Tal y como de forma correcta señalaba la BBC al analizar en marzo de 2021 el movimiento a favor de Serhiy Sternenko, Beria, e caracterizaba por ser la primera línea de actuación nacionalista en la que “los grupos de extrema derecha más radicales no asisten, y de forma manifiesta, a las movilizaciones a favor de Sternenko, considerándolas «liberales». Por tanto, una cuestión esencial a considerar, teniendo en cuenta su origen vinculado a la extrema derecha ucraniana, es la aportación del movimiento Honor-Sternenko a la ideología nacionalista en Ucrania. En especial si se tiene en cuenta la dinámica más reciente del Cuerpo Azov, más propenso a acercarse a esta visión política en su conflicto con el Tercer Cuerpo de Biletsky.
La asunción de posiciones liberales
En una entrevista con la publicación ucraniana «Liga», en respuesta a una pregunta sobre su autoidentificación ideológica, Sergei Sternenko respondía: «Soy un derechista con posiciones liberales sobre la economía«, posición que ha extendido, en coherencia con los valores dominantes en la Unión Europea, al tratamiento de las minorías sociales.
Un ejemplo es la aproximación a la cuestión LGTBIQ+ sobre la que el líder de Honor señalaba: “Nos llaman izquierdistas porque somos amigos de Sternenko y porque no nos oponemos a los desfiles gay … no veo ningún problema con la existencia de personas LGTB o con sus acciones. Son parte de la sociedad civil, tienen derecho a protestar, tienen derecho a plantear cuestiones que son importantes para ellos”. “«Estás a favor de LGTB» o «estás en contra de LGTB» es política, la gente se pelea entre sí, se están dividiendo en algo. No estoy interesado en esto. Este tema es divisivo y perjudica al país en su situación actual”.
Y es precisamente esa línea la que denuncia, tras la consolidación mediática de Sternenko y sus apoyos, el mundo ideológico representado por Andriy Biletsky. Así, uno de los entonces máximos ideólogos del Cuerpo Nacional, Mikola Kravchenko, denunciaba el 8 de enero de 2022 la línea revisionista de Honor, acusando implícitamente al grupo de Filimonov de “apóstatas de la extrema derecha” y de “vender” su imagen de “poder callejero” a fundaciones extranjeras de extrema izquierda para sus propios propósitos. Kravchenko sostenía, así, que “Honor es quizás el ejemplo más vívido de este camino de izquierda de los ex derechistas. Las becas de gestión de las instituciones de Soros, los artículos encargados en los medios de comunicación, las constantes declaraciones a la policía y un abogado afgano [Masi Nayem] por alguna razón no cancelan la imagen «callejera» de esta oficina en los medios. Sin embargo, hoy en día sólo los fondos de subvenciones extranjeros creen en esta «astucia callejera». El contacto con estructuras de este tipo es desde hace tiempo inaceptable para cualquier derechista”.
La denuncia no podía ocultar que, a pocos meses del inicio de la guerra a gran escala con Rusia, Filimonov, e indirectamente Sternenko, salían políticamente vencedores del conflicto: el odiado Botsman se quedaba al margen del Corpus Nacional y Azov -comienza la guerra en 2022 tratando de consolidar un batallón militar propio que acabará subordinado al GUR-, y Avakov era finalmente destituido en julio de 2021 de su cargo como ministro del Interior de Ucrania. Seguro de su fuerza, el 21 de enero de 2022 Filimonov se permitía un duro contraataque contra el Corpus Nacional: “Imaginemos el nivel de declive de la organización en siete años: desde el movimiento nacionalista más prometedor hasta las hordas de promotores de zonas de parques en Kiev; desde el ambicioso objetivo de unir a todos los nacionalistas hasta la insidiosa búsqueda de antiguos camaradas por dinero. Probablemente no haya otra persona en el país, excepto Biletsky, que hubiera gastado todo el crédito de confianza que le otorgaron los ucranianos en las hazañas de otros de forma tan inepta como rápida”.
