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Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Irán, Israel, Oriente Medio, Rusia, Ucrania

El mundo al servicio de Estados Unidos

El 3 de enero, tras haber impuesto un bloqueo naval y con el uso de guerra electrónica y su poder militar abrumador, Estados Unidos irrumpió en Caracas, bombardeó las escasas defensas aéreas con las que contaba Venezuela, ejecutó a sangre fría a la unidad que protegía al presidente y secuestró a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, a quien ahora aplica cargos fabricados de narcotráfico y otro de posesión de armas según una ley estadounidense que, evidentemente, no es aplicable más allá de sus fronteras. Estados Unidos calificó esa invasión de “operación de seguridad” u operación policial, una forma de alegar extraterritorialidad, aplicación de su legislación en territorio extranjero, y defender que no había necesidad de apelar al derecho internacional. En aquel momento, surgieron varias dudas, entre las que destacaba por qué la defensa venezolana no trató, por ejemplo, de derribar los helicópteros estadounidenses. Esa pregunta acarreaba una respuesta sencilla: pocos ejércitos del mundo podrían permitirse el lujo de tratar de responder a un ataque aéreo de Estados Unidos, que desde sus posiciones en el Caribe habría respondido con un bombardeo mucho más duro.

En días posteriores, el análisis se encaminó a vincular la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos con su actuación en Venezuela y sus intenciones en el resto del mundo. Trump recuperaba la idea de las esferas de influencia, un argumento útil para quienes defienden que el mundo atraviesa una nueva guerra fría, y se disponía a repartirse el mundo con Vladimir Putin, que tendría vía libre en Europa y Xi JInping, que podría reinar a sus anchas en Asia. El simplismo del argumento cae por su propio peso con el estudio de la forma en la que Washington gestiona actualmente el mercado del petróleo. Tras garantizarse el control del petróleo venezolano, un país con su economía secuestrada, Estados Unidos capturó un buque de la flota fantasma venezolana que navegaba con bandera y registro de la Federación Rusa, sentando así un precedente que los países europeos han comenzado a seguir en EuropaEl intento de expulsar a la Federación Rusa del mercado global del petróleo es solo un ejemplo de cómo Washington considera que su esfera de influencia se extiende por todo el planeta.

En su línea habitual, el presidente Zelensky ha adoptado la idea y sigue exigiendo a sus aliados que sigan el modelo de Estados Unidos. “El problema de la flota fantasma rusa en aguas europeas es un problema para la UE y el resto de Europa. Se trata de legislación interna: cambios en la ley para permitir la confiscación del petróleo ruso tras la detención de los petroleros sancionados. No liberarlos en tres o cinco días tras una decisión judicial. En la mayoría de los casos, no pierden casi nada, solo un poco, porque fueron detenidos durante unos días. Por eso necesitamos la confiscación. No necesitamos el petróleo ruso ni queremos lucrarnos con él. Pero tampoco queremos que los rusos se lucren con él, porque usarán estos ingresos para la guerra, en el campo de batalla contra nosotros”, afirmó ayer en una entrevista el presidente ucraniano. En su cruzada por lograr la atención de Donald Trump, Zelensky no se ha limitado a repetir constantemente los argumentos estadounidenses en materia de energía -exigencia de prohibición de la adquisición de energía rusa, imposición de sanciones secundarias a los países que osen infringir esa norma o secuestro de los petroleros rusos-, sino que también ha exaltado la actual aventura de Donald Trump en Oriente Medio. El presidente ucraniano, necesitado del cariño y de las armas de su homólogo estadounidense, fue uno de los primeros líderes mundiales en apoyar enérgicamente la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán como parte de un conflicto de alcance global contra lo que califica de eje del mal y en el que incluye a Rusia, Irán, Corea del Norte y, dependiendo del nivel de conflicto Beijing-Washington de cada momento, también a China.

El ataque contra Irán es la repetición de lo ocurrido en Caracas, también contra un gran productor de petróleo y un aliado ruso, extraña forma de mostrar su afinidad con Vladimir Putin en esta ocasión en Asia occidental, un lugar que los expertos no han llegado a explicarnos si se encuentra en la imaginaria esfera de influencia de China o de Rusia. Estados Unidos no cuenta ya con la superioridad de antaño en ninguno de los parámetros que puedan determinar marcan la hegemonía mundial, pero su capacidad de utilizar el dólar como herramienta y su estratosférico presupuesto militar hacen que siga manteniendo el dominio. El éxito de la operación en Caracas hizo pensar a Donald Trump que la misión en Teherán sería igualmente sencilla. Sin embargo, el asesinato de Ali Jameneí, en cuya sustitución afirma que ha de estar “personalmente involucrado”, no ha supuesto el deseado colapso del Estado y, de la misma manera que tuvo que hacer Rusia en 2022, Estados Unidos redibuja los planes de una guerra que iba a durar un par de días hasta la capitulación política y la designación del equivalente persa a Delcy Rodríguez -una persona coaccionada y amenazada de muerte en caso de desviarse del camino-, pero que, según Politico, Washington espera que se alargue hasta septiembre. Estados Unidos ya ha asesinado a Ali Jameneí, afirma haber destruido las capacidades nucleares armamentísticas que Irán ni siquiera tenía, sus lanzaderas de misiles y su flota, pero está dispuesto a continuar destruyendo el país y asesinando a su población durante meses hasta conseguir un escenario venezolano, posiblemente el mismo que prepara para Cuba.

