En tiempos de reducción de la intensidad de la batalla o de guerra de trincheras con ganancias territoriales limitadas, las partes en conflicto han de luchar con más fuerza de lo normal para presentarse como quien mantiene la iniciativa. Cuando los cambios en la línea del frente no dejan claro quién cuenta en ese momento con la superioridad, el discurso ha de suplir las pruebas más gráficas. Algo similar ocurre actualmente en Ucrania, que además de haber perdido cierto interés a consecuencia de la guerra de Israel contra Gaza, se ha instalado en una dinámica de desgaste con avances limitados y con el hándicap de la ralentización de las grandes batallas en campo abierto que implica la llegada del invierno. Pese al desesperado intento ucraniano de recuperar protagonismo internacional con la visita de Volodymyr Zelensky a Washington, la realidad geopolítica mundial ha apartado la vista de Ucrania. Así lo refleja simbólicamente, por ejemplo, la retirada de la barra dedicada a la guerra de Ucrania que hasta hace unos días podía verse en The Washington Post, uno de los medios que con más ahínco ha defendido el esfuerzo bélico occidental en favor de Kiev, y que ahora ha sido retirada.
La Oficina del Presidente prosigue con su cruzada para lograr mantener el apoyo internacional que hace posible que su ejército pueda seguir luchando. A falta de victorias que presentar como garantía de éxito y sin el ánimo de admitir derrotas para explotar el argumento de la posibilidad de derrota, Ucrania ha utilizado en los últimos días el comodín que hasta no hace tanto tiempo le había resultado infalible: la presencia de Zelensky. Pero ni su intervención ni sus plegarias fueron suficientes para lograr el acuerdo para desbloquear el proceso para aprobar los más de 60.000 millones de dólares que Biden ha solicitado para Ucrania y que no llegarán al menos hasta enero. Es más, Zelensky no solo no logró su objetivo, sino que su visita dejó artículos que calificaron el viaje de desastre. Mientras la situación se instala en la cronificación de la guerra y el descenso de la intensidad de la batalla coincide con el empeoramiento de otros conflictos, Ucrania se aferra a la vía de la comunicación para intentar recuperar el terreno. Sin embargo, sus palabras contradicen cada vez más el discurso que está generalizándose incluso en los medios más afines a Kiev.
Durante más de un año, Zelensky ha podido contar con los medios internacionales para difundir estrictamente el discurso ucraniano, un respeto que ha comenzado a decaer. Ucrania no ha perdido el favor de los grandes medios, que continúan abogando por actuar en favor de la victoria de Kiev, pero críticas impensables hace unos meses se han generalizado ya. Es el caso de las evidentes diferencias de opinión entre las autoridades políticas y militares, que la Oficina del Presidente calificó de propaganda rusa incluso cuando comenzaba a apreciarse en las páginas de The Economist. El enfrentamiento es tan evidente que se manifestó incluso en la reciente rueda de prensa de Volodymyr Zelensky, que copiando el formato de la realizada un día antes por Vladimir Putin, respondió a las preguntas de los medios. En su comparecencia, el presidente ucraniano se refirió repetidamente a la exigencia de las autoridades militares de reclutar a medio millón de soldados más. Zelensky no solo insistió en que se trataba de una petición externa, sino que la puso en cuestión alegando que ese reclutamiento habría de realizarse para relevar a las tropas que hace tiempo deberían haber sido desmovilizadas. La escasamente sutil crítica a Zaluzhny se produjo apenas unos días después de que el comandante en jefe criticara el cese de los comisarios militares regionales, un dardo evidente a Volodymyr Zelensky, que decretó la medida.
Más allá del enfrentamiento Zelensky-Zaluzhny, que aunque difieran en las formas no lo hacen en los objetivos, el hecho de que el reclutamiento se haya convertido en uno de los temas más recurrentes no solo en la prensa rusa o internacional sino también en la ucraniana pone en evidencia las elevadas bajas que Ucrania está sufriendo en el frente. En su rueda de prensa, el presidente ucraniano afirmó que vetaría la legislación que prevé la movilización de las mujeres, una posibilidad que ha hecho resurgir la pregunta de cuál es el nivel de bajas de Ucrania. La pérdida de recursos humanos no se debe únicamente a las bajas en el frente, sino a la huida de hombres en edad militar.
