Entrada actual
Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

La tragedia de Donbass

Artículo Original: Evdokia Sheremetieva

Conocí a Liuba Mijailovna en diciembre de 2014. En el verano de aquel año, Lugansk había estado sitiada por las Fuerzas Armadas de Ucrania, que bombardeaban la ciudad con todo tipo de armas, mientras la milicia no podía hacer casi nada. En la ciudad no había ni luz ni agua y la población no podía siquiera marcharse: todas las salidas estaban bloqueadas. La población sobrevivía como podía. Tenemos muchos ejemplos de personas a las que hemos ayudado, personas que resultaron heridas o que en aquel momento lo perdieron todo. El chico Sasha, sobre el que escribí muchas veces, vio cómo su madre resultaba herida de metralla en el estómago, tras lo cual sufrió durante varios años hasta morir finalmente. La madre de otra chica sufrió daños en el cráneo y murió delante de su hija. Ira Jizhniak vio cómo su hijo resultaba herido en la pierna en un puesto de control cuando huía de la ciudad en coche con los niños y una bandera blanca. Algún nazi vio un coche con niños en la cola y atacó por diversión. En aquel momento, su hijo era un adolescente. Ahora, se ha unido a filas para cumplir el servicio militar.

En Lugansk había una granja de pollos. La población local llama a la zona Ptashnya. Aquel verano fue anormalmente caluroso y varias granjas sufrieron ataques de artillería de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Los cuerpos de los pollos comenzaron a pudrirse y las infecciones empezaban a afectar a otras granjas. Algunos residentes de la zona se dedicaron a retirar esos restos. El hedor era tal que las personas perdían el conocimiento. Lo hicieron mujeres corrientes. Entre ellas estaba Liuba Mijailovna. Durante todo el proceso, los proyectiles ucranianos caían sobre Lugansk. Había personas que repartían pan bajo el sonido de las bombas y los familiares se pasaban notas entre ellos por medio de minibuses para decir que estaban vivos.

Ptnashnya fue atacada más de una vez, aunque no había posiciones militares cerca de Fabrichna, ese era el nombre oficial del pueblo. No entendía por qué las Fuerzas Armadas de Ucrania atacaban allí. Pensé que eran las caóticas llegadas alrededor de la ciudad, cosas que pasan. Pero ahora, después de nueve años de observación, estoy segura de que estaban dando a la población estas pesadillas a propósito. Una forma de agotarles y burlarse de ellos. Nadie, salvo la población local, le prestó atención. He visto docenas de lugares así: residencias en Lugansk, hospitales en Pervomaisk, colegios, internados, lugares en los que no había presencia militar, pero que sufrieron ataques. Porque eran animales. Quienes no prestaron atención y dijeron “es su culpa” contribuyeron a hacer crecer algo que hacía y hace lo que quiere. Pero no es momento de hablar de eso ahora.

Uno de esos días calurosos, cuando las mujeres retiraban los cuerpos de los pollos de la fábrica, hubo otro ataque. Liuba Mijailovna estaba cerca del lugar. No recordaba bien lo que pasó: hubo explosiones y volvió en sí llena de sangre. Le faltaba el brazo derecho por debajo del codo y la pierna izquierda desde la rodilla. Nos conocimos unos meses después, aquel diciembre. Su familia nos pidió que le consiguiéramos una silla de ruedas. Tardé una semana en recuperarme después de conocerla. Lloré todo ese tiempo y escribí un post lleno de impotencia sobre lo que estaba ocurriendo, denunciando la indiferencia y la falta de apoyo de las personas. Algunos amigos me dijeron que no lo había entendido bien, pero creo que ese no era el problema. Parece que lo que había que hacer era ser indiferente y permanecerse al margen.

En aquel momento, todavía no iba a Donbass a ayudar a la población y era solo mi segunda visita a la zona en guerra. A raíz de aquel artículo, nos donaron cinco sillas de ruedas, una de las cuales era para una persona a la que le faltaba una mano, así que no podía mover las ruedas. Ayudar a la población de Donbass se convirtió en mi vida, simplemente no podía no ir allí. Puede decirse que conocerla fue un punto de inflexión en mi vida. Todos estos años habíamos ayudado a Liuba, aunque desde un momento, cada vez menos. Tenía una pensión, hijos y un nieto. Su situación no era tan mala como la de otros. Además, vivían en Lugansk y no había habido bombardeos de la ciudad desde hacía varios años. Nuestro equipo se concentró cada vez más en las personas mayores de la zona gris, donde había bombardeos continuos. Pero pasábamos por ahí, aunque fuera solo por Año Nuevo o el 8 de marzo. No escribí sobre ello, pero las últimas veces había bebido y era vergonzoso publicarlo.

