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Donbass, Ejército Ucraniano, Reclutamiento, Rusia, Ucrania

Carne de cañón

El ejército ruso está agonizando, ha argumentado en una aparición en Meet the Press, uno de los programas políticos más importantes de Estados Unidos, la embajadora de Ucrania en Estados Unidos, Olha Stefanishyna, utilizando un discurso que no resultó especialmente creíble. La prueba es que la pregunta que surgió tras ese comentario fue si Ucrania va a retirarse de Pokrovsk. La retirada no sería una derrota, argumenta Ucrania, que parece prepararse para presentarla como una victoria en diferido, uno de esos logros que, con el movimiento del frente, cada vez se producen más cerca de casa. En este contexto, proyectar sobre el enemigo los problemas propios ayuda no solo a tratar de mantener la moral de las tropas, sino a evitar que se generalicen los artículos y denuncias de cuestiones de las que, a lo largo del último año, no se ha hablado lo suficiente.

La diferencia de población entre Rusia y Ucrania, que hace que la movilización siempre vaya a ser más complicada para Kiev, y el desgaste de la guerra supone dificultades para reponer las filas, especialmente en fases intensas de la lucha, cuando se produce un mayor número de bajas. Luchando contra un contingente ruso claramente insuficiente en número y aprovechándose de la ola nacionalista que produjo un gran flujo de voluntarios a los que añadir a la movilización general, Ucrania no sintió ese problema hasta que la guerra se cronificó y Rusia incorporó voluntarios -miles de ellos de las cárceles- y reclutas durante la movilización parcial de otoño de 2022. El fracaso de la contraofensiva de 2023, en la que Kiev y sus aliados habían puesto todas sus esperanzas convirtió el conflicto en una guerra de desgaste eterna en la que, con la incorporación masiva de drones, se ha creado una zona de muerte que implica la necesidad de disponer de un gran número de tropas de reemplazo que Ucrania no siempre puede reclutar sin utilizar la fuerza.

En este tiempo, Ucrania ha pasado por todo tipo de fases para evitar admitir la realidad. Considerando que las armas son más importantes que las tropas que deben utilizarlas, Kiev ha llegado a alegar disponer de brigadas completas que no podían ser enviadas al frente debido a las escasas armas que enviaban los socios occidentales. Conscientes de la situación real, no de la que se presenta en los medios y partes de guerra, los aliados de Ucrania presionaron durante un tiempo a Kiev para que rebajara la edad de reclutamiento. Tras muchas presiones y el intento de proteger a una cohorte de edad tan escasa que Ucrania no se puede permitir perder, la nueva legislación redujo de 27 a 25 años la edad de reclutamiento, pero no acabó con el debate. Esta misma semana, el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, cuyos hijos en edad militar ven la guerra desde el extranjero, exigía a Zelensky una nueva rebaja de 25 a 22 años.

Otro aspecto importante ha sido también la prohibición de abandonar el país a los hombres mayores de 18 años, lo que ha producido un flujo constante de tramas de huida del país, con intentos fallidos a través de los Cárpatos y del río Dniéster, que en ocasiones han costado la vida a quienes huían de la guerra, y un trato diferencial a quienes han podido pagar por abandonar el país. En paralelo se ha producido también una fuga que Zelensky trató de detener en verano: la marcha del país de familias cuyos hijos alcanzaban la edad de 17 años, última oportunidad para evitar arriesgare a ser reclutado. La salida del país a esa edad implica el inicio de estudios en el extranjero y, por lo tanto, no regresar a Ucrania en varios años. Evitar esa doble fuga -de cerebros y de potenciales reclutas- fue el objetivo de la medida anunciada por Volodymyr Zelensky en julio, que levantó la prohibición de salida del país a los jóvenes, siempre con la falsa esperanza de que la libertad de tránsito resultara en retorno. Sin embargo, la situación en el frente y el riesgo de muerte en caso de ser reclutados ha provocado todo lo contario, una salida sostenida del país que ha sido denunciada y criticada por Polonia y Alemania, dos de los países con mayor número de población refugiada ucraniana.

En el pasado, Alemania ha sido firme ante las sugerencias ucranianas de conseguir la colaboración de Berlín para obligar a regresar a Ucrania -para ser enviados al frente o colaborar en el esfuerzo bélico en la industria militar- a los hombres refugiados en el país. Berlín ha rechazado también limitar la asistencia a la población refugiada como incentivo para su retorno a Ucrania. Aunque el cambio de Gobierno en Alemania ha dejado en manos de la misma persona, Boris Pistorius, el Ministerio de Defensa, y se han mantenido criterios como el de negar al Gobierno ucraniano los misiles Taurus que anhelan, se han producido cambios notables. “Observar cómo mediocres  burócratas se transforman en monstruos deseosos de enviar a masas de personas a la muerte en lugar de ayudarlas a escapar es escalofriantemente fascinante”, comentaba el viernes el periodista opositor ruso Leonid Ragozin en referencia a las palabras de Friedrich Merz.

