Siguiendo la tendencia de los últimos meses, Rusia y Ucrania buscan posicionarse en la negociación de tal manera que no se provoque la ira de Donald Trump, incluso Moscú ha realizado declaraciones relativamente favorables a lo que Kiev y Washington supuestamente acordaron en Ginebra. La jugada de Zelensky de decir sí a ese compromiso de paz sobre la base de un acuerdo en el que quedan por negociar todos los aspectos esenciales de la guerra no parece haber salido bien y Donald Trump no ha aceptado al idea ucraniana de una reunión inminente de los dos presidentes. Es ahí, en una reunión bilateral, en la que Kiev quiere negociar, solo con Estados Unidos y siempre teniendo el apoyo de la UE, la cuestión del territorio y de la seguridad. Por si acaso, oficiales ucranianos, incluido su presidente, realizan estos días declaraciones en las que dejan claro que sus líneas rojas no han cambiado. Como recogía ayer CNN, tres son los puntos en los que Ucrania no está dispuesta al compromiso: la cuestión territorial, la OTAN y las limitaciones a su ejército.
El documento de 28 puntos presentado en Kiev por Dan Driscoll, que se lo entregó a Zelensky con el mensaje de que la capacidad de Estados Unidos y la OTAN de mejorar la situación en el frente tenía un límite y que el deterioro sobre el terreno va a continuar, por lo que es preciso un compromiso, implicaba una limitación a 600.000 efectivos en las Fuerzas Armadas de Ucrania. Este aspecto ha sido considerado una exigencia inaceptable por Kiev, sus aliados europeos y sus socios mediáticos. “Los ucranianos no quieren vivir de rodillas. No van a sacrificar su derecho a tener un ejército”, afirmó en un programa de CNN Josh Rogin, uno de los columnistas más conocidos de The Washington Post, sin precisar que esa cifra haría del ejército ucraniano el segundo más numeroso de Europa, solo por detrás del ruso.
Solo algunos analistas occidentales proucranianos, aún con capacidad de razonamiento lógico han restado importancia a esa limitación. “Limitar el ejército ucraniano a 600.000 efectivos no es tan drástico como imagino que pretendían los rusos. Cuando hablé con algunos analistas del Ministerio de Defensa británico hace un par de meses, expresaron dudas de que Kiev pudiera permitirse más de 500.000 efectivos a largo plazo”, escribió el columnista de The Times Mark Galeotti. El subtexto del comentario de Galeotti, al que se puede añadir que la certeza de que el ejército no alcanzará esos niveles facilita que Rusia lo acepte, es que Ucrania solo podría permitirse ese ejército si sus costes fueran sufragados con financiación ajena. Con el ejercicio de grupo de presión de la Unión Europea, Ucrania parece haber logrado aumentar el límite a 800.000, una cifra fuera de toda lógica salvo que no se busque una situación de paz, sino de conflicto continuado y exista la certeza de que el flujo de asistencia económica para sostener esas fuerzas armadas no va a desaparecer más allá del alto el fuego.
A las exigencias de un ejército ucraniano que triplique su tamaño de 2022 y que incluso supere de sus niveles actuales hay que sumar las declaraciones de diferentes países que buscan perpetuar la idea de la amenaza rusa, necesaria para mantener el rearme, el aumento del gasto militar y el conflicto con Rusia más allá de un posible alto el fuego. “Putin tiene en el punto de mira a la UE y a la OTAN. Nuestros servicios de inteligencia emiten advertencias urgentes: como mínimo, Rusia se está creando la opción de declarar la guerra a la OTAN para 2029. Debemos disuadir cualquier agresión rusa, junto con nuestros socios y aliados”, escribía ayer la cuenta oficial de la diplomacia alemana en un nuevo ejemplo del discurso de enemigo a las puertas tan útil para justificar la aplicación del plan de dos puntos de Kaja Kallas: elevar el nivel de sanciones para acrecentar la presión política, económica y militar contra Rusia y aumentar la asistencia económica y militar a Ucrania. “Todavía tenemos que pasar de una situación en la que Rusia finge negociar a una situación en la que necesite negociar”, declaró ayer Kallas, como si la UE y sus aliados británicos y estadounidenses no llevaran tres años y medio realizando, sin éxito, esos esfuerzos. Por si fuera poco, Kallas lanzó ayer una nueva ocurrencia: exigir que Rusia reduzca su ejército y realice «concesiones serias».
