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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Oriente Medio, Rusia, Siria, Ucrania

Parada en Damasco

La nueva fase del actual enfrentamiento geopolítico global, en el que diferentes potencias se enfrentan directamente a por proxy a otras en busca de la hegemonía regional, ha abierto una nueva puerta a Ucrania, que ha aceptado el reto de conseguir insertarse en cada conflicto y hacerlo siempre en el lado correcto de la historia y como salvadora. Dependiendo de las necesidades del elaborado guion ucraniano, Zelensky dirige su diplomacia hacia zonas concretas. En los tiempos en los que existía el peligro de un avance en las negociaciones con Rusia en busca de una paz que no iba a ser del gusto de Kiev, que aspira a mantener abierta la puerta tanto a la adhesión a la OTAN como a recuperar su integridad territorial según las fronteras de 1991, Ucrania se centró en su trabajo norteamericano. Cuando lo que se precisaba era obtener miles de millones con los que continuar financiando la guerra durante dos años más, Zelensky realizó viajes semanales a los países europeos. Y ahora que la atención mundial está en Oriente Medio, el presidente ucraniano quiere ser el primer jefe de Estado en pisar los países atacados por Irán. Como la Unión Europea y Estados Unidos, Ucrania ha borrado el ataque estadounidense e israelí, la guerra del pasado junio, las dos falsas negociaciones que no eran más que una tapadera para ocultar los preparativos de guerra o la ruptura unilateral del acuerdo nuclear y se ha centrado únicamente en presentar a Irán como la parte agresora.

Kiev sigue a rajatabla esa imagen de Irán que cumple en Oriente Medio el papel de la Federación Rusa, un Estado demonizado durante décadas y del que cualquier noticia negativa, por exagerada que sea, puede resultar creíble. Como Rusia en Europa, Irán es, para Occidente y sus proxis, el motivo de cualquier inestabilidad. Irán no puede ser atacado, sino su pueblo liberado, aunque sea de la vida, de su economía, de su industria o de sus universidades. Ayer, bajo la mediación de Asim Munir, se produjo un nuevo intento de evitar una incluso mayor escalada en la guerra de Estados Unidos contra Irán. El líder militar pakistaní presentó a las partes un acuerdo de alto el fuego, reapertura de Ormuz y promesa de negociación de un final definitivo a la guerra con el levantamiento de sanciones que en Irán resultó escaso, una especie de acuerdo de Minsk aplicado a Oriente Medio. Interesado por motivos internos en evitar una nueva escalada y con la baza de su privilegiada posición geopolítica en la red de alianzas regional, Pakistán ha emergido como un interlocutor entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, pese a haber sufrido golpes durísimos que minarán su economía durante años, Irán no ha sido estratégicamente derrotado, por lo que no puede permitirse un alto el fuego en el que entregue su principal carta -el estrecho de Ormuz- sin que se garantice el final de la guerra y el levantamiento de las sanciones. El ultimátum persiste, la amenaza de bombardeos aún más masivos aumenta y el número de países con capacidad de mediación se reduce.

Mientras capitales como Islamabad emplean noches enteras mediando entre JD Vance y Abbas Araghchi para conseguir detener una guerra que está causando graves daños personales y materiales en Irán y problemas económicos a nivel internacional, la postura de Ucrania, un país que ha hecho de su resistencia a una agresión su carta de presentación, se centra en continuar con la deshumanización de la población persa. “Tuvimos relaciones difíciles con Irán. No les hicimos nada. Derribaron nuestro avión, mataron a nuestros pasajeros y tripulación, no lo admitieron y no permitieron la entrada de expertos. Entonces estalló la guerra a gran escala. Entregaron drones Shahed a los rusos para matar a nuestros civiles. Les pedí que pararan. Prometieron que solo habría un lote. Mintieron y siguieron suministrando armas. Por eso los considero cómplices de Rusia”, afirmó la semana pasada Volodymyr Zelensky en referencia a Irán. El presidente ucraniano no solo miente al insistir en que Teherán no reconoció el derribo del avión ucraniano, sino que omite el contexto de error humano admitido por quien dio la orden de disparar en el que se produjo. Estados Unidos había asesinado al líder de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimani, Irán había derribado un dron estadounidense y la retórica belicista se llenaba de amenazas contra el país persa, que, de forma que puede calificarse de incomprensible o imperdonable, confundió una aeronave civil con una militar.

Desde luego, los comentarios que estas semanas ha realizado Zelensky sobre la población iraní no llegan al nivel de los de Donald Trump, que ayer alegó que “la población iraní, cuando no oyen bombas, se enfadan. Quieren escuchar bombas”. Sin embargo, no ha habido la más mínima muestra de compasión desde las autoridades del Estado ucraniano hacia un pueblo agredido por dos potencias nucleares por segunda vez en menos de un año en una guerra en la que Estados Unidos e Israel están haciendo todo lo posible por destruir su viabilidad como Estado. Kiev, que lleva cuatro años -si no doce- alegando que Rusia trata de destruir el Estado y la nación ucraniana, no es capaz de ver en esta guerra de agresión mucho más asimétrica que la que lucha Ucrania, que ha contado con centenares de miles de millones de dólares en asistencia militar, financiera y humanitaria, un intento de provocar un colapso de régimen.

