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El «peligro» de Rusia, la OTAN y las fronteras de Ucrania

“No se equivoquen: una victoria rusa en Ucrania no solo sería el final de Ucrania como Estado libre, democrático e independiente”, escribe esta semana en un artículo publicado por The Wall Street Journal Olaf Scholz, que prefiere no ver las graves carencias democráticas del país, en estos momentos absolutamente dependiente política, diplomática, militar y económicamente de Occidente. Pero el canciller alemán, que se une así a todo un género de análisis catastrofista en auge actualmente, añade que un triunfo ruso -término que no define- “también cambiaría dramáticamente la cara de Europa. Infligiría un severo golpe al orden mundial liberal. El brutal intento de Rusia de robar territorio por la fuerza podría servir como ejemplo para otros líderes autoritarios alrededor del mundo. Más países correrían el riesgo de caer presa de un depredador cercano”. A medida que el mundo occidental pierde interés y atención por la causa ucraniana y el tiempo va haciendo ver las costuras de la supuesta unidad de Ucrania en forma de luchas de poder y exigencias exageradas que, en ocasiones, dan lugar a tramas corruptas, los argumentos políticos para continuar sosteniendo al país giran más hacia cuestiones geopolíticas.

Llamamientos como el que Taras Kuzio realizaba con un artículo publicado por The Atlantic Council el pasado noviembre y en el que afirmaba que los líderes occidentales debían elegir entre “armar a Ucrania o facilitar el genocidio de Putin” quizá habrían tenido éxito en los primeros meses de 2022, pero caen en saco roto en el momento actual, cuando el nivel de bajas civiles que está produciéndose en el conflicto ucraniano contrasta con la muerte masiva en lugares como Gaza. Tampoco la épica de la lucha de David contra Goliat a la que la prensa dio alas en los primeros meses funciona ya ante la fatiga de la guerra. Lo mismo le ocurre al argumento de la guerra cultural, al que también han apelado en los últimos meses quienes abogaban por mantener la asistencia a Ucrania hasta la victoria final. “Todo el planteamiento de la nación y la identidad ucraniana está en riesgo de ser suprimida, ya que sabemos que Putin entiende que es ilegítima, un constructo artificial de los bolcheviques y un insulto a las raíces de su propio Estado medieval de la Rus de Kiev”, argumentaba en diciembre The Hill. Apelar a la Rus de Kiev, un Estado ignorado incluso por gran parte de los medievalistas occidentales, no parece ser en estos momentos el mejor reclamo con el que lograr recuperar el entusiasmo de la población por apoyar a Ucrania.

“Evidentemente, Putin aún desea subyugar a toda Ucrania, no ocupar solo una parte del territorio”, afirma un artículo titulado “Por qué la OTAN necesita a Ucrania” publicado la semana pasada por Foreign Policy y que sigue la tendencia actual de centrarse en planteamientos geopolíticos. En este caso, no se trata únicamente de defender el continuo suministro de armas, sino de comenzar la campaña de presión para que Kiev reciba este año la invitación de acceso a la Alianza que esperaba el año pasado. “La OTAN no debe cometer el mismo error en 2024”, escribe el artículo, que argumenta que “la ausencia de un plan claro de acceso a la OTAN para Ucrania ha dado a Putin la confianza de que puede esperar a que Occidente se canse y derrotar a Ucrania en una guerra de desgaste. Es más, la falta de decisión sobre el acceso a la OTAN envía solo mensajes erróneos sobre la confianza de Occidente en la capacidad de Ucrania de ganar, lo que hace más reticentes  a los políticos de aprobar grandes paquetes de asistencia militar”. El párrafo es representativo de la opción de la escalada política para obligar a Occidente a la escalada militar que supondría un aún mayor suministro de material de guerra a Ucrania en la lucha común de la OTAN contra Rusia.

Frente a ese argumento, la mayor parte de los analistas comprende que una invitación de acceso a la OTAN -fuera para un acceso inmediato o la promesa de adhesión en un futuro a corto plazo- no supondría un aliciente para la desescalada, sino todo lo contrario. El discurso ucraniano puede continuar definiendo la guerra como el simple fruto de las ambiciones imperiales y de expansión territorial de Rusia, pero incluso Jens Stoltenberg ha admitido que la expansión de la OTAN hacia el este es una de las causas del conflicto. Curiosamente, el temor a una frontera Rusia-OTAN es uno de los argumentos de una parte del establishment para defender la necesidad de armar a Ucrania para derrotar a las tropas de Moscú en el frente. Uno de los muchos artículos del género ¿qué pasaría si Rusia ganara la guerra?, publicado por Bloomberg, alega que “si Rusia ocupara completamente Ucrania, podría establecer nuevas bases militares en el oeste del país y trasladar fuerzas significativas allí. Para contrarrestar el potencial peligro para el este de Europa, la OTAN tendría que mejorar sus medidas defensivas a un coste financiero enorme”.

A una conclusión similar llegaba hace unas semanas un informe del neocon Institute for the Study of War, que utilizaba el hipotético escenario de la captura de toda Ucrania para alertar de que Rusia trasladaría grandes cantidades de personal y equipamiento, con el que “podría establecer nuevas bases militares en las fronteras de Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía”. “Los rusos serían capaces de amenazar a corto plazo con una ofensiva mecanizada contra uno o varios países de la OTAN con al menos ocho divisiones apoyadas por unas reservas significativas”. Esas amenazas son solo el principio, ya que el informe menciona también a los países bálticos, Finlandia o el mar Negro para finalmente añadir que “Estados Unidos tendría que comprometer una proporción importante de su flota de aviones furtivos de forma permanente en Europa, lo que “degradaría ampliamente la capacidad estadounidense de responder de forma efectiva a una agresión china contra Taiwán”.

