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«Influencers» de la guerra

La guerra da visibilidad, protagonismo y relevancia a todo tipo de personas y grupos capaces de capitalizar la desgracia ajena en su beneficio. El aumento de la demanda armamentística, acompañado del ímpetu por modernizar ejércitos y equipamiento y reponer los arsenales ha supuesto para las grandes empresas occidentales enormes beneficios económicos imposibles en tiempos de paz. Es el caso más explícito y directo del beneficio económico que supone para ciertas élites el sufrimiento de poblaciones lejanas. Sin embargo, no es el único. Varios estudios sobre las voces que están marcando el análisis de esta guerra muestran también un beneficio, quizá no económico, pero sí político y mediático, para una variada gama de think-tanks vinculados a ese mismo complejo militar industrial occidental. La guerra da voz a más guerra, amplificando siempre a los sectores más beligerantes.

El conflicto ucraniano no solo ha dado más presencia mediática, sino que ha catapultado prácticamente al estatus de estrellas a lo más exaltado de todo tipo de sectores partidarios de la guerra, desde el intervencionismo humanitario liberal al neoconservadurismo pasando por quienes quieren luchar contra Rusia hasta el último ucraniano como forma de enfrentarse a China. Es el caso de personas como Mijailo Podolyak, una figura antes en la sombra de la Oficina del Presidente, que ha logrado que cada una de sus palabras sea considerada declaración oficial de Ucrania y cada uno de sus tuits se traduzca en titulares de los grandes medios internacionales. Su fanatismo ha contribuido notablemente a crear una situación en la que no hay alternativa posible a la guerra hasta el final, algo que Occidente ha permitido al compartir con los sectores más radicales de Ucrania el objetivo final de desgastar al máximo o incluso derrotar militarmente a Rusia.

Mijailo Podolyak es ahora mismo la figura política más mediática de Ucrania, solo por detrás de Zelensky. Su capacidad para sintetizar la postura del Gobierno ucraniano, hacerlo con rapidez y constancia y sin miedo a mostrar las verdaderas intenciones de Kiev -guerra hasta el final, ataques en Rusia, castigo colectivo a Crimea y Donbass e incluso encarcelamientos masivos de poblaciones disidentes- han hecho de sus comunicaciones el lugar en el que con más brevedad comprender cuál es la postura de Ucrania en cada momento. Su beligerancia, fanatismo, odio a todo lo ruso y rechazo a aceptar que existe un factor civil en la guerra de Ucrania han de ser tenidas en cuenta ya que el tiempo ha demostrado su influencia en el Gobierno. Últimamente, el asesor de la Oficina del Presidente ha añadido a su repertorio la idea de la guerra global, esa en la que Ucrania ha de ser el principal escenario.

Sin embargo, Mijailo Podolyak no ha sido la primera de las figuras políticas en convertirse en reclamo mediático. Tampoco ha sido la última y personas como Kirilo Budanov, un provocador nato que utiliza los medios de comunicación como parte de sus labores de guerra psicológica, continúan ascendiendo por los escalones de la fama que está creando esta guerra. Aun así, el caso más paradigmático de cómo la guerra ha ayudado a figuras mediáticas a crear un personaje del que posteriormente lucrarse es el de Oleksiy Arestovich. El exasesor de la Oficina del Presidente, exmiembro de la delegación ucraniana en Minsk y antaño cercano al círculo más vinculado a Andriy Ermak y Volodymyr Zelensky, se hizo en las primeras semanas de la guerra con el puesto de portavoz de las autoridades oficiales. El ascenso a la fama de Arestovich siempre se ha producido al margen de ese papel teóricamente político y oficial. Su hábil uso de la comunicación, constante presencia mediática y sus capacidades de actuación han hecho de él una figura capaz de mercantilizar su imagen. Para ello, Arestovich no ha necesitado de coherencia, sino todo lo contrario. Es más, el exportavoz ha hecho de la contradicción y la incoherencia su seña de identidad y no le ha importado navegar entre publicar imágenes de sí mismo junto al Kremlin tras la toma ucraniana de Moscú y convertirse en meme de la propaganda rusa a desmentir el triunfalista discurso ucraniano. Aún desde su puesto oficial, que perdió en parte por su tendencia a desmarcarse repentinamente con una verdad esporádica molesta para Ucrania, Arestovich afirmó en las primeras semanas de la guerra rusoucraniana que los misiles rusos no atacaban objetivos civiles y que, en caso de impactos en viviendas, podía darse por hecho que se trataba de proyectiles de las defensas ucranianas. La contradicción con el discurso oficial, que alegaba que Rusia atacaba deliberadamente zonas residenciales, llegó a un momento en el que se hizo insostenible. Era posible mantener al Arestovich que en marzo de 2022 afirmó que los arsenales rusos estaban quedándose sin misiles, pero no al que negaba que Rusia bombardeaba zonas civiles o que Ucrania pudiera recuperar todo el territorio según las fronteras de 1991.

