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Donbass, Donetsk, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Rusia, Ucrania

Ucrania presenta sus líneas rojas

“Nadie lo apoyará”, sentencia el titular de la BBC en su artículo con entrevistas a soldados ucranianos en la primera línea del frente reaccionando al plan de paz de Estados Unidos, que Ucrania está negociando y matizando con Washington en Ginebra. Pese a lo contundente del titular, que es también la frase elegida para su promoción en las redes sociales, el artículo muestra, enterrada entre alegatos a continuar la guerra hasta la victoria final, una opinión disidente. “Es el momento de acordar al menos algo”, afirma un soldado apodado Snake. “Que se lo queden”, afirma en referencia a la parte de Donetsk aún bajo control ucraniano. “Prácticamente no queda nadie en las ciudades y en los pueblos…No estamos luchando por la gente sino por la tierra, todo ello mientras perdemos gente”, añade rompiendo con la lógica de la guerra de Ucrania en Donbass, que siempre ha sido por el territorio, no por una población de la que recela, desde 2014.

La lucha por el territorio y por sus fronteras es también la base sobre la que se está gestando la oposición de los países europeos -Unión Europea y Reino Unido- estos días en los que se juega el destino de la negociación. Por primera vez desde que comenzó el intento diplomático trumpista, torpe y carente de personas con capacidad de trabajo y conocimiento del conflicto, se negocia actualmente sobre la base de un documento en el que se tratan todas las cuestiones importantes de la guerra rusoucraniana -territorios, seguridad, reconstrucción, cuestiones humanitarias y sociales- y del conflicto político más amplio en el que se enmarca -aspectos geopolíticos y enfrentamiento entre Rusia, la Unión Europea y la OTAN- y que tanto Kiev como Moscú han aceptado como punto de partida. Reflejando la realidad de esta guerra, en la que solo Rusia dispone de la autonomía que le supone no depender de terceros países, la postura de Ucrania y su aceptación de negociar está marcada por la orden de Estados Unidos, que sutilmente deja caer que podría detener su suministro de inteligencia e incluso armas en caso de entender que no hay voluntad de paz.

Constatando esa realidad, Axios afirmaba ayer que el presidente ucraniano ha aceptado negociar sobre la base del plan de 28 puntos, que según diversos medios ya ha sido notablemente modificado recogiendo las inquietudes ucranianas, al comprender que no podía permitirse rechazarlo. Ucrania se jacta de sus éxitos insistiendo en que, en su estado actual, no queda apenas nada del plan original, que ya no tiene 28 puntos, sino que quedan 19. La presión, según dicho medio, aumentaba hora tras hora. Como afirmaba el fin de semana The Washington Post citando las palabras de oficiales del Pentágono, Estados Unidos concuerda con Rusia en la valoración de que las tropas de Moscú podrían capturar por la vía militar el territorio de Donbass que reclaman. Tras ello, la oferta rusa sería menos generosa de lo que es actualmente. Según publicaban ayer varios medios ucranianos, Estados Unidos ha advertido a Ucrania de la posibilidad de perder todo Donbass en los próximos doce meses.

Como se ha podido comprobar tras la primera reunión entre las delegaciones lideradas por Marco Rubio y Andriy Ermak, la estrategia ucraniana está directamente vinculada a la de la Unión Europea y el Reino Unido y cuenta con un reparto del trabajo que busca, como lleva siendo habitual, no enfadar a Donald Trump. El domingo, el presidente de Estados Unidos volvía a cargar contra Ucrania y se refería a su liderazgo entrecomillando la palabra, una muestra de desprecio que no puede ser pasada por alto. Ayer, varios medios indicaban la posibilidad de una visita de Zelensky a la Casa Blanca a lo largo de esta semana o principios de la próxima. La dudas existentes se deben al temor a que la reunión termine como lo hicieron la bronca escena del Despacho Oval o la última visita del presidente ucraniano a Washington, una discusión similar, aunque en esta ocasión en privado.

