Tras el cese de su número dos, el todopoderoso Andriy Ermak, Volodymyr Zelensky trata de reconstruir el Gobierno y la Oficina del Presidente para que este momento de vulnerabilidad que supone perder al asesor más importante no provoque una crisis política de consecuencias impredecibles. Entre las opciones de Zelensky están personas como Yulia Svyrydenko, que obtuvo el puesto de primera ministra en la anterior crisis de gobierno precisamente por ser cercana a Ermak, o Pavlo Palisa, militar reconocido y uno de los jefes adjuntos de Ermak. Ambas opciones, u otras similares que se manejan en la prensa, serían ejemplos claros de gatopardismo, cambiar algo para que todo siga igual. En el caso de que el hombre elegido fuera Palisa, Ermak seguiría controlando la Oficina del Presidente por medio de un proxy. Sin embargo, Zelensky se ha reunido también con figuras hostiles a Ermak como Budanov, el jefe de la inteligencia militar con el que el exjefe de la administración presidencial estaba enfrentado. El nombre de la persona que vaya a hacerse cargo de un puesto clave dará un indicio de cuál es el plan elegido por Zelensky para tratar de mantener la estabilidad ahora que, incluso medios tan afines como The Times advierten de que su “batalla por la supervivencia es más personal que nunca” y alertan de que “tras perder a su asesor de mayor confianza en un escándalo de corrupción y ante crecientes dudas sobre la estrategia de guerra de Ucrania, el presidente se enfrenta a posibles deserciones”.
Aunque aún no se ha confirmado quién será la nueva figura fuerte de Ucrania al lado de Zelensky, los medios críticos con su facción han llegado ya a la conclusión de que la actuación del presidente, concretamente el nombramiento de Rustem Umerov para liderar la delegación negociadora ucraniana, supone “una preocupante priorización de la lealtad personal sobre la competencia profesional, precisamente cuando Ucrania menos puede permitirse tal indulgencia”. La oposición parlamentaria, ciertos sectores del partido del presidente y la prensa contraria a Zelensky que ha sobrevivido a las diferentes purgas de partidos, líderes y medios de comunicación prohibidos o demonizados por no ser lo suficientemente nacionalistas, realizan movimientos para mejorar su posición ante los cambios que van a producirse ahora y, sobre todo, ante la posibilidad de que Estados Unidos insista en un acuerdo de paz que implique elecciones a corto plazo.
El plan de 28 puntos con el que Estados Unidos ha conseguido reanudar el proceso de negociación tanto con Rusia como con Ucrania exigía la celebración de elecciones en un plazo de cien días, una forma de responder a la exigencia rusa de que la firma de cualquier tratado vinculante sea realizada por un Gobierno legítimo. Como en 2014, Rusia reconoció el resultado electoral de 2019 que dio la victoria a Zelensky, pero desde que su mandato expiró, ha insistido en la falta de legitimidad del Gobierno ucraniano, aspecto sobre el que, en ocasiones, también ha hablado Donald Trump. La mención del plan estadounidense a la necesidad de celebrar elecciones a la mayor brevedad acelera los plazos y obliga a los potenciales aspirantes a competir con Zelensky a posicionarse rápidamente.
De todas las personas que esta semana buscan crear un discurso coherente y eficiente que colocar en los medios, la más importante de ellas no se encuentra en Ucrania y se ha dirigido a la población por medio de uno de los periódicos del país en el que es embajador. Desde su cese como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania en 2023, lastrado por el mal resultado de la contraofensiva terrestre, su enfrentamiento con Zelensky y Ermak y su osadía al anunciar en The Economist el fracaso de las operaciones militares cuando el Gobierno pretendía mantener la ficción del éxito durante un tiempo más, Valery Zaluzhny ha encabezado la delegación ucraniana en un país clave, el Reino Unido.
