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Conversaciones en Ginebra, primer intento de imponer las contrapropuestas

“En algún momento tendrá que aceptar algo”, afirmó Donald Trump al ser preguntado por el rechazo de Ucrania a varios de los postulados del plan de 28 puntos presentado por Estados Unidos y que sigue siendo el centro de la actualidad política de la guerra. Washington, que tiene prisa por desvincularse de esta guerra que no le gusta, marcó una fecha límite que, como todo, será flexible, pero que supone la presión añadida del tiempo al intento de Ucrania y los países europeos de volver a hacer de un documento considerado prorruso otro claramente favorable a Kiev, modus operandi en cada uno de los intentos trumpistas de llegar a un acuerdo. En ese sentido, haciéndose eco de algo obvio pero que está siendo pasado por alto por quienes prefieren reducir los hechos a que Rusia no quiere negociar o rechaza cualquier oferta, lema fundamental de Ucrania y sus aliados europeos, el experto de RAND Corporation Samuel Charap declaraba a The New York Times que pese a haber dado el importante paso de “abrir canales de comunicación a los más altos niveles”, falta aún “una pieza clave del puzle: un verdadero proceso de negociación”.

“Los procesos de negociación que han resuelto con éxito conflictos armados similares en el pasado fueron continuos, estructurados y en gran medida confidenciales. Esas conversaciones, en las que participan representantes con autoridad de las partes beligerantes y sus principales apoyos externos, así como mediadores experimentados, son necesarias para identificar concesiones mutuas, comprender el margen para el compromiso y, lo que es más importante, poner a prueba la propuesta de que la otra parte está dispuesta a comprometerse con la paz”, añade Charap para contrastar la diplomacia dispuesta a hacer el trabajo que requiere llegar a un acuerdo entre partes cuyas posiciones son incompatibles y que disponen de apoyos externos a modo de presión añadida con los vaivenes del proceso trumpista.

“La diplomacia que hemos visto hasta ahora ha sido episódica, desestructurada y muy pública”, explica Charap para describir lo ocurrido hasta ahora y que puede extenderse a lo que va a ocurrir durante los próximos días. Según Bloomberg, los países europeos y Ucrania buscan algo que también resultaba evidente sin necesidad de confirmación oficial, alargar los tiempos y evitar esa fecha tope de Acción de Gracias para obtener la respuesta ucraniana. La experiencia dice que, en ocasiones, solo hace falta esperar un poco más para que Donald Trump cambie de opinión y se vuelva contrario a algo de lo que se había declarado favorable. Esa certeza ha dado buenos resultados en el pasado y, a juzgar por lo publicado por The Washington Post, es también la táctica que va a utilizarse ahora.

Según el medio estadounidense, en los márgenes de la cumbre del G20 -en la que se está produciendo su propio drama, con Estados Unidos ejerciendo el boicot contra Sudáfrica para denunciar el “genocidio blanco” que existe únicamente en la mente de los propagandistas de la extrema derecha occidental- los países europeos han desarrollado su contrapropuesta. La rapidez a la hora de elaborar un proyecto contrario al presentado por Estados Unidos radica en que cada uno de los borradores estadounidenses ha sido realmente una versión ligeramente modificada del anterior. De la misma forma, todo indica que la respuesta europea al plan de 28 puntos será una modificación de la contrapropuesta europea y ucraniana al plan de Steve Witkoff que en primavera se presentó como “propuesta final” de Estados Unidos.

“Con la propuesta europea, no se impondrían restricciones a las fuerzas armadas de Kiev, según una copia del acuerdo obtenida por The Washington Post. Ucrania recuperaría el control de la central nuclear de Zaporozhie y la presa de Kajovka, y disfrutaría de «pasos sin obstáculos» en el río Dniéper y del control de la división de Kinburn. Otras disputas territoriales se abordarán tras el alto el fuego, según la propuesta”, escribe el medio estadounidense. Todos esos puntos estaban ya en aquella propuesta, al igual que la mención a la OTAN, que también se mantiene y únicamente se supedita a que exista consenso para la adhesión. La propuesta de 24 puntos de los países europeos publicada ayer es una reescritura de aquel plan adaptado para seguir la forma del plan de 28 puntos de Trump, matizando aquello que considera inaceptable. Según el plan filtrado a Reuters, el borrador europeo elimina, por ejemplo, el compromiso de no expansión de la OTAN y supedita la adhesión de Ucrania al consenso. Aunque esa condición no existe actualmente, la posiblidad clara de adhesión atlántica es suficiente para hacer imposible un acuerdo con Rusia, motivo por el que la UE insiste en ese punto.

