Valery Zaluzhny ha sido, sin duda, el principal protagonista de la semana en Ucrania. Aunque conocido desde hacía meses y cada vez más público, el enfrentamiento entre los altos mandos militares y las autoridades políticas, fundamentalmente la Oficina del Presidente, ha estallado de forma notoria con el hasta ahora fallido intento de Zelensky de destituir al principal general de sus Fuerzas Armadas y única figura que, a día de hoy, eclipsa políticamente al presidente. Zaluzhny, de quien se espera competencia militar, aunque no necesariamente en el manejo de los entresijos de la política, fue capaz de movilizar varios de sus apoyos para hacer público el inminente cese. Con la rapidez habitual con la que son distribuidas las noticias filtradas por grupos de interés, el rumor se confirmó por parte de ciertos sectores mediáticos y políticos vinculados a la oposición. La presión mediática, sumada, tal y como al día siguiente escribió la BBC británica, a la postura de Estados Unidos y el Reino Unido, molestos con las formas y también con el fondo de los cambios previstos, han retrasado lo que ya se da por hecho.
Al día siguiente de la reunión en la que Zaluzhny habría rechazado redactar la dimisión que le exigía Zelensky, CNN publicaba un artículo en el que afirmaba que Zaluzhny será cesado en breve y, una vez más, confirmaba la creciente brecha entre las dos principales figuras políticas de Ucrania. Aun así, y pese a que Zaluzhny ha realizado esta semana maniobras mediáticas claras para movilizar su apoyo y no ha escondido las diferencias existentes con el círculo de la presidencia, parte de la Oficina del Presidente sigue intentando mantener la ficción de que no existe tal enfrentamiento. Ante el silencio de Ermak, Mijailo Podolyak insistía en que el nombramiento o cese de los mandos de las Fuerzas Armadas es una prerrogativa del presidente y trataba de negar otra vez el enfrenamiento que todo el país y toda la prensa internacional ha podido ver esta semana.
Coincidiendo con el drama entre bastidores, aunque según el medio de forma fortuita, CNN publicó el jueves un artículo de Valery Zaluzhny en el que el general da una valoración de la guerra y presenta una serie de necesidades para el futuro. Las circunstancias del momento de la publicación han hecho más relevante un artículo que, breve, no aporta ningún gran titular, como sí hiciera el publicado por The Economist el pasado noviembre y en el que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania pronunciaba las palabras prohibidas para describir la situación en el frente: punto muerto.
En su artículo para CNN, Zaluzhny presenta la Segunda Guerra Mundial como el conflicto que ha marcado el desarrollo militar, la táctica y la estrategia a nivel mundial desde entonces. Sin embargo, el general añade que, pese a ese punto en común, cada conflicto bélico cuenta con sus particularidades. “En mi opinión, no hay un reto mayor para un comandante militar que comprender -en el momento adecuado- cómo cada guerra tiene una forma diferente”, escribe el general, que describe cuáles son dos elementos que marcan ese desarrollo. “En primer lugar, el progreso tecnológico, que determina el desarrollo de armas y equipamiento. Y, en segundo lugar, las condiciones políticas domésticas y a nivel internacional y el desarrollo del entorno económico”. “La victoria necesita una estrategia única y sigue una lógica también única”, prosigue Zaluzhny, que en un estilo mucho más simple que en su anterior artículo, presenta su tesis de las necesidades de la guerra en Ucrania a partir de los dos aspectos que ha destacado: la tecnología y la coyuntura internacional.
En esa segunda idea, la postura de Zaluzhny no difiere en exceso de la Oficina del Presidente, cuya narrativa se basa en exigir más apoyo presentando a Ucrania como cortafuegos de un peligro mucho mayor. “Rusia, tomando nota de cómo los acontecimientos en Oriente Medio han distraído la atención internacional, puede buscar provocar más conflictos en otros lugares”, escribe utilizando un argumento geopolítico de escaso peso, aunque no por ello menos repetido. Zaluzhny, lamentando exactamente igual que lo hiciera Zelensky la pérdida de protagonismo de Ucrania ante la competencia que supone la existencia de otra guerra en una zona de especial interés para Occidente, afirma que “debemos lidiar con la reducción de asistencia militar de aliados clave, que se enfrentan a sus propias tensiones políticas”. No es difícil ver en el comentario una referencia a Estados Unidos, principal proveedor de asistencia militar, con dificultades para aprobar los fondos con los que garantizar que el ejército que aún dirige Zaluzhny pueda seguir luchando.