A pesar de haber recibido llamadas de sus aliados a detener sus ataques, Ucrania continúa bombardeando las infraestructuras de exportación de gas y petróleo de la Federación Rusa, así como su industria química, que produce algunos de los fertilizantes necesarios para compensar la pérdida de exportaciones de Oriente Medio. Y pese a proclamar que desea un paz rápida en Irán -no precisamente por el bienestar del pueblo iraní, que ni siquiera es un factor, sino por el interés propio y por el temor a caer aún más en la lista de prioridades de Donald Trump a la hora de enviar misiles Patriot-, Zelensky trata de hacer negocio con la guerra vendiendo unos interceptores que solo serán útiles en caso de continuación de las hostilidades. Ucrania, que actualmente está ejerciendo una labor de actor disruptor en las relaciones internacionales, tratando de empeorar la crisis energética y apoyando abiertamente una guerra de agresión, ha buscado especialmente reunirse con aquellos países que más fuerza están haciendo para exigir a Estados Unidos que lleve la guerra contra Irán hasta el final. Entre ellos están Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que con las bases en su territorio hacen posible que Estados Unidos pueda disparar misiles tierra-tierra contra Irán, convirtiéndose en parte activa de la guerra.

A otro nivel, pero también sin renegar de su papel, la nueva Siria actúa como facilitadora, en este caso, de la agresión israelí. Hace unos días, Volodymyr Zelensky, que siempre ha aspirado a que Ucrania cumpla en Europa el papel que Israel cumple para Estados Unidos en Oriente Medio, se quejaba de la escasa atención que recibía de Benjamin Netanyahu, con el que afirmaba no haber hablado en un año y medio. Pese a sus intentos, Israel no parece haber realizado ningún movimiento para adquirir interceptores ucranianos ni desea una operación de relaciones públicas junto al presidente ucraniano. Israel, alega Zelensky, trata de equilibrar su relación con Estados Unidos y su posición en Oriente Medio con su relación con Rusia, de ahí que Ucrania quede en un segundo plano. El presidente ucraniano parece no haber notado los bombardeos israelíes contra la central de Bushehr, en la que operan centenares de trabajadores rusos, ni tampoco se le pasa por la cabeza que el posicionamiento ideológico ucraniano -especialmente en términos de enaltecimiento del fascismo que colaboró con los nazis en el Holocausto- y no esa relación con Rusia sea el motivo por el que Ucrania no es de especial interés para Israel. La mala relación entre Zelensky y Trump hace del presidente ucraniano un invitado escasamente útil para Netanyahu, cuyo ejército tampoco precisa de armas ucranianas, ya que dispone de la asistencia directa de Estados Unidos a la hora de derribar drones y misiles iraníes.

A falta de la deseada reunión con Netanyahu, el espectáculo itinerante de Zelensky pasó el domingo por Damasco. “Continuamos nuestra activa diplomacia ucraniana orientada a la cooperación económica y de seguridad real. Nos esperan importantes reuniones; se han preparado diversos formatos sustantivos. Toda nación y toda región merece una vida pacífica”, escribió el domingo por la noche Zelensky sobre su breve viaje para visitar al presidente al Sharaa, Abu Mohamed al Jolani, presidente de facto de Siria que está liderando el cambio de régimen que la OTAN y la UE exaltan como la esperanza de la democracia y Rusia acepta abiertamente para mantener sus bases navales en el territorio ignorando las matanzas de minorías y la rampante islamización. Zelensky llegó a Siria apadrinado por Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, en cuyo avión viajó el presidente ucraniano para una reunión en la que según Zelensky “se abarcaron todos los temas: desde cuestiones de seguridad y defensa y la situación en la región derivada de los acontecimientos en torno a Irán, hasta la cooperación en materia de energía e infraestructura entre nuestros países. Continuaremos trabajando en la seguridad alimentaria. Analizamos en detalle cómo superar las consecuencias de la guerra, así como el proceso de negociación relativo a la guerra de Rusia contra nuestro Estado y nuestro pueblo. Agradezco a todos los sirios que nos recibieron hoy. Ucrania fue uno de los primeros países en apoyar la reconstrucción de Siria tras la caída del régimen de Assad. Estamos dispuestos a seguir apoyando la estabilidad y el desarrollo. Colaboraremos aún más estrechamente para que nuestros pueblos y países se fortalezcan, y para que nuestras economías también crezcan. ¡Gracias!”.

“Acordamos colaborar para brindar mayor seguridad y más oportunidades de desarrollo a nuestras sociedades. Analizamos la situación en la región y las perspectivas para mejorarla. También abordamos las circunstancias de la guerra de Rusia contra Ucrania; agradezco el apoyo recibido. Existe un gran interés en intercambiar experiencias militares y de seguridad. Agradezco las palabras de respeto hacia nuestros pueblos. También abordamos el papel de Ucrania como proveedor confiable de productos alimenticios y analizamos oportunidades conjuntas para fortalecer la seguridad alimentaria en toda la región. Comprendemos perfectamente los desafíos energéticos y de infraestructura que enfrenta Siria actualmente. Estamos dispuestos a colaborar para ampliar las oportunidades tanto para nuestros países como para sus ciudadanos”, añadió Zelensky aunque, en realidad, a excepción quizá de algún acuerdo de exportación de grano ucraniano o el trabajo de lobby en busca de que Rusia sea expulsada de sus bases en Siria, es difícil ver en la reunión de estos dos líderes algo en común más allá de estar ejerciendo de proxis de Estados Unidos en sus respectivas regiones. Pero quizá esa sea la utilidad que Zelensky ha visto a Jolani, un hombre al que Donald Trump parece admirar y al que ha elogiado en el pasado. Aunque hasta hace no tanto tiempo fuera el líder de la filial de al-Qaeda en Siria. La geopolítica no tiene lugar para escrúpulos.

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