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Donbass, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Negociaciones e intercambios

Con aún más tensión que hace unos días, Estados Unidos, Rusia y Ucrania se han reunido esta semana en Abu Dabi para continuar las negociaciones trilaterales con las que Washington aspira a conseguir finalmente encarrillar el proceso de paz hacia un alto el fuego. El encuentro se produjo apenas unas horas después de que Rusia diera por concluida una tregua que Ucrania exigía que se prolongara hasta el viernes. Las imágenes de los pisos de Kiev con temperaturas bajo cero en su interior y las dificultades de las autoridades para paliar los daños acumulados en las infraestructuras energéticas hacen que la situación sea tan extrema para la población civil que, como afirma esta semana The New York Times, “por la paz, más ucranianos se plantean lo que antes era impensable: ceder territorio”. El medio recoge los resultados de una encuesta realizada por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev, que afirma que un 40% de la población estaría dispuesta a aceptar las exigencias territoriales rusas de ceder todo Donbass a cambio de la paz. Aunque la población ucraniana residente en las partes del territorio bajo control de Kiev sigue rechazando mayoritariamente la cesión de Donbass a cambio de paz y garantías de seguridad, el porcentaje de quienes estarían dispuestos a cruzar esa línea roja rompe el discurso de unidad de Zelensky, que insiste en que congelar el frente sería ya una concesión importante por parte de Ucrania.

El presidente ucraniano parece no querer entender que mantener la línea del frente no sería una concesión, sino el reflejo del resultado de la guerra, en la que, tras cuatro años de suministro militar y financiero constante –Radek Sikorski ha mencionado la cifra de 200.000 millones de euros invertidos en la guerra en este tiempo-, no ha sido capaz de recuperar el territorio perdido. Obligar a Moscú a aceptar aquello que lleva años intentado evitar, la presencia de la OTAN en Ucrania y el uso del país como herramienta política y militar contra Rusia, puede lograrse de dos maneras: ofreciendo al Kremlin algo que compense lo que solo puede considerarse una derrota en el aspecto de seguridad de esta guerra o, por la vía europea y ucraniana de presionar hasta que la economía colapse.  

El final de la tregua parcial ha servido a Zelensky como argumento en esa dirección y el presidente ucraniano ha apelado a Donald Trump a obligar a Rusia a detener de nuevo los ataques. “Rusia solo teme a Estados Unidos”, ha insistido el presidente ucraniano en su apelación a Donald Trump a aplicar la paz por medio de la fuerza mostrándose como el hombre duro que le gusta ser. Sin embargo, en lugar de un anuncio de más sanciones contra Rusia, las palabras del siempre imprevisible presidente de Estados Unidos dieron la razón a la Federación Rusa. La tregua parcial debía cumplirse de domingo a domingo y no se produjeron esos días ataques contra las infraestructuras energéticas ucranianas, por lo que Trump decidió apuntarse un tanto, proclamar un éxito e ignorar las súplicas de Zelensky. La población de Ucrania sigue padeciendo frío sin que sus autoridades puedan hacer más que paliar ligeramente los daños hasta un nuevo ataque, mientras se repiten los comunicados vacíos de Rusia, Ucrania y Estados Unidos destacando lo constructivo del ambiente y los progresos.

Durante dos días, representantes fundamentalmente militares y de seguridad han negociado con la mediación de Steve Witkoff y Jared Kushner cuestiones que, como hace unos días, aún no han trascendido. El pacto de evitar filtraciones y mantener las negociaciones privadas está cumpliéndose y la única información disponible es la escasa que han publicado los tres bandos participantes. “Hoy, delegaciones de Estados Unidos, Ucrania y Rusia acordaron intercambiar 314 prisioneros, el primer intercambio de este tipo en cinco meses”, escribió ayer Steve Witkoff para anunciar el principal resultado de este segundo encuentro Rusia-Ucrania desde que Donald Trump convocara las negociaciones bilaterales.

