Entrada actual
Economía, Ejército Ucraniano, Energia, Estados Unidos, GUR, Rusia, SBU, Ucrania

Estados Unidos, el Estado ucraniano y el Nord Stream

Las zonas grises y las amenazas híbridas se han convertido en un argumento imprescindible en esta guerra en la que el frente y la retaguardia cada vez se diferencian menos. En el caso de Rusia y Ucrania, la guerra híbrida ha sido acusación constante de las autoridades europeas, que exigen que Moscú detenga esas actividades como uno de los muchos puntos del ultimátum que Kaja Kallas ha propuesto a los Estados miembros para posteriormente trasladar a Rusia. Las capitales europeas se refieren a explosiones, intentos de asesinato y uso masivo de drones sobre los cielos europeos, no siempre incidentes que pueden probarse y generalmente sin ninguna posibilidad de comprobar la autoría, pero curiosamente nunca al principal ejemplo, el atentado contra las tuberías del Nord Stream perpetrado en septiembre de 2022. Aquel día, explosiones provocadas con dinamita destruyeron partes de tres de las cuatro tuberías del gasoducto que unía directamente Rusia y Alemania y que durante años había sido objeto de una larga batalla política entre quienes lo defendían como proyecto económico y de interés continental y quienes lo detestaban por los mismos motivos.  

Aquella noche, todas las miradas se dirigieron hacia Moscú, que se encontraba en uno de los momentos de mayor debilidad. Apenas dos semanas antes, Rusia había perdido todos sus territorios ocupados en Járkov y faltaba poco tiempo para que se tomara la decisión de abandonar la ciudad de Jersón, única capital ucraniana que Rusia logró capturar más allá de Donbass. La debilidad rusa fue entonces uno de los argumentos para dar por hecha la culpabilidad rusa y las declaraciones de las autoridades europeas dejaron claro que se buscaría una rendición de cuentas de quienes habían cometido ese acto de terrorismo internacional. Las palabras de Joe Biden, mucho más comedidas y sin acusaciones directas contra el Kremlin, y la felicidad manifiesta de Antony Blinken o Victoria Nuland fueron la contrapartida a las declaraciones contra Rusia de Úrsula von der Leyen o Josep Borrell. El tiempo dio la razón a quienes desde el primer momento dudaron de la versión oficial de la culpabilidad rusa y los meses de silencio hasta que una teoría que ha resultado ser falsa en los detalles pero quizá no tanto en su lógica, la de Seymour Hersh, obligó a las autoridades a ofrecer alguna versión sobre lo ocurrido. Para entonces, la ausencia de evidencias contra Rusia y el manifiesto desinterés de las policías y gobiernos europeos por investigar lo ocurrido en el mar Báltico eran prueba suficiente para reafirmarse en que no había ningún indicio que apuntara a la mano del Kremlin 

Con el tiempo, medios neerlandeses, alemanes e incluso polacos han aportado, siempre con cuentagotas y tratando de exculpar a Volodymyr Zelensky, detalles sobre una operación cuyas pruebas no se encontraban en Rusia sino en Ucrania. Después de dos órdenes alemanas de detención, una de ellas ignorada por Polonia y la segunda finalizada con la extradición de uno de los sospechosos de Italia a Alemania para su arresto, la idea general de los hechos ha quedado relativamente clara. Un equipo de buceadores expertos y con vínculos con la inteligencia ucraniana –queda por saber si al servicio del SBU, el GUR o ambos- utilizaron un yate deportivo como tapadera para pasar desapercibidos, haciendose pasar por un grupo de amigos navegando por el Báltico, colocaron los explosivos, hicieron estallar el gasoducto y regresaron a Polonia, donde habían sido detectados como sospechosos, pero no fueron arrestados. Según un medio polaco, la financiación se gestionó a través de una empresa pantalla, una agencia de viajes sin clientes y situada en un edificio residencial de la era socialista en el que no había ninguna oficina de esas características.  

La guerra contra Rusia ha ejercido de catalizador de algunos procesos ya en marcha, como el aumento del gasto militar, y ha causado otros, como la ruptura continental que se pretende perpetuar más allá de un futuro alto el fuego. El paso del tiempo ha hecho también que sea sencillo justificar actos de terrorismo internacional, incluso si entre sus consecuencias está el desastre ecológico. Aunque quizá pueda considerarse casualidad, para el momento en el que los medios europeos comenzaron a publicar detalles que apuntaban directamente al Estado ucraniano, un ataque que habría resultado un acto de guerra en caso de haberse probado la culpabilidad rusa, el discurso oficial había variado. Para entonces, como han insistido especialmente Polonia y el Reino Unido y ha otorgado con su silencio Alemania, el ataque contra el Nord Stream no era un problema, sino la solución a él. El error no era haber destruido el gasoducto, sino su existencia, una forma de reducir la cuestión al habitual “Rusia siempre es culpable” y exculpar a Ucrania, especialmente a Volodymyr Zelensky.  

Admitida, en la práctica, la culpabilidad de Ucrania, el principal énfasis de los medios fue dejar claro que, pese a haber conocido la trama y haber dado una respuesta positiva inicial, el presidente ucraniano no fue cómplice de una operación pagada por un donante privado y dirigida en parte por Valery Zaluzhny. Ya enfrentado con Volodymyr Zelensky, manchar la reputación del héroe de guerra, apartado en un exilio dorado en la embajada ucraniana en Londres, era un problema menor.  

