La seguridad y la democracia se intercalan habitualmente como el argumento más importante con el que, según los oficiales y lobistas occidentales y ucranianos es preciso continuar apoyando a Kiev para lograr una victoria militar que derrote a Rusia en el frente de batalla. El discurso requiere diferentes planteamientos en cada momento y lugar, pero ambas ideas son utilizadas para defender la continuación del statu quo. Esta última semana, se han dado varios ejemplos representativos del significado de dichos conceptos. En momentos de incertidumbre, es preciso apelar a todos los adjetivos, exageraciones o interpretaciones libres de aquellas ideas que la sociedad a la que se exige un sacrificio considere positivas y seña de su identidad.
“El presidente Zelensky está mostrando su verdadero liderazgo democrático”, escribió en las redes sociales con las imágenes de su reunión el almirante Rob Bauer, presidente del Comité Militar de la OTAN. El militar, que destacó “el coraje” del presidente ucraniano, insistió en que “entre la oscuridad de la guerra, Ucrania es un foco de luz que muestra al mundo lo que significa luchar por algo en lo que crees”. Sin dejarse en el camino ningún tópico, el militar comenzó su mensaje refiriéndose al “756º día de lo que iba a ser una guerra de tres días”. En apenas unas líneas, Bauer explota tres grandes ideas de esta guerra: el fracaso ruso, la luz de democracia de Ucrania y el valor de su lucha. Esta narrativa requiere aceptar a ciencia ciega la idea de la caída de Kiev en 72 horas, que la inteligencia británica ha conseguido implantar como el objetivo ruso, algo totalmente fuera de la realidad si se entiende en contexto: incluso la relativamente sencilla guerra de 2008 contra el débil ejército georgiano, en la que no se capturó la capital, se prolongó durante más días. Para aceptar el discurso, es preciso olvidar también la cancelación de las elecciones hasta que termine la guerra, lo que reduce la democracia ucraniana al mandato que su presidente recibió hace cinco años gracias a un programa de moderación del nacionalismo y el compromiso con Rusia para finalizar la guerra, que en aquel momento se limitaba únicamente a Donbass.
Bauer ha sido una de las estrellas invitadas en la decimosexta edición del Kyiv Security Forum, una iniciativa creada por el exprimer ministro Arseny Yatseniuk para “defender los intereses nacionales de Ucrania en el mundo”, “formar y expandir el círculo de socios internacionales” de Ucrania y “contribuir a la creación de un mundo justo basado en los principios y reglas civilizadas”. La realidad es algo que puede manipularse intencionadamente y es adaptable siempre que encaje en el relato. “Esta guerra se libra porque el presidente Putin teme algo mucho más poderoso que cualquier arma física sobre la tierra, la democracia…”, afirmó el almirante en un discurso compartido por Anton Geraschenko, exasesor de Arsen Avakov en el Ministerio del Interior y actualmente dedicado fundamentalmente a las labores de propaganda e intoxicación mediática.
La democracia de Geraschenko implica trabajar en un ministerio nombrado por el Gobierno salido de un irregular cambio de Gobierno, incorporando como batallón policial a un grupo de personas procedentes de los márgenes más radicales de la extrema derecha nacionalista para ayudar a las autoridades oficiales a reprimir las protestas antigubernamentales que habían estallado en lugares como Járkov y posteriormente tratar de aplastar la rebelión militar de Donbass por la vía militar. El líder de aquellos grupos era entonces -y sigue siendo ahora- Andriy Biletsky, que a partir de sus hombres de negro creó el batallón Azov, posteriormente regimiento y que ahora cuenta con una brigada en la Guardia Nacional, otra comandada por él mismo en las Fuerzas Armadas de Ucrania y presencia en las fuerzas especiales de las tropas de la inteligencia militar de Kirilo Budanov. Biletsky, que en 2014 obtuvo un escaño de diputado en la Rada gracias a las gestiones del partido de Yatseniuk, que retiró a su candidato para garantizar la victoria del líder blanco, fue también uno de los participantes en el foro. Ucrania no puede vivir solo de democracia y Biletsky, que en el pasado ha despreciado repetidamente el sistema parlamentario y la democracia en sí, centró su discurso en la necesidad de recibir armas de sus socios. La guerra es actualmente la razón de ser del Estado y ese es el centro de la agenda política, llena de palabras sobre la democracia y la seguridad continental.
En la intervención de Bauer reproducida por Geraschenko, el almirante insistió en que “ninguna propaganda puede ocultar la verdad de que [Rusia] no ha logrado ninguno de sus objetivos estratégicos. ¿Y cómo los lograría? Las tropas rusas no tienen ni idea de por qué están luchando. Y ustedes lo saben. Están luchando por la civilización misma… Así que sería un terrible error histórico dejarle ganar. Sería peligroso para todos nosotros, porque el resultado de esta guerra afectará al destino del mundo entero”. Democracia y seguridad se unen en su narrativa para llegar a una simple solución para ambas preocupaciones: más fondos, armas y munición. Así lo requieren la democracia y la civilización. A ellas hay que añadir, eso sí, los intereses ajenos.
“No podemos permitir de que Rusia gane la guerra, de lo contrario los intereses estadounidenses y europeos se verían dañados”, ha afirmado estos días en una aparición en el programa de Christiane Amanpour Josep Borrell. “No es sólo una cuestión de generosidad; no es una cuestión de apoyo a Ucrania porque queramos al pueblo ucraniano. Va en nuestro propio interés y también en el de Estados Unidos como actor global, que tiene que ser percibido como un socio fiable y un proveedor de seguridad para los aliados. Por eso pedimos a Estados Unidos que abra y apruebe el presupuesto suplementario”, añadió el jefe de la diplomacia de la Unión Europea.
Dentro del cinismo habitual de quienes ven como secundario el bienestar de la población del país, la versión de Borrell es más honesta que otros discursos que se producen estos días. Horas antes de su visita a la India, donde Ucrania busca alejar al país más poblado del planeta de su postura neutral hacia la guerra, el jefe de la diplomacia ucraniana ha querido vincular la lucha de su país con la del símbolo más importante del subcontinente. “Cuando Ucrania se enfrentó a la invasión rusa hace dos años, muy poca gente creía que sobreviviríamos, pero persistimos y conseguiremos defender nuestra libertad e independencia». Según Gandhi, el futuro depende de lo que hagamos en el presente. De ahí que apoyar a Ucrania hoy signifique apoyar la libertad y la independencia. Apoyar el legado del gran Mahatma”, afirmó Kuleba. El país que lleva diez años exigiendo armas a sus aliados, que inició una operación antiterrorista contra su propia población y que durante años se negó a cumplir el único acuerdo de paz existente quiere equipararse a quien defendió las tácticas no violentas y argumentó que el ojo por ojo nos dejará a todos ciegos. La realidad manipulada para hacerla encajar en el discurso de la guerra.
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