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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Irán, Israel, Oriente Medio, Rusia, Ucrania

Diferentes escenarios de una misma lucha

“La estrategia de Teherán es sembrar el caos e incendiar la región. Al atacar indiscriminadamente a sus vecinos, el régimen está justificando con firmeza su propia desaparición. El escenario ideal sería un Irán democrático que no representara una amenaza para sus vecinos. Pero este resultado está lejos de ser seguro. Actualmente, nadie puede predecir qué rumbo tomará Irán”, escribió ayer Kaja Kallas para presentar su versión de una guerra en la que la Unión Europea ha hecho desaparecer el ataque de Estados Unidos e Israel y el sabotaje de las negociaciones, utilizadas únicamente para preparar el ataque decidido de antemano. La líder de la diplomacia comunitaria se adhiere también a la versión según la cual, como escribió el jueves Scott Bessent, Irán ha “secuestrado” el mercado energético mundial. Atacado por segunda vez en menos de un año mientras trataba de negociar un acuerdo nuclear que sus oponentes nunca quisieron alcanzar, Irán, al contrario que en 2025, ha podido en esta ocasión preparar su respuesta para optimizar sus recursos en una lucha asimétrica en la que se enfrenta a dos potencias nucleares, una de ellas primera economía mundial, un país cuyo presidente utiliza su red social personal para anunciar que “no habrá acuerdo con Irán salvo RENDICIÓN INCONDICIONAL”. Hasta ahora, Estados Unidos e Israel han atacado al menos 13 hospitales, un dato confirmado por la Organización Mundial de la Salud, causaron más de un centenar de víctimas en un ataque que The New York Times Reuters adjudican a Washington en un colegio de primaria y, según el último recuento, han muerto ya 1337 civiles en los primeros cinco días de una guerra que la Casa Blanca se jacta de estar ganando, pero que a su vez niega que exista.  

La postura de la Unión Europea es aún menos matizada. Decidida a no afrontar la contradicción que supone la defensa férrea de la actuación de Estados Unidos, que se ha manifestado de forma más clara en las palabras de Friedrich Merz, que en las primeras horas del ataque afirmó que no es momento de “dar sermones a los aliados”, ha optado por culpar a Teherán de una guerra que se le ha impuesto a base de bombas. De esa forma, Bruselas puede apoyar a Washington en sus formas y en sus objetivos sin tener que responder a las preguntas de por qué moviliza recursos para defender al agresor en lugar de a la víctima y por qué los argumentos que utiliza para tratar de castigar a Moscú por su infracción de la legislación internacional son sistemáticamente retorcidos para ajustar los parámetros de la situación en Oriente Medio a sus necesidades.  

Teherán ahora está intentando exportar la guerra a tantos países como pueda”, había afirmado Kallas un día antes. Todas aquellas acciones que la UE celebra en el caso de Ucrania contra Rusia sin comprender que sientan un precedente que otros países podrían utilizar en el pasado son ahora considerados una ofensa a la legislación internacional y al orden internacional basado en unas normas moldeables y que permiten el derecho a defenderse solo a ciertos países. “Los mismos drones que atacan Kiev ahora atacan a nuestros socios en Oriente Medio. Por eso, exploraremos cómo podemos apoyar la producción de interceptores de drones”, añadió Kallas, que desde el primer momento se ha esforzado en utilizar contra Irán los mismos argumentos que habitualmente usa contra Rusia y hacerlo con la misma sonrisa con la que se regodea en cada declaración pública sobre ese conflicto. 

Al igual que Ucrania, que ha imaginado un eje del mal en el que Rusia, Irán y la República Popular de Corea libran una tercera guerra mundial por otros medios, la Unión Europea vincula los dos escenarios militares en una misma guerra en la que la culpa cae siempre del mismo lado: Moscú y Teherán, un argumento que precede al ataque estadounidense e israelí de la semana pasada, a la guerra hace ocho meses e incluso a la invasión rusa de Ucrania. Los países europeos, que en ningún momento ayudaron al Gobierno reformista y moderado de Rouhani a que Irán consiguiera aquello que se le prometió con la adopción del acuerdo nuclear de 2015 –levantamiento de sanciones, inversiones, relaciones normalizadas con los países occidentales-, que no hicieron nada cuando su aliado de Washington rompió unilateralmente un tratado que Irán estaba respetando y que en 2025 reimpusieron, a petición de Estados Unidos –que no podía hacerlo al haberse retirado del acuerdo-, las sanciones masivas con las que se pretendía hacer estallar la economía iraní, se muestran sorprendidos por el hecho de que Teherán haya buscado ayuda en Moscú.  

Escenarios diferentes de una misma lucha en la que, con la ayuda de los aliados europeos, Estados Unidos busca mantener el dominio mundial ante el inevitable ascenso de una nueva gran potencia temida a ambos lados del Atlántico, China, Irán y Rusia reciben el mismo tratamiento. Como potencias medias con soberanía propia y capacidad de decisión -en parte debida a que la política de sanciones les ha obligado a crear su propia industria militar y a operar al margen de las estructuras occidentales-, Teherán y Moscú suponen un obstáculo para el objetivo estadounidense de preservar, no solo el dominio, sino la hegemonía en dos zonas estratégicas del planeta, Oriente Medio y Europa. Y aunque la desconfianza ha marcado una parte importante de la relación entre los dos países, la coyuntura y las necesidades mutuas han empujado a Irán y Rusia a una cooperación que ahora los países europeos y Estados Unidos explotan para alertar de la existencia de una alianza que, en realidad, no lo es. Los papeles desclasificados de la CIA muestran una férrea postura de Vladimir Putin contra la posibilidad del desarrollo de armas nucleares por parte de Irán y, durante años, Rusia cumplió el embargo de armas a Irán, que siempre ha reprochado a Moscú la lentitud y reticencia a la hora de vender a Teherán material militar como aviación o, sobre todo, defensas aéreas.  

