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Economía, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

El hombre de Trump en Ucrania

Estados Unidos no necesita Groenlandia por los recursos naturales, ha insistido esta semana Donald Trump, sino por motivos de seguridad nacional. Exagerando hasta el ridículo la presencia de buques rusos y chinos –cuyas rutas comerciales por el ártico no pasan por Groenlandia-, Trump ha querido remarcar la idea de peligro de infiltración, control o incluso captura de la isla más grande del planeta si Estados Unidos no interviene. Y aunque el presidente de Estados Unidos se ha jactado de su buena relación con Vladimir Putin y Xi Jinping, de los que ha insistido que no espera más ataques contra Ucrania ni una invasión de Taiwán respectivamente, el peligro que supuestamente suponen ambas potencias es útil a la hora de sugerir que la OTAN no es capaz de proteger el territorio e insistir en que Dinamarca ha de vendérselo a Estados Unidos. “No quiero a China y a Rusia de vecinos”, declaró públicamente olvidando que, en el estrecho de Bering, es ya vecino de Rusia. Ese fue precisamente uno de los grandes mensajes de la cumbre de Alaska. Pese a la retórica de Trump, tres aspectos fuertemente interrelacionados –la posición militar estratégica del territorio, su cercanía a las rutas comerciales del futuro en el Ártico y la riqueza natural- son la base por la que Donald Trump se ha interesado por Groenlandia, una idea que, según John Bolton, le fue presentada por Ronald Lauder. Heredero de la fortuna de la marca de cosméticos Estée Lauder, el multimillonario, amigo de Donald Trump desde los tiempos universitarios de ambos, es una figura recurrente tanto en el mundo de los negocios como en el de la política e incluso la diplomacia.  

En su información sobre la adjudicación del primer gran contrato de explotación de los recursos naturales ucranianos en el marco del acuerdo de minerales firmado por Scott Bessent y Yulia Svyrydonova el año pasado a un consorcio encabezado Ronald Lauder, The New York Times recuerda que, según John Bolton, fue él quien convenció a Donald Trump de la importancia de Groenlandia. Recién retirado de la junta de Estée Lauder, el multimillonario se dispone a ser el modelo para otras empresas estadounidenses en Ucrania en la explotación del litio, un mineral clave en la producción de baterías. Las materias primas –fundamentalmente las reservas confirmadas tierras raras, uranio y hierro, además de los posibles yacimientos petróleo y gas- fueron los motivos iniciales del interés del trumpismo en Groenlandia, aunque la idea de Lauder no era buscar la propiedad, sino el derecho de explotar el territorio. En otras palabras, hacer en esa región bajo control de Dinamarca lo que su consorcio va a poder hacer en Ucrania.  

Decidido Trump a obtener la propiedad de Groenlandia, según un artículo publicado por The New York Times en 2022, Lauder “se ofreció como negociador extraoficial para comprar Groenlandia a Dinamarca, según un nuevo libro. Dinamarca dijo que no”. La política, la diplomacia, la injerencia en otros países o la idea de ejercer de backchannel, mediador extraoficial, eran nuevas para Lauder, un veterano de la causa atlantista y sionista que en los años de Ronald Reagan utilizó la puerta giratoria entre las grandes empresas y el Gobierno para llegar a ser subsecretario de Defensa para la política europea y de la OTAN y embajador en Austria, un país neutral importante en la Europa de los años finales de la Guerra Fría. Los puestos que Lauder ha ocupado en su carrera política y sus posturas ideológicas nunca han sido casuales y siempre han ido de la mano del ala dura de la derecha estadounidense, tanto en la política atlantista como en la expansión capitalista en el este de Europa tras la Guerra Fría como al frente del World Jewish Congress, un grupo sionista cercano al partido de Netanyahu. Como demuestra su fotografía con Jolani, Lauder actuó también de mediador entre Siria e Israel en la normalización del nuevo gobierno yihadista sirio. 