La rusofobia militante: de la reacción a la liquidación
La asunción del liberalismo político supone, en apariencia, el rasgo principal de la línea Sternenko y del grupo Honor en el ámbito de la extrema derecha ucraniana que se consolida en 2014 en torno a los acontecimiento de Maidán y evoluciona con posterioridad. Pero se trata de una posición fundamentalmente instrumental en la que predomina la voluntad de prevenir falsos conflictos ante la cuestión verdaderamente importante: la defensa esencial del nacionalismo ucraniano y de su propósito liquidacionista.
En el caso de Honor, desde su fundación el grupo desarrolla una acción populista que trata de combinar la defensa de la sociedad civil frente a oligarcas y clanes locales, pero también la imposición de esa visión del nacionalismo ucraniano. Así, su acción civil izquierdista se complementa con las tradicionales actuaciones de la ultraderecha ucraniana contra toda oposición a las ideas y valores del régimen nacionalista. La acción antirrusa seguirá por ello constituyendo el rasgo esencial de Honor, un grupo que Filimonov funda precisamente con la pretensión de luchar, según sus propias palabras en junio de 2019, “contra las manifestaciones de separatismo en Kiev y otras ciudades. Ahora todos vemos una situación en la que los llamados «vata», partidarios declarados del “mundo ruso”, separatistas abiertos y colaboradores, intentan levantar la cabeza con la esperanza de venganza”. Con una visión extendida además del concepto de separatismo, aplicado a cualquier postura que, sin necesidad de ser prorrusa, no fuera abiertamente hostil a Rusia.
Filimonov no veía a personajes de la política ucraniana anterior a febrero de 2022, como Portnov o Medvedchuk, como ciudadanos de Ucrania sino como enemigos contra los que era preciso exigir acciones decisivas de las autoridades ucranianas: “Por mi parte, siempre he hecho y haré todo lo posible para que sea imposible que estas personas estén en nuestra Ucrania” sostenía entonces antes de concluir: “Espero que el gobierno demuestre ahora que es ucraniano”. “Ucraniano”, en la definición de Filimonov, como en la de Sternenko, y cada vez más en la oficial del Estado, debía de entenderse como “antirruso”.
La voluntad de combatir a “la escoria prorrusa” y de situar fuera del espacio público a la lengua rusa (“¡Mi posición es un país, un idioma!”, señalaba Filimonov en abril de 2019) constituyen, por ello, la razón de ser última del combate de Honor. En la misma línea, Sternenko destaca la importancia del idioma ucraniano en una cita recogida por Halyna Lyuznyak: “El idioma ucraniano es uno de los elementos fundamentales sobre los que se asienta nuestra identidad nacional, nuestra nación. También se basa en nuestra cultura ucraniana. Los rusos son muy conscientes de que la lengua ucraniana es nuestra defensa contra la rusificación. Es nuestra defensa para que podamos seguir identificándonos como ucranianos. Y les molesta mucho”. Cualquier presencia de la cultura o lengua rusa, vehicular en una parte importante del país, es considerada un ejemplo de rusificación.
Las posiciones liberales de Honor y de Sternenko encuentran así un nítido límite en la consideración de lo ruso. Al tratar la cuestión del mundo ruso es cuando queda claro que el liberalismo con las minorías se difumina. La minoría prorrusa solo está llamada a ser liquidada, desde luego políticamente, pero -al menos en algunos casos señalados, si no en prácticamente todos- hasta físicamente.
En un artículo de la BBC de junio 2020, Svyatoslav Jomenko adelantaba, respecto al juicio de Serhiy Sternenko “que cualquier decisión judicial dejará insatisfecha a una parte significativa de la sociedad ucraniana”. Se equivocaba profundamente: lo que las reacciones ante el juicio ponían de manifiesto era en realidad la voluntad de la parte vencedora en el Maidán de dar un nuevo paso adelante en su acción contra la llamada quinta columna, el mundo ruso, aceptando de facto la posibilidad e incluso la conveniencia de la guerra para conseguir su objetivo de liquidación política o incluso física de esta oposición política, a la vez minoría política, social y cultural.
