“En un solo mes de bombardeos en Irán, el mundo parece haberse olvidado de la guerra en Ucrania, donde las negociaciones de paz están estancadas y el ejército ruso aprovecha la confusión para lanzar su ofensiva primaveral”, escribía ayer la agencia EFE, mostrando un posicionamiento eurocéntrico que ignora que, para gran parte del planeta, el mundo no gira alrededor de Ucrania y que, incluso para las poblaciones de los países occidentales que participan indirectamente en el conflicto, la guerra de Ucrania hace varios años que no es una preocupación central. La agencia pública española inventa también una ofensiva de primavera rusa que solo existe en la propaganda ucraniana. Como cada primavera, la intensidad de la batalla aumenta en las defensas y los ataques de ambos bandos en el marco de una lucha que se libra en dos entornos: la guerra de desgaste de la primera línea del frente y los ataques aéreos mutuos, que a diario dejan bombardeos masivos y destrucción en infraestructuras. Mientras Rusia prosigue su campaña contra centrales de producción eléctrica, industria e infraestructuras portuarias, como ayer en Odessa, Ucrania se centra en las refinerías rusas -cinco han recibido impactos en una semana-, infraestructuras de exportación de gas y petróleo y fábricas de fertilizantes, unos objetivos directamente marcados por la situación en Oriente Medio.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no ha supuesto para Ucrania solo una preocupación, sino también una oportunidad. Kiev corre el riesgo de perder aún más protagonismo del que le han robado el paso del tiempo y el interés limitado de las sociedades occidentales y aumenta el temor a que las armas que Estados Unidos iba a destinar a su venta a los países europeos para que fueran enviadas a Ucrania sean desviadas a reponer los arsenales propios o sean enviadas a aliados más importantes. “Los Patriots están siendo redesplegados mientras Rusia continúa con su guerra en Ucrania, y algunos de los países europeos cercanos a Rusia se enfrentan a las consecuencias, incluidas las incursiones de drones rusos desde los Estados bálticos hasta Polonia y Rumanía. Las autoridades europeas afirman que Rusia está librando una guerra híbrida contra Europa, que incluye sabotajes y ciberataques”, afirma esta semana The Washington Post, el medio que publicó la noticia y que no explica qué tienen que ver los misiles de defensa aérea con la guerra híbrida que, en cualquier caso, no es unidireccional, sino que forma parte del enfrentamiento mutuo entre Rusia y Occidente. “Todo lo que sale de Europa es una capacidad que «no puede responder a Rusia» si Moscú decide aprovechar una oportunidad, afirmó el funcionario de Defensa estadounidense”, añade el artículo, volviendo a avivar el peligro de invasión rusa de otros países europeos. Esta tendencia no es exclusiva del establishment demócrata estadounidense, sino que es común a la clase política europea, preocupada por las circunstancias actuales. Las guerras de Ucrania y Oriente Medio “están muy interconectadas”, afirmó Kaja Kallas a su llegada a la cumbre del G7, con la habitual media sonrisa con la que se refiere a los conflictos internacionales.
El reparto de tareas entre Ucrania y sus aliados europeos no solo implica que Kiev ataque los intereses energéticos rusos mientras la UE insiste en que sería inaceptable reanudar las adquisiciones de petróleo, gas o fertilizantes de Rusia, sino también una doble actuación en relación a la adquisición de armas. Ayer, Zelensky continuó con su gira por Oriente Medio con un breve paso por dos países cuya postura ha sido muy diferente: Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Mientras Abu Dabi amenaza con unirse a la guerra -una amenaza vacía teniendo en cuenta que la única fortaleza de su posicionamiento militar es financiar proxis en el extranjero-, Qatar busca la forma de equilibrar su política para defender a Estados Unidos sin romper completamente su relación con Irán.