Ayer, Ukrainska Pravda informaba de que diariamente abandonan Ucrania 6000 hombres en edad militar, no necesariamente de manera ilegal (aunque las excepciones para evitar el reclutamiento disminuyen en número, aún existen casos en los que hombres en edad militar pueden abandonar legalmente el país). El medio ucraniano se refiere a un novedoso método con el que hombres que no desean luchar logran el permiso para salir del país. “El número de hombres que se casan con madres con muchos hijos para poder abandonar el país ha aumentado recientemente. Además, hay muchos casos en los que hombres se marchan como acompañantes de personas con discapacidad”. El fervor de lucha y la voluntad de sacrificar la vida por la victoria común han desaparecido. El hecho de que, como publican medios occidentales, Ucrania busque mercenarios extranjeros –ABC se refería a la oferta para contratistas de habla hispana, a los que se ofrecen contratos de 3000 euros al mes- es solo un dato más que apunta a unas dificultades de reposición de bajas que hace tiempo que son obvias. En esa pelea, en la que hasta ahora Ucrania se ha aferrado a la épica de la defensa nacional para compensar su menor tamaño en términos demográficos, Rusia cuenta con una clara ventaja que se evidenciará especialmente a medida que la guerra se alargue.
Las dudas sobre el proceso de reclutamiento y la evidente necesidad de continuar movilizando cada vez a más población muestran una realidad que contrasta con el relato que Zelensky quiso trasladar el martes. El presidente ucraniano volvió a insistir en su rechazo a cualquier diálogo con Rusia y defendió la necesidad de obtener los fondos exigidos por Joe Biden para continuar con el esfuerzo bélico común. La única alternativa a la victoria militar que aceptaría Zelensky sería, como insistió en su rueda de prensa, su plan de paz de 14 puntos. Esa hoja de ruta será debatida nuevamente en una nueva cumbre con una cincuentena de países invitados a la ciudad suiza de Davos. Sin embargo, tras el fracaso de la cumbre de Malta, realizada cuando era ya evidente que Ucrania no iba a lograr un gran avance militar con su contraofensiva, muestra que el desinterés internacional por una fórmula de paz que no lo es ha decaído a lo largo del año. Los aliados de Kiev son conscientes de que un plan como el de Zelensky, en realidad una exigencia de capitulación completa de la Federación Rusa, precisaba de una victoria militar lo suficientemente contundente para obligar a Moscú a negociar en situación de máxima debilidad. Nada de eso ha ocurrido, lo que ha debilitado aún más al presidente de Ucrania, que no solo ha perdido apoyo a nivel interno como ayer afirmaba Euronews, sino, lo que es más preocupante, entre sus defensores más firmes.
“La difícil contraofensiva ucraniana, con peores resultados a los previstos, ha alimentado oscuros debates a largo plazo sobre la guerra con Rusia, estancada y sangrienta. Mientras tanto, analistas y políticos han empezado a arremeter contra los líderes militares y políticos ucranianos, culpándoles del fracaso de los esfuerzos bélicos e incluso especulando con la derrota”, escribe esta semana el senior fellow del Atlantic Council Adrian Karatnycky en Político en un artículo que aboga por la creación de un Gobierno de unidad nacional para superar el bloqueo. Esa posibilidad supondría para Zelensky una cesión de poder que reduciría notablemente su autoridad. El hecho de que esta propuesta venga del Atlantic Council ha de ser motivo de preocupación para el presidente ucraniano.
Sin embargo, incluso a pesar de todos los signos, Volodymyr Zelensky y su equipo se ciñen a su manido discurso. Vladimir Putin no ha logrado uno solo de sus objetivos para este año, afirmó el presidente ucraniano ignorando, por ejemplo, el aumento de la producción militar de Rusia, la consolidación del frente, la solvencia con la que las tropas rusas se han defendido de la multimillonaria ofensiva ucraniana, la notable mejoría en la táctica y la actuación de las tropas. Zelensky olvida también la actual tendencia en el frente, donde Rusia ha recuperado la iniciativa y presiona a Ucrania en diversos sectores.
En esa visión optimista, el presidente ucraniano no está solo. Contra el escepticismo o incluso pesimismo que está instalándose entre los aliados de Ucrania, ayer el informe de la inteligencia británica presentaba una imagen del frente mucho más favorable a Kiev. Viendo solo “ofensivas locales” de pequeños grupos aislados que generalmente no superan el nivel de batallón y ensalzando la capacidad ucraniana de reforzar sus defensas, el Reino Unido afirma que “un gran avance ruso es poco probable”. “Hay movimiento a lo largo de todo el frente”, comentaba, con cierta indignación, el periodista opositor ruso Leonid Ragozin, que añadía que “las fortalezas más inexpugnables de Ucrania en Marinka y Avdeevka, fortificadas desde 2014, están siendo aniquiladas. Los monitores de guerra ucranianos dicen que la situación es horrible y que las fortificaciones en la retaguardia son insuficientes”, sentenciaba. Pese a que el discurso intenta amortiguar la situación y mantener la confianza y la moral, son numerosos los datos que indican que Ucrania se encuentra actualmente en su momento de mayor debilidad desde la primavera de 2022.
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