Y Sternenko se convierte en Ucrania en uno de los mayores exponentes de la posición más deshumanizadora ante el mundo ruso. De hecho, como puede observarse en un informe de RAND Corporation sobre las narrativas sociales vinculadas a la guerra, una de las cuentas en la red social X más destacadas en lo relativo a la deshumanización del adversario “pertenece a un activista ucraniano” al que la organización no quiere nombrar en su texto, la de Beria.
En realidad, la verdadera aportación de Sternenko a la ideología política ucraniana es su contribución, en especial tras la invasión rusa, a trasladar el debate sobre el papel del mundo ruso de la crítica o ataque a su influencia en Ucrania a “la estrategia de superar este temor mediante la aversión consciente”, tal y como señala Marta Haiduchok. En 2021, Serhiy Sternenko proclamó su elemento definitorio inicial con la frase: “Nuestra rusofobia no es suficiente”, apelando a combinar la fobia al mundo ruso con acciones efectivas en su contra. Tras la invasión, el 24 de febrero de 2022, añadió: “Debe convertirse en odio a lo ruso. Los ocupantes deben morir”. La «rusofobia», que inicialmente debía respaldar la lucha contra los ocupantes, se convirtió así en una aversión a todo lo ruso en el que el inequívoco objetivo es la eliminación de toda huella rusa en Ucrania. Según Haiduchok, “un enemigo reconocible cuya afiliación con el bando contrario es evidente no provoca el mismo temor que uno imperceptible. La rusofobia performativa, en ese sentido, limita la exposición a todo lo ruso y transforma el miedo en odio, el aislamiento en rechazo”.
En su trabajo de máster sobre “Marcadores verbales de la guerra ruso-ucraniana”, centrado en el análisis del discurso de Beria en su Canal de YouTube, Halyna Lyuzniak también ve en la rusofobia militante la principal “tarjeta de presentación” ideológica de Beria. Presidido por un sarcasmo que sitúa la ironía en un nivel superior según Lyuzniak, como mezcla de sonrisa amarga y de odio hacia el enemigo, la aproximación de Sternenko muestra la voluntad de extensión de la masiva rusofobia por todo el mundo y el cultivo de una voluntad fóbica que nunca puede llegar a traspasar los límites de lo excesivo. En su “canal rusófobo”, lo propio es apelar a dejar “tu comentario rusófobo” y a recordar que todo requicio de presencia rusa en Ucrania debe desaparecer: “Por desgracia, nuestra rusofobia sigue siendo insuficiente. Todavía tenemos a Pushkin, Suvorov, Petras, Tolstói y otros vestigios de la administración de ocupación rusa”, decía Sternenko en junio de 2022. Según la investigadora, el discurso de Sternenko extiende el odio, el desprecio y el asco hacia la población rusa y todo lo ruso, cumpliendo con ello en una función principal en el plano de la guerra informativa y psicológica: la extensión del máximo temor en todo aquel o aquella que pudiera sentir identificación con lo ruso. Es lo que, por su parte, Peter Korotaev atribuye como principal función político-ideológica a Sternenko: la radicalización antirrusa de la sociedad ucraniana.
En una entrevista de 2025 con Sonya Koshkina, tras afirmar que la guerra terminará cuando Rusia o Ucrania desaparezcan, sin posibilidad de considerar cualquier otra opción, Sternenko afirmaba en la dirección señalada: “lo que más me gusta es cuando los drones se estrellan contra los rusos. Porque el equipo se puede fabricar, es un recurso renovable. Pero un ruso no lo es. Claro, tienen a «nuevas mujeres dando a luz». Pero hasta que eso ocurra, hay que destruirlos aquí y ahora. Es por lo que es lo mejor cuando [los drones] destruyen a la infantería rusa. Porque esta escoria no llegará a nuestras posiciones, no matará a nuestra gente, no hará daño a nadie. Y, al fin y al cabo, ni un solo helicóptero, tanque o vehículo de combate de infantería irá a ninguna parte sin este ruso. Incluso da cierta satisfacción”. Esa satisfacción propia de un cierto sadismo personal y político da algo de credibilidad a la denuncia formulada por monitor-odessa en 2020 en la que se recordaba que, en alguna de sus redes sociales, en concreto ask.fm, Sternenko había señalado que matar a alguien era la mejor manera de extraer energía negativa.
