Ayer, el recién nombrado jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania, Kirilo Bidanov, anunció su llegada a Estados Unidos para negociar la “paz justa” con Steve WItkoff, Jared Kushner y Dan Driscoll. Los nombres de esa delegación indican el desinterés de Marco Rubio, el oficial con el que la diplomacia europea admite preferir reunirse, y la importancia de dos aspectos clave, el económico, representado por Kushner, y el militar, con Driscoll en representación del Pentágono. El encuentro de este fin de semana con Ucrania inicia una nueva ronda de conversaciones por parte de WItkoff y el yerno de Donald Trump, cuya visita se espera en Moscú próximamente. SI Estados Unidos aspira a que las conversaciones se conviertan en algo más que una lista de términos acordados por Kiev y Washington pero que no pueden ponerse en práctica porque no se ha incluido en la negociación a la otra parte de la guerra, el formato tendrá que cambiar para pasar a tratar los temas en disputa en términos que puedan resultar creíbles y que hagan posible conciliar las exigencias de las partes.
Mientras tanto, Rusia, Ucrania y Estados Unidos continuarán concretando acuerdos bilaterales incompatibles entre ellos y dando tiempo a la guerra para seguir causando destrucción masiva. “Rusia está intentando asestar el golpe de gracia en la guerra de Ucrania. Lo nuevo en este informe no es sólo que los misiles rusos estén apuntando a la capacidad generadora sino que también estén impactando subestaciones. El objetivo es destruir la red eléctrica de modo que, incluso si las centrales nucleares siguen funcionando, no puedan suministrar energía a las aldeas. Zelensky ya declaró el estado de emergencia energética y el gobierno está organizando comidas calientes para los residentes en las ciudades. La situación ahora es crítica y la gente no podrá resistir mucho tiempo en estas condiciones porque ha llegado el pleno invierno. Para que conste, la OTAN hizo exactamente lo mismo en la guerra de Yugoslavia, bombardeando el 80% de las centrales eléctricas de Serbia. Rusia aprendió esto de nosotros”, escribió ayer Ben Aris, un periodista con amplia experiencia en Rusia.
La situación en Ucrania es dramática para la población, pero ese no es aliciente suficiente para los aliados occidentales de Kiev para buscar soluciones reales. Condenar a Rusia por no aceptar una solución diplomática que no se le ha ofrecido se ha convertido en la rutina con la que los países europeos justifican que su único interés sea seguir exigiendo más sanciones contra Rusia y manteniendo que la guerra es insostenible para Moscú debido a sus enormes bajas. El único interés de los países europeos es el debate interno, actualmente estancado en la disputa por qué tipo de armas podrá adquirir Ucrania con los 90.000 millones de euros de préstamo para los dos próximos años y la pugna por si es preciso o no reiniciar el diálogo directo con Moscú. “El Reino Unido se distancia de Francia e Italia a cuenta de las conversaciones con Putin”, titula este fin de semana un artículo publicado por Politico en el que se habla del interés de Macron por recuperar el diálogo directo frente al rechazo de otros países. “Esto revoluciona el concepto de diplomacia —hablar para determinar qué se necesita para la paz—. Según esta lógica, la diplomacia comienza cuando el oponente se ve obligado a negociar los términos de su rendición. Hablar solo cuando se trata de ser condescendiente con los demás ya no funciona en este momento”, escribió ayer la activista feminista Almut Rochowanski para criticar este proceso que pretende ser diplomático, pero en el que el diálogo es la parte más polémica.
Las próximas semanas se prevén claves para determinar el curso que tomarán los acontecimientos a lo largo del año. Lo ocurrido estos últimos días en torno a Venezuela, Irán o Groenlandia han marcado las primeras semanas del año, pero la celebración del Foro de Davos y la Conferencia de Seguridad de Múnich son los escenarios en los que los países europeos buscarán volver a poner a Ucrania en el centro de la agenda política mundial. “Los aliados del G7 de Kiev se reunirán con Donald Trump en Davos para solicitar su respaldo personal a las garantías de seguridad para Ucrania tras el alto el fuego elaboradas por su administración”, afirma Financial Times esta semana. “La reunión de líderes de Davos buscará el visto bueno de Trump a los acuerdos alcanzados con sus negociadores ucranianos y el comandante de la defensa europea de Estados Unidos en París la semana pasada, considerados fundamentales para garantizar que Rusia no reinicie la guerra tras cualquier alto el fuego. Sin embargo, las capitales europeas están nerviosas por el alcance del compromiso personal del presidente estadounidense de apoyar a Ucrania tras un posible acuerdo de paz con Rusia”, añade el medio, que insiste en el temor europeo al abandono de Trump, a quien, frente a toda evidencia, aún se le adjudican sentimientos prorrusos.
