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Batallón Azov, Donbass, DPR, Extrema Derecha, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Guerra, nacionalismo y el poder de la extrema derecha

El pasado 17 de octubre murió por causas naturales no relacionadas con la guerra Sergey Sivojo, un nombre que puede resultar desconocido, pero que en 2020 protagonizó un episodio significativo para comprender la relación de Ucrania con Donbass, el poder real de la extrema derecha nacionalista y las intenciones de Zelensky desde su llegada al poder. Sivojo, natural de Donbass, donde aún tenía familia en 2014 cuando estalló la guerra, era conocido por su activismo antibelicista, aunque desde las limitaciones de partir de posturas proucranianas que siempre ignoraron el rechazo de la población de Donetsk y Lugansk al Gobierno de Kiev. Como gran parte del equipo de Zelensky, también Sivojo procedía del mundo del espectáculo. Del puesto de director creativo de Kvartal 95, pasó a ser nombrado brevemente asesor del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, una institución clave en el contexto de la guerra de Donbass y del proceso de militarización de la política e imposición del discurso nacionalista como único aceptable en el país.

Fue en su papel como asesor, que quiso utilizar para presentar una propuesta de diálogo nacional que superara el bloqueo existente a la hora de resolver la cuestión de Donbass. Como recoge un artículo de Nicolai Petro que ensalza la figura de Sivojo, el asesor de Consejo de Seguridad Nacional y Defensa afirmó entonces que “más terrible que el coronavirus es el virus del odio. Es importante cambiar no solo la actitud del Estado hacia sus ciudadanos, sino la actitud de las personas entre ellas. Lo que mi equipo está haciendo es intentar inclinar a la población a un entendimiento mutuo porque la paz que todos estamos buscando comienza en los corazones y las mentes de cada ucraniano”.

El punto de vista, idealista y profundamente ingenuo teniendo en cuenta que Donbass se encontraba en el séptimo año de guerra y Ucrania se negaba en rotundo a implementar los acuerdos de Minsk, ya de por sí considerados insuficientes por gran parte de la población de Donetsk y Lugansk, fue el punto de partida de su propuesta. En realidad, se trataba de una contrapropuesta al proyecto de ley para la reintegración de Donbass preparado por el ministro Oleksiy Reznikov y que era una burla a los acuerdos que Ucrania había firmado. De forma similar al actual plan de paz de Zelensky, que se dirige únicamente a las reivindicaciones ucranianas ignorando todas las demás, especialmente las de la población, Reznikov buscaba marcar las líneas rojas de Kiev e imponer una vía de reintegración que hacía de este proceso una capitulación explícita.

“El proyecto de ley del Ministerio de Reintegración ha sido escrito desde el punto de vista de los vencedores en la guerra”, afirmó con precisión entonces Sergey Sivojo, uno de los escasos representantes ucranianos que observó ese detalle. Sin embargo, no supo ver que esa actitud era perfectamente coherente con la que Ucrania, tanto con Poroshenko como con Zelensky, había mantenido en relación con los acuerdos de Minsk, de los que solo exigía el cumplimiento de los puntos que le eran completamente favorables y renegando de todos los demás en favor de la imposición de su voluntad. “Respondamos a una pregunta”, continuaba Sivojo, “¿a quién queremos derrotar? ¿A nuestros propios ciudadanos que están al otro lado de la línea de contacto?¿Queremos desocupación o reintegración? Es momento de tomar una decisión”.

La contrapropuesta de Sivojo de reanudar el diálogo nacional, apartar el discurso de odio que había comenzado en 2014 y que se ha acrecentado con los años para demonizar y deshumanizar constante y completamente a la población de Donbass carecía de un plan real de construcción de una sociedad en la que pudieran curarse las heridas de la guerra civil. Pero, ante todo, podía ser útil únicamente en un contexto de medidas políticas que protegieran a Donbass de la reanudación de la guerra de Ucrania contra Donetsk y Lugansk y que no dejara a merced de la voluntad de Kiev el mantenimiento de los derechos básicos de la población. El discurso de Sivojo buscaba acabar con el odio como solución tras la que la población de Donbass, quizá mágicamente, desearía regresar a Ucrania.

Aunque profundamente idealista y alejado de las realidades materiales que habían dado lugar a la guerra, sin tener en cuenta las legítimas reclamaciones sociales y económicas de la población de Donbass en 2014 y más que moderado en sus puntos de actuación, que no solo no iban más allá de Minsk sino que ni siquiera llegaban a exigir el cumplimiento de esos puntos básicos, el plan de Sivojo fue visto por el sector más movilizado de la sociedad ucraniana como una traición. Aunque el escaso reclamo electoral de la extrema derecha suele utilizarse como argumento de su falta de relevancia política, el episodio del intento de Sivojo de presentar esta vía de diálogo e introspección hacia una futura reconciliación nacional es una prueba más de todo lo contrario.

