pierna derecha podría sugerir alguna identificación con la estética de la División Borodach del Azov original.
Sin embargo, Filimonov abandona el batallón Azov antes de la ofensiva para la toma de Shirokino: “Respeto a todos los que se quedaron a luchar, pero las constantes treguas y retiradas del frente no son mi historia. Me satisface defender un territorio, liberar una ciudad o matar a un enemigo, pero no disfruto del servicio en sí”, señalaba a babel.ua
Así que, a principios de 2015, Filya y los suyos abandonan los asuntos militares para pasarse a la “acción civil”. En su entrevista con lb.ua señala que “A otros voluntarios y a mí se nos ocurrió la idea de crear una organización que reintegraría a los veteranos a una vida pacífica. Y comencé a ocuparme de la creación del Cuerpo Civil de Azov, una organización pública basada en el regimiento de Azov”. En 2015 una de sus primeras actuaciones consistiría en el impulso de la acción pública ucraniana para imponer el Bloqueo de Crimea.
En paralelo, apoyado por su amigo Nazar Kravchenko, uno de los principales impulsores de la organización política, Filimonov se incorpora igualmente al Corpus Nacional de Azov. Filya llega a asumir la jefatura de movimiento político de Andriy Biletsky en la región de Kiev. Es en ese marco en el que se consolida en la región de Kiev el movimiento militante de Filimonov: Gonor (Honor).
Con el tiempo, la acción de Gonor se independiza de forma progresiva del Corpus Nacional hasta llegar a la final ruptura con el grupo de Biletsky entre los últimos meses de 2018 y los primeros de 2019. Las razones hay que buscarlas en los conflictos de poder y de intereses dentro del Corpus Nacional, en particular en la lucha con Sergei Korotkikh (Botsman), un neonazi de origen ruso entonces vinculado al movimiento Azov, por el control de las acciones civiles del grupo, en particular en el marco del conflicto por la reserva natural de Protasiv Yar.
Aunque no se trata sólo de un conflicto personal interno, sino también de una rebelión política contra los ya viejos líderes del movimiento de voluntarios nacionalistas ucranianos, en particular contra Biletsky. En búsqueda de nuevos liderazgos, Filimonov gira la vista hacia el nuevo héroe nacionalista ucraniano de Odessa, el exmilitante del Praviy Sektor, Serhiy Sternenko, de quien Gonor se convertirá de facto en una especie de guarda pretoriana. En gran medida, en la dimensión política, el grupo de Filya se perfila en esta época como un grupo de apoyo a Sternenko.
Estas posiciones acentúan el enfrentamiento del grupo con el establishment ucraniano, en particular con el Fiscal General Yuri Lutsenko y Anton Avakov, Ministro del Interior y apoyo de todos los batallones punitivos de voluntarios post-2014, incluido Azov. La demanda de dimisión de Avakov, aprovechando cualquier pretexto útil, se convierte en uno de los principales caballos de batalla de Gonor.
La ruptura con el grupo de Biletsky alcanzaría sus cotas más altas a partir de 2020, con episodios de gran violencia. Un primer acto es el que se desarrolla en la reunión del 7 de mayo de ese año en la que Biletsky convoca a sus antiguos camaradas Nazar Kravchenko, Serhiy Filimonov e Igor Malyar para abordar el conflicto, una reunión a la que las dos partes acuden armadas. Según la versión de Filimonov, sufren todo tipo de amenazas y golpes por parte de una treintena de seguidores de Biletsky a quien “respetaba hasta entonces como comandante y consideraba mi amigo”. En sus declaraciones a Radio Svoboda, Filimonov dice salir de la reunión “no como una víctima, sino decepcionado”.
