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Wagner después del motín

Dos semanas después del fallido motín escenificado por el ejército privado del empresario Evgeny Prigozhin, sigue habiendo más preguntas que respuestas. Las tropas de Wagner, algunas de las cuales se encontraban ya en Rostov, lo que explica la facilidad con la que aparentemente el grupo se presentó en el centro de la capital del Distrito Militar Sur, avanzaron hacia Moscú sin encontrar más obstáculos que las VKS, la aviación rusa, único sector que sufrió verdaderamente las consecuencias del motín. En las cercanías de Moscú, las tropas del Ministerio de Defensa se preparaban para enfrentarse a Wagner a la altura del río Oka. Esa defensa no fue necesaria y las columnas de Wagner, que de ninguna manera contaban con los 25.000 soldados que dio a entender Prigozhin, regresaron a sus bases antes de llegar a ese punto, en el que posiblemente se habría producido un enfrentamiento que habría cambiado sustancialmente el resultado de los acontecimientos del día.

Los escasos detalles confirmados por las autoridades han venido de parte del presidente bielorruso Alexander Lukashenko, cara visible de unas negociaciones que se alargaron durante todo el día y en las que Evgeny Prigozhin pasó, según Meduza, de evitar el contacto con el presidente ruso a tratar de contactar con Vladimir Putin demasiado tarde, cuando este no tenía ya intención de negociar directamente. Según el medio opositor, participaron en las negociaciones el jefe de personal del Kremlin, Anton Vaino, el presidente del Consejo de Seguridad de Rusia Nikolai Patrushev y el embajador ruso en Bielorrusia Boris Gryzlov. En las primeras horas, se habló del importante papel del gobernador de Tula, Alexey Diumin, pero el propio interesado ha querido insistir en negar esa participación. Finalmente, ante la aparente necesidad de dar un toque oficial y de alto perfil al acuerdo, el presidente bielorruso fue quien se llevó los titulares y fue presentado como la cabeza de las negociaciones. Se especula también con que Prigozhin precisaba de la participación de un jefe de Estado para “salvar la cara”.

Al igual que el propio día del motín, cuando no hubo una sola unidad del ejército regular que diera su apoyo a Wagner, la situación en el frente se ha mantenido estable, sin que la retirad a de Wagner haya tenido mayores consecuencias. Los soldados de la empresa no se encontraban ya en la primera línea del frente, por lo que el motín solo podía suponer problemas añadidos en caso de cortarse las vías de suministro, algo que solo podía ocurrir si la situación se mantuviera en el tiempo, o de que parte del ejército se posicionase del lado de Prigozhin y contra sus superiores en el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor. Nada de eso ocurrió ni tuvo posibilidad de hacerlo: desde las primeras horas fue evidente que el apoyo de “la mitad del ejército regular” que Prigozhin esperaba no iba a producirse y las unidades en el frente no iban a arriesgarse a posicionarse del lado de un motín armado en condiciones de guerra.

En estas dos semanas, mucho se ha especulado sobre el paradero de Prigozhin y hasta ayer, ni siquiera se mencionó dónde estaba o podía estar Dmitry Utkin, Wagner, que además de dar nombre a la compañía, es el líder militar de este ejército privado. Al contrario que el dueño formal de la red de empresas entre las que se encuentra Wagner, que no cuenta con experiencia militar real, Utkin, con pasado GRU, cuenta con la experiencia de las dos guerras de Chechenia y también el paso por todo tipo de empresas militares privadas rusas como Moran Security Group o los Cuerpos Eslavos, una filial de Moran que organizó una desastrosa operación en Siria que terminó con una dura derrota y varios detenidos en Moscú en 2013. Fue tras aquel fiasco cuando Utkin se unió a Prigozhin para formar lo que, con el tiempo, sería conocido como Wagner.