Considerada especialmente radical, Kaja Kallas no es, sin embargo, un verso suelto, sino que sus afirmaciones son perfectamente coherentes con las que están realizando el líder de la OTAN, los comités de Asuntos Exteriores de los Parlamentos europeos o los líderes de las principales potencias comunitarias, que esta semana han emitido un comunicado insistiendo en la integridad territorial de Ucrania, un sueño para el que habría que remontarse a doce años atrás. Como por mero automatismo, el presidente ucraniano quiso agradecer ayer la intervención más reciente de Úrsula von der Leyen en el Parlamento Europeo afirmando que “coincidimos en la misma opinión: mientras Rusia siga rechazando todos los esfuerzos de paz, deben endurecerse las sanciones contra ella y debe continuar la asistencia financiera y de defensa a Ucrania. Hablamos de la situación diplomática actual y de la labor de la Unión Europea en la toma de decisiones sobre el uso de los activos rusos congelados para la defensa de Ucrania. También coordinamos nuestros contactos para el futuro próximo”. Rusia ha negociado con Estados Unidos el plan de 28 puntos, su presidente indicó que, por primera vez, existe un documento sobre el que se puede negociar e incluso ahora que los aspectos más importantes para Rusia han sido eliminados temporalmente para proteger a Ucrania de una paz con unos compromisos excesivos, el Kremlin busca la manera de complacer a Estados Unidos mostrándose abierta a negociar. Sin embargo, el discurso europeo y ucraniano insiste en alegar que Rusia rechaza cada apertura a una negociación que nunca se le ha ofrecido. El único diálogo político en el que Zelensky quiere discutir las cuestiones clave no es con Rusia, ni siquiera con Estados Unidos en el sentido amplio, sino solo con Donald Trump. Todo ello siempre con el apoyo de sus aliados europeos, a los que incluso Moscú ha admitido que ha de escucharse ya que la cuestión de la seguridad en Europa -entendida no solo como la Unión Europea y el Reino Unido, sino el territorio que se extiende entre el Atlántico y los Urales-, les afecta directamente. Esa apertura rusa a dialogar con la UE, vista durante los últimos meses como más beligerante que Estados Unidos e incluso que Ucrania, no es correspondida por los países europeos, cuya postura no solo no ha cambiado ante la posibilidad de una negociación política en busca de la paz, sino que se ha reafirmado.
Completamente al margen de la realidad, continúan las reuniones de la Coalición de Voluntarios, con las que los líderes europeos simulan actividad, dan a entender su importancia y jamás llegan a proponer nada concreto. Sin embargo, sus declaraciones, generalmente vacías, son suficientes para dar a Rusia una imagen de las verdaderas intenciones de los países europeos. En realidad, no hace falta utilizar excesiva imaginación, ni escuchar a oficiales con especial grado de radicalidad, basta con escuchar las declaraciones de Emmanuel Macron.
“Soldados de Francia, Reino Unido o Turquía podrían ser enviados a Ucrania como parte de la «fuerza de seguridad» el «día en que se firme la paz», afirmó el presidente francés Emmanuel Macron en una entrevista con la emisora de radio francesa RTL publicada el 25 de noviembre. Las fuerzas que operan bajo la «Coalición de los Dispuestos» se desplegarían en lugares de retaguardia, como Kiev u Odesa, para proporcionar seguridad y entrenamiento, sirviendo así como una de las garantías de posguerra de Ucrania, dijo Macron en la cumbre de la Unión Europea y la Unión Africana celebrada en Angola. La coalición liderada por Francia y Reino Unido se creó a principios de este año para proporcionar garantías de seguridad a Ucrania como parte de un posible acuerdo de paz, con el objetivo de fortalecer el país frente a cualquier futura agresión de Rusia. El despliegue en Ucrania no se llevaría a cabo en el marco de la OTAN, sino como parte de una «coalición intergubernamental», dijo Macron”, escribía ayer The Kyiv Independent, en referencia a las palabras del presidente francés, que sigue insistiendo en que las tropas de tres de los ejércitos europeos de la OTAN no supondrían un contingente de la Alianza. Ningún líder europeo puede ser tan ingenuo como para creer que esa treta va a ser suficiente para que Rusia acepte un acuerdo de paz en esos términos, por lo que puede deducirse que la idea de la introducción de tropas el día después del alto el fuego busca garantizar una paz en la que Ucrania siga siendo utilizada como plataforma militar para debilitar a la Federación Rusa, objetivo que la UE reafirma de forma continua.