Respecto al motivo del conflicto, la causa última del incidente se sitúa, según Filya, en el deseo de Biletsky de «monopolizar el movimiento nacionalista» y de controlar todo el entorno de los ex participantes de Azov, evitando la consolidación de alternativas políticas al Corpus Nacional. Según Filimonov, “Biletsky sueña con convertirse en el padre de la nación y no necesita competidores. Tiene un punto débil: lee absolutamente todos los comentarios en las redes sociales, cuenta todos los me gusta. Hay pocas vistas y me gusta en sus páginas. Y aquí está un tal Sternenko, al que todo el mundo se refiere, a quien todo el mundo observa, a quien todo el mundo ama. Por supuesto, esta es una historia muy dolorosa para él, creo que está con intravenosas por eso”. Dentro de ese todo el mundo, no se incluía, por ejemplo, la población de Odessa, donde nunca fue especialmente apreciado, como puede comprobarse en el escaso seguimiento de sus actos en la ciudad cuando era, en teoría, el principal líder nacionalista en la zona.
Según Biletsky, en cambio, la conversación no se centró en la política, sino en valores relativos al honor militar y al de los veteranos, con críticas al trato desigual hacia los nacionalistas perseguidos policial o judicialmente que caracterizaba a los seguidores de Sternenko.
Tras el incidente violento, el 18 de mayo, el conflicto se acentúa con la publicación por chesno.org de información comprometedora en la que, de facto, Nazar Kravchenko acusa a sus antiguos compañeros del Corpus Nacional, entre ellos Biletsky y Botsman, de prácticas de malversación y financiación ilegal, prácticas en las que el propio Kravchenko señala haber participado.
El conflicto supone una grave crisis en el movimiento Azov en Kiev, con ataques por parte de Gonor al núcleo central del poder del Corpus Nacional: el líder Biletsky, el financiador Botsman y el peso político final, el ministro del Interior Arsen Avakov. Un ejemplo de estos ataques es la convocatoria de las fuerzas ultranacionalistas el 5 de junio de 2020 para pedir la dimisión de Avakov, en la que Filimonov acusa de forma indirecta a las partes ausentes, agradeciendo a las organizaciones participantes: “¡Gracias «Svoboda», Praviy Sektor y veteranos de la guerra en el este, porque hoy estuvimos todos juntos!”.
En la dimensión “ideológica”, el distanciamiento culmina con la denuncia contra Gonor de uno de los máximos ideólogos del Corpus Nacional, Mikola Kravchenko, publicada el 8 de enero de 2022 en censor.net. En ella, Kravchenko acusa implícitamente al grupo de Filimonov de “apóstatas de la extrema derecha” y de “vender” su imagen de “poder callejero”” a fundaciones extranjeras de extrema izquierda para sus propios propósitos. Según Kravchenko: “Gonor es quizás el ejemplo más vívido de este camino de izquierda de los ex derechistas. Las becas de gestión de las instituciones de Soros, los artículos encargados en los medios de comunicación, las constantes declaraciones a la policía y un abogado afgano por alguna razón no cancelan la imagen «callejera» de esta oficina en los medios. Sin embargo, hoy en día sólo los fondos de subvenciones extranjeros creen en esta «astucia callejera». El contacto con estructuras de este tipo es desde hace tiempo inaceptable para cualquier derechista”.
Ese mismo día, recurriendo a una foto de Avakov y Biletsky, Filimonov reiteraba que el abandono del movimiento Azov se vinculaba a la intromisión de Botsman en sus acciones civiles, en particular de cara a la protección del parque de Protasiv Yar, y que su conflicto con Biletsky se debía a “que no pudo soportar nuestro apoyo a Sternenko”. Como novedad, denunciaba una serie de ataques personales, propios de acciones terroristas o gangsteriles, por un miembro del movimiento Azov, probablemente Botsman. “Sabemos cómo luchar contra los bandidos, pero que no se llamen a sí mismos «políticos» y «nacionalistas«, sentenciaba entonces Filimonov.
Filimonov retaba además a Biletsky a tener una “conversación de hombres” y se mostraba dispuesto a organizar tanto el ring como el aviso a los periodistas interesados en el evento. Los ataques físicos y materiales contra miembros de Gonor, que se habían mantenido desde mediados de 2021, se prolongarían al menos hasta el 25 de enero de 2022.
