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Armas, Estados Unidos, Irán, Israel, Rusia, Ucrania, Zelensky

¿Culpa de Rusia?

“El año pasado, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron el Tratado de Asociación Estratégica Integral, por el que sus países se comprometían a oponerse a la injerencia de terceros en los asuntos internos y externos del otro. Moscú y Teherán celebraron el tratado como la culminación del estrechamiento de los lazos entre ambos regímenes”, recuerda un artículo publicado por Foreign Affairs y que, pese a tratar la cuestión de la relación Irán-Rusia, se centra en el momento actual sin dar el más mínimo contexto. Porque, pese a las constantes declaraciones de Volodymyr Zelensky, que ha construido de forma completamente artificial un eje del mal dirigido desde Moscú y formado por Irán y la República Popular de Corea, las relaciones entre los dos países han estado marcadas en las últimas décadas por la desconfianza y por un acercamiento coyuntural obligado por las circunstancias. Formada sobre la base de la resistencia a la hegemonía estadounidense, que había dirigido la política persa desde el golpe de estado que derrocó a Mossagegh y que hizo del shah Pahlavi el principal aliado regional de Israel, la República Islámica ha basado sus relaciones internacionales y económicas en ese aspecto central, el posicionamiento de los diferentes países hacia Estados Unidos.

Según se ha podido comprobar con la reciente desclasificación de papeles de la CIA, la postura de Vladimir Putin ante la posibilidad del desarrollo de una bomba nuclear iraní era similar a la de Estados Unidos y como ha reprochado estos años el exministro de Asuntos Exteriores Javad Zarif, como otros países del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Rusia aprobó -y cumplió- el embargo de armas y otras sanciones que minaron la economía iraní hasta los tiempos de Ahmedinejad, el expresidente que Israel quiso asesinar durante las primeras horas de la actual guerra, pero que sobrevivió al ataque. Al contrario que los países que ahora bombardean Irán o quienes apoyan implícitamente el ataque y reactivaron el pasado noviembre las sanciones automáticas previstas por el acuerdo nuclear de 2015 -roto unilateralmente por Estados Unidos en 2018-, Rusia acepta que el programa nuclear con aspiración armamentística cesó en 2003. Aquel año, desapareció el principal peligro del que Irán trataba de protegerse, el Irak de Sadam Husein, que había invadido Irán en los años 80, iniciando una guerra que se prolongó durante casi una década. Pese a que el objetivo de Estados Unidos coincidía con el de Irán, Teherán nunca fue favorable a una intervención que era consciente de que iba a causar una terrible inestabilidad en Oriente Medio. En cualquier caso, para entonces, Irán había sido incluido ya en el eje del mal original. Como ahora, esa inclusión era una construcción artificial de unas alianzas que no existían, pero que justificaban la hostilidad hacia Teherán.

Pocos años después, el general Wesley Clark mencionaría a Irán como culminación del proceso con el que Estados Unidos iba a tomar en cinco años -terminaron siendo más- siete países: Líbano, Irak, Siria, Somalia, Sudán, Libia e Irán. Washington nunca necesitó presión israelí para sostener en el tiempo su obsesión por destruir la República Islámica, no solo por su origen religioso, la traición de haber pasado de aliado a enemigo o la crisis de los rehenes, sino por ser un foco de oposición a la hegemonía estadounidense en la región. El enfrentamiento ha pasado por todo tipo de momentos de incremento o relajación de la tensión: el intento fallido de rescatar a los rehenes, las relaciones extraoficiales para tratar de liberar a rehenes estadounidenses capturados en Líbano, el escándalo Irán-Contra, la cooperación iraní en Afganistán tras el 11 de septiembre, el eje del mal, la invasión de Irak, el ascenso chií en Irak y la mayor influencia iraní en el país vecino, la guerra de Siria, el acuerdo nuclear y su ruptura para dar paso a la política de máxima presión con el objetivo del cambio o colapso del régimen.