“Analizamos cuestiones que podrían fortalecer aún más la protección de la vida en ambos países y acordamos una colaboración mutuamente beneficiosa en el sector de la defensa durante al menos 10 años. Tras la reunión, nuestros Jefes del Estado Mayor firmaron un acuerdo que prevé proyectos conjuntos en la industria de la defensa, el establecimiento de instalaciones de coproducción y alianzas tecnológicas entre empresas”, escribió Zelensky sobre su reunión con el jeque al Thani. En su gira, Zelensky ha obtenido buenas palabras y firmas de documentos con escasos detalles y que no prometen nada en concreto. Es altamente improbable que las ricas monarquías vayan a otorgar a Ucrania su deseo de sacrificar sus arsenales de misiles Patriot a cambio de los interceptores ucranianos, especialmente si hay algo de cierto en las alegaciones de estos últimos días de que Rusia estaría compartiendo con Irán las versiones modificadas y modernizadas de los Shahed, contra las que los interceptores ucranianos no han sido particularmente eficientes este invierno. “Informé sobre la situación de seguridad en Ucrania, los continuos ataques rusos y la estrecha cooperación de Rusia con el régimen iraní”, añadió Zelensky en referencia a su reunión en Qatar, para quien el principal interés no es la cooperación rusa con Irán, sino el retorno al statu quo ante, en el que podía equilibrar su vinculación a las demás monarquías árabes con compartir con Teherán el control del mayor campo de gas del mundo, actualmente detenido a causa de la respuesta iraní a una guerra impuesta desde fuera y que en ningún momento ha tenido en cuenta las consecuencias que iba a suponer para Doha, Abu Dabi o Riad.
En paralelo a la gira del poli bueno Zelensky en busca de armas y de buenas palabras de los aliados árabes de Estados Unidos, la Unión Europea y los Estados miembros incrementan su presión a Estados Unidos para conseguir que la guerra en Oriente Medio y el hartazgo de Donald Trump con la causa ucraniana no minen el principal esfuerzo geopolítico continental, la continuación de la lucha en Ucrania hasta poder imponer los términos de paz sobre Rusia. No es casualidad que haya sido esta semana cuando Volodymyr Zelensky ha decidido sugerir a la prensa que la condición que Washington exige a Ucrania para la firma de las garantías de seguridad, principal objetivo de Kiev, es la cesión de Donbass. Preguntado por ello a su llegada al G7, Marco Rubio insistió en que “eso es una mentira, lo vi decirlo, y es lamentable que diga eso porque sabe que no es verdad. Eso no es lo que le dijeron”. Las palabras de Rubio sugieren que, como era evidente desde la publicación del artículo, cuya única fuente era el propio Zelensky, el discurso ucraniano realiza una extrapolación interesada cuyo objetivo es presionar a Washington. Estados Unidos ha vinculado la firma de las garantías de seguridad a que Ucrania alcance un acuerdo con Rusia. La Casa Blanca ha dejado claro también que considera -posiblemente de forma errónea, ya que la cuestión territorial no es el único escollo a la hora de conseguir un entendimiento con Moscú- que la cesión de Donbass a Rusia es la forma más viable de lograr la paz. De ahí que Zelensky sumara ambos aspectos para dar a Reuters una exclusiva que no era sino una interpretación interesada de Ucrania, muy útil en una semana en la que Estados Unidos iba a recibir la presión de Bruselas, Londres y Berlín en busca de más apoyo en la guerra común contra Moscú.
Según Axios, medio de referencia en el que el trumpismo filtra aquello que quiere dar a conocer, el G7 ha sido escenario de uno más de los muchos desencuentros entre Kaja Kallas y Marco Rubio. “La jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, preguntó al secretario de Estado Marco Rubio cuándo adoptaría Estados Unidos una postura más firme con Rusia durante una reunión de ministros del G7 celebrada el viernes, lo que provocó una respuesta mordaz”, afirma el medio, que añade que “el tenso intercambio, que tuvo lugar ante los ministros de Asuntos Exteriores aliados, fue sintomático de la desconfianza mutua entre Estados Unidos y muchos de sus aliados europeos en relación con la guerra en Ucrania”. “Ha pasado un año y Rusia no ha cedido”, habría reprochado Kallas a Rubio, al que dirigió una pregunta: ¿Cuándo se te va a agotar la paciencia?”. “Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si crees que puedes hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos apartaremos”, habría respondido Marco Rubio, mostrando que, como ocurre en Irán, Estados Unidos tampoco comprende esta guerra ni las posturas de sus aliados ni enemigos. La queja de Kallas, como la de Zelensky, no es por la tardanza o la falta de eficiencia en el proceso de paz, sino por su existencia. Como Estados Unidos en el caso de Irán o de Palestina, los países europeos y Ucrania quieren imponer su paz por medio de la guerra.
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