A pocos meses del inicio de la guerra a gran escala con Rusia, Filimonov sale políticamente vencedor del conflicto. El movimiento político de Biletsky aparece debilitado, a diferencia de Gonor; Botsman se queda al margen del Corpus Nacional y Azov (empieza la guerra en 2022 tratando de consolidar un batallón militar propio que acabará subordinado a los servicios de inteligencia), y Avakov es finalmente destituido en julio de 2021 de su cargo como ministro del Interior de Ucrania.
Seguro de su nueva fuerza, el 21 de enero de 2022 Filimonov se permite escribir en referencia al Corpus Nacional: “Imaginemos el nivel de declive de la organización en siete años: desde el movimiento nacionalista más prometedor hasta las hordas de promotores de zonas de parques en Kiev; desde el ambicioso objetivo de unir a todos los nacionalistas hasta la insidiosa búsqueda de antiguos camaradas por dinero. Probablemente no haya otra persona en el país, excepto Biletsky, que hubiera gastado todo el crédito de confianza que le otorgaron los ucranianos en las hazañas de otros de forma tan inepta como rápida”.
En cualquier caso, de su paso por Azov, además de los hombres de Gonor, Filimonov conservará tanto el tipo de práctica como la estética neopagana. En su entrevista a lb.ua señala por ejemplo: “quien esté interesado sabe que el «Gonor» es de paganos. Y muchos de los símbolos que pueden asustar a la gente en realidad tienen algo que ver con nuestra religión”.
La acción de Gonor y la ideología de Filimonov
En su enfrentamiento con la vieja guardia nacionalista encarnada por el movimiento Azov, Filimonov y su grupo aportan algunos elementos novedosos al espacio radical y ultranacionalista ucraniano. Y es precisamente en su capacidad para asegurarse el control final de la militancia más radical vinculada a la acción callejera de Azov, la encarnada por Gonor, en el que acaba triunfando Filimonov en el periodo previo a la guerra con Rusia.
Desde mediados de la pasada década, Filya se convierte en uno de los más desarrollados ejemplos del nuevo estilo de militante ultranacionalista ucraniano, enfrascado de forma permanente en conflictos, relacionados con la defensa de sus causas políticas, pero también con la prevención de la destrucción urbana (construcciones ilegales, acciones “ecologistas” en defensa de los espacios naturales merecedores de especial protección, preservación de edificios históricos, etc.), las denuncias de abusos institucionales o sociales o el activismo en favor de los derechos de los animales. Gonor desarrolla una acción populista que trata de combinar su nacionalismo con una acción complementaria propia de un grupo de defensa de la sociedad civil frente a oligarcas y clanes locales.
Esta acción civil, que algunos señalarán impropiamente como izquierdista, se complementa con las tradicionales actuaciones de la ultraderecha ucraniana contra toda oposición a las ideas y valores del nuevo régimen nacionalista. La acción antirrusa seguirá constituyendo el rasgo esencial de Gonor. Filimonov funda Gonor precisamente con la pretensión de luchar, según sus propias palabras en junio de 2019, “contra las manifestaciones de separatismo en Kiev y otras ciudades. Ahora todos vemos una situación en la que los llamados «bata», partidarios declarados del “mundo ruso”, separatistas abiertos y colaboradores, intentan levantar la cabeza con la esperanza de venganza”. Está incluido en ese separatismo cualquier postura que, sin necesidad de ser prorrusa, no sea abiertamente contraria a Rusia.
Es una referencia a personajes de la política ucraniana anterior a febrero de 2022, como Portnov (que representó a la viuda del hombre que murió a manos de Sternenko en plena calle de Odessa), Novinski, Vilkul o Medvedchuk, a quienes Filimonov no veía como ciudadanos de Ucrania sino como sus enemigos y contra los que exigía acciones decisivas de las autoridades ucranianas: “Por mi parte, siempre he hecho y haré todo lo posible para que sea imposible que estas personas estén en nuestra Ucrania” sostenía entonces antes de concluir: “Espero que el gobierno demuestre ahora que es ucraniano”. “Ucraniano”, en la definición de Filimonov, y cada vez más en la oficial del Estado, ha de entenderse como “antirruso”.
