Con toda la atención mundial instalada en Oriente Medio, los diferentes actores siguen tratando de posicionarse y colocar su mensaje. Con clara intención de controlar los daños que está suponiendo la fluctuación del precio del petróleo y las crecientes noticias sobre las dificultades que Estados Unidos y sus aliados están sufriendo para enfrentarse a los drones y misiles iraníes, Donald Trump insistía ayer en que la guerra terminará pronto, ya que “no quedan muchas cosas que bombardear”. Una de las muchas lecturas de esas palabras es que Estados Unidos e Israel han atacado todo aquello que consideran susceptible de ser bombardeado, el Estado no se ha derrumbado, ni han estallado los alzamientos a los que siguen llamando Netanyahu y Pahlavi. En estos doce días de guerra, Irán ha sufrido bombardeos estadounidenses e israelíes en viviendas, escuelas, hospitales, una planta desalinizadora, infraestructuras petroleras que han causado una lluvia ácida de consecuencias a largo plazo e incluso lugares protegidos por la UNESCO.
La amenaza de continuación eterna de los bombardeos persiste tanto por parte de Estados Unidos como de Israel. En esas circunstancias, ayer la presidenta de la Comisión Europea, que se ha visto obligada a renegar parcialmente de su comentario afirmando que “siempre defenderemos y mantendremos el sistema basado en normas que ayudamos a construir con nuestros aliados, pero ya no podemos confiar en ello como única forma de defender nuestros intereses ni asumir que sus normas nos protegerán de las complejas amenazas a las que nos enfrentamos”, se refería a la situación en Irán como un momento de esperanza. “Hay esperanza de que este momento pueda abrir un camino hacia un Irán libre. Eso es lo que merece el pueblo iraní: libertad, dignidad y el derecho a decidir su propio futuro”, afirmó von der Leyen en el Parlamento Europeo sin precisar si la esperanza, como la muerte y el petróleo, cae también del cielo.
Los intereses geopolíticos son prioritarios sobre el bienestar de la población civil o la defensa de un país atacado también para Volodymyr Zelensky, preocupado por proclamar a los cuatro vientos la imprescindible ayuda que está aportando Ucrania en forma de especialistas e interceptores para luchar contra los drones Shahed iraníes. Curiosamente, el presidente ucraniano califica de asistencia el envío de ese material y personal, pese a que exige una compensación a cambio. No se trata solo de adquisiciones comerciales, sino que Ucrania espera también recibir misiles Patriot con los que luchar contra Rusia. Para resaltar la doble vara de medir, Kiev publicaba ayer un gráfico en el que denunciaba que se han utilizado “800 misiles Patriot para defensa aérea en tan solo tres días en Oriente Medio. Ucrania recibió 600 en cuatro años de guerra a gran escala”. Sin comprender aún la diferencia entre un aliado y un proxy, Kiev pretende conseguir más presencia militar y asistencia occidental a base de presentarse como el aliado indispensable e insistir, como hacía ayer la cuenta oficial de la Defensa de Ucrania, en que “Rusia, Irán y Corea del Norte forman un nuevo Eje del Mal. Ucrania fue la primera en enfrentarse a este Eje. Seguimos luchando, pero necesitamos apoyo”.
Para ello, Ucrania cuenta con aliados habituales de las causas occidentales. “Ucrania tiene los drones, los operadores de drones y los interceptores de drones. Y Ucrania está lista para compartir esta tecnología, única en el mundo. Un nuevo mundo está tomando forma. Con el presidente Zelensky convirtiéndose en el líder militar del mundo libre. ¡Qué cambio tan extraordinario!”, escribió ayer el filósofo francés Bernard-Henry Lévy, ejemplo paradigmático de quienes ven la guerra de Ucrania –y también la de Irán, en la que defienden la necesidad de derribar la República Islámica- como una simple lucha entre el bien puro y el mal más absoluto. Para disgusto del presidente ucraniano y de sus incondicionales seguidores, la guerra no ha cambiado, Estados Unidos sigue exigiendo a Zelensky que llegue a un acuerdo con Rusia, no hay noticias de la firma del acuerdo de garantías de seguridad y Donald Trump repite que, como le explicó hace más de un año “no tiene ninguna carta”.