La táctica elegida es que Ucrania trabaje en aquellos puntos en los que puede obtener mejoras en el documento sin causar grandes polémicas, mientras, en los márgenes, la UE siga marcando las verdaderas líneas rojas y exigiendo puntos con los que es consciente de que hace imposible un acuerdo. “El compromiso de Ucrania con una paz justa y duradera es claro. Los objetivos imperialistas de Putin no han cambiado. Debemos aumentar la presión sobre el agresor. Uso inmediato de los activos rusos congelados, un paquete de sanciones más severo y aranceles de la UE donde sea necesario. Y seguimos apoyando a Ucrania”, escribió, tras haber “discutido pasos coordinados” con Antonio Costa, Úrsula von der Leyen y los líderes de los países de la UE,  el primer ministro estonio Kristen Michal. “Celebramos los importantes avances logrados en las reuniones de ayer entre Estados Unidos y Ucrania en Ginebra. Quedan algunos asuntos por resolver, pero seguimos apoyando el proceso. Cualquier decisión que sea competencia de la UE o de la OTAN será discutida y decidida por los miembros de la UE y de la OTAN en vías separadas”, añadió la ministra de Asuntos Exteriores de Finlandia, evidentemente mostrando la intención de la Unión Europea y la Alianza Atlántica de hacer imposibles las concesiones que el plan de Estados Unidos garantizaba a Rusia en términos de seguridad y garantías de no expansión del pacto de la Guerra Fría a sus fronteras.

A todo ello hay que añadir el comunicado conjunto de las presidencias de los Comités de Asuntos Exteriores de los parlamentos europeos, que afirma que “nuestro objetivo siempre ha sido, y sigue siendo, una paz justa y duradera que esté basada en el derecho internacional y que respete completamente la integridad territorial de Ucrania, su independencia y su soberanía. Esa paz no se puede conseguir complaciendo o premiando al agresor; requiere presión sostenida sobre Rusia e inquebrantable apoyo a Ucrania para que cualquier solución tenga éxito”. Tras insistir en que “Ucrania no puede estar sujeta a límites en sus fuerzas armadas o restricciones en sus políticas nacionales o internacionales -referencia clara al a oficialidad de la lengua rusa y otros aspectos políticos internos que aparecían en el plan de 28 puntos de Witkoff y a la cuestión de la neutralidad-, el comunicado añade que “por lo menos, Rusia debe retirar sus tropas de los territorios ocupados y colaborar con las organizaciones internacionales para garantizar la rendición de cuentas de los responsables de atrocidades”.

Además de reclamar lo que, en la práctica, es la rendición voluntaria e incondicional, el comunicado se permite aún una demanda más: el alto el fuego que Alemania, Francia y Polonia exigieron el pasado mes de mayo como ultimátum de 48 horas. “Cualquier negociación debe comenzar con un alto el fuego inmediato”, insiste, para recalcar que “la soberanía de Ucrania -incluido su derecho a elegir sus propias alianzas- y la justicia por los crímenes cometidos durante la guerra son líneas rojas no negociables”.

El comunicado es un buen ejemplo de la postura de la Unión Europea -aún más beligerante que Ucrania-, que en febrero de 2022 decidió utilizar a Ucrania como herramienta de una guerra proxy en la que buscar la derrota completa o debilitamiento absoluto de su histórico enemigo ruso y que en este tiempo no ha sido capaz de plantear una teoría de cómo conseguir esa victoria ya sea por la vía militar o la política. El domingo, en su aparición en el programa político Meet the Press, Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos describía a un oficial europeo jactándose del decimonoveno paquete de sanciones contra Rusia. “Si tienes que imponer 19 paquetes es que has fracasado”, recalcó el oficial estadounidense. Más sanciones contra Rusia y más armas para Ucrania sigue siendo el único plan de la Unión Europea, que incluso después de la publicación del plan, que tanto Rusia como Ucrania tomaron en serio rápidamente, ha continuado ajena al desarrollo de los acontecimientos. De la misma manera que la primavera pasada, cuando la UE seguía insistiendo en seguir luchando hasta debilitar a Rusia incluso después de que Ucrania hubiera abierto la puerta a un alto el fuego, Kiev comenzaba a hacer movimientos en dirección a negociar sobre la base de la propuesta de Witkoff mientras Kaja Kallas se burlaba de ella con su “plan de dos puntos” y la exigencia de integridad territorial.