En aquel momento, ciertos sectores quisieron ver en el nombramiento de Sivojo como asesor y en la retórica de Zelensky un motivo para el optimismo. Al fin y al cabo, el nuevo presidente había llegado al poder con promesas de rebajar el nacionalismo en leyes como la del uso de la lengua, un aspecto importante para las regiones rusófonas, y prometiendo compromisos para lograr el final de la guerra de Donbass. “En la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2020 y después en el Foro de Unidad de Mariupol, Zelensky había apelado a un diálogo nacional masivo en el que la población pudiera discutir su futuro común cara a cara”, escribe ahora Nicolai Petro, ignorando que las palabras del nuevo presidente contradecían ya sus actos. Sin embargo, “Zelensky apoyó el proyecto personal de Sivojo, una Plataforma de Reconciliación y Unidad, que fue formalmente presentada el 12 de marzo de 2020. Para entonces, Zelensky no solo no había rebajado sino que estaba en proceso de endurecer la ley sobre el uso de la lengua y había dejado claro en la cumbre de 2019 ante Macron, Merkel y Putin su nula intención de cumplir con los acuerdos de Minsk. El único diálogo de unidad que podía ofrecer Zelensky era el mismo que había ofrecido Yatseniuk en el verano de 2014: uno en el que únicamente participaran sectores pro-Maidan y sin ninguna representación de la población de Donbass, a la que decía dirigirse la iniciativa.

Aun así, la remota posibilidad de que pudiera iniciarse un proceso que buscara eliminar las numerosas manifestaciones de odio y desprecio hacia la población de Donbass fue argumento suficiente para la extrema derecha. Los movimientos vinculados a Azov y a Andriy Biletsky habían favorecido indirectamente al candidato Zelensky -a base de sabotear la campaña de Poroshenko, apoyado por sectores cercanos a Svoboda- y quisieron cobrarse esa colaboración ejerciendo como jueces que impidieran que el nuevo presidente diera un paso en falso en la cuestión que consideraban más importante: la posibilidad de realizar concesiones a Donbass, que eran entendidas como concesiones a Rusia. Las únicas concesiones realizadas por Zelensky a Rusia se produjeron en forma de retirada de dos kilómetros cuadrados de territorio, realizada para lograr la celebración de la cumbre del Formato Normandía.

En esa cumbre, Zelensky notificaría oficialmente su desinterés por la implementación de los acuerdos de Minsk. Aunque no había intención de realizar concesiones y los actos legislativos de Zelensky avalaban su giro nacionalista, el discurso de Sivojo, moderado e inviable en el contexto político en el que se producía, fue suficiente para causar la ira nacionalista. Sivojo fue insultado, amenazado y agredido y la presentación de la iniciativa hubo de ser cancelada por motivos de seguridad.

El poder de la extrema derecha, como puede observarse con la normalización de la existencia de varios batallones vinculados al movimiento Azov, ha aumentado desde el inicio de la intervención militar rusa, que ha provocado una nueva oleada nacionalista en Ucrania. El ejemplo del caso Sivojo muestra su capacidad de influir sobre las decisiones políticas importantes. Sivojo no recibió el apoyo de su amigo Zelensky, sino que fue cesado de sus funciones. Su discurso podía haber sido un elemento de propaganda con el que Ucrania pudiera argumentar ante sus socios estar tratando de ganarse a la población de Donbass. Es probable que ese fuera el motivo  de su nombramiento. La realidad del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa nombrado por Zelensky era incompatible con ese discurso. Oleksiy Danilov, capaz de abandonar a su nonagenaria madre en Lugansk por no compartir sus ideas, no fue nombrado para el puesto para buscar el entendimiento sino para seguir la vía de Reznikov de imponer la voluntad de Ucrania. En ese contexto, Sivojo, a quien no pueden negársele las buenas intenciones, no era sino la contrapartida propagandística de quien maneja a la perfección la comunicación para hacer compatible un discurso de concordia con una política de imposición de su voluntad. Pero incluso eso, un discurso de concordia sin ninguna posibilidad de traducirse en medidas políticas, era una concesión excesiva a Donbass y a Rusia para la extrema derecha, que agredió a Sivojo, y también para Zelensky, que entre la apariencia de compromiso y la política nacionalista y beligerante siempre eligió la segunda.

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