Aunque el protagonismo mediático de la negociación para buscar el final de la guerra rusoucraniana se centra generalmente en los aspectos militares, como anunció Zelensky, Ucrania y Estados Unidos negocian también un documento económico, algo no menos importante e igualmente vinculado a la seguridad. Desde 2022, la presencia ecnoómica de los países occidentales ha sido considerada una garantía de que la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos no puedan abandonar Ucrania a su suerte una vez logrados sus objetivos, como ocurrió en Afganistán en los años 90, o admitiendo el fracaso, al estilo del abandono del gobierno de Hamid Karzai en 2021. Las reuniones para conseguir inversiones del gran capital, entre ellas las de los principales fondos buitre, han avanzado en paralelo al intento de lograr una vinculación directa de Estados Unidos en la economía de la Ucrania del futuro. La lógica es simple y, como ha demostrado la guerra, no siempre fiable: Rusia no se atreverá a atacar activos económicos de Estados Unidos. La lógica del acuerdo de minerales iba algo más lejos, ya que implica presencia directa en sectores estratégicos que Washington tendría que proteger. Ese es el camino que Ucrania ha seguido, con una negociación de un “plan de prosperidad” que, en realidad, forma parte de las garantías de seguridad. A mayor aspiración de beneficio de Estados Unidos, más certeza para Ucrania de la continuación de la presencia de su aliado sobre el terreno e integración económica y política en el bloque occidental, primer paso hacia la adhesión militar.
Recientemente se ha hablado mucho de los avances realizados por la Coalición de Voluntarios en su negociación para la creacion de hubs militares en Ucrania y otros aspectos de la militarización del país después de la guerra, pero, a juzgar por algunas publicaciones, los progresos son aún más relevantes en el llamado “paquete de prosperidad”, el nombre típicamente traumpista que se ha dado al documento económico que ha de vincular a Ucrania y Estados Unidos en el futuro. “Estados Unidos y Ucrania firmarán un acuerdo de reconstrucción por valor de 800.000 millones de dólares”, titulaba el viernes The Telegraph, que añadía que “Trump y Zelensky concluirán un acuerdo de prosperidad y garantías de seguridad en Davos”. No hay mejor lugar para firmar un acuerdo que pone en manos de las grandes empresas internacionales el futuro económico del país que el Foro de Davos.
“El presidente ucraniano esperaba viajar a la Casa Blanca la próxima semana para cerrar tanto el plan de prosperidad económica como un acuerdo sobre garantías de seguridad para la posguerra. Sin embargo, sus aliados europeos de la «coalición de voluntarios» le desaconsejaron el viaje y le sugirieron como alternativa más adecuada el Foro Económico Mundial para reunirse con Trump”, afirma el diario británico. Los países europeos siguen tratando de proteger a Zelensky, tratando de conseguir que las cumbres importantes se celebren en Europa y donde el presidente ucraniano pueda estar escoltado por sus incondicionales socios.
“Kiev espera que, al ofrecer a Washington una participación en la reconstrucción de la posguerra, especialmente en proyectos que podrían ser del agrado de Trump, el presidente estadounidense se muestre más dispuesto a ofrecer garantías de seguridad sólidas”, afirma el medio británico mostrando que la visión que Ucrania mostró en 2022 no ha cambiado y que basa sus aspiraciones en esperanzas que dependen de la voluntad de su aliado norteamericano. Los pocos detalles de los que se dispone apuntan a que tampoco los términos han cambiado desde que los fondos buitre se interesaron en la reconstrucción de Ucrania y Trump se convenció de la existencia de trillones de dólares en potencial beneficio en el subsuelo del país. “El plan de prosperidad tiene como objetivo recaudar alrededor de 800.000 millones de dólares (600.000 millones de libras esterlinas) en una década para reconstruir Ucrania y reactivar su economía, según afirman funcionarios ucranianos. Zelensky afirmó que el acuerdo proporcionaría «la recuperación económica, la restauración de puestos de trabajo y la reactivación de Ucrania» en una rueda de prensa celebrada a finales del año pasado”, escribe The Telegraph, que no aspira a explicar los términos en los que se espera que se enmarque el documento.
“Se entiende que allana el camino para una serie de préstamos, subvenciones y oportunidades de inversión de empresas privadas para proporcionar los fondos.”, añade con los únicos detalles sobre el fondo del futuro acuerdo, un trasvase de riqueza de Ucrania a Estados Unidos, de dinero público a beneficio privado, uso de los recursos naturales al servicio de Occidente y más deuda acumulada que todas las partes saben que nunca podrá ser devuelta.
Esos problemas del futuro, hipotecar la situación económica del país a la voluntad occidental no es la primera preocupación de Zelensky, convencido de que la resolución de todos los problemas pasa por contar con más presencia, pública o privada, de Estados Unidos. La prisa de Zelensky por firmar el paquete económico contrasta con la prudencia que, según The Telegraph, aconsejan los líderes europeos, que prefieren centrarse en las cuestiones militares y políticas.
Mientras tanto, Ucrania avanza en sus planes de incluir al capital estadounidense en la economía del país. La firma del acuerdo de minerales implicaba una cooperación directa en la que Ucrania abriría la puerta a la participación de las empresas estadounidenses en la extracción de minerales estratégicos. En junio del año pasado, The New York Times anticipaba que el primer contrato que Ucrania se disponía a conceder recaería en un conglomerado cuya cabeza visible era cercana a la administración Trump. El medio neoyorquino confirmaba ayer la noticia. “Ucrania adjudicó el jueves una licitación para explotar un importante yacimiento estatal de litio a un grupo de inversores entre los que se encuentra un multimillonario amigo del presidente Trump, después de que su administración haya indicado que está buscando oportunidades de inversión en este país devastado por la guerra”, explica The New York Times.
La economía, la explotación de recursos naturales clave, como es el caso del litio, y la geopolítica caminan de la mano y los mismos nombres se repiten en conflictos aparentemente diferenciados. “El consorcio ganador está estrechamente vinculado a la administración Trump. Entre sus miembros se encuentra Ronald S. Lauder, heredero de una fortuna en el sector cosmético, que conoce a Trump desde la universidad y fue quien le sugirió la idea de comprar Groenlandia, rica en recursos naturales. El otro inversor es TechMet, una empresa energética participada en parte por una agencia de inversión del Gobierno estadounidense creada durante el primer mandato de Trump”, afirma el artículo.
Demostrando la inquebrantable voluntad de creer siempre la versión ucraniana, el medio indica que sus fuentes aseguran que el concurso fue justo y la propuesta del multimillonario superaba a las demás. El contrato, que ha de ser ratificado por el Consejo de Ministros, un mero trámite, fue adjudicado por una comisión gubernamental en la que ni siquiera The New York Times cree que agradar a Donald Trump no fuera un factor. “Al cultivar vínculos con inversores relacionados con Trump y su administración, Kiev se está posicionando favorablemente ante el líder estadounidense justo cuando busca su respaldo en las negociaciones de paz con Rusia, aprovechando los esfuerzos por atraer su mentalidad orientada a los negocios”, admite el artículo. Los recursos naturales del país son una mera herramienta con la que conseguir sus objetivos políticos.
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