Entrada actual
Donbass, DPR, Ucrania

La importancia de Kiril Budanov

La reciente redada en la región rusa de Belgorod, que tanto ha entusiasmado a radicales ucranianos y prensa occidental pese a estar protagonizada por todo tipo de personas procedentes de sectores clandestinos vinculados a ideologías neonazis, fascistas o supremacistas, ha vuelto a poner de manifiesto el creciente peso del Directorio Principal de Inteligencia Militar (GUR) del Ministerio de Defensa de Ucrania. Como uno de los dos grandes servicios de inteligencia, y muchas veces en abierta rivalidad con el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), durante años vinculado a Arsen Avakov, el Directorio dirigido por Kiril Budanov ha ido ganando protagonismo en el frente informativo a medida que su presencia se hace sentir en la retaguardia del frente militar.

Por el momento, Kiev se mantiene firme en su discurso oficial y se desmarca o niega ciertas operaciones y su vinculación a ellas, aunque al mismo tiempo no duda en celebrar sus éxitos, reales o imaginarios, y utilizarlos como parte de su propaganda. En el caso de las acciones producidas en la retaguardia rusa en los territorios ucranianos, Crimea o Donbass, Ucrania se limita a hablar de partisanos ucranianos, mientras que las redadas en la Federación Rusa corren a cargo de grupos clandestinos rusos contrarios al Kremlin o partisanos rusos. La única duda real es si los ataques en los territorios ucranianos son obra del SBU o GUR. En el caso de las acciones en Rusia, la organización y dirección del GUR es cada vez más clara. Tras la última gran operación en Belgorod, solo algunos medios como Financial Times admitían parcialmente la participación de la inteligencia militar ucraniana en los hechos. “Un oficial de inteligencia militar ucraniano admitió en martes cooperar con los grupos que están detrás de la redada: el Cuerpo de Voluntarios Rusos y la Legión de Rusia Libre, que han reivindicado la incursión en Belgorod y una serie de incidentes similares que se han producido en primavera”, escribía el medio.

Aunque Kiev mantiene su discurso oficial y siempre ha intentado mantener la distancia entre las estructuras oficiales y actos como las explosiones en infraestructuras rusas, asesinatos selectivos en los territorios ucranianos bajo control ruso o en la propia Federación Rusa, la participación de la inteligencia militar y el liderazgo en esos planes de Kiril Budanov se ha ido haciendo cada vez más evidente incluso para quienes estaban interesados en mantener una imagen impoluta del Gobierno ucraniano. “El mayor-general Kiril Budanov es un antiguo oficial de los Spetsnaz ucranianos que resultó herido tres veces luchando en Donbass. Zelensky parece haberle dado vía libre para causar problemas en Rusia, para atormentar al Kremlin y para hacer que los rusos corrientes teman que la guerra vaya a llegar a su puerta”, escribió en The Times Mark Galeotti, que citando fuentes de inteligencia, da por hecha la participación del GUR y de Budanov como organizador en todo tipo de ataques en Rusia.

Galeotti menciona, por ejemplo, el asesinato de Vladlen Tatarsky, a quien califica de bloguero ultranacionalista, olvidando, como es habitual, que era natural de Makeevka, Ucrania, y no de Rusia. al igual que en ese caso, en el que la mujer que entregó a Tatarsky la figura cargada de explosivos que minutos después acabaría con su vida en un acto público, la versión de The Times sobre el ataque el puente de Kerch pasa también por el uso interesado de personas que no eran conscientes del acto que iban a cometer. Según Galeotti, en un ataque organizado por el GUR ucraniano, el puente que une la Rusia continental con Crimea fue atacado por medio de un camión bomba que no solo causó serios daños en el puente, sino que mató también al propio conductor, que nunca fue consciente de la carga que transportaba. Un asesinato justificado para intentar obstaculizar el suministro de las tropas rusas fundamentalmente a través de la conexión ferroviaria, que resultó más dañada que las carreteras, que se reabrieron parcialmente apenas unas horas después del atentado.

El GUR, calificado por la fuente de la inteligencia británica citada por The Times como “un Mossad ucraniano” estuvo también detrás de los explosivos que han hecho descarrilar varios trenes de carga, principal vía de suministro de las tropas de la Federación Rusa, en la región de Briansk y del ataque con drones contra el Kremlin apenas dos días antes del desfile del 9 de mayo. Sobre ese ataque, que claramente buscaba atemorizar a Rusia y obligarle a cancelar el acto público más importante del año, Galeotti comenta que probablemente fuera “lanzado por los oficiales del GUR en territorio ruso o guiado por agentes con una línea de visión al objetivo. Estos parecen ser responsabilidad de Bratstvo, una unidad de élite de los Spetsnaz”. Este comentario de Galeotti confirma algo que los medios de comunicación y expertos en la guerra no han querido ver, pero que hace meses que resulta evidente: el batallón de Korchinsky, un ultranacionalista con una fijación religiosa y vínculos desde hace décadas con la inteligencia ucraniana, muchas veces considerado marginal, está actuando como parte de las fuerzas especiales de Ucrania en acciones de gran importancia para el Estado ucraniano y su propaganda.