La segunda cuestión que los medios han tratado de resolver de la manera menos ofensiva posible para Washington es la pregunta de cuál fue el papel de Estados Unidos y especialmente de su inteligencia. Las últimas informaciones publicadas se dirigen en esa dirección. “El primer ataque ruso contra la capital de Ucrania acababa de ser repelido cuando, en la primavera de 2022, agentes de la CIA, la agencia de inteligencia exterior estadounidense, se reunieron con especialistas ucranianos en operaciones de sabotaje encubiertas en el distrito de Podil, en Kiev. Al parecer, los miembros del grupo se conocían bien, ya que llevaban años trabajando juntos.”, afirma esta semana Der Spiegel, que incide en la teoría principal, la culpabilidad ucraniana, pero con cierto apoyo, al menos inicial, de Estados Unidos, algo lógico teniendo en cuenta el importante papel que ha tenido la CIA en la reconfiguración de la inteligencia ucraniana, especialmente el GUR. “Según personas familiarizadas con la reunión, los ucranianos habían aportado una idea: querían volar los gasoductos Nord Stream, las tuberías que transportaban varios miles de millones de metros cúbicos de gas natural desde Rusia a Alemania, proporcionando así una fuente de financiación para la guerra de Moscú contra su país. Según contarían más tarde los participantes ucranianos en la reunión a sus confidentes, a los estadounidenses pareció gustarles el plan”, añade el medio alemán. La tesis defendida es que Estados Unidos conoció y apoyó la operación inicialmente, para posteriormente desmarcarse de ella, una forma de “negación plausible” muy útil en caso de que el ataque fuera considerado un acto criminal.  

Cerradas todas las investigaciones salvo la alemana y sin el más mínimo interés por parte de las autoridades europeas, incluidas las de Berlín, por dar a conocer qué ocurrió el 26 de septiembre de 2022, el centro del artículo de Der Spiegel es admitir lo incómoda que la historia es para el Gobierno. “Según una orden de detención dictada por el Tribunal Federal de Justicia en el caso de Serhiy K., que se hizo pública a mediados de enero, era «muy probable» que la operación hubiera sido dirigida por el Estado. El Estado en cuestión es Ucrania, el mismo país al que el Gobierno alemán ha estado apoyando con muchos miles de millones de euros desde la invasión rusa”, afirma el artículo. Polémico en sus inicios, ya no es un problema apuntar a una operación del Estado ucraniano y no de un “grupo proucraniano”, como se afirmó en la primera fase del proceso de admisión de que Kiev y no Moscú había hecho explotar un gasoducto copropiedad de su segundo proveedor principal, Alemania.  

“Parece que los agentes de inteligencia estadounidenses podrían haber estado al tanto del plan de ataque en sus primeras fases y que, en un principio, no se opusieron a él. Solo más tarde cambiaron de opinión y advirtieron a los ucranianos que no llevaran a cabo la operación, sin éxito”, afirma Der Spiegel, que cita a Roman Chervinsky, veterano del SBU y el GUR y miembro de “una unidad de élite cocreada por la CIA en 2014 después de la Revolución de Maidan”, como principal cerebro de la operación. “El denominado Quinto Directorio de la SBU se hizo famosa por sus espectaculares operaciones contra los separatistas prorrusos. Los asesinatos selectivos también formaban parte del repertorio de esta unidad secreta. Cuando Chervinsky se trasladó al servicio de inteligencia militar de Ucrania GUR en 2019, continuó el trabajo encubierto contra Moscú, a menudo con la ayuda de Estados Unidos”, añade el medio alemán. Tampoco es polémico ya admitir que Ucrania contaba con un programa de asesinatos selectivos de “rebeldes prorrusos” en Donbass. Uno de los asesinatos que ha reivindicado Chervinsky es el de Alexander Zajarchenko, líder de la RPD y uno de los firmantes de los acuerdos de paz de Minsk que Ucrania rechazó implementar.  

“En Ucrania, la operación fue finalmente aprobada por el entonces comandante en jefe Valery Zaluzhny, según fuentes internas, pero no por el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. El equipo de comando secreto no informó a la oficina presidencial, según fuentes de Kiev. Paralelamente, según fuentes internas ucranianas, se celebraron repetidas reuniones con los estadounidenses para discutir la operación prevista. «Les dijeron a nuestros chicos: Está bien», afirma un hombre con conocimiento de las conversaciones. En ese momento, según los ucranianos, aún no habían recibido ninguna advertencia, sino todo lo contrario”, describe Der Spiegel, insistiendo siempre en el intento de salvar a Volodymyr Zelensky.  

“Según el relato proporcionado por fuentes internas ucranianas, ya durante la segunda reunión, la CIA dio señales de apoyo a la operación: adelante. No solo eso, sino que la parte ucraniana tuvo la impresión de que los agentes estadounidenses podrían incluso ayudar a financiar el plan”, prosigue el relato, que posteriormente añade que la CIA abandonó la operación, retiró su aprobación y nunca aportó los 300.000 dólares que supuestamente fueron necesarios para hacer estallar el gasoducto.  

“Según fuentes de seguridad ucranianas, los estadounidenses comunicaron secamente a los líderes del comando que no podían apoyar la operación. Sobre todo, dijeron, no podían proporcionar dinero. No se dio ninguna explicación directa, según informaron los funcionarios de seguridad ucranianos”, explica Der Spiegel. Estados Unidos habría retirado su apoyo a la idea de hacer explotar el Nord Stream. Aun así, es evidente que Washington no hizo nada para evitar un ataque que sabía que estaba en marcha y que pretendía acabar con un gasoducto contra el que Estados Unidos llevaba años luchando.  

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Reportes del frente archivados.

Registro

febrero 2026
L M X J V S D
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 2.261 suscriptores

Estadísticas del Blog

  • 2.525.346 hits