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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Masacre en el mercado

Desde hace meses, Ucrania alerta de la escasez de munición para sus fuerzas armadas. En varios artículos publicados a lo largo de las semanas en las que se ha cuestionado el motivo del fracaso de la ofensiva de Zaporozhie, soldados y mandos de las Fuerzas Armadas de Ucrania se han jactado de la superioridad artillera que supuestamente lograron a lo largo del pasado verano. Tratando de describir qué ocurrió y cómo esa hegemonía no se tradujo en avances territoriales, la explicación más habitual, y también la más simple, ha sido argumentar que la reducción de los fondos asignados por sus socios extranjeros les ha hecho regresar al punto de partida. Según este relato, la incapacidad de la administración Biden de aprobar la asignación de los 60.000 millones de dólares que ha solicitado al Congreso ha impedido a Ucrania mantener el potencial artillero y ha hecho que Rusia recupere la iniciativa. La solución a todos los problemas es, por supuesto, inyectar más financiación para que Ucrania pueda imponer la superioridad física, táctica y moral de la que los aliados de Kiev tanto se han jactado.

Esa superioridad moral de Ucrania no queda cuestionada con las derrotas, con el rechazo a la negociación, la prohibición de Zelensky de negociar con Vladimir Putin o con ciertas actuaciones de las tropas ucranianas. Un ejemplo práctico se vivió el día de ayer con el último bombardeo ucraniano contra la ciudad de Donetsk. El frente alrededor de la capital de la RPD ha sido uno de los centros de la batalla desde la relativa paralización de la lucha en Zaporozhie. Más urbano que los territorios del sur, el frente de Donetsk es también más propicio para continuar la guerra en la temporada de invierno, ya que el terreno no queda tan condicionado por el barro y las lluvias antes de la llegada de las grandes heladas. Es ahí donde Rusia ha concentrado sus esfuerzos ofensivos, primero en la localidad de Marinka y, desde el pasado septiembre, en Avdeevka. Ambas localidades han sido clave en el esfuerzo defensivo de Ucrania en los últimos diez años y son las dos principales ciudades de esa primera línea del frente fortificado durante ocho años y que Ucrania está reforzando ahora a raíz del avance ruso. Ayer, AP afirmaba en un reportaje que Ucrania prepara en el frente de Donetsk su propia línea Surovikin. En realidad, esa línea de defensa existe ya hace varios años y la necesidad de construir segundas líneas se debe a los avances rusos que Ucrania ha negado durante semanas.

Kiev, que menos de 48 horas después del inicio de la primera aproximación rusa hacia las inmediaciones de Avdeevka dio por fracasada la ofensiva y comenzó a explotar y exagerar las bajas rusas en la batalla, ha admitido implícitamente en los últimos días que el avance ruso comienza a poner en peligro el control de la parte sur de la localidad. El ímpetu ruso en este frente no se debe únicamente al afán por llegar a las fronteras administrativas de la región de Donetsk, es también una acción defensiva para proteger a la principal ciudad de la zona bajo control ruso. Porque pese al silencio mediático que se ha producido desde que la guerra de Donbass se cronificara como un conflicto de baja intensidad, el nivel de los bombardeos no solo no se han reducido sino que, como pudo comprobarse ayer, ha aumentado notablemente.

Donetsk, cuyas zonas centrales habían quedado al margen de los bombardeos ucranianos durante la guerra de Donbass, se ha convertido en el último año y medio en uno de los escenarios habituales en los que Ucrania ha utilizado la supuestamente escasa artillería de la que dispone. Ucrania reaccionó a la caída definitiva de Mariupol en mayo de 2022 incluyendo a Donetsk en la lista de lugares en los que infligir el castigo colectivo a distancia. Desde el 20 de mayo de ese año, los bombardeos de la ciudad de Donetsk han sido indiscriminados y diarios. Con el único objetivo militar de amedrentar a la población y mostrarle que no existe en la principal ciudad de Donbass ningún lugar y ningún momento que pueda considerarse completamente seguro, Ucrania ha utilizado la artillería a modo demostrativo. Sin necesidad de justificar los bombardeos, Kiev ha llegado incluso a poner en duda la autoría de ciertos ataques, algo en lo que la prensa ha colaborado activamente.