La «oferta final» estadounidense y la contrapropuesta europea y ucraniana

“Cuando se le preguntó si esta era su última oferta a Ucrania, Trump respondió: «No», y añadió: «Me gustaría conseguir la paz. Debería haberse conseguido hace mucho tiempo. […] Estamos intentando ponerle fin. De una forma u otra, tenemos que ponerle fin»”, reflejaba ayer The Washington Post. Como comentaba en las redes sociales el exembajador de Francia en Naciones Unidas Gerard Araud, “nada es definitivo, todo se negocia”. Ni la propuesta final de Witkoff en primavera, que rápidamente se convirtió en la contrapropuesta europea y ucraniana, ni el actual documento, que contiene errores y contradicciones -como ocurre con las menciones al reconocimiento de territorios, que en una parte parecen de iure y en otras de facto– han sido nunca finales. Tampoco lo era la oferta rusa de Estambul en 2022, más favorable a Ucrania en la cuestión territorial, pero draconiana en materia de seguridad. En el momento en el que Kiev optó por la vía militar como una salida posible al conflicto, el nivel de reducción del ejército ucraniano -Rusia exigía inicialmente un tope de 85.000 efectivos que nunca fue realista- era el aspecto que negociaban Rusia y Ucrania. A pesar del desacuerdo que provocó la ruptura, expertos como Charap siempre han considerado ese diálogo directo entre los dos países en guerra una base sobre la que reanudar la diplomacia en el futuro.

La única fortaleza real de Ucrania ante una negociación no es su posición en el frente -aunque sí lo habría sido de haber elegido negociar tras sus tres victorias de 2022 en Kiev, Járkov y Jersón, cuando Ucrania y sus aliados europeos creyeron que era posible la victoria completa-, sino la que con su presencia y apoyo aportan sus aliados. De ahí que una negociación directa con Rusia sea el escenario a evitar y se prefiera un diálogo con Washington, incluso a costa de tener que realizar concesiones a dos oponentes -Rusia y Estados Unidos- y con la asistencia de los países europeos, en ocasiones más beligerantes que la propia Ucrania.

“Esta ronda de negociaciones comenzó hace casi un mes, cuando funcionarios estadounidenses empezaron a desarrollar un nuevo marco en consulta con contactos rusos, europeos y ucranianos. La iniciativa se aceleró el fin de semana pasado después de que un alto funcionario turco trasmitiera a Witkoff que Rustem Umerov, presidente de Seguridad Nacional de Ucrania, estaba dispuesto a reunirse con él en Florida. Según los funcionarios estadounidenses, Umerov dijo en la reunión de Florida que Zelensky podría estar dispuesto a transigir en la cuestión crucial del intercambio de territorios en Donetsk a cambio de un acuerdo de paz, que ha sido una exigencia de Rusia. Umerov también dijo que Ucrania podría estar dispuesta a limitar su ejército a 600.000 efectivos, según los oficiales”, escribe David Ignatius, uno de los columnistas estrella de The Washington Post, que ha tenido acceso a oficiales trumpistas que han querido explicar el proceso de negociación del plan de 28 puntos. Según esta versión, Ucrania, por medio del presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, tercera autoridad del país tras el presidente y el presidente de la Rada, aceptaría uno de los puntos que los países europeos consideran inaceptable.

Pese a la exigencia de rapidez y declaraciones de oficiales trumpistas -tanto de forma anónima como en público- sobre la escasa voluntad de negociar detalles, Donald Trump ha abierto la puerta a ajustes por medio de negociaciones con Ucrania primero y con Rusia después. Washington ha aceptado también la presencia de los asesores de seguridad nacional de Alemania, Francia y el Reino Unido, pero solo en una parte de la reunión. Quizá por la experiencia pasada, el trumpismo quiere negociar directa y solamente con Ucrania, que, al contrario que una parte de los líderes europeos, ha aceptado desde el principio que el plan de 28 puntos era una propuesta estadounidense.

La sombra de la duda la impuso el sábado por la noche en una rueda de prensa en la que varios senadores estadounidenses anunciaron que el plan de 28 puntos era una propuesta rusa. “«No es nuestra recomendación. No es nuestro plan de paz», dijo el senador republicano Mike Rounds, quien habló con Rubio mientras el secretario de Estado se preparaba para viajar a Ginebra a reunirse con altos funcionarios europeos y ucranianos discutir el plan el domingo. Rubio dijo a los senadores que los rusos entregaron el plan al enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y que Estados Unidos lo transmitió a los ucranianos en su papel de intermediario. «Es esencialmente la lista de deseos de los rusos», afirmó el senador Angus King, independiente por Maine. Los senadores afirmaron que Rubio también les dijo que no tenía conocimiento de que se hubiera amenazado con retener las armas o la información de inteligencia estadounidenses a Ucrania en caso de que se negaran a firmar el acuerdo”, escribió Financial Times sobre el episodio, que brevemente causó la euforia de quienes llevan varios días afirmando que el plan que provocó el dramático discurso de Zelensky del viernes -dignidad o un aliado clave- solo era un ejemplo de maniobra de inteligencia, actives measures o medidas activas, de la Federación Rusa.