En su primera comunicación tras su salida de Rostov, Evgeny Prigozhin insistió en que su “marcha por la libertad” era una lucha “contra los traidores y para movilizar a la sociedad” y afirmando necesitar ahora más apoyo que nunca, insistía en que había tenido éxito en sus objetivos. Solo Prigozhin, y posiblemente Utkin, a quien se adjudica el plan de acción del motín de junio que logró avanzar prácticamente sin encontrar obstáculos en dirección a Moscú, conoce realmente cuáles eran los objetivos reales, aunque parece evidente que la ira de Wagner se dirigía a Sergey Shoigu y Valery Gerasimov, que a día de hoy se mantienen en sus puestos. El fin de semana ha podido verse a Shoigu revisando la preparación de las tropas en la retaguardia. Ayer, unas imágenes publicadas por el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa mostraban a Valery Gerasimov al frente del Estado Mayor. La aparición de Gerasimov realizando su trabajo habitual se produce apenas unas horas después de que The Telegraph, citando fuentes de The Moscow Times, afirmara que Gerasimov había sido relevado al frente del esfuerzo bélico. Por el momento, y pese a los rumores, el motín de Prigozhin no ha causado ningún cambio de personal.

Es más, en realidad, los cambios causados por el motín de Prigozhin son limitados. Wagner no se encontraba ya en la primera línea del frente, por lo que no ha sido preciso realizar ninguna rotación fuera de lo común. Y a pesar del acuerdo de traslado a Bielorrusia de Prigozhin y aquellas tropas que rechacen retirarse o integrarse a nivel individual en las tropas del Ministerio de Defensa, ni el dueño de la empresa ni sus soldados de fortuna se encuentran aún en el país. Por el momento, tampoco el contingente de tropas ha abandonado sus bases y pese a las imágenes de la construcción de una base temporal -no hay barracones sino tiendas- que se presupone que alojará a unos 8000 miembros de Wagner, el lugar permanece vacío. Todo indica que Prigozhin, que si con su motín esperaba lograr un feudo político posiblemente no esperara que fuera en Bielorrusia y bajo control de Lukashenko, negocia la forma de mantener el control sobre la mayor parte posible del imperio que ha creado.

La semana pasada, Alexander Lukashenko confirmaba que Prigozhin no se encontraba en territorio bielorruso. En ese momento, el Kremlin afirmó no saber, ni querer saber su paradero. Sin embargo, lo publicado el pasado viernes por Liberation ha obligado al Kremlin a confirmar que Vladimir Putin se reunió, no solo con Prigozhin, sino con los comandantes de Wagner. La reunión se produjo el 29 de junio, solo cinco días después del motín fallido. Según los escasos detalles que el portavoz del Kremlin ha querido compartir, el presidente ruso presentó al grupo de alrededor de 35 personas su punto de vista sobre lo ocurrido en Rostov el 24 de junio, así como las posibilidades para continuar “defendiendo la patria”. Aunque el portavoz del presidente ruso no mencionó ningún nombre, el canal de Telegram Grey Zone, vinculado a Wagner, ha querido hacer saber que Dmitry Utkin, la persona que, por sus ideas políticas y tatuajes nazis es, sin duda, la más polémica de las personas vinculadas a Wagner, fue uno de los participantes en la reunión. La desnazificación que Rusia dice buscar en Ucrania no se extiende a sus propias tropas.

La reunión ha de ser entendida en el contexto de la negociación sobre la forma en que los soldados de Wagner tendrán que integrarse en las tropas del Ministerio de Defensa si desean continuar luchando en Ucrania y especialmente cómo va a configurarse la relación entre la empresa propiedad de Progozhin y el Estado después de que Vladimir Putin acusara de traición a quienes participaron en el motín.

El Kremlin ha querido también insistir en que los comandantes de Wagner mostraron su disposición a continuar “defendiendo la patria” y se mostraron como “soldados del jefe de Estado”, un mensaje con el que Rusia busca reafirmar que la lealtad de la tropa de Wagner sea a Vladimir Putin y no a Evgeny Prigozhin. Se entiende así por qué una de las imágenes del registro de la mansión del dueño de Wagner que ha publicado la prensa rusa fuera un decálogo de normas de comportamiento de la compañía fechado el 1 de mayo de 2014 y firmado por Utkin y Prigozhin. Entre los puntos señalados, además de aspectos como la imposición de la “ley seca”, Utkin y Prigozhin imponían la obligación de no actuar nunca “contra el pueblo ruso” o “contra VVP”, Vladimir Vladimirovich Putin.

