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Donbass, Donetsk, Ejército Ucraniano, Rusia, Ucrania

Pokrovsk y la guerra moderna

Soldados avanzan lentamente a lo largo de una carretera, bien armados, pero a pie, seguidos por motocicletas o vehículos civiles ligeros, algunos de ellos equipados con jaulas para protegerlos de los drones. Lo hacen prácticamente a oscuras, en silencio, en una escena teñida del azul del alba, y bajo la niebla que da a la imagen  un toque romántico  y algo que bien pudo salir de un film postapocalíptico. No se trata de una dramatización, sino la realidad misma de la guerra de alta intensidad del siglo XXI. Ayer, ante la evidencia de los hechos, Ucrania se vio obligada a dejar atrás su discurso del todo está bajo control para admitir que la situación en el frente se complica. Sin ningún deseo de  asumir la realidad en su totalidad, Kiev se ha escudado precisamente en la niebla para restar importancia a los cambios que se están produciendo actualmente. Sin duda ayudados por la baja visibilidad -la niebla y el mal tiempo siempre han sido un obstáculo importante para los drones, como constató durante años la población civil de Afganistán y Pakistán, que temía al buen tiempo, cuando las aeronaves no tripuladas estadounidenses podían volar- los soldados rusos avanzaron lentamente hacia el foco principal del frente, Pokrovsk, ciudad a la que las fuentes rusas ya han comenzado a referirse con su anterior nombre, Kranoarmeisk. Pese al intento ucraniano de mantener la esperanza, la batalla se encamina a su fase final, con el cerco prácticamente cerrado, cada día más control ruso y sin noticias sobre las operaciones especiales de Kirilo Budanov.

La forma en la que se ha producido la aproximación final de la Federación Rusa a Pokrovsk, en pequeños grupos de infantería en transporte tan poco ortodoxo como puede verse en las lacónicas imágenes publicadas, ha hecho posible para Ucrania alegar que no existía ningún peligro. Hace tres días, el presidente ucraniano insistía en que “Putin se encuentra en un punto muerto en lo que respecta a victorias reales en el campo de batalla. La situación se asemeja más a un estancamiento para él. ¿Por qué? Porque para nosotros es muy difícil, pero estamos en casa defendiendo lo nuestro”. Poco antes, el presidente ucraniano había  afirmado que 314 soldados rusos se habían infiltrado en la ciudad, una fuerza militar difícilmente capaz de tomar el control de una localidad fortificada y del tamaño de Pokrovsk y Mirnograd. La imagen del “segundo ejército del mundo” avanzando a pie y, según esta versión, solo gracias a la climatología, apoyó también el argumento ucraniano de la debilidad rusa. “El 7º Cuerpo de Respuesta Rápida de Ucrania informó que Rusia ha intensificado sus esfuerzos para ingresar a Pokrovsk en vehículos ligeros a través de los suburbios del sur durante los últimos días, aprovechando la densa niebla. Según las autoridades, hay más de 300 soldados rusos en la ciudad con el objetivo de llegar a la periferia norte”, escribió ayer Rob Lee, uno de los analistas militares occidentales más citados. El intento ucraniano de reducir la importancia de los progresos rusos alrededor de la aglomeración urbana de Pokrovsk-Mirnograd y el peligro del momento es claro. Sin embargo, la tranquilidad con la que los soldados avanzan rompe con el triunfalismo de Zelensky, que lleva días insistiendo en que la labor de Ucrania es liquidar a las tropas rusas que tratan de infiltrarse en la ciudad.

Las imágenes de las tropas rusas, que han provocado  numerosos comentarios jocosos que se mofan del ejército ruso, es la demostración más gráfica de la guerra moderna tal y como se está librando. El frente de Pokrovsk, el más caliente actualmente, aunque no el único que está moviéndose a favor de Rusia, engloba tanto lo más tecnológico como lo más rudimentario, dos polos opuestos que están mostrando que son imprescindibles en el día a día del conflicto. La proliferación de drones de vigilancia y ataque o la incorporación de los drones de fibra óptica, aspecto en el que Rusia  aventaja claramente a Ucrania, ha provocado una zona de muerte en la que el movimiento de  cualquier vehículo militar es susceptible de ser detectado. El peligro no se limita a grandes convoyes, cuyo uso es prácticamente inviable, sino también a vehículos más ligeros. Tanques y blindados son de esta manera sustituidos por los vehículos que pueden verse en las imágenes y con los que el peligro se reduce ligeramente al ser más fáciles de camuflar en el entorno, algo que han hecho tanto Rusia como Ucrania. Con la aproximación a las ciudades convertida en una trampa de muerte para los convoyes, algo que Rusia sigue sin aprender del todo e incluso en meses anteriores ha perdido innumerables blindados en asaltos imposibles, los métodos alternativos se han convertido en una necesidad. En esta guerra, los misiles más punteros son, en ocasiones, superados en eficiencia coste-beneficio por drones de apenas unas decenas de miles de dólares, las motocicletas rivalizan con vehículos blindados de transporte de tropas y las aeronaves no tripuladas más sofisticadas necesitan estar acompañadas por drones comerciales adaptados a la guerra que se lanzan de forma masiva y continua contra el enemigo. Alta y baja tecnología se unen en una guerra cada vez más peligrosa para cualquier civil o militar en amplias zonas a uno y otro lado de la línea del frente.