“Los funcionarios estadounidenses ahora confirmaron lo que escribí ayer. Todo esto fue una medida activa rusa, filtrada a la prensa para sembrar pánico y confusión y que se confundiera con la política estadounidense en una administración donde la incompetencia y la disfunción son evidentemente características, no errores”, se jactó el periodista Michael Weiss. “Exactamente lo que dije la noche en que se difundió la absurda noticia y Axios decidió usar a un agente ruso como fuente. Estas son las exigencias que Rusia lleva años planteando, a la vez que añade peticiones aún más escandalosas. Vergüenza debería darles a Estados Unidos y a Axios por esto”, añadió la lobista Olga Lautman. “Alguien debería hacer una lista de todas las personas que defendieron una lista de deseos rusa como algo razonable, necesario, una diplomacia valiente, America First, etc”, sentenció Meaghan Mobbs, hija del general Keith Kellogg. Incluso líderes europeos, quizá con la esperanza de esquivar esta bala, se han sumado a esta visión. “Los líderes de Europa, Canadá y Japón hemos declarado nuestra intención de trabajar sobre este plan a pesar de las reservas que hemos expresado sobre el mismo. Sin embargo, estaría bien antes de empezar que supiéramos de verdad quién es el autor del plan”, afirmó ayer Donald Tusk.

Para entonces, Marco Rubio había desmentido ya las acusaciones y había reivindicado el plan, siempre para insistir en que se trata de un documento vivo que será utilizado como base para la negociación. “La propuesta de paz fue redactada por Estados Unidos. Se ofrece como un marco sólido para las negociaciones en curso. Se basa en las aportaciones de Rusia, pero también en las aportaciones previas y actuales de Ucrania”, escribió Marco Rubio para devolver a la realidad a quienes la habían confundido con sus deseos. El secretario de Estado de Estados Unidos realizaba el comentario sobre el que escribió el jueves y en el que afirmaba que “poner fin a una guerra compleja y mortífera como la de Ucrania exige un amplio intercambio de ideas serias y realistas. Lograr una paz duradera requerirá que ambas partes acepten concesiones difíciles pero necesarias. Por ello, estamos elaborando y seguiremos elaborando una lista de posibles ideas para poner fin a esta guerra, a partir de las aportaciones de ambas partes del conflicto”.

“Hay cosas que deben ajustarse un poco, pero eso se hace durante las negociaciones, y el presidente lo entiende. Solo pienso en el resultado final, y creo que el marco para alcanzar un acuerdo ya está establecido”, afirmó Keith Kellogg, el más proucraniano de los representantes de Trump en una aparición en Fox News, que mostró su confianza en que se puede atraer al plan a Ucrania y después a Rusia. “Tienen que tomar decisiones difíciles”, insistió.

“Esto es un desastre. El único que se beneficia es el agresor. La mejor manera de navegar por estas aguas turbias ahora es dar un paso atrás, eliminar el borrador de Dmitriev e impulsar la paz mediante la fuerza. El agresor debe verse obligado a detener la matanza y retirarse de los territorios ocupados”, reaccionó Marko Mihkelson, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento de Estonia, uno de los países que, junto a otros Estados bálticos y nórdicos, insiste en la integridad territorial de Ucrania como prerrequisito para la paz.

Muchas batallas se juegan estos días en luchas internas: halcones contra defensores de una paz imperfecta en Rusia y Ucrania; intervencionistas frente a aislacionistas de los problemas europeos en la Casa Blanca; realistas y extremistas de la guerra hasta el último ucraniano en Europa. Y sobre todos ellos está la sombra de Donald Trump, que continúa dando órdenes y sentenciando desde sus redes sociales. “heredé una guerra que nunca debió haber ocurrido, una guerra en la que todos salen perdiendo, especialmente los millones de personas que han muerto inútilmente. El «liderazgo» de Ucrania no ha mostrado ningún agradecimiento por nuestros esfuerzos, y Europa sigue comprando petróleo a Rusia. Estados unidos sigue vendiendo enormes cantidades de armas a la OTAN, para su distribución en Ucrania (¡el deshonesto Joe lo dio todo, gratis, gratis, gratis, incluido ¡«mucho» dinero!). Dios bendiga a todas las vidas que se han perdido en esta catástrofe humana”, escribió ayer. La ira del presidente de Estados Unidos y aspirante a presidir el “Consejo de Paz” que prevé su plan de 28 puntos sigue dirigiendo su ira hacia Ucrania y los países europeos. Nadie puede decir por cuánto tiempo.

La postura de Donald Trump dependerá, en parte, del resultado de las conversaciones de estos días. Por el momento, tanto Estados Unidos como Ucrania han afirmado que se han realizado conversaciones constructivas y oficiales norteamericanos indicaron a Reuters que, en algunos aspectos, habían sido “concluyentes”. Como se esperaba, el centro del argumento ucraniano no está en las reclamaciones territoriales, sino en conseguir un alto el fuego y garantías de seguridad más sólidas -similares a las del Artículo V de la OTAN- de Estados Unidos. Según Bloomberg, Ucrania y los aliados europeos han transmitido a Estados Unidos que solo negociarán con Rusia cuestiones territoriales una vez que la batalla se detenga en la línea de contacto. En otras palabras, una vez se regrese al ultimátum de 48 horas lanzado en Kiev por Francia, Alemania, Reino Unido y Polonia el pasado mes de mayo.

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