Entrada actual
Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania, Zaluzhny, Zelensky

Realidad, deseos y ficción

“A medida que las tropas rusas acechaban un embolsamiento ucraniano al sureste de Avdeevka, el soldado de infantería Oleh escuchó claramente la orden: «No va a haber evacuación. Dejad a los 300»”, escribe un extenso reportaje publicado por The Kiyv Independent que narra la caótica retirada ucraniana del fortín al norte de Donetsk y el abandono de los heridos. La retirada no iba a ser organizada. El artículo se refiere fundamentalmente a un lugar concreto, Zenit, “una posición clave que había aguantado el avance ruso hacia Avdeevka desde el sur desde 2014”. Planteado desde la única oposición política aceptada en la Ucrania actual, un nacionalismo aún más exaltado que el del entorno de Zelensky, el medio es uno de los escasos ejemplos de publicaciones críticas con el actual Gobierno. Es posible precisamente porque esa crítica se realiza sin el más mínimo atisbo de desacuerdo con el objetivo e incluso las formas de lograrlo. Ni la táctica ni la estrategia son el problema, que se puede reducir al nombre del jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Sin ninguna sutileza para esconder que sus artículos diferirían notablemente si el ejército ucraniano estuviera dirigido por Petro Poroshenko y Valery Zaluzhny, ambos estrechamente vinculados a los postulados y grupos nacionalistas del oeste de Ucrania, el artículo relata la miseria de los soldados, abandonados a su suerte por un comando ineficiente y siempre comparando la actual situación con la imaginaria guerra contra Rusia que Poroshenko nunca luchó.

“Las tropas ucranianas han defendido desde 2014 Avdeevka, un punto estratégico que alberga la enorme Planta de Coque de Avdeevka de tiempos soviéticos, incluso tras una breve ocupación rusa”, escribe el artículo para describir las semanas entre abril y julio de ese año en las que las recién creadas milicias y la población local mantuvieron el control de la ciudad hasta el inicio de los combates y la caída de Slavyansk, cuando el efecto dominó llevó la línea del frente a las afueras de Donetsk. “Rusia intensificó su ofensiva sobre Avdeevka en dos ocasiones en 2023, con la segunda comenzando en octubre y que dio lugar a la caída de la ciudad”, añade tratando de presentar la inexistente batalla por el control de la ciudad, que cayó de forma prácticamente automática en una lucha completamente desequilibrada entre un ejército -desorganizado como era el ucraniano en 2014, pero un ejército al fin y al cabo- y una milicia con apenas tres meses de vida.

Aunque los duelos artilleros nunca decayeron y ciertos empeoramientos amenazaron con reiniciar las hostilidades activas por Avdeevka en varias ocasiones a lo largo de la guerra de Donbass, la República Popular de Donetsk jamás aspiró a avanzar sobre la ciudad de la misma manera que Ucrania no trató de capturar Yasinovataya. Durante los años de guerra de trincheras, y especialmente desde que el frente se consolidó en las afueras de Donetsk, las defensas prevalecieron sobre los ataques y nunca hubo un intento de planificar una gran operación para capturar Avdeevka. Por supuesto, en aquel momento, la lucha era liderada por los ejércitos de Donetsk y Lugansk y no por el ejército ruso, como ahora puede comprobarse con el cambio cualitativo que ha supuesto la llegada a Donbass de las tropas regulares rusas, que disponen de equipamiento más pesado, drones y, sobre todo, aviación. Sin embargo, esa realidad no es suficiente para renunciar a la idea de diez años de lucha contra la Federación Rusa, un relato mucho más épico que admitir que, durante ocho años, Ucrania no fue capaz de derrotar a una milicia y que prefirió arriesgarse a una guerra más amplia en lugar de implementar los acuerdos de Minsk y recuperar el territorio de Donbass, eliminando así el peligro militar para lugares como, por ejemplo, Avdeevka, a cambio de una autonomía mínima para Donetsk y Lugansk. En ello, como en casi todo, los presidentes Zelensky y Poroshenko siempre han estado de acuerdo.

“Era imposible cargar con los heridos en un trayecto de 2,5 kilómetros hasta Avdeevka, una pequeña ciudad industrial a punto de caer. La supervivencia de Oleh también era incierta, ya que los rusos solo dejaron un espacio de unos 120 metros en su cerco que los soldados ucranianos podían utilizar para huir”, escribe The Kiyv Independent, que muestra una imagen muy similar a la del año 2015, cuando, pese al aparente sitio, los soldados ucranianos lograron huir a través de los campos para ser recibidos por Petro Poroshenko en la cercana Artyomovsk. Mucho más peligroso actualmente, el frente no recibió en esta ocasión la visita de Zelensky, que ha querido explicar la derrota evitando cualquier crítica por el cese de Zaluzhny, del que se ha dicho durante semanas que había propuesto la retirada de la localidad, imposible de defender, o por la táctica utilizada y se ha limitado a culpar a sus socios por no haber enviado a tiempo la suficiente cantidad de material.