“El general Valery Zaluzhny, que hasta el año pasado era comandante en jefe de las fuerzas armadas del país y es considerado por muchos como un futuro presidente, afirma que Ucrania debe acabar con la corrupción y llevar a cabo profundas reformas para poder prosperar una vez finalizada la guerra”, escribía The Telegraph para presentar el artículo que el embajador de Ucrania en el Reino Unido publicaba ayer. El mensaje puede ser considerado una muestra de apoyo del medio británico, cercano tanto a Boris Johnson como a las posturas del Reform, de Nigel Farage, a Valery Zaluzhny, que sigue encabezando las encuestas de intención de voto para futuras elecciones presidenciales. Esa posición privilegiada como gran figura política emergente en un país en el que la legislación prohíbe procesos electorales durante procesos de estado de excepción como el actual, sin las condiciones objetivas para un proceso limpio y seguro, obliga a tener en cuenta su postura.
“Conocer el objetivo político de una guerra permite comprender qué está haciendo el enemigo y cómo responder”, comienza Zaluzhny, que para definir el fin que Rusia persigue en esta guerra afirma que “el conflicto en Ucrania lleva 12 años, desde la invasión de Crimea en 2014. No hay duda sobre el objetivo político de Rusia: la abolición de Ucrania como Estado independiente. Comprender esto debe ser la base para construir una estrategia que preserve nuestra condición de Estado”. Esta visión de la guerra, que es la misma que se ha generalizado en el establishment europeo y norteamericano, ignora completamente la actuación de Rusia entre abril de 2014 y finales de 2021. Para ello, hay que recordar que, antes incluso de que estallara la guerra en Donbass y de que el presidente Putin se dirigiera a la población rebelde del este y el sur de Ucrania para que no celebrara el referéndum del 11 de mayo, Rusia participó con Ucrania, la UE y Estados Unidos en las conversaciones de Ginebra, cuyo objetivo era rebajar tensiones. Para entonces, Rusia había obtenido ya el premio que buscaba, la adhesión de Crimea, y aspiraba a consolidar su posición y volver a cierta normalidad.
Esa postura se repitió tras la firma de los acuerdos de Minsk en febrero de 2015, cuando el frente se estabilizó y el Kremlin buscó mantener la situación bajo control exigiendo a Ucrania el cumplimiento de sus compromisos adquiridos -estatus especial, derechos lingüísticos y culturales, una policía regional y capacidad de comerciar con las regiones rusas cercanas- y ofreciendo la asistencia suficiente para garantizar que las Repúblicas Populares no pudieran ser militarmente derrotadas por el ejército de Kiev. Tuvieron que pasar más de seis años para que Rusia se resignara a la idea de que Ucrania no iba a implementar los acuerdos y cuando Dmitry Kozak presentó a Vladimir Putin un plan basado en el compromiso ucraniano de cumplir los acuerdos de Minsk, esa idea había quedado ya totalmente deslegitimada. Quienes vinculan directamente la anexión de Crimea con el reconocimiento de las Repúblicas Populares y la invasión de Ucrania olvidan deliberadamente todo lo ocurrido en esa fase intermedia en la que ni Ucrania ni sus aliados ocultaron en ningún momento su intención de reescribir Minsk a su favor y evitar a toda costa cumplir con los compromisos adquiridos con la firma de aquel acuerdo que Ángela Merkel había negociado para evitar el colapso del ejército ucraniano en Debaltsevo. La narrativa oficial parte de una premisa que es falsa, por lo que simplemente ignora lo ocurrido durante todo este periodo.
En el discurso de Zaluzhny hay una clara crítica a Zelensky, de quien se sugiere dejación a la hora de preparar al ejército para la guerra. “En agosto de 2021 me convertí en comandante en jefe de las fuerzas armadas de Ucrania. Aunque el ejército estaba experimentando una transformación y adquiriendo experiencia en combate, aún tenía muchos problemas. El ejército ruso estaba aumentando rápidamente sus fuerzas y suministros. El Kremlin aumentaba el presupuesto militar año tras año, invertía recursos en el complejo industrial de defensa y compraba más armas y equipos. Mientras tanto, en Ucrania ocurría lo contrario: en 2021, se asignó al ejército aún menos dinero que el año anterior. Como resultado, nuestro ejército se enfrentó a una invasión a gran escala al año siguiente con una enorme escasez de todo, desde personal hasta armas”, afirma el general.
