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Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

Chantajes

Una vez más, un oficial ucraniano, en esta ocasión Volodymyr Zelensky, ha manifestado públicamente que las Fuerzas Armadas de Ucrania están preparadas para la anunciada ofensiva de primavera, tantas veces retrasada que se ha convertido ya en ofensiva de verano. Oleksiy Reznikov, ministro de Defensa, y Oleksiy Danilov, presidente del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, habrían afirmado ya que la preparación ha concluido y que resta únicamente la orden del presidente. Danilov añadió que era preciso esperar a la mejora de las condiciones del suelo, aún húmedo tras las lluvias de primavera, una circunstancia resuelta hace ya tiempo. Más intrépido en sus mensajes públicos, Mijailo Podolyak ha escrito ya en varias ocasiones que la ofensiva ya ha comenzado. De ella formarían parte los ataques ucranianos en la región de Belgorod, aunque el discurso del asesor de la Oficina del Presidente compagina esa sugerencia con la afirmación de que Ucrania nada tiene que ver con los ataques transfronterizos, banderas falsas del Kremlin.

Mientras el discurso ucraniano se ha mantenido en la seguridad de la victoria, hace meses que el occidental ha comenzado a matizar su entusiasmo y, sobre todo, su triunfalismo. Zelensky ha adaptado su discurso vinculando la victoria al suministro de armas occidentales. En su última entrevista, el presidente ucraniano ha insistido en esa idea repitiendo nuevamente el riesgo de sufrir grandes bajas, un argumento que ya utilizó hace varias semanas para justificar un nuevo retraso del inicio del ataque ucraniano. Desde entonces, la tendencia occidental al flujo continuo de financiación para la guerra se ha sumado a los evidentes movimientos ucranianos en diferentes frentes y los ataques en la retaguardia. Se han producido explosiones en Melitopol, Mariupol o Berdyasnk y Ucrania ha realizado ya varias operaciones en la región de Belgorod a cargo de los habituales partisanos rusos del Directorio General de Inteligencia Militar del Ministerio de Defensa de Ucrania.

La primera de las dos aventuras que se produjeron la semana pasada, pareció no pasar de su fase inicial y la avanzadilla del grupo fue eliminada por las autoridades rusas. No hubo en esta ocasión un retorno épico registrado por la prensa, que pudo escuchar de primera mano de uno de los principales líderes que no considera el término neonazi como un insulto. Incapaces de infiltrarse en la región de Belgorod, los militares ucranianos recurrieron a la táctica utilizada por los batallones nacionalistas en Donbass en verano de 2014: el ataque a civiles y el bombardeo de artillería de localidades sin presencia militar. Estos días ha podido verse tanto la imagen del comando ucraniano caído como de los edificios de pisos ardiendo a causa del impacto de los proyectiles ucranianos. El evidente fracaso no impidió que la cuenta de Twitter de la Legión Rusa se jactara de sus grandes aunque imaginarios éxitos y de cómo los soldados rusos en Belgorod “como era de esperar” desertaban en masa y se unían a la Legión. El grupo no explicaba por qué, en ese caso, no había podido infiltrarse en la región.

Las imágenes de un barrio residencial ardiendo a causa de un bombardeo tampoco han impedido que Ucrania se jacte de no atacar áreas civiles. “Mientras el Cuerpo de Voluntarios Rusos tiene la protección de sus compatriotas como prioridad, chequeando cuidadosamente cada paso y acción, las tropas de Putin no se apiadan de sus propios civiles. De ninguna manera”, escribió Mijailo Podolyak reflejando una realidad que existe únicamente en su imaginación. Y llevando su soberbia al extremo, el asesor de la Oficina del Presidente ofreció abrir “corredores humanitarios” para la población de Belgorod, la misma a la que las tropas ucranianas continúan bombardeando y realizan en las últimas horas un nuevo intento de infiltración. Después de redadas amenazantes, ataques con pequeños grupos y bombardeos de artillería contra aldeas fronterizas civiles, Ucrania parece encaminarse ya a la idea de tomar rehenes, uno de los planes de Budanov a los que ya apuntó una filtración del Pentágono publicada por The Wall Stret Journal.

Como para Podolyak, para Zelensky la solución a todos los problemas es clara. En su entrevista con The Wall Street Journal, el presidente ucraniano se mostró consciente de que las bajas entre sus tropas serán elevadas en el momento en el que comience la ofensiva. Sin embargo, todo puede evitarse si Ucrania recibe el armamento que exige. “Cualquiera es consciente de que cualquier contraofensiva sin superioridad aérea es muy peligrosa”, afirmó dejando claro cuál es el deseo de Kiev. El argumento, que Zelensky ha utilizado ya en el pasado, no deja de ser una forma de chantaje a sus socios, deseosos de ver el inicio de la ofensiva ucraniana, en la que han puesto sus esperanzas para posteriormente obligar a Rusia a una resolución humillante. El razonamiento del presidente ucraniano es, además, manipulador, ya que el problema de la superioridad aérea de Rusia que ahora denuncia no va a solucionarse este verano por medio de la entrega de F16, cuya llegada se demoraría durante semanas, incluso algunos meses, una vez consumada la promesa estadounidense. El chantaje no es solo cosa de grupos como RDK.