Cuando nos encontrábamos, era una mujer feliz. Había trabajado durante muchos años en una fábrica y tenía un nieto al que quería con locura. Se las arreglaba para usar muletas aunque le faltara una mano. Cuando me encontraba en el pasillo de su casa haciendo un esfuerzo para que no me cayeran las lágrimas, me animaba y bromeaba, como si fuera a mí a quien le hubiera pasado algo, no a ella. Y siempre decía lo mismo: cómo podía ser útil y cuánto quería trabajar. Buscaba algún trabajo que hacer sin una mano y una pierna. Pero era una mujer mayor y con problemas, así que era una tarea ingrata. Aun así, cuando estábamos con ella, estaba todo lo alegre que podía.

En 2017, tuve la idea de hacer una película sobre la población de Donbass a la que ayudábamos. Ninguno de los periodistas o cámaras estuvo interesado en ello. Cogí una Go-pro y empecé a grabarlo todo. Grabé una entrevista de una hora con Liuba Mijailovna. Lo más aterrador que dijo no fue que había perdido un brazo y una pierna, porque “no era doloroso”, sino que su hermano, que vive en Dnipropetrovsk, no le creyó cuando le llamó y le dijo que Lugansk estaba siendo bombardeado y lo que le había pasado. No sé si es que él estaba avergonzado, pero todo lo que ella escuchó fue separs y “tenéis la culpa”. De su propio hermano.

Recientemente me he preguntado cómo estaría. Pero resulta que Liuba Mijailovna murió este invierno. Los chicos de nuestro equipo no me lo dijeron al principio. Acababa de dar a luz y no querían entristecerme. Luego lo olvidaron y empezó la primavera. El día que decidí escribirle me enteré de que había muerto. Me dijeron que se quitó la vida. Y ahora me ahogo entre las lágrimas. No sé cómo expresarlo. Me gustaría decírselo a todos aquellos que creen que en todos estos años no pasó nada en Donbass, que no hacía falta prestar atención y que “los ucranianos se arreglarán entre ellos, que todos tienen parte de culpa en su muerte.

En otoño murió Seriozha Kutsenko, al que ayudábamos. Murió en el hospital, con cuidados y acompañado. Pero en 2014 perdió su casa y vivió durante seis meses en un barracón en la localidad de Jriaschevatoe, que había sido prácticamente borrada del mapa por los bombardeos ucranianos. Sobrevivió con poliartritis sin luz, gas, ni agua, muchas veces sin comida, sin nada. Al final, se cayó y se rompió la pierna. Con el tiempo, hubo que amputársela y sobrevivió solo porque pudimos ayudarle con ayuda que encontramos a través de internet. Sin una pierna, se sintió inútil y abandonado. Y aunque le encontramos una silla de ruedas eléctrica, no fue suficiente. Se apagó con el tiempo y al final enfermó y murió.

Hemos enterrado a docenas de personas que hemos ayudado y cuyas vidas se vinieron abajo desde 2014. Personas que habían perdido sus casas, su salud y su familia. Todas estas personas son polvo en el zapato para el mundo occidental, no son nada para nuestros liberales, que están felices por Ucrania. Les parece bien que dieran la orden de disparar a civiles. Fue entonces, en 2014, cuando empezó esta masacre. Y sí, importa quién la empezó. No se trata del lugar sino del sentido de impunidad. Ahora, tras conocer la muerte de Liuba Mijailovna, quiero quejarme de la impotencia y la injusticia. Recuerdo lo alegre que era y cómo aguantaba. Pero también recuerdo lo que personas normales, que no eran bots, escribieron en los comentarios. Hubo amigos que escribieron que les daba pena, pero lo hacían sin sentirlo. Había algo de pena, pero también de echarle la culpa por no haberse marchado e incluso por nacer allí.

Liuba Mijailovna no pudo aguantar ser una carga. Inválida. No pudo seguir viviendo. Eso no empezó en febrero de 2022. Es una ilusión pensar que no iban a seguir atacando a la población y burlándose de ella. Habían probado la sangre y les gustó. Mis amigos no me creían cuando les decía que las Fuerzas Armadas de Ucrania y la Guardia Nacional atacaban específicamente a la población civil. Se burlaban de los civiles. No me creían.

Liuba Mijailovna era una mujer normal. Heroicamente fue a salvar el pueblo, ayudando a limpiar las granjas bajo los bombardeos porque allí había alimentos que la población no podía permitirse perder. Nadie le obligó, pero no podía no hacerlo. Su hermano la llamo separ y no creyó que hubiera quedado lisiada. Ucrania no podía haber hecho eso. Liuba Mijailovna se suicidó por impotencia. Y no es solo Ucrania quien tiene la culpa de ello, sino también todos aquellos que no quisieron ver esta tragedia de Donbass.

Comentarios

Un comentario en “La tragedia de Donbass

  1. Avatar de jesus

    no se que decir , estoy llorando …

    Me gusta

    Publicado por jesus | 27/07/2023, 13:20

Replica a jesus Cancelar la respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.517.210 hits