La acción nacionalista y profundamente autoritaria contra esa presencia de los “amigos” del mundo ruso, contra lo que llama su “venganza”, vinculada según Filimonov con el tratamiento a dar a la lengua rusa o con “el creciente aumento de la tolerancia hacia los enemigos de Ucrania, hacia los intentos del “mundo ruso” de levantar cabeza”, le parecían la principal enfermedad política de Ucrania aunque fuera inexistente. La Ucrania post-Maidan, en parte permitiendo y jaleando la actuación de grupos como Azov, Gonor o Praviy Sektor, se ha encargado de que esa parte de la sociedad ucraniana que no era antirrusa no pudiera formar una opción política con posibilidades de participar de forma mínimamente normal en la política nacional o incluso regional.
La acusación de que gran parte del espacio televisivo ucraniano pertenecía a oligarcas prorrusos, constituye razón suficiente para acciones duras contras esos medios, incluyendo manifestaciones pidiendo la revocación de licencias, pero también medidas de acción directa. Entre esos oligarcas prorrusos se encontraba, por ejemplo, Rinat Ajmetov, que se posicionó a favor de Ucrania desde la primavera de 2014.
Además de los ataques a los medios de comunicación considerados prorrusos, Filimonov y su grupo participan en acciones más ideológicas como la demolición de antiguos movimientos soviéticos, como el ataque de octubre de 2021 en Poltava, así como en la represión de la oposición política. Un ejemplo es la acción del 24 de febrero de 2021 contra el grupo de Anatoly Sharii, otra figura mediática que, por su oposición a la extrema derecha y al nacionalismo ha sido falsamente definido como prorruso. Ese día, un grupo de Gonor irrumpe en la sala de reuniones del Ayuntamiento de Kramatorsk y protagoniza una pelea con representantes del grupo de Sharii. En una dimensión más general, Gonor también destacaría en este periodo por su pretensión de impedir el registro de candidatos prorrusos para la Rada de Ucrania.
La voluntad de combatir a “la escoria prorrusa” y de situar fuera del espacio público a la lengua rusa (“¡Mi posición es un país, un idioma!”, señalaba Filya en abril de 2019) constituyen, por ello, la razón de ser última del combate de Gonor y de su líder.
En definitiva, Filimonov, como señala en su entrevista a babel.ua no es sino un nacionalista ucraniano más de los que dominan en la Ucrania moderna, de esos que no necesitan innovar ideológicamente y a los que les basta con seguir a los principales referentes del nacionalismo juvenil ucraniano, la OUN y la UPA. Es una forma de nacionalismo autoritario plenamente normalizado, propio de quienes creen tener “opiniones absolutamente no radicales”, como por ejemplo en lo relativo a la cuestión LGBTI: “Nos llaman izquierdistas porque somos amigos de Sternenko y porque no nos oponemos a los desfiles gay … no veo ningún problema con la existencia de personas LGTB o con sus acciones. Son parte de la sociedad civil, tienen derecho a protestar, tienen derecho a plantear cuestiones que son importantes para ellos”. “«Estás a favor de LGTB» o «estás en contra de LGTB» es política, la gente se pelea entre sí, se están dividiendo en algo. No estoy interesado en esto. Este tema es divisivo y perjudica al país en su situación actual”.