“Según el teórico militar ruso Alexander Svechin, existen dos tipos de estrategias para alcanzar un objetivo político: la derrota y el desgaste. La estrategia rusa para la derrota preveía acciones militares claras: un ataque rápido contra la capital ucraniana y ataques en otras direcciones”, añade para explicar que “el heroísmo” ucraniano evitó la estrategia de la derrota, tras lo cual Rusia se centró en la del desgaste. “Mientras Ucrania contraatacaba, Rusia implementaba una economía de guerra, lanzaba propaganda, modificaba la legislación y creaba reservas estratégicas, todo ello mientras nos arrastraba a una nueva fase de desgaste del conflicto para la que, al igual que en 2022, no estábamos preparados. Los acontecimientos de 2024 y 2025, a pesar de los pequeños logros en el frente, indican la absoluta eficacia de dicha estrategia para Rusia en sus esfuerzos por alcanzar su objetivo político”, escribe el embajador. Curiosamente, el discurso de Zaluzhny pasa por alto el año 2023, al que Zaluzhny solo se refiere para referirse a la construcción de estructuras defensivas por parte de Rusia, una mención escasa para el momento clave que ha marcado el devenir de la guerra desde ese momento. El fracaso de la contraofensiva no solo condenó a Ucrania a una fase de repliegue que solo se rompió el año pasado para lanzar la operación suicida de Kursk, sino que, por la arrogancia de Kiev y sus aliados estadounidenses, que dieron por hecho el éxito, impidió que se prepararan las estructuras defensivas que ha tenido que construir apresuradamente desde entonces. No hay el más mínimo matiz de autocrítica en quien en ese momento era la principal autoridad de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
El desgaste, argumenta Zaluzhny, se produce también en el frente político y económico. “Las acciones militares juegan un importante papel a la hora de conseguir los objetivos”, añade, “pero no son la fase final”. “Imaginemos que Rusia ocupara completamente la región de Donetsk. La guerra no terminaría, porque no se lograría el objetivo político. Rusia busca crear las condiciones para lograr el colapso de Ucrania en los frentes militar, económico y político simultáneamente”, escribe sin aportar ningún argumento real más allá de la opinión personal para afirmar que el objetivo final de Rusia no es una determinada composición territorial y una arquitectura de seguridad favorable, como quedó claro con la oferta de Estambul en 2022 y con la reacción del Kremlin a los 28 puntos del plan estadounidense.
Alegar que Rusia busca la subordinación completa de Ucrania no solo es algo generalizado en Europa, sino que es necesario para defender una determinada actuación con respecto al intento trumpista de lograr una paz que siempre va a ser imperfecta. “En ausencia de una visión unificada de una nueva arquitectura de seguridad en el continente europeo, sin garantías de seguridad ni programas financieros reales, la guerra con Rusia corre el riesgo de convertirse en una guerra más amplia por el control de Europa del Este”, afirma. Con esa idea, Zaluzhny reproduce el discurso europeo, cuyo objetivo principal es trasladar que no existe esa arquitectura de seguridad europea que pueda evitar una nueva guerra, fundamentalmente porque eso requeriría incluir a Rusia, algo que los países occidentales rechazan desde los años 90, momento de mayor debilidad rusa y cuando pudo hacerse según los términos europeos.
«La guerra no siempre termina con la victoria de un bando y la derrota del otro»
Determinar el objetivo político de la guerra es uno de los puntos principales del artículo de Zaluzhny, que en su versión extendida en ucraniano, divide la guerra en cinco fases según ese aspecto:
- Febrero de 2015 a 2022: evitar la guerra pero también preparar a su población para la guerra.
- 24 de febrero de 2022 a diciembre de 2023: garantizar una paz sostenible y evitar que la guerra se extendiera al resto del país. Preparación de la guerra de desgaste.
- Enero de 2024 a enero de 2025: defensa estratégica y preparación de la estrategia de desgaste en busca de una paz justa.
- Enero de 2025 a agosto de 2025: defensa estratégica para evitar que Rusia pueda usar sus logros militares para marcar la negociación.
- Desde agosto de 2015: preservar el Estado por medio del sostenimiento de los frentes militar, político y económico. Formar alianzas y coaliciones para privar a Rusia de oportunidades de guerra.