“Es una gran alegría para cientos de familias ucranianas que finalmente podrán abrazar nuevamente a sus seres queridos. Estoy agradecido a todos los que trabajan cada día para traer a nuestra gente a casa. Ucrania recuperará a cada uno de su pueblo”, se congratuló la primera ministra de Ucrania Yulia Svyrydenko. No volverán, al menos con vida, los 55.000 soldados ucranianos que Zelensky afirmó el miércoles que han caído en la guerra, unas cifras absolutamente inverosímiles. Solo en 2025, Rusia devolvió a Ucrania 14.800 cuerpos de soldados ucranianos caídos en el frente y que habían quedado en territorio bajo su control. Este último mes, Moscú ha entregado otros mil cuerpos. El 8 de diciembre de 2024, Zelensky cifró en 43.000 los soldados ucranianos muertos en la guerra hasta entonces.

Como explicó el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski, con una metodología mucho menos exhaustiva que el estudio de bajas rusas que realiza Mediazona, ciñéndose únicamente al conteo de los obituarios publicados en la prensa, UAlosses ha cifrado en 92.330 los soldados ucranianos muertos en la guerra, un dato incompleto teniendo en cuenta los 186.025 soldados que el medio cifra como desaparecidos. Mediazona y la BBC han identificado 168.142 soldados rusos muertos en la guerra de Ucrania. Los datos, siempre incompletos y susceptibles a ser manipulados u ocultados, como ha ocurrido durante todo este tiempo con la negativa de los medios a presionar a Zelensky a dar un dato mínimamente realista, catastróficas bajas que la demografía de ninguno de los dos países puede permitirse se están acumulando en esta guerra en la que los avances negociadores siguen siendo limitados.

“Este resultado”, escribió WItkoff en referencia al intercambio que se produjo ayer y el pacto para otro posterior, “se logró mediante conversaciones de paz detalladas y productivas. Si bien aún queda mucho trabajo por hacer, pasos como este demuestran que la colaboración diplomática sostenida está dando resultados tangibles e impulsando los esfuerzos para poner fin a la guerra en Ucrania. Las conversaciones continuarán y se prevén avances adicionales en las próximas semanas. Agradecemos a los Emiratos Árabes Unidos por acoger estas conversaciones y al presidente Donald J. Trump por su liderazgo para hacer posible este acuerdo”. Ucrania, por su parte, además del intercambio de prisioneros, destacó añadiendo el compromiso de otra futura reunión, un resultado que recuerda a los comunicados posteriores a las reuniones del formato de Minsk, en el que los medios y comentaristas independientes se mofaban de que Ucrania, Donetsk y Lugansk pactaban siempre seguir negociando.

Aunque la continuación de las negociaciones es, en sí, algo positivo, las principales noticias sobre diálogo entre partes encontradas se han producido estos días lejos de Abu Dabi. Ayer expiró el último de los tratados de reducción de armamento nuclear de la Guerra Fría que aún estaba vigente. Pese a las ofertas de Rusia, que no quiere verse inmersa en una carrera armamentística que no puede permitirse, Estados Unidos no ha hecho ningún esfuerzo por pactar una prórroga al nuevo START. Sin embargo, en las primeras horas después de la caída del tratado, Rusia y Estados Unidos no solo se han comprometido a seguir cumpliendo sus compromisos, sino que han anunciado la reanudación de los contactos entre las autoridades militares de los dos países, interrumpidas en 2021 en vísperas de la invasión de Ucrania. Las relaciones políticas –aunque, como ha denunciado Sergey Lavrov, no las económicas, ya que Washington continúa imponiendo medidas coercitivas contra las empresas rusas- entre los dos países han mejorado, con lo que este paso es menos sorprendente que la llegada a Moscú de Emmanuel Bonne, uno de los principales asesores de política exterior de Emmanuel Macron. Vista con cierto recelo, la visita del representante del presidente francés, el último dirigente que en 2022 llegó a Moscú con la intención de tratar de evitar la guerra, es un signo de que los países europeos comienzan a comprender que no pueden limitarse a la opción militar y a negar cualquier posibilidad de diplomacia y quedar a merced de cuál es el resultado de las negociaciones Rusia-Estados Unidos.

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