Filimonov, en definitiva, no engaña y asume lo que considera fundamental: “Soy nacionalista ucraniano”, lo que básicamente implica el deber y el derecho de oponerse a todo lo ruso, incluida esa parte de Ucrania que no es fanáticamente nacionalista. “Para mí, lo más importante en la gente es la cuestión de definir Ucrania-Rusia”. “No puedo imaginar ahora que fuera a golpear a una persona por otros puntos de vista. Si esta no es la historia fundamental de Ucrania-Rusia. Y si me atacan por ser nacionalista, entonces esto no es más que algodón [rusos a los que es legítimo atacar]”. “Atacar a personas porque son de otra nacionalidad es una tontería. Aunque si es un ruso… Un ruso es una historia, pero si es un algodonero, entonces ya puedes discutir aquí”. Es la misma lógica con la que Ucrania lleva diez años atacando e insultando a la población de Donbass.
Respecto a los métodos de lucha, en sus declaraciones a babel.ua a finales de 2019, Filimonov señala no creer en la protesta violenta como la más efectiva, señalando a la no violenta como la más exitosa. Pero se cree en el derecho de utilizar la violencia en ciertos casos excepcionales: “contra los rusos, la propaganda “algodonera” [rusa], el separatismo, etc.” o, de forma más resumida, “los terroristas”. Al recordar, en 2020 los acontecimientos del 2 de mayo de 2014 en Odessa, el líder de Gonor deja rienda suelta a sus sentimientos profundos y dice: “¡Felices fiestas a todos los ucranianos! Es una pena que en Donetsk no se haya preparado un shashlik como este”.
De esta forma, predispuestos a tomarse la justicia por la mano, siempre abiertos a la provocación, y convencidos de su derecho a usar -de considerarlo necesario- la coacción y la violencia callejera para conseguir sus objetivos, Gonor se ve permanentemente sumergido a partir de 2015, incluso en la nacionalista Ucrania, en conflictos con las fuerzas del orden, las entidades locales que les disgustan y el liderazgo político, incluido el del Zelensky anterior a 2022. Es un tipo de acción militante que convierte a los miembros del grupo en visitantes habituales de los banquillos de la justicia ucraniana.
Pero como suele ocurrir con quienes cuentan con apoyos suficientes, se trata de un modo de intervención política que nunca implica grandes problemas, ya sea por la conveniente falta de comparecencia de testigos, por la presión de la movilización ante los tribunales o por la eficaz acción de abogados de entidades competentes y con vínculos relevantes con las instituciones nacionalistas, al estilo de Nasi Nayyem: a lo más algunas detención domiciliar provisional. Como en el caso Sternenko, la seguridad de contar con medios suficientes de protección explica en gran medida el éxito la línea de agitador profesional de Filimonov antes de los sucesos de 2022.
Esa connivencia con sectores de poder es también lo que sustenta la parte más ambiciosa (y quizás también más grotesca) de las pretensiones de Gonor, en particular en su intento de creación, en noviembre de 2019, de la Academia de la Protesta Callejera. Una Academia cuya función consistiría en transferir las habilidades adquiridas en la organización de acciones callejeras y hacer realidad “el poder de la democracia” en las calles frente a la represión del Estado, aunque más claramente como mecanismo de reclutamiento interno y, como diría más ingenuamente Igor Malyar, como vía para consolidarse como “especialistas en este negocio” de la protesta callejera. Los precedentes del uso de la extrema derecha contra poblaciones opositoras tanto en Odessa, como en Járkov, Dnipropetrovsk o Donbass, en este caso por medio de batallones voluntarios fuertemente armados, es un indicativo de las intenciones y los métodos de este tipo de iniciativas.
En esta fase de la historia de Gonor se observa, precisamente, una extensión de los viajes “turísticos” del grupo, con participación de Filimonov y parte de su grupo, en particular Igor Malyar, en las revueltas antichinas de Hong Kong o en el conflicto con los chalecos amarillos en Francia.
La fase final del conflicto con Biletsky y la invasión rusa de Ucrania cierran la pretensión de Gonor de profundizar en su vocación de profesionales de la acción directa. Pero la guerra abre otro marco mucho más efectivo, el del acceso a las armas y a una parte del control del poder militar. Para Filomonov, Gonor constituirá la base de poder necesaria en el momento en el que se relance, en 2022, la guerra en Ucrania.
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