El jueves, el mismo día que se publicaba el plan de 28 puntos de Donald Trump, Bloomberg indicaba que el Reino Unido aceleraba los planes para enviar tropas a Ucrania. “El Reino Unido ha identificado qué unidades militares enviaría a Ucrania tras una serie de visitas de reconocimiento al país, asegurándose de estar preparado para desplegar tropas rápidamente si fracasan los últimos esfuerzos por reactivar las conversaciones de paz. Gran Bretaña actualizó sus planes de enviar tropas a Ucrania como parte de la denominada Coalición de Voluntarios tras llevar a cabo una revisión de la preparación y completar misiones de exploración en Ucrania durante el verano, según declaró el secretario de Defensa, John Healey. Los jefes militares han determinado qué personal desplegarían y dónde se ubicaría su cuartel general, como parte de los planes de una agrupación de 30 países liderada por el Reino Unido y Francia para apoyar a Ucrania”, escribía el medio. El distanciamiento de los países europeos de la realidad y de la naturaleza de la guerra no deja de crecer.

“Al final, apostaría fácilmente a que no habrá un plan de paz, por una sencilla razón que he enfatizado a menudo: no puede haber uno con Rusia. Pero esto no es en realidad una mala noticia, sino más bien lo contrario, al menos si los europeos demuestran que están a la altura de la tarea”, escribió, con la sinceridad de la que otros lobistas carecen, Nicolas Tencer, senior fellow del Center for European Policy Analysis, con un mensaje que resume la postura que muestran los actos de los países e instituciones comunitarias. Esta postura se complementa con la estrategia negociadora de Ucrania, que busca mejorar el plan de Estados Unidos en las cuestiones menos determinantes, ganando así crédito como Gobierno que desea la paz, para posteriormente confiar en que Donald Trump se ponga del lado de Zelensky e incluya en la oferta a Rusia una parte de sus exigencias, obligando a que sea Rusia quien rechace pactar.

“Los ucranianos afirmaron que «no tenían mandato» para tomar decisiones sobre el territorio —en particular, ceder tierras, como sugería el borrador original del plan—, lo que, según la Constitución de su país, requeriría un referéndum nacional. El nuevo borrador, según Kyslytsya, se parecía muy poco a la versión filtrada anteriormente de la propuesta de paz que había causado revuelo en Kiev. «Quedan muy pocas cosas de la versión original», afirmó. Hemos desarrollado un sólido cuerpo de convergencia y algunas cosas en las que podemos transigir», afirmó. «El resto requerirá decisiones de liderazgo»”, escribía ayer Financial Times. El modus operandi está claro: como en Estambul, la delegación ucraniana puede negociar únicamente aquellos temas que, pese a ser importantes, no van a determinar la paz. En paralelo, como recogían ayer medios fervientemente proucranianos como Visegrad 24, “Ucrania ha delineado sus «líneas rojas» en las negociaciones de paz tras revisar el plan de paz de Estados Unidos. El presidente de la Rada Suprema, Ruslan Stefanchuk, especificó los puntos no negociables de Ucrania. Cualquier restricción al tamaño de las Fuerzas Armadas de Ucrania es inaceptable. No se puede limitar el derecho de Ucrania a unirse a alianzas. El país no reconocerá la pérdida de sus territorios. La adhesión de Ucrania a la OTAN y a la UE debe formar parte de las futuras garantías de seguridad”. Estas líneas rojas, son exactamente las mismas que las marcadas por las diferentes autoridades de la Unión Europea y los países miembros.

Anunciando “un gran progreso”, el presidente Donald Trump afirmó ayer que “algo bueno podría estar sucediendo”. Su optimismo se debe a la forma en la que Ucrania ha elegido negociar y que ya ha conseguido algunas concesiones en materia de intercambio de prisioneros, retorno de presos y, según RBC-Ukraina, la central nuclear de Energodar y que tiene en la Unión Europea la mejor aliada para conseguir hacer del plan inaceptable para Rusia. El domingo, Marco Rubio afirmaba no saber nada de una contrapropuesta europea. No hace falta, su lógica está en las líneas rojas ucranianas, que como la UE, buscan hacer que Moscú muestre públicamente su rechazo, como hizo ayer Dmitry Ushakov, y se repita el ciclo de abril y agosto, en el que tras un fuerte empuje hacia la negociación, se volvió al silencio diplomático y a la lógica del aumento del suministro militar a Ucrania y de las sanciones contra Rusia.

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