La guerra cambia una parte de los términos y forja relaciones. Aunque el desenlace fue la victoria de los grupos apoyados por Occidente, Siria fue, durante años, el lugar en el que se dio la colaboración entre Teherán y Moscú, principalmente en la lucha contra el Estado Islámico, en la que destacó el papel del general Soleimani. Estados Unidos agradeció la ayuda en esta lucha supuestamente común con un misil, el que el 3 de enero de 2020 asesinó a Soleimani en lo que puede considerarse el primero de los muchos golpes dirigidos a preparar el terreno para el ataque del pasado sábado y la actual exigencia de capitulación, que no se corresponde con la situación sobre el terreno.  

En 2022, ya consciente del riesgo de perder la guerra y de que precisaba de la asistencia de un aliado para compensar aquello en lo que había quedado atrás, Rusia no acudió a Beijing, sino a Teherán. En la que quizá ha sido la decisión más importante de la guerra en términos logísticos, Moscú obtuvo los primeros drones Shahed de producción iraní y la licencia para fabricarlos en Rusia. Los drones, que han cambiado el desarrollo de la guerra, han sido modernizados y mejorados, aunque siempre partiendo de la base original: construir unos proyectiles asequibles y sencillos de producir en cantidades masivas. Mientras los Shaheds iraníes golpean objetivos militares y energéticos de Estados Unidos o del Reino Unido en la región, los Geran, como se rebautizaron en Rusia, causan, con sus modelos más avanzados, serios problemas para la defensa aérea de la que tanto se enorgullece Ucrania.  

Tras el ataque estadounidense, la condena rusa fue firme y a lo largo de esta semana, Irán ha afirmado que tanto Rusia como China ayudan a Irán políticamente “y de otras maneras”. Es evidente que ni hay ni se va a producir un flujo de material militar o financiación al estilo del que desde 2022 sostiene a flote a Ucrania. Irán, como Rusia, depende de sus recursos para surtir a su ejército y mantener el Estado en condiciones de asedio, sin ninguna de las facilidades y privilegios de los que disfruta Ucrania. Como dos países que se sienten acosados por las sanciones occidentales y que desde hace décadas cuentan con unas relaciones diplomáticas y comerciales de cercanía, es lógico que ambos Estados que según la UE forman parte de un mismo eje, colaboren para apoyarse mutuamente en lo que se plantea como una única guerra. Y, sin embargo, la prensa presenta cualquier indicio de cooperación como una gran sorpresa, una noticia que merece titulares de portada a seis columnas, como ocurrió ayer con The Washington Post, el diario de uno de los oligarcas tecnológicos cercanos al trumpismo, Jeff Bezos, dueño de Amazon.  

“Rusia está proporcionando a Irán información sobre objetivos para atacar a las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio, lo que constituye el primer indicio de que otro importante adversario de Estados Unidos está participando, aunque sea de forma indirecta, en la guerra, según tres funcionarios familiarizados con la información de inteligencia. Esta ayuda, de la que no se había informado anteriormente, indica que el conflicto, en rápida expansión, cuenta ahora con uno de los principales competidores nucleares de Estados Unidos, dotado de excelentes capacidades de inteligencia”, afirma el medio, que introduce el factor nuclear sin precisar que la guerra enfrenta a dos potencias nucleares contra una que no lo es. “Desde que comenzó la guerra el sábado, Rusia ha facilitado a Irán la ubicación de los activos militares estadounidenses, incluidos buques de guerra y aviones, según afirmaron los tres oficiales, que hablaron bajo condición de anonimato debido a lo delicado del asunto”, añadía The Washington Post, que no alcanza a explicar por qué esos dos países no deberían colaborar de la misma forma que lo han hecho, sentando un claro precedente, Estados Unidos y Ucrania para destruir refinerías rusas, hundir –sin importar las consecuencias medioambientales o el lugar del mundo en el que se produzca- buques petroleros o de gas natural licuado rusos o permitir la destrucción del gasoducto Nord Stream.  

Aunque el propio artículo indica que Irán cuenta con sus propios recursos para obtener datos de inteligencia, añade que no se conoce la magnitud de la cooperación y cita a Hegseth insistiendo en que Rusia y China “realmente no son un factor aquí”, el medio optó por hacer de la noticia una exclusiva de portada que quizá haya que entender como una advertencia indirecta de la Casa Blanca a Moscú. Aquello que Washington puede hacer abiertamente –colaborar con Ucrania en ataques contra territorio o intereses económicos o aliados rusos- es una infracción inaceptable si ocurre en la otra dirección y obstaculiza el intento de Washington de mantener el control de las zonas que considera estratégicas y del comercio de las materias primas que mueven la economía del presente, entre ellos el petróleo, o serán el motor de la del futuro.  

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