Y es precisamente en esa posición sobre la dimensión humana de lo ruso donde radica una de las principales contradicciones en la realidad ucraniana actual: la convergencia política de los defensores de los valores europeos en la UE con líderes de opinión en Ucrania que encabezan la línea de gestión del odio y el impulso de la escalada bélica para conseguir unos objetivos políticos que, de facto, implican una liquidación del adversario que va más allá de lo estrictamente político (lo que, de por sí, ya sería lo suficientemente grave).
Es un proyecto en el que Sternenko está acompañado por sus colaboradores y colaboradoras habituales en el mundo nacional-liberal ucraniano. Una muestra de ello es la declaración del Congreso Mundial Ucraniano de 2025 que, bajo el título de “No apaciguar el mal”, se reduce en la práctica a sostener una única tesis, a la vez diagnóstico y objetivo político: “llamamos a nuestros socios a buscar un camino no hacia el apaciguamiento del agresor, sino hacia una victoria común. El mal no puede ser apaciguado. Debe ser derrotado y castigado, por el bien de un futuro seguro para Ucrania, Europa y el mundo entero”. Dicho otra manera: guerra.
Suscrita por más de 160 personas, incluidos defensores de los derechos humanos, parlamentarios, diplomáticos, académicos, artistas conocidos, líderes de las principales asociaciones empresariales y representantes de diversas comunidades religiosas, entre esas personas aparecen las firmas de algunas de las principales vinculadas con esta serie de artículos: Serhiy Sternenko, voluntario, activista social; Serhiy Filimonov, Fundador del movimiento “Honor”, Comandante del Batallón “Lobos Da Vinci”, Capitán de las Fuerzas Armadas de Ucrania; Mykhailo Zhernakov, doctor en Derecho, director ejecutivo de la Fundación DEJURE; Bogdan «Tavr» Krotevich, Teniente Coronel, Jefe de Estado Mayor de la 12ª Brigada de Fuerzas Especiales «Azov» de la Guardia Nacional de Ucrania; Ulana Suprun, doctora en ciencias médicas, ministra de Salud de Ucrania (2016-2019); u Oleksandr Sushko, Director Ejecutivo de la International Renaissance Foundation;
En su explícita defensa de la guerra, todo este movimiento nacional-liberal ucraniano acaba en realidad situándose a la cabeza de lo que Peter Korotaev presenta como las fuerzas más sanguinarias en Ucrania, esas que se presentan como puntas de lanza de la alternativa euroatlántica y que, en esa dirección, centran su actuación en un proyecto central: radicalizar a la sociedad ucraniana para hacer viable la estrategia de guerra contra la Federación Rusa.
La gran victoria ideológica de Sternenko o de Filimonov es haber conseguido, mejor que sus oponentes macho-tradicionalistas de Azov, integrar las tesis fundamentales de la extrema derecha ucraniana dentro del discurso oficial del nacionalismo pretendidamente liberal en Ucrania. Su legado es una forma de nacionalismo autoritario plenamente normalizado, propio de quienes creen tener “opiniones absolutamente no radicales” en todo lo relativo a lo que la UE considera como valores europeos, por ejemplo en referencia a la cuestión LGTBIQ+. Un legado con el que no sólo converge el nacionalismo tradicionalmente pro-europeo en Ucrania, sino también parte del movimiento Azov hoy en proceso de descomposición, tal y como revela el acercamiento del Cuerpo de Denis Prokopenko a las tesis Sternenko-Filimonov.

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