Consciente de que se encuentra ante una guerra existencial y en la que, al contrario que Ucrania en 2022, se enfrenta a dos enemigos que han demostrado estar dispuestos a hacer estallar una negociación que utilizaban para ganar tiempo y preparar el escenario bélico, Teherán busca la forma de encarecer los costes para Estados Unidos y sus aliados. Como Ucrania en 2022, Irán se enfrenta a un ejército muy superior y ha de buscar la forma de utilizar sus recursos al máximo. Las similitudes acaban ahí, ya que Ucrania era ya un país en guerra que trataba de ganar tiempo aprovechándose de la negociación de un acuerdo que no iba a cumplir. Al contrario que Irán, rodeado de bases militares del país que desde hace décadas trata de arruinar su economía por medio de sanciones y que no cuenta con la asistencia militar de ninguna potencia, Ucrania siempre contó con la ayuda de Estados Unidos. Años antes de la invasión rusa, Estados Unidos trabajaba para reforzar, armar e instruir al ejército y construir una inteligencia a su servicio de la mano de la CIA y el MI6. Mientras los países de la OTAN se movilizan para defender las bases militares británicas en Chipre y países como el Reino Unido se unen a la fase defensiva de la actual guerra de agresión, en la que la UE exige a la víctima que detenga sus “ataques indiscriminados” en respuesta a los brutales bombardeos de las ciudades iraníes y el asesinato del jefe de Estado y la plana mayor del estamento militar, Ucrania disfruta de un flujo constante de material pesado e inteligencia para atacar a la Federación Rusa tanto en territorio ucraniano como más allá de la frontera.

Gracias a Estados Unidos, que proporciona las armas, la inteligencia y el consentimiento, Ucrania ha sentado un precedente importante que ahora Irán utiliza activamente. “Si Irán (o elementos incontrolados) comienzan a atacar petroleros a plena carga **en cualquier punto** del Golfo Pérsico (en lugar de Ormuz), incluso a riesgo de un derrame de petróleo, todo está perdido. Podría acelerar los cierres de producción, ya que podría incitar a los países a detener las cargas”, escribía ayer el experto de Bloomberg Javier Blas, que parece haber olvidado que esta misma semana Ucrania ha hundido un buque de la flota rusa que transportaba gas natural licuado en el Mediterráneo. Ucrania, con la asistencia del bloque militar más potente del mundo, ha contado con la financiación y el material con el que atacar los sectores clave de la economía rusa. Solo, aislado, rodeado y disponiendo únicamente de sus recursos, Irán atacó ayer una refinería de petróleo en Bahréin, causando un gran revuelo entre quienes defienden el derecho de Ucrania a atacar refinerías rusas en su defensa y por el bien de los intereses económicos de Estados Unidos. Irán intenta «secuestrar el sector energético mundial», afirmó ayer Scott Bessent, secretario del Tesoro del país que ha secuestrado el mercado de petróleo de Venezuela, impide que otros países entreguen o vendan petróleo a Cuba y que ha puesto un tope al precio con el que Rusia puede vender su crudo. El mensaje respondía a una medida que Estados Unidos se ha visto obligado a tomar para rescatar a un aliado. Ayer, aunque solo por 30 días, Estados Unidos concedió un permiso temporal a India para adquirir petróleo ruso, una decisión que Bessent justificó con un argumento incoherente y sin sentido para tapar que la guerra contra Irán está suponiendo un problema para el mercado energético. Pese a esta medida, que da a Rusia una pequeña victoria que solo es pasajera, el mensaje del secretario del Tesoro es claro, obligar a India a abandonar el mercado ruso en previsión de que » plenamente que Nueva Delhi incrementará sus compras de petróleo estadounidense.

El potencial de Irán en su defensa contra esta guerra de Estados Unidos no está en los tanques y misiles recibidos de sus aliados sino en sus misiles y drones de producción propia, los famosos Shahed, capaces de encarecer notablemente los costes del conflicto. A día de hoy, Estados Unidos y sus aliados derriban drones iraníes cuyo coste no supera los 20.000 dólares con misiles Patriot de cuatro millones de dólares, una situación escasamente sostenible a largo e incluso medio plazo. Contra esa situación, Ucrania ha ofrecido su ayuda y sus interceptores de fabricación propia, mucho más económicos que esos misiles de los sistemas occidentales. Con ello, Ucrania aspira a unirse a lo que considera un frente más de una única guerra en la que luchar contra Rusia y por los intereses de Estados Unidos. Para Ucrania, casi nada es gratis –salvo quizá esos 90.000 millones de euros de crédito que espera recibir de la UE sin intención de devolver jamás- y Kiev propone un intercambio: sus interceptores baratos y tan fiables que actualmente Rusia cuenta con más facilidades que nunca para utilizar los cielos sobre el país, a cambio de los caros y escasos Patriot, un intercambio que considera justo y equitativo. Todo por la lucha común de garantizar que Estados Unidos pueda imponer su ley.

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