Con una prensa en la que la crítica se limita, como muestra el mencionado artículo, a reprochar que la retirada “llegó demasiado tarde”, Zelensky no ha tenido ninguna dificultad en imponer su discurso. Ucrania incluso se ha aprovechado de sus errores para exagerar el peligro y provocar en sus aliados la reacción deseada: el miedo a la derrota. Desde la caída de Avdeevka, grandes medios occidentales han calificado de rudimentarias las trincheras al oeste de Avdeevka, han puesto en duda los planes de defensa del anterior comandante en jefe y han proliferado los artículos que alertan sobre el riesgo de derrota ucraniana. El equipo de Zelensky, que nunca ha sido ajeno a utilizar la derrota en beneficio propio, ni siquiera ha tratado de contrarrestar las informaciones sobre la posibilidad de elevadas bajas en su ejército o las dificultades de movilización y se ha centrado en exagerar aún más la intensidad de la batalla y el desequilibrio de fuerzas. Siempre sin poner en duda cuál será el resultado de la guerra, la “obligatoria” derrota de Rusia, Zelensky y su equipo han mostrado una situación dramática, han culpado a sus socios de las bajas y han presentado la sencilla receta para dar la vuelta a la situación y arrancar una victoria decisiva de las garras de la derrota. La solución a todos los problemas es, como ha sido habitual hasta ahora, que Occidente suministre más armamento. En la última semana ha podido verse, por ejemplo en la actuación de Emmanuel Macron, que en una reunión con los grupos parlamentarios franceses planteó la posibilidad de un avance ruso sobre Kiev u Odessa, que Occidente ha comprendido el peligro que las autoridades ucranianas quieren que sea percibido.

Las tropas rusas luchan aún por las posiciones al oeste de Orlovka o Berdichy y no han llegado todavía a la segunda línea de defensa de Ucrania en los alrededores de Donetsk. Un poco más hacia el este, la aproximación hacia Chasov Yar continúa prácticamente paralizada y lento es también, si es que existe, el progreso en el frente de Kupyansk. Finalmente, en la zona de Rabotino, Rusia logra gradualmente recuperar los escasos sectores de la línea Surovikin capturados por Ucrania durante la ofensiva de verano de 2023. La iniciativa en el frente terrestre se encuentra firmemente en manos rusas, pero no hay signos de una gran ofensiva ni del colapso ucraniano que requeriría una ruptura profunda que pudiera poner en peligro la integridad de Ucrania o sus grandes ciudades.

En su obsesión por utilizar la derrota para lograr el objetivo de obtener el armamento deseado, Ucrania ha optado por presentar la guerra como una lucha entre el armamento occidental y el oriental. Las tropas de Kiev no han sufrido una derrota en Avdeevka ni se arriesgan a que eso le cueste la batalla por el oeste de Donetsk, sino que son Estados Unidos y la Unión Europea (Europa en la forma de hablar del presidente ucraniano) los que se arriesgan a perder otra. “Zelensky ha advertido a Estados Unidos y Europa contra perder frente a los drones Shahed o cazas rusos”, titulaba esta semana Ukrainska Pravda, presentando la guerra como una lucha entre misiles Taurus y F-16 frente a drones iraníes y cazas soviéticos. En su habitual tono dramático, el ex actor Zelensky afirmó que “será una de las páginas más lamentables de la historia si América o Europa son derrotadas por drones iraníes Shahed o cazas rusos”.

La guerra se limita al cálculo de recursos y al valor de las armas. Ese es, al menos, el relato que la Oficina del Presidente de Ucrania quiere presentar, una narrativa en la que no hay que cuestionar el nivel de bajas o por qué los reclutadores ucranianos han de patrullar, cuan perros de presa, a posibles soldados a los que movilizar a la fuerza. La agenda política ha de limitarse a planificar entregas, aumentar la producción militar y gestionar un flujo aún mayor y más constante de financiación con el que lograr la prometida victoria, que no se produjo el pasado verano por una única causa: Ucrania no recibió suficiente armamento. A ello hay que añadir, quizá, un segundo argumento: Rusia conocía los planes ucranianos, un planteamiento útil para justificar la represión interna. Porque en Ucrania, cada opositor puede convertirse rápida y artificialmente en un peligroso agente ruso.

Por suerte para Zelensky, el presidente continúa recibiendo el apoyo de su electorado más preciado: la clase política occidental. El ejemplo más reciente se produjo ayer mismo. En un vídeo de clara estética y contenido electoral, el ministro de Defensa del Reino Unido afirmó en Kiev el deber occidental de garantizar “que la libertad triunfe sobre la tiranía”. Desde el país cuyo régimen nació de un irregular cambio de Gobierno, que inició una operación antiterrorista contra su propia población, comenzó a ilegalizar partidos políticos opositores en 2015 y enaltece a grupos y personas que lucharon contra la Unión Soviética -entonces aliada de países como el Reino Unido- de la mano de la Alemania nazi, Grant Shapps afirmó encontrarse en Kiev “para hacer un llamamiento al mundo democrático”. Tras realzar la contribución británica al esfuerzo bélico ucraniano, con el anuncio de la entrega de 10.000 drones, el ministro insistió en que “todas las naciones deben ahora hacer lo mismo para asegurarse de que la libertad triunfa sobre la tiranía”. “¿Qué diremos si dejamos que un país democrático sea tomado por un dictador como Putin?”, continuó para sentenciar “¿qué diría esto de nuestros valores y nuestra democracia?”. Realidad, deseos y ficción se unen en este relato ucraniano y occidental siempre con el mismo objetivo: continuar la guerra hasta conseguir sus objetivos. Cueste las vidas que cueste. Aunque los 300, heridos en la batalla, tengan que ser abandonados.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.518.262 hits