“El coste de estas medidas defensivas sería astronómico y probablemente vendría acompañado de un periodo de muy alto riesgo en el que las fuerzas de Estados Unidos no estarían preparadas o posicionadas para manejar a Rusia o a China y menos aún las dos juntas”, concluye finalmente el informe, cerrando el círculo del interés por la estrategia de contención de Rusia: el coste económico y la prioridad geopolítica real, China. En un reportaje/entrevista dedicado a Fiona Hill, veterana de la administración Trump pero considerada experta en Rusia, Político se pregunta si “queremos vivir en el tipo de mundo que resultaría de la derrota de Ucrania” y define, resumiendo la respuesta de Hill, como “un mundo en el que Putin se gana una victoria en Ucrania es uno en el que la posición de Estados Unidos en el mundo queda disminuida, en el que Irán y Corea del Norte están envalentonados, en el que China domina el Indo-Pacífico, en el que Oriente Medio se hace más inestable y en el que despega la proliferación nuclear tanto entre aliados como entre enemigos”.

El escenario dibujado por Hill es aún más alarmista que la hipótesis más pesimista del think-tank vinculado al clan Kagan, que presenta también hipótesis favorables a Estados Unidos. En ellos, los intereses de Ucrania siempre son secundarios, si es que son tenidos en cuenta. El escenario más favorable del informe del Institute for the Study of War, el que implica recuperar la integridad territorial según las fronteras de 1991, supone la principal ventaja para la Estados Unidos: “Si Ucrania recupera sus fronteras de 1991, la presión sobre la OTAN desciende dramáticamente. Las tropas rusas más cercanas a Rumanía estarían a casi 500 millas. El mar Negro se convertiría prácticamente en un lago de la OTAN”.

La conclusión refleja el objetivo real, que no busca la defensa de Ucrania, el restablecimiento de sus fronteras internacionalmente reconocidas -que habría de hacerse contra la voluntad de la población residente en regiones como Crimea, Donetsk y Lugansk- o proteger a los países de la Unión Europea, sino extender el control estratégico de la OTAN. La distancia entre las fronteras rusas y las de la Alianza que el Institute for the Study of War y gran parte de la clase política europea están mencionando como argumento para continuar con el suministro de armamento a Kiev podría solventarse de un modo más sencillo: manteniendo a Ucrania fuera de la OTAN, algo que las autoridades ucranianas rechazan entendiendo correctamente que el bloque le prometió en 2008 una vía de acceso. Tampoco el statu quo anterior al 24 de febrero de 2022 podía ser del agrado de los principales países de la Alianza, conscientes de la importancia de Crimea en el control del mar Negro. En ese sentido, los intereses de la OTAN coinciden con los de Ucrania, uno de los motivos por los que nunca aceptaron los acuerdos de Minsk como vía de resolución del conflicto de Donbass y prefirieron arriesgarse al estallido de una guerra regional en lugar de concluir una local por la vía del compromiso.

Ahora, prácticamente dos años después de la invasión rusa y tras el fracaso del intento ucraniano de recuperar por la fuerza los territorios del sur, los países de la OTAN necesitan justificar la continuación de una asistencia militar que no ha obtenido los resultados previstos. El resultado es la necesidad de mantener la causa ucraniana como prioritaria a nivel internacional para hacer posible la continuación del suministro que permite a las Fuerzas Armadas de Ucrania seguir luchando. Todo ello bajo la premisa de la posible amenaza de una frontera Rusia-OTAN que, en el caso contrario, el de la expansión de la Alianza hacia el este, Occidente exige a Rusia que no lo considere una amenaza.

“Se habla de preparación de guerra”, se congratulaba esta semana Radek Sikorsky, ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, en referencia al cambio de tendencia de los países europeos, que han comenzado a hablar abiertamente de la posibilidad de un conflicto militar directo con Rusia. Pero pese a los titulares, los artículos que recogen declaraciones de militares o políticos europeos que hablan de la posibilidad de una guerra a gran escala a nivel continental en los próximos años, el riesgo de que Rusia llegue, como afirma el escenario más pesimista, a las fronteras de Rumanía es inexistente. Las tropas rusas han defendido con solvencia los territorios sobre los que era consciente que Ucrania atacaría, pero su potencial ofensivo continúa siendo -al menos a juzgar por lo que ha mostrado en el frente- limitado y los avances rusos son mínimos. Las Fuerzas Armadas de Ucrania han sufrido bajas y duras pérdidas, pero han mantenido su integridad y no es de esperar ningún colapso, incluso a pesar del descenso de la asistencia estadounidense (que los países europeos luchan por mitigar). La ayuda financiera europea, ya aprobada, es un compromiso a largo plazo con el sostenimiento del Estado ucraniano, cuya caída tampoco puede presentarse como escenario posible. En su actual estabilidad, la guerra no se encamina a una victoria definitiva a corto o medio plazo de ninguna de las partes, tampoco de Rusia, que desde hace aproximadamente un año y medio parece haber renunciado -obligada por las circunstancias- a avances territoriales relevantes. Es así incluso para los think-tanks que alertan de la posible victoria rusa. En enero, el Institute for the Study of War afirmaba, por ejemplo, que el objetivo ruso en la región de Járkov no es la captura del todo el territorio del oblast -fronterizo con Rusia- sino la creación de una zona buffer, una zona de seguridad, de 15 kilómetros para alejar a las tropas ucranianas, el mismo objetivo que buscan las ofensivas locales sobre Avdeevka o Ugledar, en los alrededores de Donetsk. Rusia no es, militarmente, una amenaza para Kiev o incluso Járkov a ojos de los mismos think-tanks que afirman que puede serlo para Rumanía, Hungría, Polonia o Alemania.

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