Sin mencionar en ningún momento los motivos por los que los objetivos políticos ucranianos se han moderado poco a poco hasta conformarse con luchar por la preservación del Estado, es evidente que hay, en sus palabras, una aceptación implícita de que las Fuerzas Armadas de Ucrania necesitan un parón para evitar que los avances rusos en el frente, que no son tan modestos como alega Zaluzhny, puedan traducirse en una mayor fortaleza en el frente político. “La paz, incluso en previsión de la próxima guerra, ofrece una oportunidad para el cambio político, para reformas profundas, para la recuperación total, el crecimiento económico y el retorno de los ciudadanos. Incluso es posible hablar del inicio de la formación de un Estado seguro y protegido mediante la innovación y la tecnología; del fortalecimiento de los cimientos de la justicia mediante la lucha contra la corrupción y la creación de un sistema judicial honesto; y del desarrollo económico, incluso sobre la base de programas internacionales de recuperación económica”, escribe Zaluzhny.
Para esa paz temporal, el general exige, como lo hace Zelensky, garantías de seguridad. Sin embargo, el general es algo más claro que el actual presidente. “Dichas garantías de seguridad podrían incluir: la adhesión de Ucrania a la OTAN, el despliegue de armas nucleares en territorio ucraniano o el despliegue de un gran contingente militar aliado capaz de hacer frente a Rusia”, escribe. Evidentemente, ninguna de las tres opciones es viable a día de hoy -la misión europea que dice preparar Macron no es más que una fuerza de disuasión y no llegaría de ninguna manera a ser lo que exige Zaluzhny-, ni son posibles por medio de un acuerdo con Rusia.
La versión de Zaluzhny de la guerra es simple: Rusia busca acabar con el Estado ucraniano, por lo que la batalla continuará mientras Moscú no consiga ese objetivos político. Incluso la conquista de Donbass no sería suficiente, ya que solo supondría cumplir con las expectativas militares. Zaluzhny no acaba de aclarar los motivos y tiende a limitarse a descargar la culpa sobre acciones u omisiones de Zelensky en dos fases diferentes, antes de la invasión rusa y desde 2024, pasando por alto el papel que ha tenido en la degradación de la situación ucraniana la fallida contraofensiva terrestre que él dirigió, hacen necesaria una paz temporal con la que reforzar todos los frentes. El objetivo teórico sería impedir una guerra a nivel europeo en la que Rusia capturara parte del este de Europa. Lo poco realista de este escenario sugiere que, oculto en ese objetivo está el motivo real: impedir que la situación de Ucrania empeore tanto que la próxima oferta rusa sea aún más draconiana.
Las palabras de Zaluzhny, que da a entender que aceptaría un escenario de alto el fuego o de paz entendida como ausencia de guerra, aunque el conflicto político continuaría, no han de ser confundidas con moderación. “La guerra no siempre termina con la victoria de un bando y la derrota del otro. Los ucranianos luchamos por la victoria total, pero no podemos descartar la opción de un fin de la guerra a largo plazo”, afirma en la versión inglesa del texto. “La paz, incluso en previsión de la próxima guerra, brinda una oportunidad para el cambio político, para reformas profundas, para la recuperación total, el crecimiento económico y el regreso de los ciudadanos”, añade, dejando claro que ningún parón en la guerra va a ser confundido con una paz definitiva. Teniendo en cuenta su discurso y el paralelismo que realiza con los años anteriores a la invasión rusa, incluso en la moderada versión del artículo publicada en The Telegraph, la visión de Zaluzhny es garantizar la posición ucraniana en vistas de una futura guerra. Pero es en la versión ucraniana del texto donde el general, actual embajador y posiblemente futuro aspirante a la presidencia de Ucrania muestra cuál es realmente su objetivo, que define con una claridad y radicalidad que supera con creces las de Zelensky.
“Cuando hablamos de victoria, debemos decir con honestidad lo siguiente: la victoria es el colapso del Imperio ruso, y la derrota es la ocupación completa de Ucrania debido a su colapso. Todo lo demás es solo una continuación de la guerra”, escribe Zaluzhny. Un alto el fuego con garantías de seguridad es la vía más sencilla para evitar la derrota según la definición del embajador. Mantener el conflicto político activo más allá de la guerra es la forma con la que Ucrania y sus aliados europeos parecen querer seguir tratando de conseguir su objetivo político real.
Comentarios
Aún no hay comentarios.