De campaña para lograr apoyos para su candidatura a la Secretaría General de la OTAN, el ministro de Defensa del Reino Unido, Ben Wallace, se ha manifestado en términos similares a los de Zelensky. Hace unos días, un artículo publicado por The Wall Street Journal comentaba las diferencias existentes en la postura de los socios occidentales de Ucrania y mencionaba específicamente la postura mucho más beligerante de Londres en comparación con Washington. Las palabras de Wallace son muestra de estas diferencias. Mientras representantes del Pentágono han insistido desde que comenzó a plantearse la ofensiva ucraniana en que las posibilidades de Kiev de recuperar Crimea son escasas, en una entrevista concedida a The Washington Post, el ministro británico mostró un discurso mucho más alineado con la narrativa de Kiev.

“Lo que hemos visto en el campo de batalla es que, si golpeas a las fuerzas rusas en el lugar preciso, realmente se colapsarán”, afirmó para alegar que es “una posibilidad real” para Ucrania recuperar militarmente Crimea. Para ello, Wallace se basa en un argumento también habitualmente repetido por las autoridades políticas de Kiev, a quienes parece no importarles que incluso sus autoridades políticas lo hayan desmentido en relación, por ejemplo, a la batalla por Artyomovsk. “Puedes enviar a decenas de miles de jóvenes a morir, que es lo que ellos hacen, pero no puedes mágicamente producir los tanques y sistemas armamentísticos que necesitan”, afirmó cayendo nuevamente en otro de los lugares comunes de esta guerra: que Rusia está a punto de quedarse sin recursos para luchar.

En guerra, el discurso y la realidad no tienen por qué coincidir. No hace falta acudir a la propaganda rusa para ser consciente del inmenso coste de personal que la batalla por Artyomovsk ha tenido también para Ucrania, que aún no ha admitido la pérdida de la ciudad y en cuya lucha ha actuado exactamente de la forma en la que Wallace afirma que actuó Rusia. El propio desarrollo de la guerra es suficiente para observar que el argumento de Wallace de la falta de armamento tampoco se sostiene. Es más, pese a que desde marzo de 2022 comenzó a hablarse de la escasez de misiles en el arsenal ruso, los ataques han aumentado notablemente ahora que los preparativos ucranianos para la ofensiva parecen encontrarse en su fase final. Y tampoco hay que acudir a medios rusos para conocer que, a pesar de los daños que están causando las sanciones occidentales en algunos sectores de economía rusa, las medidas coercitivas no han supuesto el colapso económico que buscaban ni han impedido la capacidad de continuar la guerra. Según un artículo publicado este fin de semana por The Economist, un medio difícilmente prorruso, Rusia ha empleado un 3% de su PIB en el coste de la guerra, un porcentaje superior al 2,3% que supuso la guerra de Vietnam para Estados Unidos, pero que no va a impedir que Rusia tenga la opción de prepararse para una guerra larga.

Frente a Rusia, que dispone de una importante industria militar que ha sido capaz de surtir a las tropas, Ucrania depende de sus aliados para reponer, sustituir y mantener el grueso del armamento que hace posible que su ejército continúe luchando. En los primeros meses de la guerra ruso-ucraniana, Occidente repitió hasta la saciedad el argumento de que Moscú no sería capaz de luchar en una guerra larga. Este razonamiento se basaba tanto en el argumento económico como en el militar: los países de la OTAN esperaban un mayor colapso de la economía rusa que no se ha producido, mientras que el país ha logrado, por el momento, mantener la producción militar para garantizar el armamento necesario. Es más, el problema de Rusia en los meses iniciales fue de falta de efectivos, no de armas. En cualquier caso, la idea de que una guerra larga favorece a Ucrania ha desaparecido ya del discurso de Occidente, que como el sábado afirmó Josep Borrell, busca mantener el flujo de suministro de armas para evitar una victoria rápida de Rusia. Parafraseando a Ben Wallace, Ucrania no puede mágicamente producir los tanques y sistemas armamentísticos que precisan sus soldados. De ahí que los socios de Kiev deban mantener muy alto o incluso elevar el gasto militar para garantizar que su ejército proxy pueda seguir luchando.

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