Su muerte siempre resultó extraña, desde el propio anuncio a la forma en la que supuestamente se había producido. Su brigada, el Cuerpo de Voluntarios Rusos, RDK, lo anunció en las redes sociales sin apenas detallas y otorgando a su líder un final heroico, el final del guerrero que destacaba Maksym Zhoryn en su sentido homenaje. Denis Kapustin, White Rex, había caído en el frente a causa del impacto de un dron FPV en algún lugar del frente de Zaporozhie, uno de los dos actualmente activos. Las dudas comenzaron a surgir nada más producirse el anuncio del RDK, acompañado por una foto en blanco y negro de su líder caído. Al igual que otras figuras cuya importancia no es militar, como Andriy Biletsky, Kapustin no se había prodigado especialmente por el frente y su grupo se ha dedicado fundamentalmente a acciones concretas como parte de las fuerzas especiales del Directorio General de la inteligencia militar de Ucrania, es decir, de Kirilo Budanov, y a redadas como la que hizo famoso al grupo en aldeas puramente civiles de la parte rusa de la frontera.
El único detalle que hacía creíble que Kapustin hubiera sido destinado al frente era la muerte de al menos cinco soldados del grupo esa misma semana, algo que ha sido explicado como la consecuencia de la dificultad de Ucrania para reponer sus filas a causa de las bajas y dificultades de reclutamiento. Aunque en la entrevista que concedió a Fox News en su visita a Estados Unidos Zelensky afirmó que, por primera vez en la guerra, Rusia había sufrido pérdidas netas en el año (menor reclutamiento que muertes en el frente), no es Rusia quien está teniendo problemas para sustituir a los soldados muertos, heridos o que han de ser relevados al terminar sus rotaciones. La presencia de grupos como RDK, que en ningún momento ha sido concebido como unidad de infantería, es solo una evidencia más al respecto.
Sin embargo, el envío de un grupo al frente no implica necesariamente la presencia de líderes como Kapustin, más mediáticos que militares y que no dirigen las operaciones sino que son solo un referente político e ideológico para el resto de soldados. En ese sentido, la comparación natural de White Rex es Andriy Biletsky, una figura que ha ascendido en el escalafón militar gracias a la guerra, pero que nunca ha sido un estratega ni un comandante encargado de las operaciones del día a día de Azov, ni en su forma inicial en 2014 ni en su actual reorganización como Tercera Brigada de Asalto. Las posibilidades de que un dron ruso pudiera detectar deliberadamente y alcanzar a Kapustin no parecían especialmente elevadas más allá de un golpe de suerte en un ataque, no a la persona, sino a la localización en la que hubiera sido detectado el RDK.
La escasez de detalles sobre la muerte, la inexistencia de un comunicado ruso sobre el ataque y, sobre todo, la ausencia de un funeral u homenaje público en el que pudieran participar el resto de grupos de extrema derecha que habían mostrado sus respetos al compañero caído y prometido venganza hacían cada vez menos creíble la versión inicial de la heroica muerte en el frente. Sin embargo, el GUR ucraniano no ha dado tiempo a que se produzcan rumores como el del ajuste de cuentas o el intento de Zelensky de deshacerse de las principales figuras neonazis. Esa hipótesis fue planteada inicialmente por los analistas más optimistas, que quisieron ver en la liquidación de Kapustin por parte de las estructuras de seguridad del Estado ucraniano la eliminación de grupos o figuras capaces de obstaculizar la paz en caso de desmovilización masiva de centenares de miles de hombres bregados en el frente y con fuerte posicionamiento ideológico.
La realidad ha resultado ser más prosaica. Kapustin no había caído ni en el frente ni en la retaguardia y, como sospechaban quienes vieron algo extraño en el comunicado del RDK, han resultado tener razón. Ayer, en su estilo provocador y con voluntad de dar espectáculo, Kirilo Budanov desveló el truco final. “El comandante del RDK Denis Kapustin está vivo”, comunicaba ayer el grupo en sus redes sociales. En su perfil, el mensaje aparecía a continuación del comunicado emitido hace unos días por el comandante militar del grupo, que con el tono más serio posible, exigía que se evitaran los rumores y especulaciones y llamaba a creer únicamente la información oficial publicada por el RDK. Aprovechando el interés mediático que había provocado la heroica muerte, el grupo apelaba a sus seguidores a alistarse y a contribuir económicamente a su financiación. Cualquier excusa es buena para solicitar más dinero a sus seguidores y no puede echarse a perder la oportunidad de explotar económicamente una falsa muerte.