Pese a que las diferencias políticas e incluso militares entre Zaluzhny y Zelensky se han puesto de manifiesto de forma clara y pública, solo un comentario del artículo puede considerarse abiertamente crítico con las autoridades políticas. “Tenemos que aceptar la significativa ventaja de la que disfruta el enemigo en la movilización de recursos y cómo eso contrasta con la incapacidad de las instituciones en Ucrania para mejorar los niveles de personal sin utilizar medidas impopulares”, escribe. El comentario es la admisión implícita de que el general ha exigido a las autoridades políticas un aumento de la movilización, aunque también se trata de una forma de desmarcarse de la movilización forzosa, en ocasiones en plena calle, que lleva realizando Ucrania desde febrero de 2022. Sin embargo, el argumento resalta también la debilidad del Estado ucraniano con respecto a Rusia. Comentando este fragmento, el sociólogo ucraniano Volodymyr Ischenko comparaba “la dañina admisión sobre la debilidad de la capacidad del Estado ucraniano y la superficialidad de la consolidación nacional” con “gran parte de los estudios académicos y opinión experta basada en encuestas de escasa fiabilidad y las narrativas no representativas de la sociedad civil de clase media”.
La crítica de Zaluzhny se dirige únicamente a las autoridades internas, mientras exculpa de la falta de todo el apoyo necesario a sus socios extranjeros, preocupados por sus propias dificultades internas. El general admite también la superioridad rusa en ciertos ámbitos. Solo la cuestión de las sanciones merece una llamada de atención del militar, que afirma que “la debilidad del régimen internacional de sanciones significa que Rusia, en colaboración con ciertos otros, sigue siendo capaz de desplegar su complejo militar-industrial en busca de una guerra de desgaste contra nosotros”. En pocas palabras, y sin que hagan acto de presencia los habituales argumentos ucranianos de la escasa preparación, falta de armamento o baja moral de las tropas rusas, el líder militar ucraniano admite la superioridad rusa tanto en capacidad de movilización como en producción industrial. Zaluzhny ve, además, una dificultad añadida y menciona, por ejemplo, el agotamiento de los stocks de misiles, munición para la defensa aérea y artillería, un razonamiento de cuestionable veracidad, pero muy habitual en el ideario de los países occidentales.
Para compensar las carencias ucranianas, Zaluzhny, que al igual que Zelensky insiste en seguir luchando en busca de la victoria militar, propone el uso de la tecnología, especialmente los drones, que según el militar “están proliferando a una velocidad sobrecogedora” para cambiar la guerra. “Crucialmente, son estos sistemas no tripulados, como los drones, junto a otras armas avanzadas, las que proporcionan la mejor manera para Ucrania para evitar verse atrapada en la guerra posicional, donde no tenemos ventaja”. Zaluzhny propone así la creación, instrucción y equipamiento de unidades específicas dedicadas a la innovación tecnológica, una tarea para la que estima que serían precisos cinco meses. Pese a los tecnicismos y el intento de presentar la propuesta como rompedoramente innovadora, no se trata sino de la ampliación de los programas ya en desarrollo y del uso de la tecnología para la vigilancia, coordinación y optimización de la lucha. En realidad, las palabras de Zaluzhny son una forma de admitir que Ucrania no ha logrado esas innovaciones a tiempo para la gran ofensiva terrestre de 2023, en la que el uso de drones precisamente en esos aspectos ha sido una de las novedades de las tropas rusas, que han sabido incorporar -no sin errores y sin haber llegado aún a un nivel que no pueda ser equiparado por Ucrania a medio plazo- el uso de drones en su doctrina defensiva. Eso parece ser lo que busca ahora el general ucraniano, que quizá ya no tenga tiempo de implementar sus planes.
Las palabras de Zaluzhny en relación con los cambios tecnológicos y el desarrollo cualitativo que está sufriendo la guerra con el uso intensivo de drones por primera vez en la guerra de Ucrania no solo son certeras sino que sus efectos pueden observarse a diario. En el mar Negro, Ucrania no precisa de una fuerza naval -de la que carece- para disputar a la flota rusa el control de los mares. El uso de drones está siendo para Rusia mucho más peligroso de lo que hayan llegado a ser los tanques Leopard en los campos de Zaporozhie. En la línea del frente, la capacidad rusa de observar en tiempo real el posicionamiento de las columnas blindadas ucranianas supuso en junio y julio del pasado año que la contraofensiva que durante tantos meses había preparado Zaluzhny no tuviera opción de tener éxito.
Ucrania ha puesto sus esperanzas en la tecnología, especialmente el uso de drones a la hora de causar al enemigo un desgaste que, a la larga, le impida luchar. Las fuerzas de Kiev han logrado infligir bajas y pérdidas a Rusia tanto en Crimea como en territorio de la Rusia continental, en ocasiones en lugares alejados de la frontera. La apuesta por esta forma de hacer la guerra, que parece ser lo que sugiere Zaluzhny en su artículo, implica potencialmente un fuerte coste para Rusia, un desgaste que es exactamente el objetivo de los aliados extranjeros de Ucrania. El general ucraniano les pide colaboración en una guerra en la que Ucrania, como proxy de Occidente, daría a Estados Unidos o al Reino Unido lo que piden, desgastando a uno de sus enemigos históricos y que actualmente es, además, un socio clave de su verdadero oponente: China. Sin embargo, el cálculo es menos correcto para Ucrania, ya que ese tipo de guerra solo puede resultar victorioso en caso de cierto equilibrio de fuerzas y recursos. Y como admite el general ucraniano, es ahí donde Rusia cobra ventaja.
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