En sus próximos encuentros, los países europeos seguirán la línea de Ucrania, que en su reunión con Estados Unidos intentará consolidar la idea de unas garantías de seguridad con la máxima presencia posible de Washington, mientras tratará de reducir las concesiones que se le exigen en materia territorial. En paralelo, los países europeos buscan resolver una cuestión igualmente polémica, la adhesión de Ucrania a la UE, algo que apareció en los planes de Witkoff sin previo aviso a Bruselas. Aunque desde hace tiempo se da por hecha la futura entrada de Ucrania en la Unión Europea, los detalles de ese acceso aún siguen en el aire. La aparición de un punto según el cual se admitiría a Kiev en el bloque europeo antes de 2027 sorprendió negativamente a las capitales europeas en diciembre del año pasado, cuando Bruselas se molestó al ver que Estados Unidos negociaba con Ucrania algo que correspondía únicamente a la UE.
La orden de Estados Unidos de que sean los países europeos los que se hagan cargo del coste de la guerra y del grueso de las garantías de seguridad, en las que Washington quiere participar aportando únicamente una cobertura secundaria, implica acelerar la entrada de Ucrania en la UE, que Bruselas siempre ha presentado como otro tipo de medida de preservación de la paz. La rapidez con la que Donald Trump espera la integración europea de Kiev ha obligado a Bruselas a aplicar la creatividad. “Bruselas está elaborando propuestas para eliminar el sistema de adhesión a la UE utilizado desde la Guerra Fría y sustituirlo por un polémico modelo de dos niveles que podría acelerar la entrada de Ucrania en cualquier acuerdo de paz para poner fin a la invasión rusa”, afirma Financial Times. La UE responde así a las exigencias de Trump, modus operandi habitual para lograr que Estados Unidos devuelva el favor cumpliendo con las expectativas europeas y ucranianas de mayor implicación en la estructura de seguridad de Ucrania y Europa más allá de la guerra.
Las alabanzas de Úrsula von der Leyen a los inexistentes progresos de Ucrania en aspectos como la libertad de prensa indican que Bruselas prepara una adhesión privilegiada para Ucrania. Sin embargo, el coste que implica para el bloque la entrada de un país con grandes necesidades económicas hace que las prisas que existen en Kiev no sean las mismas en las capitales europeas, dispuestas a ofrecer una adhesión de segunda a su nueva adquisición. “El plan preliminar que se está debatiendo permitiría a Ucrania unirse al bloque, pero con mucho menos poder de decisión. Según los funcionarios, Ucrania no tendría inicialmente derechos de voto normales en las cumbres de líderes y reuniones ministeriales”, escribe Financial Times, que añade que, en un tiempo indeterminado, Kiev adquiriría progresivamente los derechos de otros Estados miembros en esta Unión Europea de dos velocidades, en la que algunos de ellos serían, en la práctica, simples colonias al servicio de Bruselas. “La UE propone que Ucrania se una, pero sin libre comercio y libertad de movimiento, subvenciones, participación política. En resumen, unirse a la UE sin nada de lo que la UE es, hace ni ofrece”, comentó Rochowanski.
Cono no podía ser de otra manera, la reacción europea pasa siempre por ver la mano del Kremlin en cada paso que le es incómodo y al que tiene que reaccionar dando a Estados Unidos exactamente lo que pide. “Estamos cayendo en una trampa preparada por Trump y Putin”, afirma uno de los diplomáticos europeos citados por el artículo de Financial Times. Todo en el mundo es una trama de Vladimir Putin, incluida la idea de que la UE plante su bandera en Kiev sin necesidad de otorgar a Ucrania los derechos que implica la adhesión al bloque.
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