En paralelo, la relación Teherán-Moscú ha seguido altibajos generalmente vinculados al estado de los contactos Rusia-Estados Unidos. El enfrentamiento Rusia-Occidente desde el inicio de las protestas de Maidan, incrementado con el tiempo por la anexión de Crimea, la guerra de Donbass, la intervención rusa en Siria, el apoyo político ruso a países como Venezuela o Cuba, el acercamiento progresivo a China -cuando las élites rusas, profundamente proeuropeas, no vieron más opción que mirar al este- y finalmente la invasión de Ucrania han obligado al Kremlin a adaptar su política exterior. Y de las reticencias de antaño, que hacían que un visado iraní en un pasaporte occidental provocara suspicacias en las fronteras rusas, Rusia ha pasado también a un acercamiento a Irán que ha sido más accidental que buscado. En 2022, cuando Moscú comprendió que su ejército se había quedado atrás en un aspecto tan importante como los drones, acudió a Irán, con quien ya había cooperado en Siria, en busca de una ayuda que resultó ser imprescindible. Los países sancionados tienden a unirse contra quienes los sancionan y la cooperación militar es una de las bases para llegar a una alianza política. Sin embargo, las aspiraciones rusas de vuelta a la normalidad anterior a la guerra limitan el alcance de la alianza Moscú-Teherán y Rusia no tardó mucho tiempo en precisar que el acuerdo estratégico firmado no implicaba la obligatoriedad de acudir en defensa del aliado en caso de agresión. Rusia lo recordó en junio de 2025 y lo ha ratificado ahora: el acuerdo no obliga tampoco a ofrecer asistencia militar mutua en caso de ataque.

“Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque contra Irán a finales de febrero —el segundo en solo ocho meses, tras la guerra de 12 días del verano pasado—, Rusia se mantuvo en gran medida al margen. Putin calificó el asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, como una «cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional», y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia pidió «una desescalada inmediata, el cese de las hostilidades y la reanudación de los procesos políticos y diplomáticos», pero ninguna de las dos declaraciones mencionó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ni planteó la posibilidad de que Rusia acudiera en defensa de Irán”, afirma Foreign Affairs, un ejemplo claro de la tendencia que afirma que, en la práctica, Moscú ha abandonado al que posiblemente sea su último aliado en Oriente Medio.

Este y otros artículos que destacan la debilidad rusa o la inoperancia de Moscú a la hora de apoyar a países que, en el pasado, le han brindado ayuda coinciden en el tiempo con otra tendencia que afirma lo contrario y que está en auge estos días. La semana pasada, los cazas israelíes bombardearon objetivos en el mar Caspio, una zona que solo puede ser relevante en caso de que los países agresores crean que Irán está recibiendo material militar por esa vía. Y aunque China es el cliente más importante del petróleo iraní y ha condenado la guerra en términos similares a los de Rusia, nadie, por ahora ha sugerido que Teherán pueda estar obteniendo asistencia militar o de inteligencia de Beijing.

“Rusia está enviando un cargamento de drones a Irán que incluye versiones mejoradas de la tecnología de drones que Teherán suministró originalmente a Moscú tras su invasión de Ucrania, según informaron esta semana a The Associated Press funcionarios estadounidenses y europeos”, afirma la agencia estadounidense, que añade que “Irán lleva más de un mes lanzando oleadas de drones contra Israel, sus vecinos del Golfo y bases estadounidenses en todo Oriente Medio, tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra el país. Aunque Irán cuenta con sus propias existencias de drones Shahed, Rusia ha introducido mejoras en el diseño durante la guerra en Ucrania, entre ellas la incorporación de mejores capacidades de navegación”.

“Oficiales rusos e iraníes han mantenido conversaciones «muy activas» este mes sobre la transferencia de drones de Rusia a Irán, según informó a AP el funcionario de inteligencia europeo. Un funcionario de Defensa estadounidense afirmó que no está claro si el envío es una entrega puntual o forma parte de una serie. Ninguno de los funcionarios pudo precisar la importancia de la entrega ni cuántos drones se enviaron. Otro funcionario europeo señaló que un número reducido de drones no tendría un impacto significativo en el resultado de la guerra”, prosigue el artículo, que da por hecha la asistencia militar rusa a Irán, es decir, que rechaza la tesis de que Moscú ha abandonado a su aliado, pero que resta relevancia a sus resultados. Esta postura es coherente con la mantenida por la Casa Blanca, que ha preferido no dar importancia a la pequeña asistencia que Trump sugirió que existe, admitiendo que Estados Unidos también ayuda “algo” a Ucrania. El algo estadounidense son más de 100.000 millones de euros en asistencia humanitaria, financiera y militar desde 2022 hasta 2025 y una colaboración de inteligencia de la que ha dejado de hablarse, pero que sin duda continúa.