Explicar la guerra es también comprender por qué un ejército que avanza a pie y en pequeños grupos está provocando actualmente el nerviosismo de las autoridades ucranianas y sus medios afines. “Según datos presupuestarios regionales, Rusia sigue reclutando aproximadamente 30.000 hombres al mes. Esto podría explicar por qué Rusia está dispuesta a perder miles de soldados cada mes en su ofensiva contra Ucrania, tratándolos esencialmente como «munición viviente»”, escribía el jueves el lobista proucraniano Janis Kluge. Esa idea, la de las hordas humanas que insisten en que Rusia utiliza, sigue siendo la principal explicación por la cual Ucrania, equipada con armas occidentales supuestamente superiores a las rusas, no solo no puede derrotar a un ejército que avanza andando, sino que se encuentra contra las cuerdas en Pokrovsk y también en Gualiapole, ligeramente más al sur, donde el frente amenaza con un colapso local que complique aún más la situación para Kiev. “Ser un «experto occidental» en la guerra de Ucrania significa tomar malas noticias («Rusia es capaz de reclutar voluntarios a niveles con los que Ucrania solo podría soñar») y darles un giro positivo para levantar la moral («¡pero los están masacrando a todos jajaja! «) para sus clientes de la OTAN”, comentaba el periodista estadounidense Mark Ames.

A veces, la realidad es demasiado evidente para ignorarla completamente y ayer Oleksandr Syrsky admitía que la situación en el frente de Donetsk ha empeorado. Sus palabras contrastaban con las de hace tres días, cuando  afirmaba que la defensa se mantenía y que Ucrania disponía de planes B y C. Esta forma de tranquilizar a la población intenta ocultar que uno de esos planes es aguantar hasta la derrota y el otro es la retirada a posiciones más ventajosas, eufemismo que utilizan ambos bandos en cada ocasión en la que se ven obligados a retroceder ante el avance enemigo. Como han constatado analistas que siguen a diario la actualidad militar ucraniana como Clément Molin, al contrario que en Avdeevka, cuando Ucrania se vio sorprendida por la capacidad rusa de capturar el último fortín ucraniano en los alrededores de la ciudad de Donetsk, el ejército ucraniano cuenta con tres líneas de defensa construidas y equipadas para una posterior defensa del territorio más allá de Pokrovsk y Mirnograd. Esta constatación da a entender que no se producirá un efecto dominó con el que Ucrania se arriesgara a perder localidades importantes.

Al contrario que hace un año y medio, cuando las tropas rusas tomaron el control de Avdeevka, alejando por primera vez en casi diez años la línea del frente de la ciudad de Donetsk, cualquier pérdida territorial ahora mismo es muy sensible para Ucrania. La caída de Avdeevka suponía un avance importante de Rusia, pero Ucrania tenía la certeza de que, a sus espaldas, se encontraban localidades como Pokrovsk. El lento pero sostenido avance ruso se acerca peligrosamente  al norte, en dirección a Slavyansk-Kramatorsk, futura batalla que se presenta como final en la lucha por el control de la región de Donetsk, objetivo principal de la Federación Rusa, que se encuentra mucho más cerca que Ucrania de conseguir lo que busca.

Y aun así, cuando la evidencia muestra que las dificultades aumentan para Ucrania, no para Rusia, el Gobierno de Zelensky intenta mantenerse firme en su rechazo rotundo a negociar en posición de debilidad. Frente a los datos objetivos, Ucrania insiste en un discurso cada vez más alejado de la realidad, pero que el presidente y su equipo repiten con la convicción de quien se ha creído su propia propaganda. “A pesar de las declaraciones sobre la disposición al diálogo con Kiev, Moscú no está dispuesto a hacer concesiones. Las negociaciones de paz de este año con Rusia concluyeron prácticamente sin resultados y, por lo tanto, han sido suspendidas por el momento”, afirmó ayer Ucrania, con la arrogancia de quien no quiere admitir que no tiene soberanía para decidir cuándo comienzan o se interrumpen las negociaciones de paz -que hace y deshace Washington, no Kiev- y quien  prefiere ignorar que, mientras sigue perdiendo territorio y recursos, su enemigo se encamina a la consecución sus objetivos.

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