Los planes europeos, que pasan por la militarización de Ucrania en un escenario similar al de Corea, requiere de una financiación inmensa de la que Ucrania carece Aunque menos comentado que la cuestión de la OTAN o el aspecto territorial, el hecho de que la UE -y Kiev a su sombra- haya marcado como línea roja el uso de una parte importante de los activos rusos retenidos en Occidente para la reconstrucción de Ucrania es tremendamente relevante. No solo se trata de impedir que una parte de esos fondos vayan a parar a la reconstrucción de aquellos territorios que van a quedar en manos rusas y que, en el caso de Donetsk, es quizá la que más daños está sufriendo en la guerra, sino de garantizar que los fondos sean dedicados a aquello para lo que Bruselas desea que se usen. Los fondos rusos no están para la reconstrucción de Ucrania, sino para la adquisición de armas y mantenimiento de la parte militar de un Estado que haga para la UE lo que Israel supone para Estados Unidos. De ahí que no haya que extrañarse con las noticias que informan de que, pese a la posibilidad de paz que implica la existencia de negociaciones relativamente avanzadas en busca de un documento que ejerza de base para la diplomacia, los países europeos reaccionen acelerando sus esfuerzos para hacerse con los activos rusos.
“La UE acelerará su plan de utilizar los activos estatales rusos congelados para respaldar un préstamo de 140.000 millones de euros a Ucrania, según anunció el miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Durante un discurso en el Parlamento Europeo, se comprometió a presentar una propuesta formal en la que se describa el plan, como medida de ayuda a la economía ucraniana, devastada por la guerra. «El siguiente paso es que la Comisión está lista para presentar un texto legal», declaró Von der Leyen a los legisladores en Estrasburgo, aunque no especificó cuándo se presentaría el documento”, escribía ayer Politico.
Financiar la guerra o, en el peor de los casos, mantener la militarización del Estado ucraniano, entendido, tal y como espera Zelensky, como frontera exterior de la seguridad de la UE, es más importante que garantizar su reconstrucción. Y si países como Bélgica, absolutamente expuesto a una quiebra del Estado en caso de litigación y victoria judicial de Rusia, rechazan aprobar el sistema de legalidad creativa para poner en manos de Ucrania, técnicamente por medio de un préstamo que todas las partes saben que nunca devolverá, una cantidad equivalente a los activos rusos, es precisa una vía alternativa. “Los países europeos buscan urgentemente un plan B para financiar a Ucrania”, añadía en otro artículo Politico, que recuerda que Kiev corre el riesgo de quedarse sin dinero en marzo. La solución no es buscar la paz, con lo que las necesidades económicas descenderían -financiar una guerra y adquirir constantemente armas no es una empresa barata- ni garantizar que Ucrania disponga de una parte importante de los activos rusos para su reconstrucción sino continuar marcando líneas rojas e insistiendo en exigencias que hacen imposible un acuerdo, sino buscar vías para mantener el gasto militar. “Una opción que está ganando adeptos es la de un préstamo «puente», financiado con fondos de la UE, para mantener a flote a Ucrania durante los primeros meses de 2026, según cuatro funcionarios. Eso daría más tiempo para establecer el préstamo de reparación completo utilizando los activos rusos de una manera que Bélgica pueda aceptar, a fin de proporcionar una solución a más largo plazo”. En lo económico, igual que en lo militar, el único plan de la Unión Europea es ganar tiempo para tratar de imponer el plan A.
Comentarios
Aún no hay comentarios.