La conversación Trump-Putin de esta semana confirma que el claro posicionamiento ruso a favor de Irán en la actual guerra contra Estados Unidos e Israel muestra que ni siquiera las informaciones sobre una posible asistencia rusa a Irán en Oriente Medio ha conseguido causar la ruptura que desean Zelensky y sus aliados europeos. Ayer, CNN aportaba más datos sobre la especulación referida a la ayuda que Moscú, a quien se acusa, a la vez, de haber abandonado a su aliado y de estar aportando una asistencia imprescindible, estaría proporcionando a Teherán. “Según un oficial de inteligencia occidental, Rusia está ayudando a Irán con tácticas avanzadas de drones, aprendidas en su guerra contra Ucrania, para atacar objetivos estadounidenses y de los países del Golfo en Oriente Medio. Los drones Shahed, diseñados por Irán pero fabricados en masa por Moscú para su uso en Ucrania, han tenido un éxito inesperado al penetrar las defensas aéreas de los países del Golfo. Hasta ahora, se había informado que el intercambio de inteligencia ruso con Irán consistía en asistencia general para la selección de objetivos, pero el asesoramiento táctico específico supone un nuevo nivel de apoyo”, escribía el medio estadounidense. “Lo que antes era un apoyo más general ahora es motivo de mayor preocupación, incluidas las estrategias de ataque con drones que Rusia empleó en Ucrania”, afirma el oficial citado por el artículo, que no da ningún detalle, pero busca aumentar la especulación sobre el papel de Moscú en una guerra para cuyo final quiere contribuir, pero en la que ya ha dejado claro que no es neutral.
Si este tipo de noticias no han causado la ira de Donald Trump, Ucrania intenta elevar la apuesta. “Rusia comenzó a apoyar al régimen iraní con drones. Sin duda, ayudará con misiles y también con la defensa aérea. ¿Qué sigue? Dada la situación, solo queda una pregunta: ¿cuándo y qué país será el primero en apoyar al régimen iraní enviando tropas? Como ocurrió con Rusia, cuando Corea del Norte envió 10.000 soldados, que ahora están desplegados en Rusia, pero podrían ser enviados a Ucrania. Lo mismo podría ocurrir en Irán: Rusia podría enviar tropas allí”, afirma el presidente ucraniano en su última entrevista, concedida a un conocido propagandista proucraniano del que la periodista de The Observer Liz Cookman escribió que hizo carrera con la islamofobia y codeándose con Tommy Robinson [posiblemente el más conocido exponente de la extrema derecha británica], antes de darse cuenta de que podía conseguir más suscriptores en YouTube hablando de Ucrania”. Pese a que las palabras de Zelensky sobre el envío de tropas rusas –o norcoreanas- a Irán no es más que un lema de propaganda, varios medios recogieron las declaraciones sin ningún matiz añadido, una forma de dar legitimidad a una acusación que no está basada en ningún dato real.
La intención de Zelensky es clara: crear artificialmente una alianza militar de Moscú y Teherán contra Estados Unidos y Ucrania, una forma de matar dos pájaros de un tiro, ya que con ello presenta a Kiev y Washington como víctimas de una misma agresión y sugiere la solución a todos los problemas, aumentar la asistencia militar para seguir luchando contra Rusia. La ambición ucraniana en ese sentido es elevada y Zelensky no se conforma con eso. “Conocemos el fin de Hitler. Entendemos el fin de Putin. Utilizar festivales deportivos, musicales, de cine y de arte como arma, como la Bienal de Venecia, nunca ayuda. En diversas plataformas culturales, incluso durante los festivales de animación infantil, los rusos inundan sus películas de propaganda para adoctrinar a su sociedad desde muy pequeños. Pero nunca ayuda. Estoy seguro de que su nación enfrentará un final trágico”, afirmó el presidente ucraniano en la mencionada entrevista, mezclando las sanciones que espera de todo el mundo contra todo lo ruso, desde el deporte y la cultura al petróleo, con una nueva y nada sutil mención a la muerte de Vladimir Putin, que no es la primera que realiza este año y posiblemente no sea la última. Mientras espera que la naturaleza o la intervención de Estados Unidos le concedan su deseo, la guerra continúa sobre el terreno con episodios como el que el lunes costó la vida a cuatro civiles rusos en Bryansk, un ataque con Storm Shadows del que Rusia acusa al Reino Unido por haber colaborado aportando los datos de inteligencia, una participación en una guerra ajena mucho más clara, probada y admitida de un tercer país.
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