Ayer, el objetivo ucraniano fue un mercado en el céntrico distrito Kirovsky de la capital de la RPD. Además de las tiendas propias del mercado, en el lugar se habían instalado también puestos callejeros habituales en este tipo de establecimientos. El ataque se produjo a plena luz del día y contra un lugar puramente civil en el que no puede, de ninguna manera, argumentarse objetivo militar alguno. Sobre la nieve quedaron los cuerpos de docenas de personas muertas o heridas entre los restos de los productos y los puestos en los que iban a venderse. En aumento a lo largo del día, la cifra de víctimas superó finalmente veintena. Las imágenes dejaban lugar a pocas dudas: hombres, mujeres y dos niños en una zona comercial de la principal ciudad de Donbass yacían muertas sobre el asfalto cubierto de nieve y hielo en la que es la mayor masacre de civiles en la ciudad desde marzo de 2022. En aquel momento, Ucrania trató de culpar a Rusia del ataque con un misil Tochka-U que causó unas imágenes similares a las observadas ayer.

Al contrario que en casos como el del mercado de Konstantinovka, en septiembre de 2023, cuando un proyectil causó la muerte de 17 civiles en una zona controlada por Ucrania, los medios informaron ayer de lo sucedido sin mostrar ningún tipo de certeza. Pese a que las dudas de la autoría eran razonables en el caso de Konstantinovka desde prácticamente el principio, la prensa occidental tardó semanas en admitir que la explosión había sido causada por un proyectil ucraniano, no uno ruso y en los días posteriores a la tragedia, se dio por hecha la culpabilidad de Moscú.

Rusia “ha responsabilizado a las fuerzas ucranianas”, escribía Europa Press en su información sobre los hechos cuando el alcalde de Donetsk, Alexey Kulezmin, denunciaba el ataque y anunciaba la primera cifra de víctimas mortales. En la misma línea de reportar las cifras de víctimas, sin especificar siquiera que se trataba de civiles y restar importancia a la autoría, Associated Press afirmó que “el misil impactó el domingo por la mañana en Tekstilschik, un suburbio de la ciudad de Donetsk. Las autoridades instaladas por Rusia afirman que el misil fue lanzado desde Ucrania”. En esta ocasión, ante la imagen de civiles, muchas de esas personas mayores que simplemente vendían sus productos en sus puestos a las puertas del mercado, Ucrania ha optado por el silencio. “Kiev no ha realizado comentarios sobre los hechos y las alegaciones no han podido ser independientemente verificadas por The Associated Press”, añadía el cierre del artículo mencionado. No hay adjudicación de culpa, ni tampoco indignación por una masacre de civiles a plena luz de un domingo cualquiera. Solo 28 víctimas mortales a las puertas de un mercado, algo que, de ocurrir al otro lado del frente, habría causado todo tipo de condenas, exigencias de sanciones e insistencia en la necesidad de armar a Ucrania para derrotar a la bárbara Rusia.

El silencio de las autoridades contrasta con el ruido causado por algunos de los propagandistas ucranianos y proucranianos. “Jay in Kyiv”, una conocida cuenta con decenas de miles de seguidores, aprovechaba los hechos para exigir armas para Ucrania. Con años de experiencia en el seguimiento y comentario de la guerra en Donbass y en Ucrania, la cuenta no merece el beneficio de la duda y no puede argumentarse un simple error o desconocimiento del lugar en el que se ha producido el bombardeo en su intento de adjudicar a Rusia la autoría. “Mientras nuestro aliado Estados Unidos retiene todas las armas que podrían acabar esta guerra mañana, los rusos han vuelto a enviar misiles balísticos a un concurrido mercado. Ningún objetivo militar. Simplemente otra masacre. Otra vez”, escribía adjuntando un vídeo del bombardeo de Donetsk. “Jay” acierta solo en la parte final, otro mercado, otra masacre, pero señala al culpable equivocado.

La semana pasada, Alexander Jodarkovsky, fundador del batallón Vostok, explicaba que el avance sobre Avdeevka no va a suponer la solución completa al problema de seguridad de Donetsk. Perder esa primera línea cercana a Donetsk obligaría a Ucrania a utilizar munición más potente -y de mayor coste- que la artillería de 152 o 155 milímetros, lo que reduciría notablemente los ataques contra la capital de la RPD. Esa es la lógica del intento ruso de avance sobre Avdeevka, una ciudad destruida y sin valor estratégico, pero imprescindible para iniciar la expulsión definitiva de las tropas ucranianas de los alrededores del principal conglomerado urbano de Donbass. La seguridad de la población civil de Donetsk, Makeevka y sus pueblos y ciudades cercanas depende de ello. Porque para el castigo colectivo contra la población de Donbass jamás parece haber escasez de munición.

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