Antes de que se conociera la reunión de Wagner con el presidente ruso, uno de los comandantes de la empresa, Anton Yelizarov, Lotus, rompía el silencio y confirmaba las intenciones del grupo de trasladarse a Bielorrusia, aunque sus palabras daban a entender que los detalles de cuál será el futuro de Wagner, y posiblemente el de Prigozhin, aún están siendo negociados. Resta por saber cuál será el papel de Wagner en Bielorrusia, un país que en el pasado no ha dudado en actuar contra el grupo. Hay que recordar que, en 2020, 33 miembros de Wagner fueron detenidos en Bielorrusia durante una conexión aérea cuando se dirigían a una misión en el extranjero. Finalmente, tras la intervención del Gobierno ruso, los detenidos fueron puestos en libertad en un episodio confuso y en el que también se ha afirmado que Bielorrusia estaba, en realidad, impidiendo una operación de la inteligencia ucraniana para hacer aterrizar el avión en el que pretendían viajar los miembros de Wagner para proceder a su detención y juicio por su participación en la guerra en Donbass.

Por el momento, según las palabras de Lotus, Wagner ha dado vacaciones hasta principios de agosto a sus tropas. La cuestión sobre cuál será su papel en el futuro se resolverá a partir de agosto, cuando según las actuales informaciones debería ser perceptible el tamaño del contingente del ejército de Prigozhin en Bielorrusia y habrá pasado tiempo suficiente para observar también los cambios alrededor del imperio empresarial del dueño de Wagner. Por el momento, parece evidente que sus actividades mediáticas están siendo bloqueadas, aunque no necesariamente otras actividades. Rusia dejó claro desde el principio que los contratos de Wagner en países africanos son ajenos al Gobierno ruso, una forma de dar permiso a Wagner para continuar prestando servicios de seguridad en países como República Centroafricana o Mali donde suponen una forma de presencia rusa hasta ahora inexistente.

Las imágenes publicadas por la prensa rusa en los últimos días, unidas al bloqueo de actividades de Patriot Media, el brazo mediático de Prigozhin y base de su comunicación y propaganda, indicaban que el Gobierno ruso trata de desacreditar al dueño de Wagner, no necesariamente a la propia empresa, algo que se confirma con la reunión celebrada en el Kremlin, en la que, según la información disponible, se ha buscado la forma de que los soldados de la empresa continúen realizando labores al servicio del Estado ruso. Los actos del Estado ruso muestran también el intento de desvincular la imagen de Wagner de la de Prigozhin, cuyo control sobre los soldados busca reducir.

Evgeny Prigozhin ha basado su personaje público en presentarse como una persona alejada de las élites, un hombre dispuesto a servir personalmente a Vladimir Putin o a sus invitados de perfil más alto a pesar de no ser el camarero sino el empresario. Sus vídeos, utilizando un lenguaje vulgar y callejero muy alejado de las formalidades de la clase política, buscaban el mismo objetivo: presentarse como un hombre de la calle capaz de actuar contra la corrupción de las élites. En este sentido, Prigozhin buscaba, aunque desde el nacionalismo ruso, realizar un papel como el que ha jugado Alexey Navalny desde el liberalismo pro-occidental. Las imágenes publicadas la semana pasada por la prensa rusa rompen intencionadamente con esa imagen. Más allá de las fotografías de Prigozhin disfrazado con todo tipo de pelucas, la riqueza y ostentación de su mansión de San Petersburgo chocan con la idea del hombre que quiere luchar contra la corrupción. Puede que esas imágenes pesen más sobre la credibilidad de Prigozhin ante la población que sus soldados avanzando para amenazar la capital rusa. Sin embargo, las carencias del Estado ruso y la necesidad de preservar a las tropas de Wagner como unidad, no solo como soldados individuales, dificulta que incluso Prigozhin, que lideró un motín armado, sea apartado como figura principal al frente de todo un entramado de empresas militares o paramilitares que, molestas o no para el Estado o parte de él, siguen siendo necesarias para los intereses del Kremlin.

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