Durante años, Korchinsky se destacó por sus declaraciones de odio contra la población de Donbass, a la que se mostró partidario tanto de masacrar como internar en campos de concentración. Por aquel entonces, el líder de Bratstvo era calificado de anécdota, un verso libre que de ninguna manera representaba el punto de vista del Estado. En realidad, la visión de Korchinsky y su batallón, aunque verbalmente más radical y abierta sobre los objetivos, siempre fue coherente con la actuación del Estado. Lo mismo se repite ahora, cuando todo ese odio que durante ocho años se ha dirigido a la población de Donbass, se dirige a toda la población rusa, entre la que se encuentra también aquella que, pese a residir en territorios que Ucrania considera propios, se siente nacional o culturalmente rusa.

Una estrella emergente en esta guerra y con manifiestas aspiraciones políticas que preocupan incluso a los aliados de Ucrania, como Galeotti muestra en su artículo, la opinión de Kiril Budanov también es coherente con la mano dura y reeducación que exigía Korchisnky para la población de Donbass.

Respondiendo a una pregunta sobre la futura victoria, Budanov respondió, en referencia a la población de Crimea, “nos espera una época extremadamente difícil, un periodo de varios años para reintegrar nuestros territorios. Porque, perdone, pero vamos a recibir de vuelta a 3 millones de habitantes que han estado viviendo 9 años bajo influencia de la propaganda rusa. Esas personas tienen una visión del mundo completamente diferente”. El rechazo al Gobierno de Ucrania, cuya llegada al poder fue percibida como un golpe de estado que planeaba imponer una visión nacionalista del país como efectivamente ha ocurrido, no se debe, según el discurso oficial ucraniano, a motivos racionales, a la guerra en Donbass, al bloqueo económico o al castigo colectivo de la construcción de una presa para impedir el paso del agua del Dniéper al canal del norte de Crimea. Todo se debe únicamente a la propaganda rusa y, por lo tanto, la solución no es el diálogo ni la comprensión, sino la mano dura, la reeducación, la prohibición de medios de comunicación rusos y, como añadió Mijailo Podolyak, el rechazo a toda posibilidad de autonomía en favor de un Estado unitario y centralista. La guerra no es para Ucrania solo un objetivo militar en busca de una victoria en el frente, sino una lucha en la que ha de imponerse por la fuerza contra Rusia y contra una parte de la población que, en ciertas regiones, es mayoritaria. En esa labor, el audaz Budanov, dispuesto a asesinar y extorsionar en el frente y en la retaguardia, no podía haber encontrado un mejor aliado que el ultranacionalista Korchinsky, que como el líder del GUR también está dispuesto a “cruzar muchas líneas rojas”.

Omnipresente en los medios durante meses, Kiril Budanov desapareció repentinamente de los medios a finales de mayo. Su última aparición estelar fue para asegurar a Rusia que Ucrania se vengaría del último ataque con misiles, que había causado víctimas mortales. En ese momento, el último ataque a Belgorod no solo estaba en marcha, sino que Kiev y sus medios afines afirmaban controlar parte del territorio. Horas después, Ucrania insistía en su exigencia a la población de no publicar el resultado de los ataques rusos. Aunque el razonamiento era no dar información al enemigo, los daños causados dejaban claro que el motivo real era ocultar los resultados de ataques conta infraestructuras tan importantes como la sede del GUR. Kiril Budanov no ha sido visto desde entonces y al igual que con la desaparición mediática de Zaluzhny, la especulación no h tardado en aparecer. Esta semana, fuentes rusas alegaban que el director del GUR resultó herido en el ataque, algo que Ucrania niega alegando simplemente que Budanov tiene “mucho trabajo y poco tiempo libre”. Así se manifestó Andriy Yusov, que intentó restar importancia a la larga ausencia de su jefe, al que parece haber sustituido precisamente en uno de los aspectos más importantes de su trabajo: el de la propaganda mediática como arma de guerra psicológica.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Últimos resúmenes del frente

Estadísticas del Blog

  • 2.519.346 hits