El despido nunca iba a ser el final de Arestovich como personaje público. Sus apariciones en programas como Felman Live y otros programas de televisión de alto perfil siempre iban a convertirse en reclamo político y mediático. Un camaleón político, Arestovich comenzó su ascenso hacia la creación de su personaje en los albores del eurasianismo de Alexander Dugin en las cercanías de Dmitro Korchinsky, ahora líder de Bratstvo y otra de las extravagantes personalidades a las que ha dado voz la guerra (en su caso desde 2014). Siempre un verso libre,  se desmarcó desde el inicio de la retórica de compromiso que Zelensky mantuvo durante su campaña y primeros meses de su presidencia. Arestovich pareció entender rápidamente que existía una parte de la sociedad -minoritaria, aunque bien organizada y capaz de presentar su discurso como oficial- abiertamente contraria a cualquier compromiso y eligió el oportunismo que iba a darle protagonismo en lugar de una postura política responsable y coherente con el mandato que Zelensky había obtenido en las urnas. Su presencia en Minsk, siempre con el objetivo de sabotear cualquier avance y hacer imposible cualquier negociación, denotaba que las verdaderas intenciones del nuevo Gobierno contaban con enormes dosis de cinismo y de teatralización.

La experiencia teatral ha sido últimamente el clavo ardiendo al que se ha agarrado Oleksiy Arestovich en uno de los escasos casos en los que se ha visto peligrosamente cuestionado. La polémica, y la causa penal abierta contra él, no se ha referido a sus opiniones políticas, que hace tiempo carecen de coherencia alguna, sino a sus actitudes machistas, concretamente en uno de los muchos seminarios que imparte. Y es que incluso antes de ser apartado de los puestos adyacentes al Gobierno y a la Oficina del Presidente, Arestovich preparaba ya una carrera como influencer político. El todavía portavoz de la Oficina del Presidente promocionaba ya sus seminarios sobre filosofía para dejar de hablar del presente y de la política y centrarse en temas más trascendentes. “Puede que conozcan a Oleksiy Arestovich como showman, experto militar y portavoz que publica citas sexistas. También es un buen empresario y los ingresos de Arestovich se han multiplicado durante la gran guerra”, afirmaba recientemente un artículo publicado por la edición ucraniana de Forbes, que ha calculado cuánto puede ganar el exasesor de la Oficina del Presidente en estos tiempos de guerra. El artículo recuerda que las facetas de coach -evidentemente autoproclamado- de Arestovich preceden al 24 de febrero de 2022. Sin embargo, su canal de YouTube ha multiplicado por nueve sus suscriptores en solo tres meses y sus seminarios sobre cualquier tema -de filosofía a lectura de lenguaje corporal- ya no son visionados por 68 personas como ocurría en aquel momento. Pero incluso en los casos de seminarios de menor cantidad de participantes, la escasez de número no se traduce en bajos ingresos.

Por motivos que están lejos de ser lógicos, la persona que en febrero y marzo de 2022 afirmaba que la guerra duraría dos o tres semanas se ha convertido en uno de los influencers políticos y mediáticos con más seguimiento. Con él hay otras figuras de posturas igualmente radicales como Dmitry Gordon, cuyo programa teóricamente periodístico justifica cualquier agresión contra la población civil rusa, o Serhiy Sternenko, el radical exlíder del Praviy Sektor en Odessa, acusado de secuestro y que finalmente quedó impune cuando acuchilló mortalmente a un hombre en plena calle. Esa es la escena político-mediática de la Ucrania actual, donde la guerra ha polarizado hacia figuras crecientemente radicales el interés de, al menos, una parte de la población.

Ese éxito mediático no tiene por qué traducirse en influencia política. Es el caso de Arestovich, que al contrario que Podolyak, que ha ascendido políticamente hasta convertirse en una figura clave en la cadena de toma de decisiones en el país, ha centrado su interés en el beneficio económico. Ucrania es considerada, desde hace varios años, el país más pobre de Europa. La guerra con Rusia ha supuesto un duro golpe para su economía, que no solo ha sufrido de la destrucción física de infraestructuras e industrias, sino que ha perdido a una parte importante de la población activa, que ha huido del país para evitar la guerra. Ucrania depende ahora de sus socios extranjeros para poder pagar los salarios y pensiones, miserables antes de la guerra y ahora aún más escasos ante la necesidad de hacer frente a la inflación que implica el conflicto.

Contrastando con la situación de la población civil, las cuentas de Arestovich parecen haber mejorado notablemente en el último año. No se trata tanto de esos “seminarios” que Arestovich imparte constantemente y en los que cobra unas 1800 grivnas (la pensión media de Ucrania no llega a 5000), sino sus servicios de “asesoramiento”. Es cuestionable en qué medida una figura que ha basado su ascenso en la incoherencia puede asesorar a nadie, aunque, aun así, Forbes afirma que existe una lista de espera de 170 clientes dispuestos a pagar esa cantidad por los consejos de Arestovich. Frente al salario medio de Ucrania, alrededor de 635€, Oleksiy Arestovich afirma estar percibiendo una cantidad de 30.000 dólares mensuales. Sin embargo, el aumento de la audiencia en medios en los que las visitas pueden ser monetizadas, como es el caso de YouTube hace dudar de esa cantidad. Los cálculos realizados por Forbes se refieren a una cifra notablemente superior, que podría ascender incluso a los 120.000 dólares mensuales manteniendo el actual nivel de visitas y de seminarios. La guerra está siendo una ruina para Ucrania y para gran parte de la población, aunque no para aquellos ucranianos dispuestos a utilizar el conflicto y la táctica de la polémica para autopromocionarse.

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