“En una larga conversación telefónica mantenida hoy, le he pedido al presidente ucraniano que se asegure de que los jóvenes, en particular los de Ucrania, no vengan a Alemania en grandes cantidades —cada vez más—, sino que sirvan a su país”, afirmó el canciller alemán, priorizando el reclutamiento ucraniano sobre el bienestar de la población y el derecho de los ucranianos a no ser movilizados por la fuerza en cualquier semáforo, supermercado o puesto de trabajo.  “Son necesarios allí”, sentenció el jefe de Gobierno de Alemania, en la práctica dando órdenes al jefe de Estado de Ucrania de mantener atrapada a la población en edad de luchar en el frente. La naturaleza proxy de esta guerra, en la que Ucrania actúa como ejército en una guerra común contra Rusia, hace que la escasez de efectivos y la posibilidad de que las Fuerzas Armadas pierdan efectividad no sea solo una preocupación para Kiev, sino una exigencia de los aliados occidentales.

Las palabras de Merz, al igual que las del presidente polaco, que ayer anunció que renovará “por última vez” la protección que recibe la población refugiada ucraniana, que perderá ese estatus en marzo, han sido recibidas sin el menor reproche en Ucrania, consciente de que no puede permitirse criticar a sus aliados y, sobre todo, de que sus intereses en este sentido son exactamente los mismos que los de Alemania. Ambos países desean mantener a los hombres en edad militar en Ucrania y recuperar a los que abandonaron el país. De ahí que no se haya producido tampoco reacción adversa a la publicación de The Washington Post que el pasado viernes anunciaba el inicio de deportaciones de hombres ucranianos que se encuentran en Estados Unidos. “Oficiales de Trump se preparan para deportar a algunos ucranianos a pesar de los temores por el servicio militar obligatorio”, titula el artículo, que explica que “la administración Trump se está preparando para deportar a algunos ucranianos con órdenes definitivas de expulsión a su país natal devastado por la guerra, mientras el Gobierno busca intensificar las deportaciones y Ucrania se dispone a estrechar sus relaciones con Washington”.

“Olha Stefanishyna, embajadora de Ucrania en Estados Unidos, dijo que la embajada tiene constancia de «aproximadamente 80 ciudadanos ucranianos» que tienen órdenes definitivas de expulsión «por infringir la legislación estadounidense». Afirmó que las autoridades estadounidenses estaban trabajando en los preparativos logísticos para llevar a cabo las expulsiones, «teniendo en cuenta la ausencia de servicios aéreos internacionales directos a Ucrania»”, escribe The Washington Post. “Merezco ser deportado”, afirma otro de los hombres en la lista de deportación inmediata, “pero no a una zona de guerra”. “¿Cómo pueden deportarme a un lugar en el que hay una guerra?”, añade con un argumento que difícilmente puede resultar convincente al trumpismo, una administración que ha deportado a nacionales de terceros países a Sudán del Sur, un Estado al borde de la guerra civil. “Según los tratados internacionales, los funcionarios no deben enviar a personas a países donde puedan ser perseguidas o torturadas. Incluso los delincuentes más peligrosos deben estar protegidos contra la tortura”, recuerda el medio.

Para las autoridades de Kiev, el único problema de las deportaciones es el reto logístico que supone conseguir que lleguen a Ucrania. “Cabe señalar que la deportación es un mecanismo legal ampliamente utilizado y previsto en las leyes de inmigración de la mayoría de los países del mundo”, insistió la embajadora para justificar la deportación de docenas de hombres a un país en guerra. “Es un procedimiento rutinario que se aplica a todos los extranjeros y apátridas que violan los términos de su estancia en Estados Unidos, independientemente de su nacionalidad”, añadió, quizá en referencia a uno de los hombres con antecedentes penales que el trumpismo quiere deportar a Ucrania, un judío de origen soviético que llegó a Estados Unidos antes de la disolución de la URSS y que, pese a que lo intentó, no logró obtener un pasaporte ucraniano. Como Estado sucesor de la Unión Soviética, el país más razonable para deportar a un apátrida de origen soviético sería Rusia, no Ucrania, donde el hombre no correría un peligro inminente de ser movilizado. Su defensa alega, además, que“no solo se enfrentará a una alta probabilidad de morir a manos del ejército ruso, sino que, como extranjero que habla ruso y no ucraniano, también se enfrenta a una alta probabilidad de persecución por parte de las autoridades ucranianas”. Cuando es necesario, resurgen incluso en las declaraciones a la prensa las acusaciones de discriminación contra la población de habla rusa que generalmente se niegan.

El artículo recuerda que Rusia suele negarse a colaborar con las deportaciones estadounidenses, actitud que hasta ahora compartía con Ucrania. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y cualquier hombre susceptible de ser enviado al frente es bien recibido, sea o no exconvicto y tenga o no un pasaporte ucraniano. La actitud “puede estar cambiando, ya que Ucrania se esfuerza por repeler los ataques rusos, reclutar soldados y mantener el apoyo del Gobierno estadounidense”, indica The Washington Post, que cita a un asesor de Volodymyr Zelensky declarando que “Estados Unidos puede deportar a tantos como quiera”. “Les daremos un buen uso”, sentencia. Cualquier hombre en edad militar puede ser convertido en carne de cañón que enviar a luchar por las ruinas de Pokrovsk, Mirnograd, Gualiapole o Konstantinovka.

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