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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Un recuerdo en cada esquina

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Los cañonazos rugían a lo lejos. En los últimos días, todo Donetsk ha estado temblando: hay fuertes batallas por Avdeevka, como muestra el ruido de la artillería y el trabajo de la aviación de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, que destruyen sin piedad las posiciones enemigas en el frente. Docenas de residentes de Donetsk seguían haciendo sus cosas del día a día: volvían a casa con la compra, paseaban a los niños, charlaban tranquilamente a las puertas de una tienda con las ventanas contrachapadas. Los trabajadores construían una nueva tienda en el lugar de un desmantelado pabellón. Las chispas volaban en todas las direcciones. En el lado opuesto preparaban shawarma. El olor se extendía atrayendo a potenciales comensales. Se seguían vendiendo verduras, justo ahí, en el mismo lugar en que yació aquel fatídico día. Señoras mayores cubiertas con chales de invierno pasaban por ahí. Una mujer intentaba no mirar a su alrededor, todo le recordaba a aquella terrible tragedia.

Había un par de claveles en la acera. Para quien no supiera nada, podría parecer que a alguien se le habían caído o que los había tirado al suelo. Pero no es así. El cuerpo de una de las víctimas del bombardeo de las Fuerzas Armadas de Ucrania en el mercado del microdistrito Tekstilschik yació ahí. Parecía que había flores y recuerdos en todas partes, exactamente en los lugares en los que se encontraban los cuerpos de los residentes de Donetsk asesinados la mañana del 21 de enero. Había un espontáneo memorial al otro lado de la calle. La gente local sigue llevando flores, juguetes y recuerdos a las escaleras del mercado, donde una vez estuvo la tienda Zasyadko (por costumbre, la población de Donetsk sigue llamándola así). Claveles frescos destacaban sobre la pila de otros ya secos. Pero, ante todo, llamaban la atención los objetos infantiles: una mochila, peluches, un recuerdo de que también hubo niños entre las víctimas aquel día.

Una hora después, me encontraba en otra zona de la ciudad. Paré junto a los restos de un vehículo que había ardido a consecuencia del impacto de un proyectil en el distrito Kalinin. Había pasado más de una semana y aún no lo habían retirado. Se ha convertido en un memorial a lo ocurrido. También se han dejado flores y ramos ahí. Pero otra cosa me llamó la atención: una nota con un poema que una mujer había escrito al hombre que se encontró en el epicentro del bombardeo aquel día. La hoja de papel, ya mojada, se encontraba junto a las flores y las velas, en el lugar en el que yació el cuerpo sin vida. Los versos acababan con la palabra “héroe”.

Desde fuera, podría parecer que cualquiera que haya experimentado y olvidado esta tragedia, como las docenas similares que han ocurrido antes. Como si nada hubiera pasado, la vida continúa a pesar de la batalla. El transporte público sigue circulando, hay muchos vehículos civiles por las carreteras, las tiendas arreglan las ventanas rotas y colocan carteles de “Abierto”, madres pasean a sus bebés y junto a la parada de autobús sigue atrayendo el agradable aroma de los paninis, samsa y shawarma. Pero todo es una coraza que crea una falsa percepción sobre la vida en Donetsk.

Por fuera, nadie muestra que está ardiendo por dentro. El dolor continúa picando y no da tregua. El miedo tampoco ha desaparecido a pesar de que, en ocasiones, parece que nos hemos acostumbrado a esto. Así que los taxis se niegan a circular por rutas que lleven a la estación de tren. Ahora, los drones kamikaze ucranianos vuelan regularmente allí. Los conductores se han convertido en objetivos legales de los operadores de drones de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Ni el chaleco antibalas, ni el casco, ni la experiencia son capaces de ayudarte contra un ataque terrorista que el enemigo puede organizar en cualquier momento. De ahí que el rechazo no se deba a la falta de ganas de trabajar.

¿Pero quién puede garantizar que un ataque no vaya a producirse al volver a casa? Hace tiempo que nadie entiende la lógica de los bombardeos. La ausencia de instalaciones militares o puntos de artillería no significa que no vaya a haber bombardeos. Una estación de autobús, una plaza, un patio o un edificio de pisos, un instituto de investigación, un hospital, una estación de ambulancias, todo se ha convertido en un objetivo legítimo. No podía quitarme eso de la cabeza mientras volvía a casa. En cada cruce hay lugares en los que han muerto residentes de Donetsk. Si hubiera memoriales espontáneos en todos esos lugares, la ciudad sería un flujo sin fin de flores con crespones negros.

Tampoco podía quitarme de la cabeza las palabras de la nota. Puede que todo Donetsk esté en esos poemas de una mujer con el corazón roto. El dolor y las pérdidas están dentro de todos los residentes y seguirán ahí siempre, aunque hayan pasado los años. Nadie olvidará estos largos y terribles años de bombardeos sin fin. Nadie espera una primavera cálida y elegante sin bombardeos ni explosiones. La población simplemente vive intentando no mirar a su alrededor porque, en cada esquina, la ciudad te recuerda uno de los muchos días negros.

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