La trama destapada ayer por Kirilo Budanov es un calco de la operación especial del SBU en 2017, la falsificación de la muerte del periodista Arkadi Babchenko. Como entonces, la escenificación de la muerte ha sido justificada para evitar un asesinato político de los servicios secretos rusos. En ambos casos, el personaje al que Rusia deseaba supuestamente asesinar era una persona irrelevante en el país, radicada en Ucrania, sin intención de regresar ni seguidores a los que hacerlo. Pero también como en aquella ocasión, la realidad y la ficción pueden entremezclarse para crear un relato épico de una gran victoria ucraniana frente a la malvada Rusia, que otra vez ha fracasado en su intento de eliminar a un enemigo. “Fracaso de los servicios especiales rusos. El comandante del RDK Denis Kapustin está vivo y se han recibido 500.000 dólares por su eliminación, que reforzarán la fuerzas especiales del Directorio General de Inteligencia”, alegaba el grupo, utilizando la misma excusa que la usada para justificar la muerte de Babchenko, evitar un asesinato ruso y lucrarse por él.
En esta guerra en la que realidad y ficción, hechos y mitos se confunden, no hace falta probar nada para que resulte creíble. “Como resultado de una compleja operación especial llevada a cabo por la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, que duró más de un mes, se salvó la vida del comandante del RDK Denis Kapustin, a quien el dictador ruso Vladimir Putin considera su enemigo personal, y se identificó a un grupo de personas involucradas en el crimen dentro de los servicios especiales rusos y a sus autores”, añade RDK a su épica descripción de una operación que tiene más de imaginario que de real y que ha decidido convertir en el equivalente al clímax de un wéstern con un duelo final entre el protagonista y el antagonista.
“Supongo que ver a Leonid Nevzlin, socio de Jodorkovski y accionista de Haaretz, lamentando solemnemente desde Israel la muerte de un nazi declarado valió la pena. Igual que los obituarios de periodistas occidentales que lo pintaron como una personalidad compleja que eligió el lado correcto de la historia. Ahora, especialmente para ellos, está vivito y coleando, de pie frente a la Spayka, un símbolo fascista, una versión rusa de, bueno, el Fascio”, comentó el periodista opositor ruso Leonid Ragozin. “Los héroes en realidad nunca mueren”, sentenció. Especialmente los héroes creados artificialmente gracias a las ocurrencias de los servicios de inteligencia.
La operación para devolver a la vida a Denis Kapustin ha resultado ser el último espectáculo del GUR de Kirilo Budanov. “Me reuní con Kyrylo Budanov y le ofrecí el cargo de Jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania. En estos momentos, Ucrania necesita una mayor atención a la seguridad, el desarrollo de las Fuerzas de Defensa y Seguridad de Ucrania, así como a la vía diplomática de las negociaciones, y la Oficina del Presidente se encargará principalmente del cumplimiento de estas tareas de nuestro estado. Kyrylo cuenta con experiencia especializada en estas áreas y la capacidad suficiente para obtener resultados”, escribió ayer Volodymyr Zelensky para anunciar, más de un mes después de la dimisión obligada de Andriy Ermak, quién será la persona que se haga cargo de la Oficina del Presidente. Las credenciales negociadoras de Budanov son más que cuestionables, ya que Rusia siempre ha considerado sus operaciones especiales provocaciones gratuitas, pero sus conexiones internacionales sí pueden resultar de utilidad.
El nombramiento de Budanov supone un claro cambio de rumbo. Al contrario que Ermak, al que estaba enfrentado y que trató repetidamente de conseguir su cese, Kirilo Budanov es cercano a Estados Unidos. Como destacaba un artículo publicado por The Washington Post en 2023, a la hora de diseñar la colaboración de inteligencia que comenzó en 2014, Estados Unidos eligió al GUR como su aliado. El GUR era para la CIA una inteligencia más pequeña, manejable y, sobre todo, “con menos lastre de los tiempos soviéticos, mientras el SBU aún era percibido como infiltrado por la inteligencia rusa”. “El GUR fue nuestro bebé”, afirma uno de los antiguos agentes encargados de poner en marcha una colaboración de inteligencia que implica control y poder de Estados Unidos en el Estado más profundo de Ucrania, cuyo principal líder alcanza ahora uno de los puestos clave del poder ejecutivo en el momento más importante.
A su relación con el aliado indispensable hay que añadir la capacidad de Budanov de controlar a algunos de los batallones más radicales e ideologizados, que durante este tiempo han formado parte de sus fuerzas especiales. Entre esos batallones se encuentra Kraken, la reorganización de Azov en la que colaboraron Maksym Zhoryn y Denis Kapustin tras la derrota en Azovstal, una relación que conecta a Budanov con otra figura política en alza, Andriy Biletsky. Avala también al exlíder del GUR su cercanía a figuras como David Arajamia, líder de la facción parlamentaria del partido de Zelensky, un cúmulo de conexiones importantes que ponen a Budanov un paso por delante de otros aspirantes al poder político, especialmente el crecientemente aislado Zaluzhny.
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