Frente a las dos tendencias principales -Rusia ha abandonado a Irán o Rusia ofrece una ayuda insignificante-, las últimas horas han dado un giro de guion instigado por Volodymyr Zelensky. Especialmente interesado en hacer de estas dos guerras un conflicto único en el que el eje del mal liderado por Moscú trata de romper el orden internacional liderado por Estados Unidos para tomar el control de Europa, el presidente ucraniano ha culminado su gira por Oriente Medio con una exclusiva a la NBC. “Rusia tomó imágenes por satélite de una base aérea estadounidense en Arabia Saudí en tres ocasiones en los días previos al ataque de Irán contra las instalaciones, en el que resultaron heridos varios soldados estadounidenses, según un resumen de los servicios de inteligencia ucranianos facilitado a NBC News por el presidente Volodymyr Zelensky”, afirma el medio estadounidense dando por buena la información aportada por la inteligencia de un país en guerra y que es parte interesada en la difusión de la información. El episodio al que se refiere el artículo es un ataque iraní sobre una base militar estadounidense en Arabia Saudí, en la que Teherán posiblemente haya conseguido causar los mayores daños hasta ahora a la aviación norteamericana. “Un avión radar de alerta temprana crucial, utilizado para proporcionar a los comandantes una imagen en tiempo real de la guerra, fue destruido en un ataque iraní contra la base aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita el viernes”, explicaba The Telegraph en referencia a un E-3 Sentry, una pérdida especialmente sensible no solo por su coste (entre 300 y 500 millones según diferentes fuentes), sino por su escasez, apenas 17 en activo y sin repuesto posible, seis de ellos en Oriente Medio. El hecho de que el E-3 fuera alcanzado en una base militar que ya había recibido impactos de dones o misiles iraníes sugiere la escasez de opciones de Estados Unidos para proteger a sus activos más importantes y ha dado lugar a todo tipo de especulaciones.

“Considerando que el avión AWACS E-3 parece estar en la pista de rodaje de la base Príncipe Sultán, y la precisión con la que fue alcanzado en la zona de la cúpula del radar, me pregunto si Irán logró llevar a cabo su propia operación «Telaraña» con drones FPV pilotados a distancia (quizás utilizando la red de telefonía móvil saudí). Este ataque también requirió un alto nivel de inteligencia, vigilancia y reconocimiento por satélite que Irán probablemente no puede obtener por sí solo. ¿Y Rusia? En cualquier caso, esto no fue el resultado de un misil afortunado que esparció escombros”, escribió el corresponsal jefe de The Wall Street Journal Yaroslav Trofimov, viendo las cosas siempre a través del ángulo de que Rusia es culpable. De confirmarse el apoyo ruso, este supondría una forma de devolver el favor de 2022 y refutaría las tesis de abandono y de ayuda insustancial. La actuación rusa sería también un ojo por ojo a Estados Unidos por la asistencia que ha prestado a Ucrania estos años, especialmente los últimos meses, con los ataques contra las infraestructuras energéticas en la Federación Rusa, que habrían resultado imposibles sin la financiación europea, la inteligencia y el permiso de Estados Unidos.

Teniendo en cuenta el enfrentamiento abierto que mantienen Volodymyr Zelensky y Marco Rubio a través de los medios y la forma en la que Donald Trump ha insistido en que la ayuda ucraniana es la última que necesita Estados Unidos, la insistencia del presidente ucraniano en colocar en los medios la percepción de que el principal éxito militar iraní es, en realidad, una traición rusa es un elemento a tener en cuenta. “Sea cierto o no (es probable que Rusia proporcione a Irán satélites y otra información de inteligencia), las declaraciones de Zelensky pretenden humillar y presionar a Trump”, comentó el periodista estadounidense Mark Ames. El realismo es opcional en el discurso de la guerra, que no tiene escrúpulos en utilizar el sufrimiento humano para demonizar al enemigo y en el que la información de inteligencia puede manipularse y difundirse en busca de hacer el mayor daño posible al oponente o, en ocasiones, incluso al aliado. Lo que haga falta para consolidar la narrativa más útil en cada momento.

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