 Su posición como presidente del World Jewish Congress y las conexiones que permite liderar una organización de alcance mundial son dos de los aspectos clave que Peter Korotaev señala en el artículo publicado en su blog Events in Ukraine para detallar la larga trayectoria de Lauder en el este de Europa, también en Ucrania. Como explicaba un artículo publicado por The New York Times pocos días antes de que la reunión del Despacho Oval estuviera a punto de descarrilar la negociación del acuerdo de minerales, Lauder fue una de las personas clave en el surgimiento de la idea. “La campaña se puso en marcha después de que inversores estadounidenses con conexiones políticas comenzaran a mostrar interés por las riquezas subterráneas de Ucrania a finales de 2023, a pesar de la guerra que se libra desde 2022. Según una carta dirigida a Zelensky y revisada por The New York Times, un consorcio formado por TechMet, una empresa de inversión energética participada en parte por el Gobierno estadounidense, y Ronald S. Lauder, un acaudalado amigo de Trump, se ha comprometido con Kiev a presentar una oferta por un yacimiento de litio ucraniano. A falta del trámite final de la confirmación, Lauder y TechMet han obtenido el contrato para explotar el litio, fruto del acuerdo de extracción de minerales nacido de su idea de uso compartido de la riqueza ucraniana a beneficio de Estados Unidos. Pero su presencia en Ucrania no se ha limitado históricamente a la extracción de minerales, sino que se ha centrado en el ecosistema mediático, un aspecto que los países occidentales consideraron fundamental a la hora de imponer su narrativa y consolidar la restauración capitalista y el giro euroatlántico que las potencias occidentales deseaban consolidar en Ucrania.  

Curiosamente, el canal adquirido por Lauder no es otro que 1+1, que a la postre se convertiría en la cadena de televisión con la que colaborarían Volodymyr Zelensky y su estudio, Kvartal 95, cantera de la que ha salido una parte importante del actual Gobierno de Ucrania. La adquisición de Lauder se produjo a iniciativa de Alexander Rodnyasky,  el hombre que, en 2022, organizaría junto a Roman Abramovich las negociaciones Rusia-Ucrania que, en Estambul, estuvieron cerca de obtener un acuerdo de paz. “Por invitación del primer propietario de 1+1, el mencionado empresario ucraniano Aleksandr Rodnyansky (que pasó la mayor parte de las décadas de 2000 y 2010 en Rusia), la empresa Central European Media Enterprises (CME) de Lauder compró el 30% de 1+1. Lauder pagó entonces 22 millones de dólares por el 30 % de las acciones. En 2008, CME, propiedad de Lauder, compró el resto de 1+1 por 220 millones de dólares”, explica Peter Korotaev.  

“Él mismo vino a nosotros. CME se fundó en 1993. La fundaron dos antiguos embajadores estadounidenses: Ronald Lauder en Austria y Mark Palmer en Hungría. La idea de crear empresas de televisión privadas e independientes en los países de Europa Central y Oriental era algo natural. Palmer fue el impulsor ideológico del proceso. El multimillonario Lauder pudo invertir en el proyecto. Se crearon cadenas de televisión de gran éxito en la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Rumanía, Polonia y Hungría. Los estadounidenses también miraban con interés a Ucrania. En 1995, representantes de CME vinieron aquí. Seis meses después, se pusieron en contacto con nosotros. Un año más tarde, «nos casamos». A partir del 1 de enero de 1997, 1+1 se convirtió en una cadena de televisión en toda regla”, explicó Rodnyatsky sobre los inicios del canal considerado el primer canal moderno al estilo occidental. No parece casualidad que la cadena fuera propiedad de una empresa creada por dos exembajadores de Estados Unidos.  

De la mano de Rodnyatsky, Zelensky y su productora comenzaron a trabajar para 1+1, donde se emitiría la serie que le catapultó a la presidencia, unos años después de que el multimillonario estadounidense hiciera buena su inversión vendiendo el canal a otro viejo conocido, Ihor Kolomoisky, el hombre que gestionó para Lauder la organización de una reunión con el entonces presidente Yuschenko. Como buen diplomático en la sombra, Lauder no ha limitado sus contactos y también existen imágenes de su reunión con Vladimir Putin en el Kremlin como parte de una delegación de organizaciones judías.  

“En resumen, Lauder es un operador con una larga trayectoria en áreas muy delicadas. La noticia de que se hará cargo de un yacimiento ucraniano probablemente tenga implicaciones diplomáticas que van más allá de Ucrania. ¿Quizás Trump espera utilizar las conexiones ucranianas de Lauder para establecer relaciones con empresarios ucranianos que tienen conexiones rusas y con los propios empresarios rusos?”, comenta Peter Korotaev. El lucro y la influencia política tienden a ir de la mano, por lo que no sería de extrañar que las conexiones que Lauder ha creado a lo largo de los años resultaran útiles en la reconfiguración de la Ucrania del futuro, más vinculada a la oligarquía internacional y al servicio del gran capital de los países de la OTAN en los que el empresario acostumbra a mediar.  

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